sábado, 10 de octubre de 2015

Un monasterio protestante

Si viajáis a Sevilla, haced un hueco en vuestras actividades y acercaos a ver el Monasterio de San Isidoro, en Santiponce, donde está también la célebre ciudad romana de Itálica, a unos diez minutos de la capital
Cuéntase que se cuenta, pero Alá es el más sabio, que en tiempos del rey Almutamid, tan buen poeta como rey -célebre fue su matrimonio con la también poeta Rumaikyya-, andaban los cristianos deseosos de hacerse con los restos de las santas Justa y Rufina, al parecer martirizadas en Sevilla en tiempos de los romanos. A tal efecto, Alfonso VI, rey de Castilla y León, le envió a Almutamid una embajada encabezada por el arzobispo de León, Alvito, hombre piadoso, que tenía fama de santo.
Almutamid recibió al embajador con todos los honores, le ofreció alojamiento en el Palacio de la Barqueta, en cuyo solar se levanta hoy el Monasterio de San Clemente, dándole todas las facilidades para el cumplimento de su misión. Durante un año Alvito  buscó con ahínco en los templos de la época visigoda que aún se conservaban en la ciudad y en cuanto lugar le pareció oportuno. Al cabo de este tiempo y no hallando vestigio alguno de las santas, comunicó a Almutamid que regresaría de inmediato a León, no sin antes agradecerle las atenciones que con él había tenido.
No obstante, la noche anterior a su partida, Alvito tuvo un sueño en el que se le apareció nada menos que San Isidoro, arzobispo de Sevilla durante la dominación visigótica, quien le participó el lugar hasta entonces ignorado donde se encontraban sus restos. Alvito comunicó este sueño a Almutamid, quien, de inmediato, se ofreció a acompañar al obispo al lugar señalado por el santo. Una comitiva partió al punto de la ciudad hacia lo que es hoy el pueblo de Santiponce, levantado sobre parte de las ruinas de la ciudad de Itálica, entonces medio enterrada y cubierta de maleza. Rápidamente localizaron el sitio y, en efecto, allí encontraron una lapida bajo la cual hallaron el sepulcro del santo con su cuerpo dicen que incorrupto.
Almutamid dio su autorización para que aquellos restos fueran trasladados a León. Sin embargo, Alvito no llegó a culminar su embajada, pues, tal y como también le había comunicado el santo, murió al tercer día del descubrimiento de su sepulcro.
Sea o no verdadera esta historia, que lo más seguro es que no lo sea, lo cierto es que un par de siglos más tarde poco más o menos, en 1301, Alonso Pérez de Guzmán, el célebre Guzmán el Bueno, y su esposa María Alonso Coronel fundaron aquí un monasterio con el nombre de San Isidoro del Campo que dio albergue sucesivamente a los cirtecienses y a los jerónimos. Muy pronto alcanzó amplia fama, atrayendo, en primer lugar, a numerosos hijos de judíos conversos que pretendían hacer carrera en el medio eclesiástico. Más tarde, en el siglo XVI, ocupado ya por los jerónimos, pasaría a ser uno de los centros del protestantismo más importante de España, naturalmente, clandestino, ya que el protestantismo estaba fieramente perseguido por la Inquisición.
Fue su prior, el doctor García de Arias, apodado el Doctor Blanco por el color de sus cabellos, el introductor de las ideas reformistas patrocinadas por Lutero. García de Arias, que pasaba por devoto católico, siendo un excelente predicador, inició la Reforma en el monasterio suprimiendo lo que consideraba prácticas supersticiosas, como las oraciones en el coro, el culto a los santos, las misas por los difuntos, las penitencias, etc., reformas que los monjes aceptaron con extraordinario entusiasmo. Tal fue su éxito, que la Reforma se extendió al convento de monjas jerónimas de Santa Paula, así como a un considerable número de sevillanos de distintas clases sociales.
El grupo sería desarticulado por la Inquisición gracias, primero, a una delación y, luego, a la mala suerte. La delación la realizó la beata María Gómez, que se había hecho luterana y que por desavenencias, podíamos decir, conyugales, denunció al licenciado Francisco de Zafra, con quien convivía, y a otras trescientas personas. Dado que la beata no andaba muy bien de la cabeza, la Inquisición no le hizo mucho caso, aunque inició una investigación rutinaria que no dio resultado.
El segundo hecho fue más rocambolesco. Vivía en Sevilla un tal Julianillo Hernández, quien, como luterano, había formado parte de las iglesias reformadas de París, Escocia y Francfort. Este buen hombre, haciéndose pasar por buhonero, introducía en Sevilla libros protestantes camuflados en barriles de arenques o en fardos de encajes de Flandes y telas de Cambray, especialmente el Nuevo Testamento, en traducción al castellano de Pérez de Pineda. Por un error en el reparto, uno de estos libros, Imagen del Antichristo, fue entregado en el domicilio de una dama católica, quien inmediatamente lo entregó a la Inquisición. Al darse cuenta de su error, Julianillo huyó a toda prisa, pero fue capturado en Adamuz (Córdoba) y, posteriormente, quemado, junto con otros muchos protestantes en el auto de fe llevado a cabo en el Prado de San Sebastián, donde se alzaba el siniestro quemadero, el 22 de diciembre de 1560.
Varios monjes de San Isidoro que, por otra parte, era un gran centro intelectual, consiguieron poner tierra de por medio y salir del país. Entre los más afamados de los fugitivos se encuentran Casiodoro de la Reina, Cipriano de Valera, Juan Pérez de Pineda y Antonio del Corro. Casiodoro fue el primer traductor de la Biblia completa al castellano. El texto, que sería revisado por de Valera y publicado en Amsterdam en 1602, fue uno de los mejores de su tiempo en lengua vernácula, un trabajo que no alcanzaría parangón en el campo católico hasta cuatrocientos años más tarde. Esta Biblia, denominada del Oso, por la imagen de un oso intentando atrapar un panal de miel que figura en su portada, y también Reina-Valera, conserva hoy su carácter oficial entre los protestantes de habla castellana.
Con una estampa espectacular, el monasterio es una joya del gótico y el mudéjar. Cuenta con dos iglesias, denominadas las gemelas por su enorme parecido, una mandada construir por Guzmán el Bueno y la otra, anexa a la primera, por su hijo Juan Alonso, que cuenta con un impresionante retablo, obra de Martínez Montañez. Junto a esta iglesia se encuentra el sobrecogedor Claustro de los Muertos, así llamado por haber servido de enterramiento a los monjes. Luego está el Patio de los Evangelistas y el Refectorio, antiguo comedor de los monjes cuyas bóvedas aparecen decoradas con primorosas policromías, mientras de sus muros cuelgan hasta catorce pinturas, todas copias del original, salvo la Santa Cena. Visitables son también la Sacristía, la Sala Capitular y el Reservado, las tres igualmente con magníficas policromías.
En 1835, con la Desamortización, el monasterio perdió su carácter religioso. Los monjes regresaron en 1956, permaneciendo en él hasta 1978. Durante unos años estuvo abandonado, hasta que de él se hizo cargo la Junta de Andalucía, gracias a la cual y tras una concienzuda restauración, el conjunto recuperó el esplendor de su mejores tiempos. Actualmente sirve de sede para la realización de numerosas y variadas actividades de carácter cultural, estando incluido en la Red de Espacios Culturales de Andalucía.

13 comentarios:

ben dijo...

Muy interesante el escrito,no sabía nada del tema.Mira,ves como se puede escribir,sin morbo
sin ofender a los católicos.Venga hombre anímate a investigar y sacar cosas interesantes.

harazem dijo...

Magnífico Molón y hazle caso a a don Beneficio, nos has dado una de arena, la próxima dánosla de cal, viva a ser posible.

Paco Muñoz dijo...

Todo como siempre muy interesante. Nosotros estuvimos una vez que visitamos Itálica.
Un abrazo

Molón Suave dijo...

Ben: Francamente, hay que ser un cretino o tener intereses espurios para, ante mis entradas, esgrimir, una vez más, lo de la "ofensa a los católicos". Caramba, los católicos os ofendéis enseguida ante la más mínima crítica, por más respetuosamente que se haga, jamás se os ocurre pensar en las ofensas que vosotros cometéis. Si, en un gesto de auténtica piedad, nos olvidamos de la historia para fijarnos sólo en el presente, hay cosas de la Iglesia católica que ofenden profundamente, por ejemplo, que, junto con China, Corea del Norte y algún país más por el estilo, no haya firmado aún la Declaración Universal de los Derechos Humanos; que todavía hoy la Iglesia española, no sólo no ha pedido perdón por su apoyo a los asesinatos cometidos por el régimen franquista, sino que, mientras niega la memoria histórica a los perdedores, ella siga elevando a los altares a sacerdotes asesinados por estos (no a los que asesinó Franco, a esos no.) Ofende y mucho que la Iglesia española continúe sin autofinanciarse, como se señala en el Concordato de 1978 y no sólo eso, sino que en plena crisis sea la única institución que no ha perdido ni un euro de la asignación que le pasa el Estado, mientras se ha recortado en Educación, en Sanidad, en Investigación, en todo. Podría seguir, pero para qué, si a ti te va a dar igual. Es lo que suele ocurrir con la cretinez, que hace muy difícil el uso de la razón.

Molón Suave dijo...

Harazem: Esta entrada es de arena, sólo regular: hay que tener en cuenta que el monasterio era un centro católico y que fueron los frailes, no gente de la calle, como muchas veces nos han hecho creer, los que se pasaron a la Reforma protestante. Por otra parte, en la respuesta que le doy a don Beneficio (jajajaja) ya le doy un poquito de la de cal.

Molón Suave dijo...

Paco: El monasterio es una maravilla. La historia es la que es y no es cosa de ponerse a derribar sus hitos, sino de, como aquí, darle un uso adecuado al presente.
He leído tu comentario a mi anterior entrada. No te contesto allí, por si no lo lees: ¿Quién es ese compañero mío de Hornachuelos? Me agradaría contactar con él. ¿Quieres creer que no he vuelto a encontrarme con ninguno? Cierto que la mayoría eran de pueblo y a saber por donde habrán discurrido sus vidas. Seguro que el gordo Gregorio, aquel de los salchichones que contaba en una entrada anterior, sí que acabó la carrera y cantaría su misa y todo. El otro día, casualmente, después de tantos años, me cruce con uno por la calle. Era un chaval guapísimo, alto para se su edad, esbelto, magnífico estudiante y mejor jugador de fútbol, pero lo vi tan hecho polvo, gordo, gordo, gordo, que para mí se trata de una enfermedad, tan acabado que, me dio vergüenza, y no me atreví a abordarlo. El no me reconoció. Un abrazo

Lansky dijo...

Ben es educado, ben es "bueno", pero Ben es un parásito, de este blog en especial, de todos los qe visita en general. Ben: porque no emplas tu tiempo en escribir uno propio en lugar de tener el descaro de decirle a Molón cómo tiene que escribir el suyo? Da nauseas esta frase tuya :"Mira,ves como se puede escribir,sin morbo sin ofender a los católicos.Venga hombre anímate ..."

ben dijo...

Mira,me aguanto porque estoy en tu blog.Tú ofendes a todos los católicos de a pié,al paisano
moliente y corriente,te ríes de su fe,tildándolos más o menos de tontos,por su creencias.
Tratas a todos los católicos,paisanos tuyos,de a pié,de que son unos mangantes y no cumplen
sus obligaciones ante la comunidad.A eso me refiero.
Tú te lees 4 libros y te permites analizar el Concordato y la Historia de la Iglesia,sin
ningún estudio superior en historia ni en Teologia y con una enorme soberbia,haces la critica
ayudándote de los hechos de los casos sexuales,guerra civiles,inquisición,pero eso no es lo
terrible,sino que se lo endiñas a todos los católicos.Así el paisano católico,es un asesino
inquisidor,un pervertido sexual y un criminal de guerra.
Menos mal que naciste después de la guerra civil,porque con estas ideas tuyas,la que hubieses
liado.
Que te vaya bien.

car res dijo...

Lansky,un abrazo,llevas toda la razón.Tú último escrito,que no sé si es real,toda una obra de
arte.

Ozanu dijo...

Pues habría que recordar más esta historia y similares.

Molón Suave dijo...

Ben: Nadie lo invitó a usted a entrar en mi casa, se invitó usted solo y fue bien recibido. Casi desde el principio, no ha comentado usted mis entradas, rebatiendo los datos que aportaba o con argumentos contrarios a los míos, sino que se ha dedicado, básicamente, a sermonearme desde la inefable altura moral que parece ofrecer la posesión exclusiva de la verdad. Ahora, por fin, se quita usted la careta y, en lugar de rebatirme los puntos que le señalo en mi comentario, se dedica a arrojar sobre mí toda la porquería de la que es capaz, a sabiendas de que no responde a la verdad, pues, ¿en que entrada mía ha visto usted que yo me ría de los católicos, así, en general? En ninguna, yo crítico a la Iglesia católica, sí, pero he dicho y repetido que la Iglesia católica la constituyen, para mí, la jerarquía, los fieles, aunque forman parte de ella no tienen otra capacidad que la de decir amén y cumplir las normas establecidas por dicha jerarquía. ¿Qué a veces he tratado este asunto con humor?, desde luego, pero es que el humor es mucho más serio de lo que usted puede entender. No contento con arrojarme su buena porquería, se dedica a menospreciarme. Si tanto me menosprecia, ¿qué hace usted leyendo mis entradas? ¿Qué sabe usted de mi vida o de lo que he leído o dejado de leer? ¿Qué sabe usted de los títulos que tengo o dejo de tener? ¿Es que se necesita título alguno para quejarse de lo que clama al cielo? Ahora ya sin la bondadosa careta que ha utilizado hasta aquí, utiliza usted la táctica más que conocida de todo el que carece de argumentos, la de ofrecer toda la zafiedad de la que es capaz.

Molón Suave dijo...

Lansky: Como dice la zarzuela: ¡qué castigos nos manda el Señor! A mí, más que esa frase, que también, lo que más ha jodido en lo de la ofensa a los católicos, porque ese es el estribillo que se sacan en cuanto les haces la más mínima crítica, y porque aquí, en Córdoba, con más de 250 procesiones el último año, aparte las de Semana Santa, por poner un ejemplo, no es uno ni dos, sino bastantes los plumillas de la prensa local y regional que no cesan de utilizarlo.

Molón Suave dijo...

Ozanu: Desde mi modestísima posición es lo que intento.