lunes, 17 de julio de 2017

EL CASO PERO LÓPEZ

En el siglo XV, los cristianos españoles de toda la vida, también llamados cristianos viejos, los pura sangre del cristianismo, inflamados del amor que tan melodiosamente predica el evangelio, no podían consentir que cristianos nuevos, conversos principalmente judíos que había sido empujados al bautismo tras diferentes progromos y persecuciones, o hijos de éstos, fueran considerados sus iguales y menos aún que muchos de ellos ocuparan puestos de preeminencia en los reinos de Castilla y Aragón. Así, no cesaban de presionar a los monarcas para echar a un lado a estos nuevos cristianos, acusándolos de  judaizar, es decir, de seguir practicando su religión en secreto.
¿Hizo efecto esta presión o tenían los monarcas la misma percepción que los cristianos viejos? Sea como fuere, lo cierto es que en 1478 los Reyes Católicos consiguieron de Sixto IV una bula por la que se creaba la Inquisición Española, dependiente de los monarcas. Sin embargo, aún habrían de pasar dos años antes de que la nueva institución se pusiera en marcha. Cuando por fin arrancó lo hizo con inusitada ferocidad, actuando especialmente en Zaragoza, con el célebre Pedro de Arbués, en Córdoba, en Granada y en Toledo. En un primer momento se trataba de perseguir a los conversos que seguían practicando su religión en la intimidad de sus hogares. Sin embargo, pronto empezaron a caer conversos cuyo único delito consistía en mantener las normas dietéticas del judaísmo, más por la fuerza de la costumbre que por motivos religiosos y, al poco, la persecución se cebó contra todos los conversos independientemente del lugar que ocupaban en la sociedad, así como de si judaizaban  o no, y casi a la par también contra los numerosos profetas que aparecieron por aquellos días y que abogaban por la regeneración de la Iglesia española, carcomida por el acomodamiento y la corrupción.
Hay un aspecto de la Inquisición por el que la práctica totalidad de los historiadores pasan de puntillas. Nuestro país es especial. Como en tantas ocasiones entonces y con posterioridad hasta el momento presente, se creó una institución a la que no se dotó de medios económicos para el ejercicio de su función, sino que se confió en que obtuviera dichos medios mediante la incautación de los bienes de los condenados. Con este condicionante quedaba abierto el camino de la corrupción. Así, en menos de lo que tarda en caer un rayo la Inquisición perseguía ya a sus víctimas no tanto por su supuesta herejía, sino para conseguir los bienes con los que seguir subsistiendo y, ya puestos, no sólo para subsistir, sino también para enriquecerse, de modo que no encontrando herejes, judaizantes o profetas la Inquisición los inventaba. La actuación del célebre Lucero en Córdoba y Granada pone suficientemente de relieve qué cimas de infamia podía escalar la nueva institución para conseguir este objetivo. En este sentido, no importaba que el acusado huyera antes de ser apresado: se le juzgaba en ausencia, se le condenaba e, igualmente, se le incautaban sus bienes, que era lo que de verdad interesaba.
En el camino de la pura economía, la Inquisición alcanzó cotas verdaderamente asombrosas de depravación y de miseria. El caso de Pero López es paradigmático. Una noche, mientras ejercía el sacerdocio en Cabeza de Buey, provincia de Badajoz, Pero López vio una cruz en llamas en el cielo. Fuera aparición real o simple alucinación, el caso es que a partir de aquel momento Pero se dio a profetizar el fin de la Iglesia castellana y su completa renovación, libre de la corrupción y la podredumbre que la corroían. Bien pronto fue detenido por la inquisición, acusado de hereje y condenado a prisión perpetua en las mazmorras inquisitoriales de Toledo. Como era la norma, el condenado no sólo perdía la libertad, sino que debía correr con los gastos de su manutención, así como el pago del salario a sus guardianes. El buen Pero López, un hombre ya de edad avanzada, disponía de escasos caudales, que muy pronto llegaron a su fin. No importa, la Inquisición dispuso que abandonara su encierro tres días en semana con el objeto de que pidiera limosna en la calle para seguir pagando su encarcelamiento y así lo hizo Pero hasta unos días antes de su muerte.
No fueron uno ni dos, sino cientos, miles, los condenados, hombres y mujeres, casados y con hijos en la mayoría de las ocasiones, a los que se les arrebata la totalidad de sus bienes, dejando a la familia en la más absoluta miseria. Un robo legal llevado a cabo por la Iglesia española semejante, aunque mucho peor, porque afectaba directamente a las personas, al que llevado a cabo recientemente apoderándose de miles de edificios y de terrenos que durante siglos han sido públicos, como, por ejemplo, la Mezquita de Córdoba, seguramente el robo más grandioso, famoso y simple llevado a cabo nunca por la peor banda de ladrones.

1 comentario:

capolanda dijo...

No deja de ser paradójico, pero es que el nacionalismo se une bien a la religión: ambos hablan de espíritus, en última instancia. Había un blog que hablaba mucho de Asia y uno de los artículos que más me impresionó trataba del budismo nacionalista de Ceilán - Sri Lanka, enfrentado a los tamiles musulmanes. Sí, en el mundo hay "budistas viejos".