sábado, 23 de mayo de 2015

Deicidas y traidores II

Motivos

¿Responde el relato de Marcos a una estrategia? Sin duda. A la vista de los hechos, no cabe otra respuesta.
El cristianismo reunía tres características que lo distinguían del resto de las religiones de su entorno: el exclusivismo, que compartía con el judaísmo; el universalismo y la intolerancia, consecuencia de las dos primeras. Estas tres características se desprenden del mandato que, según narra Marcos, Jesús les da a sus discípulos inmediatamente antes de la Ascensión: Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. (Marc. 16, 15-16). Tales características no han perdido vigencia en ningún momento. Hoy, con la libertad de pensamiento que la sociedad ha conseguido, no sin pagar por ello un alto precio, puede dar la sensación de que cayeron en el olvido, pero basta con que el viento de la historia cambie de dirección ligeramente para que de nuevo salgan a la superficie y recuperen su vigor. Sólo hay que recordar lo que fueron en este sentido en España los largos años de la dictadura franquista.
El evangelio de Marcos, cuyo redactor real se desconoce, fue escrito alrededor de cuarenta años después de la muerte de Cristo, es decir, después del año 70 de nuestra Era y, por tanto, después de la destrucción de Jerusalén y de la Diáspora. Para entonces, el cristianismo se había ido extendiendo por el mundo controlado por Roma de la mano de San Pablo. Pero el llamado Apóstol de los Gentiles no había dicho apenas nada de la vida de Jesús: que había sufrido, que había muerto y, sobre todo, que había resucitado. Y punto. Las distintas comunidades que habían ido surgiendo conservaban relatos, en algunos casos incluso escritos, como han revelado los descubrimientos de Nag Hammadi, que diferían de una comunidad a otra. Se hacía pues necesario unificar criterios y, sobre todo, poner de manifiesto la mesianidad y la divinidad de Cristo.
En su narración de la de detención y condena de Jesús, Marcos no acusa formalmente a los israelitas de nada. Se limita a narrar los hechos de una forma aparentemente neutral. Pero esta neutralidad pasó muy pronto a convertirse en un ataque frontal y decidido contra los judíos. El inventor del mito del deicidio fue el obispo Melitón de Sardes, quien hacia el 150 y apoyándose en la narración marquiana, aumentada después por Mateo y Lucas, sentenció: Dios ha sido asesinado, el Rey de Israel fue muerto por una mano israelita. La Iglesia ha sostenido esta brutal acusación hasta el concilio Vaticano II (1962-1965), el cual, en relación con la condena de Cristo, proclama que este hecho no puede ser imputado indistintamente ni a los judíos que entonces vivían, ni a los judíos de hoy. No se ha de señalar a lo judíos como réprobos de Dios y malditos. Nada menos que 1815 años después de la inculpación de Melitón de Sardes. Una declaración que corrobora que Marcos, o quien quiera que escribiera este evangelio, no decía la verdad.
A la acusación de deicidas siguió casi a la par la de traidores. Para ello se fundamentaron en la semejanza del nombre de Judas, el gran traidor, según los evangelios, con el genérico de judío, de modo que si Judas era un traidor y Judas era judío, todos los judíos son traidores, conclusión a la que llegaron numerosos santos padres con tan aplastante razonamiento filosófico, sin advertir que el propio Cristo era también judío.
¿Pero qué sentido tiene un odio tan intenso y tan prolongado? ¿No bastaba con la narración de Marcos, corroborada y aumentada por Mateo y Lucas, para congraciarse con los romanos? Pues no, no bastaba, porque los cristianos y, en concreto, los cristianos católicos que, a la postre, fueron los que acabaron imponiéndose, se situaban en una posición contradictoria difícil de mantener: necesitaban alejarse de los judíos para dejar de ser considerados como una secta, al tiempo que se adueñaban del legado religioso hebreo, la Biblia, proclamándose como los auténticos herederos y continuadores de tan valioso legado.
Ahora bien, como se sabe, tras la destrucción de Jerusalén, la mayor parte de los judíos huyeron de Israel, repartiéndose por distintos lugares del Mediterráneo, todos ellos bajo el dominio de Roma. Los judíos constituyen un pueblo perseverante. Allá donde van no se mezclan, sino que se mantienen en su exclusivismo y en el seguimiento de su creencias. A mí esto no me parece que sea un mérito, pero es una realidad. En cualquier caso, no se integraron mal allá donde fueron. En poco tiempo adoptaron el latín como lengua de uso y muchos judíos tuvieron nombres latinos. Pero no renegaron de su religión ni de sus costumbres, edificaron sus sinagogas en los nuevos lugares y en ellas siguieron celebrando sus ritos.
Los romanos sentían un gran respeto por la religión judía, admiraban su antigüedad, la belleza de sus sinagogas y la singularidad y complejidad de sus ceremonias. Tenían a los judíos por adivinos eficaces -la biblia condenaba la adivinación, pero los judíos no dejaban de practicarla-, y también  por médicos solventes. Muchos de los nuevos cristianos, que pertenecían ya enteramente a la cultura romana, experimentaban una atracción semejante a la de los todavía paganos. Una fiesta les resultaba a unos y a otros especialmente llamativa, la pascua, que en la Diáspora tenía una duración de ocho días y que incluía el sacrificio de un cordero. No pocos de estos cristianos mantenían relaciones de amistad con los judíos, compartían con ellos mesa y mantel y hasta, en más de una ocasión, asistían a alguna de sus celebraciones. Tal acercamiento llenaba de alarma a los padres de la Iglesia, temían que los cristianos cayeran en lo que ellos llamaron enseguida judaizar, una expresión que se extenderá a lo largo del tiempo y que adquirirá tintes trágicos en España, cuando de ello sean acusados por la Inquisición numerosos conversos del judaísmo.
La situación se agravó, a juicio de los santos padres, cuando, a principios del siglo III, Caracalla (211-217) concedió la ciudadanía romana a todos los hombres libres que vivían en territorio romano, incluidos, claro está, los judíos. Tal disposición otorgaba a los judíos, además de una libertad completa, la posibilidad de ocupar cargos en la administración del Estado, cargos que, de hecho, no tardaron en alcanzar.
Para los padres de la Iglesia, entonces ya suficientemente consolidada, esta circunstancia resultaba de todo punto intolerable. Tanto empeño como ellos habían puesto en exonerar a los romanos de la muerte de Cristo y ocurría que los deicidas, los traidores al Mesías no sólo no sufrían condena alguna por parte de los dirigentes de Roma, sino que ahora resultaban equiparados a los propios cristianos, muchos de ellos ya pertenecientes a influyentes familias romanas. A su juicio, la posibilidad de judaizar por parte de los fieles aumentaba hasta extremos que era imposible valorar, por lo que si, hasta entonces, no habían dejado de atacar a los judíos, a partir de este momento los ataques se recrudecieron de tal modo que el odio ya no se concentró en los dirigentes, sino que se extendió como un veneno por toda la comunidad cristiana.
Pero qué características reunieron estos ataques y qué consiguieron con ellos los jefes de la Iglesia es algo que veremos en la próxima entrada.

17 comentarios:

Ozanu dijo...

Siempre se odia a los grupos que resultan diferentes. Si preguntas en Nueva York, seguro que encuentras odios hacia todos los grupos étnicos. Ahora, el caso de los judíos fue peor por dos razones:

1- Como los gitanos, carecían de tierra propia y siempre tenían asociado ese aire de nómadas extranjeros, aunque hubieran vivido toda su vida en Europa.

2- Para colmo, se añaden las razones religiosas. Reconocer que los otros son el grupo original es siempre duro para la identidad grupal, pero que encima sea por la fe VERDADERA sólo sirvió para echar más leña al fuego.

De todos modos, yo diría que has extendido demasiado el intervalo de tiempo. La limpieza de sangre del Siglo de Oro fue un fenómenos bastante ligado a la idiosincrasia española de entonces. Por ejemplo, a Portugal emigraron muchos de los judíos expulsados.

Numeros dijo...

En tu anterior entrada me dices:

Cierto, los católicos no son los únicos cristianos, pero fueron los que acabaron como triunfadores, utilizando para ello todo tipo de medios, incluidos los violentos

Triunfadores, ¿en qué? ¿En el Monopoly? A día de hoy la confesión más numerosa, según reconoce el propio Vaticano es el Islam, religión que se extendió por el mundo como todos sabemos predicando el amor, la comprensión y la compasión y no bajo la fuerza de la espada. Cosa que sigue vigente hoy en día. No hay más que ver el número de iglesias no musulmanas que hay en Arabia Saudí, o el cariño con el que trata a ISIS a los no musulmanes.

Dentro del cristianismo, el catolicismo SÍ es mayoritaria, pero apenas llega a un 50% y el resto de las confesiones cristianas está vivo y goza de buena salud.

Más aún si tienes en cuenta que la mitad de la población católica vive en Iberomérica (580 millones frente a un total de 1200 millones de católicos), es fácil ver que la supremacía del catolicismo se debe a que América fue colonizada por países católicos.

Pero tranquilo que no voy a dejar que los números te estropeen una buena historia.

Molón Suave dijo...

Números: No hombre, digo que el catolicismo resultó triunfador en aquellos momentos. El resto de los cristinianismos prácticamente desaparecieron hasta lutero. Quedaron algunos grupos minoritarios, como, por ejemplo, los coptos. Al día de hoy, el asunto es bien distinto, naturalmente.
En cuanto al Islam, te diré que yo no respeto ninguna religión. Si hablo en exclusiva el catolicismo es porque es la religión que a mí me afecta, al vivir en un país católico, aunque que se diga que aconfesional.

Numeros dijo...

¿Perdón? ¿el catolicismo resultó triunfador en aquellos momentos? En aquello momentos NO existían los católicos.

La Iglesia Católica surge a raíz del Cisma de Oriente, en 1054, en contraposiciión a la Iglesia Ortodoxa (lo que no quita para que las dos se consideren así mismas como "Una, Santa, Católica y Apostólica" y única heredera legítima de la Iglesia primitiva o universal y que es la otra "la que abandonó la iglesia verdadera", siendo su jerarca merecedor de la pena de excomunión.

Esta mutua separación y excomunión se debió a que la Iglesia de Oriente, especialmente el patriarca de Constantinopla, no reconoce la autoridad suprema del Obispo de Roma, alias el Papa, sobre el resto de los obispos.

Hasta ese momento no cabe hablar de Iglesia Católica, tan solo una Iglesia Cristiana Primitiva, en la que el Obispo de Roma no pasaba de ser un primus inter pares.

H

Molón Suave dijo...

Ozanu: "Siempre se odia a los grupos que resultan diferentes" Hombre, digo yo que alguna culpa tendrá el que odia, porque es que parece que das a entender que por el hecho de ser diferentes son acreedores de odio.
-No, vamos a ver, los judíos en general eran respetados por los romanos, ya lo digo en la entrada, respetados y aún admirados. El odio, porque odio fue, surgió en el cristianismo por razones estrictamente religiosas, es decir, no por motivos étnicos.
¿Me he extendido mucho en el tiempo? Bueno, hasta el Vaticano II no derogó la Iglesia la culpabilidad de los judíos en la muerte de Cristo. Deberías leer los artículos que a finales del siglo XIX publicaba la revista Civiltá Cattólica, editada por los jesuitas, considerada entonces la voz del Vaticano. El último gueto que existió en Europa, antes del nazismo, claro es, fue el de Roma, entonces capital del Estado Vaticano. Lo clausuró Napoleón, pero tras la derrota de éste, el papa, Pío X, a su regreso a la ciudad, lo primero que hizo fue restablecerlo.

Ozanu dijo...

No pretendía justificarlo, simplemente lo comentaba. De todos modos, me da que el respeto de los romanos hacia otros era más frecuente en el romano culto y no toda la población romana estudiaba.

Molón Suave dijo...

Números: ¿Nos la cogemos con papel de fumar? En aquellos momentos resultaron triunfadores los cristianos que fundaron la Iglesia de Roma, o con la cabeza en Roma, o como quieras llamarle, que, aunque no tuvieran específicamente tal nombre, tenían el catolicismo, es decir, la universalidad como parte de su definición. A no ser que debamos reescribir todas las historias de la Iglesia Católica que se han escrito hasta el momento.

ben dijo...

Ozanu hay matices,entre el grupo etnico judio y el gitano,en el primero hay una componente
religiosa y de ritos,transmitidos de padres a hijos.En el segundo,el gitano,no había el com
ponente religioso y se fueron adaptando a las religiones del lugar donde habitaban.Sus ritos
eran más bien de expresiones sentimentales que manifestaban en forma de bailes.
Molón,das mucha importancia al hecho religioso en el caso de los judios,que la tiene.Pero has
olvidado la componente económica.Los judíos dependían de los reyes,con juridicción propia e
impuestos pagados directamente al monarca de turno.De ahí su relevancia política y economíca
que llegaron a adquirir.Por supuesto,que como hoy día ocurre la economía fue decisiva en
los hechos de odio y no la religiosa.La pela es la pela...Luego ocurrió lo que ocurrió,que
sin banca sería,se va al desastre.Despilfarro en el gasto,presión de los monarcas con sus
ideas imperialistas,sobre los judios.
A veces molón,te veo muy ingenuo en tus razonamientos,cegado siempre por dar caña a los curas
a los cuales estás o estabas ligado.
Un consejo,ve a la feria con este tiempo,vinito y jamón en la caseta de Cagasur,te deja nuevo.
Los ritos,nos hace vivir.

Numeros dijo...

Molon Tienes un serio problema cronológico. La Iglesia Católica Apostólica y Romana como tal puede decirse que surge a partir del Cisma de Oriente (año 1054) como contraposición a la Iglesia Ortodoxa de Oriente.

Los hechos que narras son de los siglos II y III de nuestra era: ¡¡ochocientos años!! antes. Lo que estás haciendo sería el equivalente a relacionar la Batalla de las Navas de Tolosa con la Guerra Civil Española. Hombre sí, hay una continuidad histórica, pero relacionar una cosa con otra parece como traído de los pelos.

El odio al judío, como bien apunta Ben, está mucho más relacionado por motivos económicos que por otros motivos, pero ¡coño! también hay que considerar la tranquilidad de conciencia que te da el apiolarte al prójimo por motivos religiosos y no por motivos crematísticos. Si a mí no me crees, siempre puedes preguntar a un tal Jacques de Molay que te dará buena fe de ello.

Molón Suave dijo...

Ben:
1.- Yo no estoy cegado con dar caña a los curas, eso para empezar, ni estoy ni he estado ligado a ellos. El hecho de pasar dos años en un seminario no significa nada. Me mintieron bastante de niño, pero ahí queda todo. Sencillamente, he cogido este tema porque la Iglesia es una organización avasalladora, que, en España concretamente, tiene una serie de privilegios claramente por encima de sus posibilidades, por decirlo de manera suave
2.- Para opinar, conviene primero informarse. Yo no escribo al pedo, como se dice, sino que primero me informo, llevo haciéndolo un montón de tiempo. En los primeros siglos del cristianismo, los judíos, como digo en la entrada, tenían el respeto de los romanos, dominadores del territorio, por la razones que cuento. El dinero, entonces, no tenía en este caso la importancia que luego sí llegó a tener. Fueron los cristianos, en su, entre otras cosas, afán de diferenciarse de los judíos y de congraciarse con los romanos, los que se revolvieron contra ellos y lo hicieron por motivos EXCLUSIVAMENTE RELIGIOSOS, ni económicos ni étnicos.
3.- Los ritos puede que nos hagan vivir, pero 250 procesiones al año, aparte Semana Santa, parece, no sé, un poquito exagerado. Yo te aconsejo que leas, nunca es tarde para hacerlo, que busques autores no sólo apologéticos y que compares, así es posible que llegues a conclusiones y, sobre todo, que tengas argumentos para opinar con conocimiento. Incluso entre los apologéticos, como San Agustín, puedes encontrar el buen odio de aquellos cristianos hacia los judíos. Por cierto, en la feria ya me he marcado alguna que otra sevillana, que lo cortés no quita lo valiente.

Molón Suave dijo...

Números:
"El propósito de este libro es ofrecer una visión de conjunto de la HISTORIA DE LA IGLESIA CATÓLICA desde su primera manifestación pública, el día de Pentecostés hasta la segunda mitad del siglo XV."
"La Iglesia ha sido fundada por Nuestro Señor Jesucristo."
Con el primer párrafo comienza el Prólogo de la HISTORIA DE LA IGLESIA ANTIGUA Y MEDIEVAL. Con el segundo se inicia el primer capítulo del mismo libro, obra de José Orlandis, ediciones Palabra, Madrid, 1995
"La Edad Antigua, que nosotros designamos como Edad grecorromana, abarca desde la FUNDACIÓN DE LA IGLESIA CATÓLICA hasta el año 681."
"Al llegar la plenitud de los tiempos, vino el Hijo de Dios al mundo y estableció la Iglesia"
Con estos dos párrafos se inicia, respectivamente, la Introducción y el capítulo I de la HISTORIA DE LA IGLESIA CATÓLICA, de Bernardino Llorca, editorial Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1955.
Dos autores nada sospechosos de anticatolicismo, cuyos textos tengo ahora mismo aquí, en mi biblioteca. Pero si tú quieres, escribimos una nueva historia de la Iglesia empezando en ese año 1054, con León IX como el primero de sus pontífices.
Infórmate mejor, pero durante los primeros cinco siglos de nuestra Era, al menos, los cristianos atacaban a los judíos ÚNICA Y EXCLUSIVAMENTE POR MOTIVOS RELIGIOSOS. Más tarde, a los religiosos, que nunca, hasta el Concilio Vaticano II, se acallaron, entraron también los económicos, sobre todo cuando la Inquisición empezó a apoderarse de los bienes de los condenados.
Pero vamos, que si tú lo prefieres de otra forma, no vamos a discutir, para ti la perra gorda.

ben dijo...

Molon,a mi me encanta ver Canal Historia,ahora que ya me tienen prohibido leer libros.Desde luego que los cristianos atacaban a los judíos.Ya el mismo Jesús entró a golpes en el Templo.Hay que tener en cuenta la parte de "revolución",que representó la doctrinas de Jesús y de San Juan
(le cortaron la cabeza) y por supuesto contra las leyes romanas("mundiales").Los cristinos y
sus ideas representaron un peligro civil y económico contra el sistema establecido.Eran un gru
po de haraposos con unas ideas antisistema.Al final el sistema tuvo que doblegarse a las nue
vas ideas,varios siglos después.Atacaron a los judíos,porque ellos eran judíos,era su mundo
el que querían cambiar.Esto no tiene nada que ver,con los odios que vendrían después.

Molón Suave dijo...

Ben:
¡Vaya! Es lo mismo que está pasando con Podemos, que de perroflautas van a acabar ganando unas elecciones y gobernando el país.

Lansky dijo...

Ben: "Desde luego que los cristianos atacaban a los judíos.Ya el mismo Jesús entró a golpes en el Templo.". ¡Santo Dios! Ahora va a resultar que Jesús era cristiano (un anacronismo que es hasta chistoso)y no judío (probablemente esenio), eso es lo que yo llamo 'cultura'(por llamarla algo) de catequesis.

ben dijo...

Joer Lansky,caes en lo mismo que no te gusta que te hagan en tu blog que te
miren hasta las palabras y giros que empleas y que se pierdan en el sentido
final del escrito.Jesús era un rebelde,sus seguidores eran unos rebeldes,eran
antisistema.No sé si lo digo claro.Que muchos de sus seguidores,los más radi
cales emplearon la violencia está claro.Jesús,era hombre,sus seguidores eran
hombres...Pues ya está todo dicho.Los cristianos somos hombres y mujeres(para
adaptarnos a los tiempos,jajaja.Claro que molón nos quiere angelitos.

Lansky dijo...

Sí, ben, el tópico de que Jesús era una especie de Che Guevara del siglo I en lugar de una suerte de rabino heterodoxo...Aya que joderse!

Miroslav Panciutti dijo...

Interesante entrada aunque, probablemente por el formato, me da la impresión que simplificas en exceso. En todo caso, tu tesis viene a ser que el odio a los judíos lo espolearon los primeros cristianos y sus motivos eran exclusivamente religiosos. No sé, creo que podría ser pero con bastantes matices. Por ejemplo, los judíos han sido odiados casi unánimemente por todos desde mucho antes de Cristo (la explicación está en su puñetera manía de negarse a adaptarse, ya sabes, Jehová es un Dios celoso) y a los romanos les dieron bastante problemas, tantos como para romper sus principios básicos de política imperial. Aún así, no niego que hacia el siglo II podrían haber adquirido cierto prestigio en Roma, pero se me hace difícil imaginar que los cristianos (que todavía distaban bastante de snetirse poderosos) los odiaran por eso. En lo que sí estoy de acuerdo es que el odio a los judíos adquirió una nueva naturaleza desde el cristianismo.