jueves, 14 de mayo de 2015

Deicidas y traidores I

El origen

El cristianismo, la religión del amor, como la definen sus seguidores, ha odiado el judaísmo prácticamente desde sus orígenes. Este odio nació de un mito, el del asesinato de Dios por parte de los judíos.
En el capítulo 15, versículos 6 a 15, Marcos, cuyo es el primer evangelio de los reconocidos por la Iglesia, narra escuetamente cómo Pilato les da a elegir a los judíos liberar a Jesús o a Barrabás y cómo los judíos eligieron la liberación de Barrabás. La narración concluye exactamente así, según la Biblia de Jerusalén: Pero Pilato les dijo otra vez: "Y qué voy a hacer con el que llamáis el Rey de los judíos?" La gente volvió a gritar: "¡Crucifícale!" Pilato les dijo: "Pero ¿qué mal ha hecho?" Pero ellos gritaron con más fuerza: "¡Crucifícale!" Pilato, entonces, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuera crucificado.
Mateo, cuyo evangelio es posterior al de Marcos, narra la misma escena con mayor amplitud, incluyendo lo siguiente: Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos diciendo: "Inocente soy de la sangre de este justo. Allá vosotros". Y todo el pueblo respondió: "Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos".
Esta historia no respondía a la realidad. Eso lo sostienen hoy la mayoría de los eruditos. Y los redactores de los evangelios no podían ignorarlo. ¿Un gobernador romano atendiendo la petición de los sometidos y no crucificando por su cuenta a quien consideraba un rebelde al dominio de Roma? Pero los evangelios, de los que no tenemos ningún original, fueron escritos bastante después de la muerte de Cristo, en una época en que, tras el triunfo de Pablo en el concilio de Jerusalén, el cristianismo había abandonado el claustro judío rechazando la circuncisión y procedía a extenderse por el mundo controlado por Roma. Los romanos aceptaban con normalidad las religiones que practicaban los habitantes de los territorios conquistados, pero se mostraban algo más renuentes para acoger religiones de nuevo cuño, mucho más si, como en este caso, se trataba de una secta y de una secta escindida del judaísmo cuyo líder había sido ejecutado en una cruz, muerte considerada la más ignominiosa en tiempos del gran imperio erigido a partir de la ciudad del Lacio.
He aquí el motivo por el que los evangelios modificaron el indudable protagonismo de Pilato y con éste el de los romanos, que quedan como meros comparsas, para adjudicárselo prácticamente por entero a los judíos. Y ni siquiera comparsas. En su narración, Mateo incluye un recado de la mujer de Pilato a su marido en el que ésta le dice textualmente, siempre según la biblia de Jerusalén: No te metas con ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa. Mateo no cita el nombre de la mujer del gobernador de Judea, pero tradiciones cristianas le dan el de Prócula, mujer que incluso fue elevada a los altares por el cristianismo ortodoxo. Más aún, la Iglesia ortodoxa de Etiopía celebra la fiesta de Prócula junto con su marido, Pilato, el 25 de junio.
¿Pero es razón suficiente la responsabilidad de la muerte de Cristo y, por tanto, de Dios, ya que los cristianos creen que Cristo es el Hijo de Dios y, al mismo tiempo, Dios también, para un odio que ha perdurado casi hasta la actualidad? Esta fue la semilla y la justificación, pero la extensión en el tiempo se debe a razones algo menos poéticas, por así decirlo, basadas en hechos no en historias difícilmente verosímiles.
Algunos han aducido el rechazo furibundo de los judíos al mensaje cristiano. En los Hechos de los Apóstoles, escrito bastante después que los evangelios, Lucas, su autor, da cuenta de la lapidación de Esteban en Jerusalén, tras su discurso pronunciado ante el Sanedrín. Da cuenta, igualmente, de la muerte de Santiago y de la prisión de Pedro, ambas ordenadas por Herodes (Agripa I). Narra al mismo tiempo la predicación de Pablo en las sinagogas de Damasco, de Antioquía y de otras ciudades, obteniendo el unánime rechazo de los congregados.
Pero estas supuestas pruebas no constituyen, en realidad, más que anécdotas, a pesar de su indudable dramatismo. Para empezar el discurso de Esteban, concluye literalmente de este modo: ¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! (expresión que repetirán más tarde distintos Padres de la Iglesia) Vosotros siempre resistís al Espíritu Santo! ¡Como fueron vuestros padres, así sois vosotros! ¿A qué profeta no persiguieron vuestros padres? Ellos mataron a los que anunciaban de antemano la venida del Justo, de aquel a quien vosotros ahora habéis traicionado y asesinado; vosotros que recibisteis la Ley por mediación de ángeles y no la habéis guardado."
Por la decimonovena gravedad de imprecaciones semejantes a esta mandaba, siglos después, la propia Iglesia a la hoguera a quienes se atrevían a expresarlas. Y no digamos la que se lió, por ejemplo, en Europa, cuando a Lutero se le ocurrió revolverse contra Roma. ¿Qué podían esperar pues Esteban y sus correligionarios de todo un Sanedrín? La prisión y la liberación de Pedro, nada menos que por un ángel, no es más que una leyenda piadosa. Y en cuando a las predicaciones sin fruto de Pablo, ¿cómo judíos ortodoxos que llevaban cientos de años sometidos a sus leyes iban a creer a un individuo que hasta hacía nada había perseguido a aquellos a quienes ahora defendía, como el propio Hechos de los Apóstoles relata?
En este libro, escrito aún más tarde que los evangelios citados, ya ni siquiera se menciona a los romanos. Los únicos culpables de la muerte de Cristo fueron los judíos. Ellos fueron los que lo mataron, como antes habían perseguido y matado a los que anunciaban la venida del Justo, como, casi ferozmente, denuncia Esteban. A estas alturas, los romanos han quedado exonerados de cualquier intervención en este cruel drama, como si jamás hubieran puesto sus pies en Palestina. ¿Por qué? ¿A qué se debe este afán de exculpar y este silencio? ¿A qué se debe culpar en exclusiva a quienes en realidad no eran más que unos tristes sometidos sin apenas capacidad ni para controlar sus asuntos domésticos? Y, si la muerte de Cristo fue sólo la excusa, ¿a qué se debe realmente ese odio histórico hacia los seguidores de una religión, de la que había salido el cristianismo? Eso lo veremos en la próxima entrada.

16 comentarios:

Lansky dijo...

Casi un siglo después del ajusticiamiento de Jesús, caso de que sea una figura histórica y no una amalgama de varios de los numerosos 'mesias' y opositores a los romanos que surgían cada día, el enemigo no era Roma, sino el resto de judíos competidores de la nueva secta. Como bien dices, los hechos no se compadecen con el relato de Marcos y es obvio que fueron las autoridades romanas las que decdían la muerte de esos opositores.

ben dijo...

Que las doctrinas de Jesús se basan en el Amor,no me cabe ni la menor duda,lo mismo que fueron los romanos los culpables de la muerte de Cristo.Lo que cuentas después es historia
y es verdad,aún recuerdo de pequeño en Baena,las expresiones:"...que ya vienen los judios,
que van a prender a Jesús,que vienen por el LLano.."Todos los chiquillos salíamos a ver las
turbas de "colinegros",que con sus tambores y sus carreras tanto nos excitaban...Pero de eso
a que dudes del Amor en la doctrina de Cristo va un abismo.

Molón Suave dijo...

Lanski: Completamente de acuerdo. En mi próxima entrada diré el porque de esos odios y persecución.

Molón Suave dijo...

Ben: Amaos los unos a los otros como yo os he amado. En efecto. Y yo no dudo de la veracidad y la hermosura de esa palabras. Como tampoco dudo de que, al menos la jerarquía católica, se las ha pasado casi siempre por el arco del triunfo. Lo mismo que aquello de: cuando te den una bofetada en una mejilla, pon la otra. Hermosas palabras que el viento de la realidad se lleva.

Ozanu dijo...

En Twitter, en medio del histerismo que algunos han promovido respecto al ISIS y su persecución a los cristianos, muchos han recordado que la mayoría de las víctimas del fundamentalismo islamista son otros musulmanes. Para mí resume muy bien todo este tipo de comportamientos.

ben dijo...

molón,lo de pon la otra mejilla,no hay que interpretarla literarmente,como todo en las Sagradas Escrituras,pero
eso es ampliable en cualquier relegión,no sectaria,como la musulmana y su libro sagrado el Corán.Incluso para
los no creyentes.Es una forma de vida,de no devolver con maldad si te hacen un daño,porque es la forma de ser
feliz.Hay una película,"Filomena",que te gustaría ver.

Miroslav Panciutti dijo...

Esperaré a leer tus explicaciones. En todo caso, el Concilio (si es que se le puede llamar así) de Jerusalén no pienso yo que fuera la génesis del odio a los judíos; a esas alturas todavía los primeros cristianos (que no se llamaban así) se consideraban creyentes en la religión de Moisés. Para profundizar en los orígenes del cristianismo, te recomiendo el que para mí es una de las máximas autoridades (y sin duda la mayor de España) que es Antonio Piñero. Son tentadoras las lecturas de gente como Laboa, Rodríguez, Atienza o incluso Deschner, pero, sin llegar a mentir descaradamente, lo cierto es que pretenden enseñar sólo lo que denigra al cristianismo, no profundizar en la complejidad de todo proceso social, máxime uno de tanto calado y significación histórica como éste.

ben dijo...

exactamente Miroslav,de eso se trata,que para entender lo que ha significado el cristianismo hay que
profundizar en la complejidad de todo proceso social,pero aquí el amigo molón,convierte todo en una
peli de malos y buenos,donde los indios son los malos malos y los blancos son los buenos buenos.Pero como entretenimiento no está mal.

Molón Suave dijo...

Ben:
1.- Claro que sé lo de lo de a interpretación literal y, en concreto, con lo de poner la otra mejilla. Pero eso no me lo digas a mí, que procuro ser un un ciudadano honrado, díselo a tu jerarquía, díselo al señor Rouco y su modesto pisito de casi 400 m2; díselo al obispo de Córdoba y su empeño en borrar la historia de la Mezquita, a sabiendas de que miente; díselo al arzobispo de Granada, empeñado en proteger a la caterva orgiástica que tiene en su sede; díselo al obispo de Alcalá, cuando habla como habla de los homosexuales; díselo al arzobispo Marzinkus, que sigue en sus Estados Unidos tranquilamente, estando reclamado por la Justicia italiana; díselo al propio Francisco I en relación con el Banco Vaticano y la mafia, como denuncia estos días el filósofo Vattimo, etc. etc.
2.- Yo no hablo de buenos y malos. Sobre todo, no digo que los blancos, que no sé quiénes pueden ser, sean los buenos. Me limito a exponer las perversiones de una Institución que, a pesar de todas las complejidades del asunto, que no niego, ha hecho, a mi juicio, más mal que bien.

Molón Suave dijo...

Miroslav: Yo no digo que el odio al judío, que no es posible negar, arrancase del Concilio de Jerusalén (es así como lo llama la propia Iglesia). Digo que, a partir de él, se abandona la necesidad de la circuncisión y, por tanto, el cristianismo se abre a los llamados gentiles.
Tengo al profesor Antonio Piñero por unos de mis autores preferidos para conocer los comienzos del cristianismo. Tengo varias entradas en las que lo cito como fuente, porque he tomado datos de sus libros. Él estudia muy bien los evangelios y los distintos cristianismo que surgieron ya casi desde el comienzo, pero. Al contrario que otros, Piñero no duda de la existencia de Cristo, pero sí que duda de determinadas exposiciones de los evangelistas, especialmente de su muerte y resurrección.
¿Que los autores que citas pueden ser parciales? Hombre, no creo que esta acusación sea muy correcta, teniendo en cuenta los océanos de tinta que se han escrito y se siguen escribiendo haciendo, más que historia, loa y hagiografía. Laboa, en concreto, junto con otros dos autores cuyo nombre no tengo a mano en este momento, tiene una Historia de la Iglesia (Edit. San Pablo, Madrid, 2005), en la que llega a afirma que sin fe no es posible escribir esta historia porque se escapa lo sobrenatural.
A propósito de la existencia de Cristo, hay un libro de lo más sugerente: Los misterios de Jesús, Timothy Freke y Peter Gandy, edit. Grijalbo, Barcelona, 1999, en el que, independientemente de la tesis que sostiene, se ofrece una buena descripción del panorama religioso existente en la zona durante la época de Jesús.

Lansky dijo...

Y además de las explicaciones históricas y todos los matices que a Miroslav le gusta tanto introducir, están las psicoanalíticas; sefún estas, el antisemitismo y el odio al judío delcristianismo sería odio... a sí mismos.

Molón Suave dijo...

Lansky: Pues no había caído yo. A mí me parecía que se trataba de la muerte del padre a cargo del hijo. Pero es posible que tengas razón. Tanto odio durante tanto tiempo no es fácil de explicar.

ben dijo...

¡Ay!.Pero que malo eres,me sueltas toda la caca del sistema.Para cambiar,algu
na vez podrías escribir una cosita buena que hiciera la Iglesia.

Molón Suave dijo...

Ben: Tú me dirás cuales.

Numeros dijo...

En sus primeras épocas del los cristianos vivían cómodamente en Roma. Es cierto que Nerón los había perseguido, pero coño, es que Nerón, como Stalin, perseguía a todo lo que se meneaba.

Pero en el año 66 d. C. se produce la rebelión de los judíos contra Roma y los romanos que consideran a los cristianos como una secta judía, comienzan también a perseguirlos al identificarlos como sediciosos judíos

Para evitar ser perseguidos La reacción natural de los cristianos fue la de señalarse no solo como diferentes de los judíos sino también como sus enemigos.

No les sirvió de mucho porque como su doctrina ponía en peligro la estabilidad del Imperio al cuestionar la autoridad del César siguieron siendo perseguidos, pero la semilla del odio ya estaba plantada.


Por cierto, los católicos no son los únicos cristianos.

Molón Suave dijo...

Números: Cierto, los católicos no son los únicos cristianos, pero fueron los que acabaron como triunfadores, utilizando para ello todo tipo de medios, incluidos los violentos.