sábado, 12 de septiembre de 2015

¡Oh, los profetas!

Desde hace bastante tiempo mi primera lectura del día es un pasaje de la Biblia.  Hubo una época en que escuchaba a diario a Antonio Herrero, aquel ¿comunicador? que incendiaba las primeras horas de la mañana a través de las antenas de la COPE y que se ahogó en su propia bilis en una playa de Marbella. Sonaba el despertador, encendía la radio y allí estaba el muchacho vomitando vitriolo, salfumán, amoniaco, todo lo que, en fin, a él le parecía lo mejor para sacar lustre y esplendor a la patria. Al conjuro de su voz, saltaba de la cama como si me hubiera picado una víbora, me afeitaba y me duchaba, desayunaba como los pavos, en la mesa de la cocina, y salía de mi casa bufando y echando chispas. Luego, seguía escuchando al caballero en el coche, camino del trabajo y cuando llegaba a la oficina yo no era ya un hombre, era un miura repartiendo cornás a todo lo que se movía.
Cuando don Antonio la diñó experimenté un vacío existencial que a poco me lleva al suicidio. Faltó un tris para que me despidieran del trabajo, tal era mi abulia, mi melancolía. A punto estuve de acudir a un psiquiatra, pero entonces redescubrí la Biblia, que había leído a trozos de niño y mi vida dio un vuelco de ciento  ochenta grados. Ah, no hay nada más tonificante ni que eleve más el ánimo de un individuo, al menos de un leptosomático esquizotípico como yo. Ya podía quedarse don Antonio en el cielo por toda la eternidad, sahumando con su vomitivo verbo el trono del Creador, con el Creador sentado en él, que yo con la lectura de un puñado de versículos mientras tomo mi desayuno cargo las pilas de energía vital para todo el día y aun para parte de la noche.
En la Biblia no encontrará usted salfumán ni ninguna de esas rimbombantes porquerías que con la coartada de la limpieza atentan más que nada contra el buen gusto. En la Biblia encuentra uno algo más puro, más viril: venganza, por encima de todo, venganza. Venganza de Dios sobre su pueblo, por alguna de las muchas, continuas marrullerías y traiciones que éste comete contra Aquél y venganza del pueblo sobre quienes lo derrotaron en una batalla, invadieron sus tierras o lo condujeron al destierro. Especialmente en los profetas.
Los profetas son unos tipos fantásticos. Prácticamente, no vaticinan más que calamidades y desgracias, unas veces para su pueblo, otras para pueblos enemigos. No hay en ellos ni una gotita siquiera de amor, qué digo de amor, ni de piedad, ni de compasión. Nada. Todo destrucción y sangre. Sólo cuando ya han soltado toda la bilis llegan y ¡plaf!, dejan escapar un pequeño eructo de esperanza, porque la vida sigue, a pesar de las profecías, y los judíos, a la vista está, lograron sobrevivir a todos los desastres que le sobrevinieron. Sin el menor sonrojo afirman que es el mismísimo Dios el que habla por su boca, aunque, faltaría más, de este hecho no ofrecen más prueba que su palabra.
Ahora bien, sea o no sea Dios el que hable por su boca, a través de sus profecías lo que los profetas ponen de manifiesto es que entre este Dios y su pueblo existe una inagotable relación de amor-odio, incluso más, una relación sado-masoquista que fluye constantemente de abajo arriba y de arriba abajo: da la impresión de que el pueblo transgrede las normas divinas sólo para joder a Dios y que Éste se revuelve contra el pueblo no para castigarlo con la moderación propia de la justicia, sino para saciar su ira, es decir, sádicamente. Sin embargo, a Dios parece que le gusta el juego, pues, en lugar de acabar de una vez con un pueblo insonrible que no cesa de rebelársele, aun  a sabiendas de lo que le espera, deja vivos a unos cuantos, sin duda, con el propósito de que crezca y se multiplique de nuevo y la rueda siga y siga girando. O lo que es lo mismo, que los hombres bíblicos andan siempre necesitados de Dios, pero Dios, a su vez, los necesita tanto o más a ellos.
De entre todos los profetas, mis preferidos son Ezequiel y Jeremías. A los dos les tocó vivir, hacia el 597 antes de nuestra Era, la invasión asiria y el exilio forzoso de buena parte de la población a tierras caldeas y los dos se volvieron literalmente del revés con tales hechos.
Ezequiel es magnífico. Se pasa la vida anunciando al pueblo desgracias y castigos a cual más furibundo, tan furibundos que, más que temor, casi despiertan la risa. Qué enorme estreñimiento debía de padecer el tío. Eso y una úlcera de estómago candente como un volcán. Su descripción de la gloria de Dios, así como del carricoche que transporta a los ángeles ha dado pie a más de uno a pensar que este hombre no trataba con Dios, sino con extraterrestres. Luego está la invención de ese título genial, Hijo del hombre, que más adelante los evangelistas le adjudicarían por la cara, esto es, sin citar la fuente, a Jesús. La historia simbólica de Israel que narra en el capítulo dieciséis de su libro es, por el uso de las imágenes que el autor utiliza, así como el asqueroso machismo que pone en boca de Dios, uno de los textos más repugnantes de toda la Biblia, y mire usted que la Biblia no destaca precisamente por su pudor. Léalo usted, que seguro que tiene una Biblia en su casa, y si no, pídasela a su vecino, que el sí que la tiene, y verá como no hay en mis palabras ni miajita de exageración.
Jeremías es el tío de la maldición y del lamento. Cómo sería de llorón el buen hombre, que una parte de su libro está consagrada, nunca mejor empleada esta palabra, a la llantina, cinco largas lamentaciones en forma poética que suman en total quinientos veintiocho versos, al menos, según la Biblia de Jerusalén, que es la versión que yo manejo. En sus maldiciones o en sus oráculos, que viene a ser lo mismo, es redondo como una esfera perfecta, pero eso sí, una esfera plagada de colmillos como los de los remotos tigres-sable. Pondré algún ejemplo: Contra Egipto: Aquel día será para el Señor Yahvé/ día de venganza para vengarse de sus adversarios./ Devorará la espada y se hartará/ y se abrevará de su sangre (46, 10). Contra Moab: Maldito quien haga el trabajo de Yahvé con dejadez, y maldito el que prive a su espada de sangre (48, 10). Contra Edom: Porque por mí lo he jurado -oráculo de Yahvéh- que en desolación, en oprobio, en yermo y en maldición se convertirá Bosra, y todas sus ciudades se convertirán en ruinas eternas (49, 13). Contra las ciudades sirias: En verdad, caerán sus jóvenes escogidos en sus plazas/ y todos los guerreros perecerán aquel día/ Prenderé fuego a la muralla de Damasco/ y consumirá los alcázares de Ben-Hadad (49, 26-27). Y así contra todos los pueblos de los alrededores, incluidas las tribus árabes, a cuyos habitantes denomina como los que se afeitan las sienes (49, 33), quienes todavía, pobrecicos míos, habrán de esperar sus casi mil años para que los redima Mahoma.
Ni en uno ni en otro profeta hay apenas alegorías, sus oráculos son directos y certeros, claros como el agua, pero son legión los exégetas que en su afán por edulcorar tanta mala leche no le encuentran tres pies al gato, le encuentran veintitrés. Y ahí los tiene usted, mascando y mascando y mascando con el propósito de que sus lectores o sus escuchadores no opongan las más mínima resistencia para deglutir sus elucubraciones.

13 comentarios:

Lansky dijo...

Esos profetas de antaño se parecen mucho a ciertos economistas oraculares de hogaño.

ben dijo...

Lansky,igual pasa con los biólogos,médicos,ingenieros....Que cosas dice,manía que tiene uno.

Ozanu dijo...

Lo peor es que la costumbre del profeta de mostrarse arrogante no ha pasado, por desgracia.

P.D: Sobre tu tío, me refería al protagonista de la anécdota, claro está. XD

Lansky dijo...

ben ¿sabes lo qué es un necio? No es un simple sinónimo de tonto o bobo. ”nes-cius”: el que carece de ciencia; es decir, el que no sabe que no sabe, el que ignora que ignora. Y claro, en ese caso le resulta imposible aprender, le falta el primer paso.

ben dijo...

!Ay!.Que poca cuerda tienes,Lansky.Pero eso que dices,pasa en todas las profesiones,en todas las industrias de la vida.

ben dijo...

Molón,los profetas,son necesarios en la vida.Cada uno intenta seguir el suyo.Somos como los
patitos detrás de la madre.Son los guías precursores,que ven lo que se avecina,de buena fé
creo y buscan seguidores.En las religiones,en las radios,en las televisiones,en las empresas,
en las facultades,en la economía intentando averiguar por donde va ir los hechos económicos
futuro(esto le gusta mucho a nuestro buen amigo virtual Lansky).Lo malo que no están ahi
cuando ocurre la catástrofe.Son malos apostadores,así si entran en bolsa con sus ideas,suelen
arruinarse,por su obsesión.
Los anticlericales,los independentistas....Madre mía,pero si es que cuesta que nos dejen pen
sar libremente.
Tu estilo,parece que está cambiando,parece más simpático.A ver lo que dura y no vuelves a tus
intentos de demostrar lo indemostrable,porqué los patitos al nacer siguen a la madre de inmediato,a su guía.
Saludos.

Lansky dijo...

En todas las profesiones... Sí, claro, los astrónomos predicen los eclipses con la misma falta de precisión que los economistas los cracs. Necio aplicado a tu caso no es un insulto, sino una descripción abreviada. Tú no piensas libremente, aunque lo creas así. Y yo sólo hablaba de cierto tipo de economistas, los que llamé oraculares, pero tú no distingas, hombre, que los matices son incordio para tu pensar "libremente".

Molón Suave dijo...

Lansky: Cierto, especialmente los economistas catastrofistas.

Molón Suave dijo...

Ozanu: Los profetas que hablan con Dios son infalibles, de eso no hay duda. Los chungos son los que profetizan con la bola de cristal, las cartas, etc.

Molón Suave dijo...

Ben: Hombre, no me digas que el tío del tiempo es un profeta, o que lo es cualquier analista que intenta anticiparse a los hechos. No menospreciemos la profesión, profeta es únicamente el que habla directamente con Dios y transmite sus palabras. Es una de las profesiones más honrosas que existen, aunque a mí, personalmente, me repugna bastante, quizás porque dejé de ser patito por lo menos desde que asesiné a la Romana. Unos días después hice un fervoroso acto de contrición y desde entonces procuro pensar por mi cuenta.

ben dijo...

Molon,claro que no,hoy día esos profesionales disponen de medios de modelos
matématicos que le ayudan a predecir,que no profetizar.Pero al final también
cometen errores,en el tiempo que hará,en la enfermedad de su cliente.Al economista le ocurre lo mismo,dispone de modelos matemáticos,hechos históricos
pasados susceptibles de graficar,por lo que puede intentar crear un modelo a
seguir,pero siempre hay hechos nuevos,intencionalidades políticas que hacen
que el modelo fracase.Al arquitecto se le cae la casa,en fin no se la seguridad total no existe.He querido hacer una aproximación entre el profeta
y los "profetas" en todas las profesiones y sus seguidores.Por que claro no
vamos a cerrarnos al ámbito religioso solo,digo yo,porque ya conozco por adelantado tu criterio,Tú mismo has escrito de los Herreros,Butanitos...Yo
he añadido lo anteriormente dicho.

Numeros dijo...

Profetizar no es más que tratar de adivinar el futuro sin tener base sólida en que apoyarte para justificar tus conclusiones. Decir dónde va a estar Venus el 27 de julio del 3017 no es profetizar, porque la mecánica celeste te dice dónde va a estar. Decir que va a pasar si la concentración de CO2 sube un 0,0001%, es profetizar porque los modelos climáticos son de tipo caótico de manera que cualquier pequeña desviación en los cálculos, o en los supuestos de partida, hace que las conclusiones puedan ser radicalmente distintos.

Cualquier profeta que se aspire a triunfar, y sea medianamente inteligente, sabe que la clave de su éxito radica en la negativad y en su capacidad para predecir (y evitar) catástrofes, y cuánto más extremas sean mejor. Y eso lo saben desde Ezequiel hasta Carl Sagan y su famoso invierno nuclear.

Veamos porqué. Tenemos dos profetas, supongamos que uno se llama Molón, que como su nombre indica mola mucho y solo profetiza cosas buenas, y otro al que llamaremos Numeros que solo profetiza terremotos, pestes, inundaciones y demás tragedias.

Cuando el pueblo acude a ambos para que profeticen como va a ser la cosecha del año que viene, sus respuestas son:

Molón Igual de buena que este año.
Números No váis a recoger ni un miserable grano porque nuestro dios está hasta los cataplines de que no le hagáis ofrendas, ni os portéis como es debido, ni recéis lo suficiente, ni bla, bla, bla, ...

Ahora llega el año siguiente y caben dos posibilidades.

(a) Que la cosecha sea buena.
(b> Que la cosecha se arruine por un pedrisco.


En el primer caso los dos profetas salvan el culo, porque el segundo siempre puede aducir que, o bien dios en su infinita misericordia les ha dado una segunda oportunidad, o que la cosecha ha sido buena gracias a las oraciones, ruegos y plegarias que él y los suyos han hecho.

En el segundo caso, Numeros diría con voz atronadora:

- ¡¡¡ YA OS LO ADVERTÍ PECADORES !!!,

y a continuación se pondría a hacer caja con los donativos que la gente le hiciera para evitar una cosecha desastrosa para el año siguiente.

Pero, ¿alguien podría decirme cómo iba a salvar su culo el bueno de Molón?

Molón Suave dijo...

Números: De ninguna manera, Molón (que no mola mucho porque es Suave, sólo mola un poquito) no salvaría su culo de ninguna manera, tienes toda la razón. Por eso a mí los profetas que de verdad me gustan no son de este tipo, sino los que anuncian el número que va a salir en la lotería de Navidad, por ejemplo. De esos me fío enteramente, sobre todo si, además, me muestran algunos décimos que hayan comprado de ese número.