jueves, 6 de julio de 2017

Coños

Volvamos una vez más al coño. Últimamente no nos están dejando otra salida. Como organización regida por sesudos y patriarcales varones cobijados oficialmente bajo el manto del celibato, la Iglesia Católica no sólo margina a la mujer, sino que la desprecia olímpicamente, considerándola un ser inferior y sin capacidad de iniciativa. Todavía en la Edad Media, es decir, mil doscientos o mil trescientos años después de la muerte de Cristo, eminentes teólogos católicos discutían acerca de si la mujer tenía o no alma y no eran pocos los que se la negaban, olvidados, sin duda, de sus propias madres y lo que resulta peor, en el ámbito de la propia doctrina católica, olvidados de la madre del Nazareno, sin cuya voluntaria aceptación de la maternidad no hubiera podido producirse el nacimiento del Salvador y, por tanto, no hubiera existido la redención, tan cacareada y publicitada por estos mismo teólogos. Todavía hoy, y en la senda de la más pura tradición católica, no son pocos los clérigos que siguen considerando a la mujer un instrumento de Satanás para inducir al pobre e inocente hombre al pecado y a la perdición. Tales clérigos, y con ellos legiones de laicos educados en su doctrina, consideran a la mujer no un ser humano, sino sólo un coño siempre ansioso de atrapar entre sus fauces una solemne y masculina polla (para qué vamos a andarnos con tecnicismos ni refinamientos si el lenguaje soez es el que mejor entienden estos elementos.) Es indudable que para unos y para otros, especialmente para los clérigos, una mujer constituye una maldición del averno, en tanto es una verdadera bendición del cielo, un regalo recibido directamente del propio Dios, el culo lampiño y virginal de un tierno infante. Incluso para los sectores más progresistas de la clerecía el puesto de la mujer en el mundo no es otro que el de esposa sumisa y madre abnegada, madre doliente, con siete espadas clavadas en el corazón, las mismas que atraviesan el pecho de la tres veces virgen: antes del parto, en el parto y después del parto.
En este marco absolutamente real y descrito sin la más mínima exageración, sino más bien al contrario, lo extraño no es lo que piensa el clero católico, sino que todavía haya mujeres que sigan formando parte de una organización machista y misógina y continúen aceptando resignadamente sus directrices. Algunas, ciertamente, abandonan la barca y otras, fuera ya del cotarro, incluso se atreven  a alzar la voz contra una institución omnímoda que no se limita a controlar la vida de sus fieles, sino que sigue pretendiendo controlar la vida y aun hasta el último pensamiento de la totalidad de la sociedad. Como se sabe, porque ha sido ampliamente difundido por la prensa y yo mismo ya he hablado por aquí del asunto, un grupo de estas mujeres, para mí valientes, se atrevió a organizar en Sevilla la Cofradía del Coño Insumiso y a montar una procesión con la imagen de un hermosísimo coño majestuosamente abierto, evocación, sin duda, de la que no puede ser sino la auténtica puerta del paraíso, si es que éste definitivamente existe.
A los españoles nos preocupa mucho el paro, la corrupción, el estado de la economía y los partidos políticos. Últimamente, a muchos les preocupa también Cataluña y a bastantes, a mi juicio más bien hipocondríacos, Venezuela, país del que no tienen ni puñetera idea más allá de que, al parecer, la gobierna un tío maduro. Sin embargo, lo que debería preocuparnos por encima de todo es la Justicia, porque es en sus lóbregos pasadizos, repletos de ratas que conservan sus nidales desde los tiempos de la dictadura, donde cristaliza y encuentra sus vías de escape y, por tanto, su impunidad, la corrupción, raíz y madre nutricia de la que emanan principalmente todos los problemas que sufre hoy el país.
Por otra parte, yo estaba convencido de que los abogados, como cualquiera de los seres humanos, tenían cada uno su propia ideología, de la que, sin embargo, hacían caso omiso a la hora de defender a sus clientes. ¡Jo, pues no estaba yo equivocado ni nada! Resulta que existen manadas de abogados que no abandonan su ideología jamás. Una de estas manadas es la piadosa Asociación de Abogados Cristianos, que me imagino yo que a la hora de defender a un acusado empezarán por el "Yo pecador", con lo que se habrán ganado ipso facto la voluntad de los jueces. Bien pues, como se sabe, esta Asociación se sintió tremendamente ofendida por la citada procesión del Coño Insumiso y no dudó en interponer la correspondiente denuncia ante el juez. Tal denuncia fue archivada en primera instancia, pero ahora la Audiencia Provincial de Sevilla desestima el fallo de la primera jueza y ordena reabrir el caso, con la justificación de que nadie tiene derecho a cuestionar la virginidad de una señora después de un parto, como hicieron las desalmadas de Sevilla.
Con el permiso de la autoridad judicial, yo tengo para mí que el motivo de la denuncia y de su aceptación es otro; tengo para mí que lo que a esta muchachada le ha molestado de verdad no es la procesión en sí, sino que hayan paseado un coño y, más aún, un coño insumiso. Tengo para mí que si hubieran sacado una polla de semejantes dimensiones y la hubieran llamado la Polla Gloriosa, seguro que, aunque hubieran mantenido idénticos eslóganes contra la virginidad, ellos, eran los primeros que iban detrás del paso, deleitándose con el humo del incienso y dándose sin parar piadosos golpes de pecho.

2 comentarios:

capolanda dijo...

Me vas a perdonar, pero esa idea de que la Iglesia Católica discutía sobre el alma de la mujer es un mito histórico de tantos que se han inventado.

http://historiasdehispania.blogspot.com.es/2012/01/pero-alguna-vez-la-iglesia-penso-que-la.html

Como dice el autor de la entrada, si hay que acusar, hagámoslo con pruebas firmes y no con habladurías que todo el mundo ha oído, porque ya se sabe: la gente dice muchas tonterías.

También habría que discutir la idea de que situar en la Edad Media todas las cabronadas religiosas, cuando la mayoría de brujas fueron quemadas en el Renacimiento.

Molón Suave dijo...

Capolanda: Te tardo en contestar porque no puedo entrar todos los días al blog. No, yo no digo que la Iglesia afirmara o discutiera que las mujeres no tenían alma, lo que digo en la entrada es que los teólogos discutían. Y la discusión fue, en algunos momentos, profunda y dura. Ya se dio esta discusión oficialmente en el concilio de Macon (411), del que da cuentas Martín de Tours. El concilio de Éfeso (431) dejó sentado que sí, que las mujeres tenían alma, después de una fuerte discusión que incluyó la excomunión de varios obispos. Si un concilio tuvo que determinar que la mujer tenía alma era porque la discusión estaba en la calle, de otro modo ¿qué necesidad tenían de hablar siquiera del tema? Pero aún en el siglo XIII, Tomás de Aquino, siguiendo en parte a Agustín de Hipona, sostenía que existían almas y subalmas. Poco después afirma que las mujeres no poseen en sí mismas la imagen de Dios, sino que la reciben del hombre, que es su cabeza, lo que viene a significar que no si algo tiene es solamente subalma. Toda la patrística está repleta de citas en las que se considera a la mujer un ser inferior, poco menos que imbécil y condenada a la servidumbre "por su naturaleza." No, la doctrina oficial de la Iglesia, no determina que la mujer no tenga alma, pero, en realidad, lo está afirmando con sus hechos y sus desprecios.