miércoles, 28 de junio de 2017

Equis

Con la proximidad del fin del plazo para la declaración del IRPF, la Conferencia Episcopal Española aumenta la publicidad para que los españoles marquemos con la X la casilla destinada a la Iglesia. En dicha publicidad hay una frase determinante: "No tendrás que pagar más". En efecto, quienes marcan esta casilla, presuntamente católicos, no hacen el más mínimo esfuerzo económico personal para sostener a la Iglesia; o dicho de un modo más preciso: su esfuerzo es exactamente el de la totalidad de los declarantes de dicho impuesto, pues la cantidad que la Iglesia ingresa cada año por este concepto, del orden de doscientos sesenta millones de euros, se detrae de los ingresos del Estado por este impuesto, con lo que, creyente o no, haya marcado o no la casilla, a la hora de la verdad cada español ha contribuido con una parte alícuota de dicho importe, toda vez que el Estado cuenta con esa cantidad de menos para lo que se denomina el gasto público, sanidad, educación, etc.
Esta situación, aparte de sumamente hipócrita, es, cuando menos, también indecente. Si los católicos pretenden sostener a su Iglesia lo que deberían hacer es abonar directamente una cuota, al margen del IRPF y de cualquier otro impuesto establecido por el Estado, exactamente lo mismo que se hace cuanto se pertenece a un club privado, un casino, un club de fútbol, una sociedad gastronómica, etc. ¿Imagina alguien lo que ocurriría si el Estado abriera una casilla para pasarle a los clubes de fútbol una cantidad en función de quienes la marcaran con X?  La Iglesia sabe perfectamente que si sus fieles tuvieran que pagar una cuota específica la cantidad que ingresaría sería realmente irrisoria, de modo que se agarra al Estado como una vulgar y miserable garrapata, dispuesta a succionarle cuanta "sangre" consigan sus formidables tragaderas, nunca satisfechas del todo. De esta manera consigue dos cosas importantes: en primer lugar, una pasta gansa y segura cada año y, en segundo lugar, inocular la enfermedad de la cobardía en los miembros del gobierno para que esta situación no cambie jamás.
Y esto no es todo: La Iglesia española está absolutamente exenta de impuestos. No paga IBI, ni IVA ni ICIO (impuesto sobre construcciones, instalaciones y obras), tanto por los bienes dedicados al culto, como por sus múltiples negocios, incluidos colegios religiosos y hasta pisos en alquiler. Según un estudio llevado a cabo por técnicos de Hacienda, la Iglesia española se ahorra cada año por este concepto entre seiscientos y seiscientos cincuenta millones de euros. Esta circunstancia permite que la Iglesia compita en una situación de privilegio con otras entidades que participen en el mismo tipo de negocio. Por ejemplo, si una orden religiosa construye un colegio no paga el ICIO, mientras que una persona o un grupo laico que pretenda construir un colegio semejante si tiene que pagarlo. Si a todo esto se añaden las entradas para visitar monumentos religiosos, consideradas como donativos, aunque constituyen un fastuoso negocio (por ejemplo, la Mezquita de Córdoba recibe cada año casi un millón y medio de visitantes; a ocho euros la entrada, calcúlese lo que trinca el cabildo cordobés limpio de polvo y paja), y añadimos los numerosos convenios con centros de enseñanza religiosos, el pico aumenta hasta cantidades asombrosas, que algunos sitúan en el orden de los diez mil millones de euros anuales. Todo ello, además, en el más puro hermetismo, puesto que si en España hay una entidad que mantenga sus cuentas en el más absoluto secreto esa es la Iglesia, de modo que nadie, ni tan siquiera los católicos de a pie, saben qué hace con este dineral.
Esto es lo que ocurre cuando un Estado campa a sus anchas dentro de otro Estado, en este caso el minúsculo pero voraz Estado Vaticano y en su nombre la Conferencia Episcopal Española, y, naturalmente, ocurre cuando el primer Estado es débil y sus ciudadanos, antes que ciudadanos, son bueyes, tan a gusto de caminar bien uncidos al yugo eclesiástico. Porque vayan ustedes y pregunten en Alemania, o en Francia, o en Dinamarca, o en Suecia y ya verán, ya verán donde ponen a la Iglesia un Estado con un par. 

P.D. Las imágenes corresponden a los cardenales Blázquez y Cañizares, presidente y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española.

7 comentarios:

capolanda dijo...

Digo yo que podría dedicarse a lo espiritual y dejar lo temporal al prójimo, ya que insisten tanto al respecto.

Numeros dijo...

Pues que tienes más razón que un santo. La exención de impuestos de las que se beneficia la Iglesia, ya sea el IBI, el ICIO, o cualquier otro es, a todas luces, injustificable.

El hecho de que haya otras entidades, como la Cruz Roja o los sindicatos, que también estén exentos de pagar determinados impuestos NO justifica dicha exención. TODOS los organismos ya sean públicos o privados deberían pagar TODOS los impuestos. Sin excepciones.

También estoy de acuerdo en que a la Iglesia Católica la deberíamos sufragar los fieles al igualque a los sindicatos, partidos políticos u ONGs varias. la existencia de subvenciones a este tipo de organizaciones TAMPOCO justifica que las reciba la Iglesia. Es como el tema de la enseñanza de la religión en los colegios. La solución NO es que, como se enseña la religión católica con profesores pagados con el dinero de todos, ahora vamos a enseñar la musulmana también con profesores pagados con el dinero de todos. No. TODAS las religiones deben estar fuera de los colegios. Quien quiera que su hijo aprenda el catecismo que lo lleve a catequesis y quien quiera que su hijo aprenda el Corán que lo lleve a la Mezquita de turno.

Molón Suave dijo...

Capolanda: Completamente de acuerdo.

Molón Suave dijo...

Números: Por una vez y sin que sirva de precedente estamos de acuerdo en todo. Sería una locura introducir en las aulas la enseñanza de todas las religiones cuyos dirigentes lo pidieran, porque, además, no la asignatura no es propiamente religión, sino pura y dura catequesis.

Pepe dijo...

Hombre números,si seguimos por esa línea,no deberían pagarse ni pensiones,ni colegios
Públicos,ni....Que cada uno se espabile como pueda.

Numeros dijo...

No, Pepe. Todo lo contrario. Lo que digo es TODOS debemos pagar TODOS los impuestos para sufragar aquello que nos interesa a TODOS: justicia, sanidad, educación...

Ahora bien si tú quieres salvar a la foca verde, al Cristo de los Faroles, a los toros o al fútbol... eso corre de tu bolsillo.

Pepe dijo...

Interesar a TODOS,que palabrita.Nada,para no enfadar a nadie,TODO de PAGO,seguro que
habría mucho más trabajo y menos vagos.?Porqué la justicia,la sanidad y la enseñanza,gratis?.Las tres precisamente funcionan mejor en el ámbito privado.Incluido
el Cristo de los Faroles,entrada a pagar para verlo,que ahora es gratis.Y no digamos
de las pensiones,por ejemplo las prejubilaciones de Telefónica.A pagar,a pagar todo.Para que sepamos lo que vale un peine.