lunes, 13 de abril de 2015

Sermón de Pascua

Queridos hermanos: Diligencias ineludibles y alguna contrariedad relacionada con la salud me han mantenido alejado de vosotros durante algún tiempo. Pero ya estoy aquí de nuevo, con la moral alta y las fuerzas y el tiempo recobrados para seguir con la tarea de escribir estas cosillas.
Hermanos acabamos de pasar la semana de Pasión, de pasión doliente, sangrante, de sangre pura y verdadera, no la pasión que algunos incluyen dentro del territorio del amor y que no es más que ardentía y desenfrenado deseo de tocar pelo y penetrar en mojado. Durante una semana se ha celebrado con todo lujo de pompa y esplendor la muerte de un hombre, un hombre del que se afirma que resucitó al tercer día de dejar este mundo. Cristos maniatados, coronados de espinas, amarrados a una columna, cargados con la cruz, chorreando sangre, crucificados, han recorrido las calles de todas las ciudades del país, seguidos de cerca por un igual sinnúmeros de vírgenes aplastadas por el dolor, pero más aún por el peso del joyerío con el que la cubren sus devotos.
Seis días celebrando la muerte y luego, cuando la gente ya está ahíta de tanta sangre y tanto sufrimiento, ¡un solo día para celebrar o conmemorar la resurreción! ¿Cómo puede ser esto? ¿No constituye una deplorable incongruencia tal desequilibrio en la balanza? ¿No debería ser justamente al revés?  Salvo que uno esté loco, como el conejo de Lewis Carroll, que día tras día celebraba su no cumpleaños, lo que los humanos acostumbramos a celebrar es lo extraordinario, lo que se sale de lo común y se aleja de la norma. Y no hay que ser muy listo para entender que la resurrección es un suceso bastante más raro que el de la muerte.
Pero la Iglesia es sabia, hermanos. La Iglesia, lo repetiré una vez más aún con el riesgo de que me llamen pesado, es la Jerarquía. Salvo contados especímenes dotados de una habilidad especial, los fieles no tienen otra misión encomendada que la de obedecer. Los fieles, y esta es una metáfora bien grata incluso al hombre de la cruz, son ovejas a las que el pastor lleva a triscar la hierba adonde le parece. Cuando un obispo, por ejemplo, se apropia de un bien que fue siempre público y, legal pero ilegítimamente, lo inscribe en el Registro de la Propiedad a nombre de la Iglesia, o cuando decide construir en una parte de un viejo seminario un hotelito de cuatro estrellas para los pobres sacerdotes que se encuentran solos en su ancianidad por mor del celibato, ¿le pide opinión a los fieles? Es posible que más de uno de estos fieles no esté de acuerdo con tales decisiones, si es así, ¿le concede el obispo la oportunidad siquiera de exponer lo que piensa?
Ya, ya sé que eso es exactamente lo mismo que hacen los políticos cuando consiguen el poder en un Ayuntamiento, en una Comunidad o en el Gobierno del Estado. Es lo mismo, sí. También ellos hacen lo que les parece y actúan con harta frecuencia a beneficio de los suyos. Pero existe una diferencia nada desdeñable: a los políticos los eligen los ciudadanos con su voto, ¿pero quién nombra a un obispo, por seguir con el ejemplo, de qué asamblea de fieles o de qué urna sale su elección?
La Iglesia, hermanos, como ya he dicho, es sabia y no da un solo paso que no esté perfectamente medido. Esgrimiendo la coartada de la salvación eterna, lo que ella pretende ante todo es mantener sujeto al rebaño. En primer lugar, con la orgía de sangre, de muerte y de abalorios que acabamos de vivir se exacerban dos de las más despreciables taras del ser humano: el sadismo y el masoquismo, bien que, en muchos casos, disimulados bajo la capa de la admiración, la piedad o la compasión, dos taras que, en último término, sirven a quien los provoca para exacerbar el miedo a la muerte, medio, sin duda, el más perfecto para el fin que se persigue.
Pero en esta exaltación del dolor y de la muerte y en este casi ocultamiento o, al menos, en esta apenas celebración de la resurrección hay más, hermanos, mucho más. Para comprobarlo, tenemos que recurrir a la Biblia, en concreto, al Nuevo Testamento. La Iglesia es sabia, lo sostengo una vez más, y sabe a la perfección cómo organizar las piezas para que el agua, todo el agua, vaya directamente a su molino. Aquí la organización es admirablemente sutil. Los primeros escritos que se conocen del cristianismo son las epístolas de San Pablo. A continuación, el evangelio de Marcos. Y luego, los evangelios de Mateo, Lucas y Juan. Sin embargo, en la biblia el orden en el que figuran es Mateo, Marcos, Lucas y Juan y, tras estos, las epístolas de Pablo.
Para los cristianos, San Pablo es, en primer lugar, un converso; para los judíos, en cambio, no puede dejar de ser un traidor. Como judío converso, de haber vivido en España tras los Reyes Católicos, hubiera tenido graves problemas. A nadie extrañaría que hubiera incluso acabado en la hoguera. No obstante, dada la época en que vivió, se convirtió en el primer gran padre de la Iglesia. San Pablo no cuenta nada de la vida de Cristo, por lo que su ubicación tras los evangelistas representa ya una clara manipulación, pues el lector no avisado creerá sin ninguna duda que San Pablo no dice nada de la vida de Cristo porque lo da todo por sabido, cosa que no es en modo alguno cierta. Otra clara manipulación consiste en la división de los textos en epígrafes con titulos adecuados, división y títulos que no existían en los textos originales y que mueven al lector a entender lo leído en la dirección que apunta el título.
San Pablo, en efecto, no dice nada de la vida de Cristo, sin embargo, sí que sostiene su resurrección, dándole a este hecho, como no puede ser menos, la importancia que tiene, hasta el punto de convertirlo en la piedra angular de su doctrina. Si Cristo no hubiera resucitado, llega a afirmar, la fe no tendría el más mínimo sentido. Es evidente, por los resultados obtenidos, que quienes escuchaban sus sermones o leían sus cartas creyeron la afirmación de Pablo. Pero tal creencia no significa que el llamado Apóstol de los Gentiles dijera la verdad.
Los evangelios por su parte narran extensamente la vida publica de Cristo. Sin embargo, a la resurrección, que, sin duda alguna, es el acontecimiento más portentoso de la historia, apenas le dedican unos escuetos párrafos, siendo precisamente Marcos, de cuya pluma salió el primer evangelio, el que menos espacio le dedica, menos del uno por ciento de su texto. Y no sólo le dedicaron poco, sino que narran el portento con un cúmulo de vaguedades y de contradicciones entre unos y otros absolutamente impensables en quien pretende dar cuenta de un suceso real. Las cuentas no cuadran si a todo esto se añade el hecho más inexplicable aún de que un hombre que basaba sus predicaciones en la derrota de la muerte, un hombre que había afirmado públicamente que resucitaría tres días después de muerto no hiciera acto público de presencia para demostrar sin riesgo de error, tanto a sus perseguidores como a sus seguidores, que su desafío no constituía una mera baladronada.
¿Qué se puede deducir de todo esto, hermanos? Que la resurrección de Cristo entra de lleno en el terreno del mito, lo cual no significa que estemos ante una falsedad, pero sí ante un hecho difícil, si es que no imposible de admitir sin otra prueba que la palabra de quien lo afirma, un hecho, por tanto, que queda recluido en el bagaje de la simple creencia, motivo por el que a la Iglesia no le conviene insistir demasiado, sino pasar por él de puntillas, como si se tratase de un asunto tan elemental y cotidiano que no valiera la pena resaltar.
Si existen otras razones para que la resurrección en sí tenga tan poca relevancia en esta enorme semana que acabamos de vivir, si existen otras razones para que apenas se encuentren en los templos imágenes del Resucitado y las pocas que existen se ubiquen en lugares irrelevantes y casi escondidos, cuando debieran presidir todos los altares mayores de todas los templos del mundo, que venga un obispo y me lo explique, porque, hasta hoy, los curas con los que he tratado del tema no lo han sabido hacer.

14 comentarios:

Melastregues dijo...

Hola Molón, más de dos meses de secano que nos has tenido, privados de tu cálido verbo y aguda pluma. Deseo que os encontréis bien del todo y os mando un abrazote muy fuerte.

ben dijo...

En fin de vuelta,preocupados por tu salud.Yo he disfrutado con toda mi familia que logro unirla por estas fechas,en el ritual de primavera.Ha sido una Semana Santa preciosa,llena de sol y luz.Me he har
tado de todo el ritual,pipas,helados,cervezas,tapitas.Los nietos...."cargol,cargol,puja a la montanya.."
cantando mientras asombrados veían las procesiones,los tambores,las bandas...Un disfrute para todos.
¡Ah!.El día de los lejias,viernes Viacrucis,ví al al sr. obispo,moverse con agilidad por la Catedral,oye
de gordo nada de nada,más bien recio y muy decidido.
En fin,de lo que escribes sobre religión,nada de nada.Pero mejor dejarlo.
Saludos y cuídate,cuanto más tarde rindas cuenta al Altísimo mejor.

Molón Suave dijo...

Melastregues: Muchas gracias. Estamos bien, como deseamos que estéis también vosotros. Un abrazo para todos. Ojalá y pudiéramos echar otro diíta como el que echamos, en esta ocasión por esas tierras.

Molón Suave dijo...

Ben: Me alegro de que hayas disfrutado con la Semana Santa. Mi salud, poca cosa, aunque con pruebas y toda la parafernalía que te montan hoy por casi nada. Procuro cuidarme, porque me gusta la vida, convencido de que el día que rinda cuentas Dios no estará dispuesto a condenar a un buen ateo.

Ozanu dijo...

Me has recordado que quería leer la Biblia, pero siempre me dicen que las mejores versiones actuales están en inglés...

Miroslav Panciutti dijo...

Pablo era judío, sí, como todos los apóstoles y el propio Jesús. De hecho, vivieron y murieron sin pensar que habían dejado de serlo.

En cuanto a la Resurrección, cierto es que, gracias al de Tarso, se ha erigido como el dogma central del cristianismo. Sin embargo, en mi modesta opinión, la fe cristiana seguiría teniendo sentido aunque Cristo no hubiera resucitado. Al fin y al cabo, de lo que se trata es de creer que Dios envía a la tierra a su Hijo (incluso lo de hijo no tiene por qué entenderse en sentido literal y podría prescindir de la problemática ausencia de ADN paterno en la concepción de Jesús) para transmitir su mensaje a la humanidad y redimirla a través de su muerte.

Naturalmente, lo de la Redención también tiene su problemática, porque, ¿para qué demonios necesita Dios pagar un precio por los pecados de los hombres? Y en cuanto al mensaje, a la vista de lo que sabemos de la vida de Jesús no parece que Dios se haya preocupado mucho de explicarlo bien (quienes sí lo han hecho han sido los infinitos constructores de la doctrina que ha habido a lo largo de los siglos).

Molón Suave dijo...

Ozanu: Yo tengo dos biblias, la de Nácar-Colunga, muy manipulada por los autores, y la Jerusalén, que es bastante mejor.

Molón Suave dijo...

Miroslav: Al final, todo se reduce a la fe, porque la razón te dice que un tipo que envía su hijo para que lo maté aquel que lo injurió y con la muerte de ese hijo se siente reparado, está, como mínimo, como una cabra y, desde luego, carece absolutamente de bondad. Más aún si se tiene en cuenta que el injuriante es obra suya.
En cuanto a fe, cada cual puede tener la suya, faltaría más. Lo malo es que lo creyentes religiosos afirman creer en la Verdad absoluta, como consecuencia, traducen su fe en normas que pretenden imponer a todos. Ahí es donde yo veo el problema.

Paco Muñoz dijo...

Como siemrpe la alegría de leerte y de que la salud o las perspectivas temporales de ella se hayan resuelto, digo temporales porque a nuestra edad, si la gotera no es hoy será mañana. No tenemos la salud de D. Demetrio, según Ben, aunque como dice Goma Espuma, "Si los curas comieran chinos del río, no estarían tan gordos los tíos joíos". Nada que añadir a lo dicho, por considerarte una autoridad en la materia. Si decir respecto a la semana que afortunadamente ya pasó y más afortunadamente para las arcas económicas del invento, instalado con los dineros de todos los cordobeses. Echar de menos al afrancesado de Trevilla, hombre culto donde los hubiera, que le hechó a demás cojones y prohibio toda esa parafernalia carnavelera, y kukusclanera (por el uniforme), que moja hasta en la justicia perdonando con el balanceo de la mano de una estatuta a un reo. Son tantas las incongruencias. Un abrazo y Salud Rafael.

ben dijo...

Paco,pues sí,yo esperaba a un sr.obispo gordo y ceboso(con perdón),no lo conocía y por lo que decía mo
lón,me esperaba otra cosa,pero la verdad vi a un sr. obispo con mucha movilidad que se movía por el Pa
tio de los Naranjos,de arriba abajo al paso del Vía Crucis del Viernes Santo.Tengo que decirte que mis
yernos,ateos y separatistas catalanes,disfrutaron mucho.Intento que vean una España,que es posible amarla,dentro de sus ancestrales ritos y dejar aparte sus creencias.
Paco,hay que estar abiertos a los ritos,no vas dejar de ser un viejo comunista,por entregarte
al disfrute de la bulla,el olor a cera y el olor a la flor del naranjo.
Por supuesto que la inversión que se hace a costa del dinero de los cordobeses,vuelve multiplicada,por
que los bares,restaurantes estaban llenos.
Sobre la Fé,pues cada uno cree lo que quiere,joer,que para eso estamos en democracia.Lo mismo que la
versión cachonda que hace molon del asunto no ofende a nadie,espero,a mi al menos que soy creyente no
me ofende.
Saludos.

Lansky dijo...

No es viable la resurección porque opera algo infinitamente mejor y más elegante: el reciclado eterno

Molón Suave dijo...

Paco:
Ciertamente, a nuestra edad no hay quien pare las goteras. A Trevilla le voy a dedicar pronto una entrada especial. A mi madre tampoco le gustaban las procesiones, decía que eran una pantomima. Ben dice que los bares y los restaurantes estaban llenos. Efectivamente, con el dinero del Ayuntamiento, es decir, nuestro, de todos, le costeamos el espectáculo a unos y le ayudamos a llenar los bolsillos a otros, a los que contratan a camareros por tres o cuatro horas y trabajan diez o doce, la mayor parte de las veces sin contrato alguno. Te leo todo lo que puedo, pero es que últimamente llevas un marchón que pareces un chaval de veinte años, con prisas. Un abrazo

Molón Suave dijo...

Ben: Hombre, cebao como un marrano no está "el guardián de la fe en nuestra provincia". Pero no me negarás que no está bien alimentado y que no tiene pinta de someterse a muchos ayunos, ni siquiera cuaresmales.

Molón Suave dijo...

Lansky: El reciclado, ese es el quid. Así, en general, nadie quiere morir, pero yo creo que nadie también se para a pensar lo que sería una vida sin fin. A los que sueñan con una vida interminable, yo les recomendaría la novela Todos los hombres son mortales, de Beauvoir. Seguro que se lo pensaban dos veces.