martes, 28 de abril de 2015

El asunto de la fe

Creer es fácil. Y barato. Uno oye una afirmación de cualquier índole que no puede o no quiere corroborar personalmente y dice: lo creo. Y lo cree. Sin más. 
En este sentido, cada cual puede creer lo que le parezca oportuno. Por ejemplo, en este momento, mientras escribo, el 25% de los españoles de todas las edades, según una encuesta reciente, sigue creyendo sin la más mínima ambigüedad que el sol gira alrededor de la tierra y no, como se sabe con la misma firmeza desde hace más de quinientos años, que es la tierra la que gira alrededor del sol.
Bien, que ese 25 % de españoles crea en lo que cree, a pesar de ser una absoluta falsedad, no debería, en principio, importarle a nadie, ni siquiera para lamentar la supina ignorancia que tal creencia representa. Tampoco importa la mayor o menor irracionalidad que tenga la creencia. Si alguien quiere creerme cuando le cuento que he visto a un elefante volando que además hablaba en arameo, es asunto suyo. Credo quia absurdum, creo porque es absurdo, afirmaba Tertuliano (160-220), el gran polemista cristiano que se pasó al montanismo y, posteriormente, creó su propia secta rigorista. El escritor inglés Chesterton entró en cierta ocasión a la iglesia católica de una aldea rural y se quedó pasmado al escuchar el sermón del sacerdote. Al salir exclamó: Si con todas las tonterías que he escuchado, la Iglesia lleva dos mil años existiendo, su mensaje tiene que ser forzosamente verdad. Y poco después se convirtió al catolicismo. De acuerdo, cada cual puede opinar lo que quiera, pero tanto la postura de Tertuliano como la de Chesterton es cuestión que compete exclusivamente a ellos y, desde fuera, nadie tiene el más mínimo derecho a enjuiciarlos, ni favorable ni desfavorablemente.
Todo rodaría, por tanto, sobre ruedas si las personas con fe se limitaran a creer y a comportarse de acuerdo con lo que les dicta su creencia. Pero en la realidad, no es esto lo que ocurre. La fe y, en concreto, la fe religiosa, termina plasmándose y, al mismo tiempo, diluyéndose en normas de conducta y en organizaciones que las fijan y velan por su cumplimiento. A lo largo de la historia y salvo contadas excepciones, tales organizaciones no se limitan a acoger a sus acólitos y a controlar su vida, sino que, al mismo tiempo, ejercen una labor de proselitismo, con el propósito de aumentar su grey, como si la fe del individuo resultase tan endeble que para sostenerla fuese necesario el concurso de grupos cada vez más numerosos. Ya no estamos simplemente ante la fe, estamos ante la religión. Y aquí empieza el problema.
Si las organizaciones religiosas se limitaran al proselitismo y a mantener en orden su redil, estaríamos ante un problema no demasiado grave, pues claro está que, del mismo modo que un individuo, un grupo tiene todo el derecho a creer y a practicar lo que le parezca oportuno, aún sabiendo que el grupo puede ejercer y de hecho ejerce una coacción mayor o menor sobre el individuo particular.
En tiempos de Roma esta era más o menos la situación. La multiplicidad de dioses, de ritos y de creencias permitía al individuo adscribirse libremente al grupo que mejor le parecía, incluso adscribirse a varios o no hacerlo a ninguno. Pero la aparición del cristianismo supuso un atentado en toda regla a este régimen de lo que con palabras de hoy podríamos denominar como de libertad religiosa. El cristianismo, una secta separada del judaísmo, adoptó el tic exclusivista de éste, magnificándolo hasta el punto de considerarse los cristianos no ya el pueblo elegido por Dios, sino los practicantes de la única religión verdadera y, por tanto, posible sobre la tierra.
Si en un principio la nueva religión aprovechó para propagarse la libertad existente en el Imperio, predicando la fe en el Cristo resucitado, la igualdad, el amor, la inmortalidad, la salvación, etc, bien pronto se dejó de tiquis miquis y pasó resueltamente a la ofensiva. Templos e ídolos fueron destruidos y muchos de los sacerdotes de las distintas religiones asesinados sin piedad. Véase, por ejemplo, la actuación del patriarca Cirilo de Alejandría y sus parabolanis, hordas de clérigos a su órdenes que campaban por sus respetos en la ciudad, o la del papa Dámaso en Roma.
Para el siglo IV, bien asentadas las raíces en la tierra, el cristianismo era ya la religión del Estado. Todas las demás religiones fueron prohibidas y sus seguidores, que todavía quedaban, convertidos en delincuentes. ¿Hay mayor muerte del alma que la libertad del error?, se preguntaba retóricamente San Agustín, uno de los grandes defensores de la conquista del Estado por parte de la Iglesia.
Ya desde antes de que Constantino elevara el cristianismo a religión del Estado, la fe, la simple fe dentro de la Iglesia pasó a un segundo plano en favor del encuadramiento. ¿Una prueba? El bautizo de los recién nacidos, costumbre que se mantiene hasta el día de hoy. La Iglesia necesita del número, porque el número de fieles, de encuadrados constituye la base de su fuerza. Pero el encuadrado pierde la capacidad de pensar por sí mismo. Tiene que aceptar y cumplir las directrices que emanan de la jerarquía. Se inician así por primera vez en la historia de la humanidad las luchas teológicas, luchas que no se limitan a la dialéctica, sino que, en muchas ocasiones, acaban en enfrentamientos físicos y que siempre llevan aparejada la condena inexorable del contrario, circunstancia que puede observarse todavía hoy, por ejemplo, en el apartamiento de los llamados teólogos de la liberación,
Pronto llegará la conversión masiva de pueblos enteros a partir de la conversión de sus jefes, una prueba más de la supremacía del encuadramiento sobre la fe, puesto que los súbditos de estos pueblos eran bautizados en masa, sin mayor conocimiento de la nueva religión a la que se adscribían. Llegarán las guerras de religión, otro invento que la humanidad no había conocido hasta la aparición del cristianismo.
La fe ya no importa propiamente nada. Hay que estar en la Iglesia, porque fuera de ella no hay salvación. Este es el dogma en el que acaba resumiéndose toda la doctrina cristiana, hasta el punto de que, por mor de la exclusividad, quien está fuera de ella se convierte en un enemigo a batir. Y están fuera de ella no sólo los llamados paganos o los fieles de otras religiones, como los judíos, enemigos principales hasta prácticamente el nazismo, sino también los cristianos que no siguen fielmente las directrices de la jerarquía. En 385 Prisciliano será ejecutado en Tréveris, por hereje. Será el primer fiel que pagará con su vida pensar de modo autónomo, lejos de las disposiciones de la jerarquía. Luego llegará la Inquisición, que no sólo producirá miles de víctimas, sino que durante siglos dará lugar en los territorios en los que actúa, principalmente España, a un clima de terror y secretismo que todavía estamos pagando. Las expulsiones en masa de musulmanes y judíos de España, por él único hecho de practicar una religión diferente, representan una prueba más de cómo quienes no están dentro de la Iglesia no merecen vivir.
Mi reino no es de este mundo, había asegurado el Maestro. Pero a la Iglesia no le satisfacía este aserto. Cuando tuvo la suficiente fuerza, ya no se contentó con compartir el poder con las autoridades civiles, sino que se propuso conquistar el Estado para sí, convertir el mundo en un reino autárquico bajo la soberanía del papa. Para ello se valió del arma de la excomunión, que si en un principio constituía sólo la expulsión de la Iglesia, bien pronto significó la absoluta exclusión social de quien la recibía, hasta el punto de que incluso reyes y emperadores quedaban privados de la obediencia de sus súbditos. La penosa marcha de Enrique IV hasta Canossa para suplicar el perdón de Gregorio VII (1073-1085), que pasa por ser uno de los grandes campeones de la Iglesia, constituye la prueba más elocuente de esta situación.
Doscientos años más tarde, Bonifacio VIII (1294-1303) llegó más lejos aún. En la bula Unam Sanctam afirmaba textualmente: Existen dos gobiernos, el espiritual y el temporal, y ambos pertenecen a la Iglesia. El uno está en la mano del papa y el otro en la mano de los reyes, pero los reyes no pueden hacer uso de él más que por la Iglesia, según la orden y con el permiso del papa.  Si el poder temporal se tuerce, debe ser enderezado por el poder espiritual... Así pues decidimos y pronunciamos que es de absoluta necesidad para salvarse que toda criatura humana esté sometida al pontífice.
Toda criatura humana. Ya no sólo los fieles cristianos, sino cualquier individuo de cualquier país, raza o creencia tenía que vivir bajo la jurisdicción del pontífice romano. Fue el punto culminante en las aspiraciones eclesiásticas. ¿Pero dónde había quedado ya la fe? Perdida en el maremágnum legal que se había ido desarrollando a lo largo de la historia. Nunca más volvió a tener la Iglesia un poder tan grande como entonces, pero hoy como ayer la principal preocupación de los poderes eclesiásticos es el cumplimiento de las normas por parte de los fieles, dando por sentado que la fe consiste precisamente en eso, en cumplir fielmente con ellas.

P.D. 1.- Una vez más repetiré que para mí la Iglesia es la jerarquía. Los fieles no tienen el más mínimo poder en ella, ni siquiera el de elegir con sus votos al simple sacerdote que ha de regir su parroquia.
2.- Algunas de las fuentes utilizadas para redactar esta entrada:
-Historia de los papas.- Juan María Laboa
-Diccionario de los papas.- Juan Dacio
-El antijudaísmo cristiano occidental.- Raúl González Salinero
-Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica.- Pepe Rodríguez
-Los pecados de la Iglesia.- Juan G. Atienza
-Historia criminal del cristianismo.- Karlheinz Deschner

26 comentarios:

Lisístrata dijo...

Pero cuántas cosas aprendo leyendo lo que escribes.
Gracias por compartir tanto conocimiento y tanta erudición de la buena.

Molón Suave dijo...

Muchas gracias, Lisis. Tú sí que eres una buena lectora, amable y elogiosa.

Ozanu dijo...

Correcto, quizás decir que la libertad religiosa del mundo pagano no era total: no te podías declarar independiente respecto a los dioses de la ciudad o decir que el Sol y la Luna eran objetos físicos. Lo primero le pasó a Sócrates cuando dijo que prefería su daimón y lo segundo a Anaxágoras cuando empezó lo que hoy en día llamamos naturalismo.

Se podría resumir en que, a un pagano, qué hecho o lugar elegías como divino le traía sin cuidado, pero no discutieras la divinidad en sí.

Numeros dijo...

Coincido con Ozanu y vuelvo a discrepar con que las guerras de religión, otro invento que la humanidad no había conocido hasta la aparición del cristianismo.

La historia de Amenofis IV (alias Akenaton) es un buen ejemplo de guerra religiosa.

También Mahoma, y el Corán, defiende la guerra como medio legítimo para extender la fe, por lo que achacar al cristianismo la invención de las guerras de religión, no parece muy de recibo.

Es cierto que como las religiones politeístas con las salvedades indicadas por Ozanu, más permisivas que las monoteístas; son menos dadas a los conflictos religiosos que las monoteístas; pero, desde los mayas hasta los vikingos, eso no significa que no se hicieran guerras de conquista para satisfacer la ganas de sangre de sus dioses.

Lo que nadie duda es de la utilidad de las religiones como excusa para putear, conquistar, explotar y acojonar al prójimo.

Ozanu dijo...

Y los judíos, Números, dejan muy claro en el Antiguo Testamento que perseguir a todo aquel que no siga la ley de Moisés dentro de su territorio es obligatorio. De hecho, tanto el cristianismo como el Islam extienden ese concepto cuando se vuelven religiones de miras universales.

Numeros dijo...

Ozanu, totalmente de acuerdo. La clave está en el monoteísmo.

Por naturaleza las religiones monoteístas, Akenaton también lo era, son excluyentes.

A las politeístas no les cuesta tanto aceptar nuevos dioses, ya que en muchos casos los identifican con los suyos: Zeus-Jupiter. de manera que mientras no toques su Panteón te dejarán vivir en paz.

Molón Suave dijo...

Ozanu: Por eso hablo de libertad religiosa y no de laicismo.

Lansky dijo...

No es lo mismo 'no creer en nada', que 'creer en la nada'. y por eso los ateos no somos nihilistas.

Molón Suave dijo...

Números: No, hombre, no se me ha pasado lo de Akenaton. Pero se trata de una anécdota debido tanto a su intensidad como a su duración. Akenaton pretendió poner al dios Aton en lugar de Amon, incluso cambió la capital del país, pero no tocaba el resto del panteón egipcio. No se puede hablar de guerra religiosa, sencillamente porque no la hubo.
Lo del Islam es otra historia. Los musulmanes hicieron guerras de conquista, pero para considerarla guerra religiosa les faltaba el proselitismo y la conversión o el exterminio del oponente. Cierto que las poblaciones conquistadas se convertían al Islam, pero, en cuanto a la fe, del mismo modo que lo hicieron muchos pueblos centroeuropeos respecto al cristianismo. La prueba es que en territorio islámicos continuaron viviendo sin problemas judíos y musulmanes, por ejemplo, en Al-Andalus o en el mismo Jerusalén. Sólo en ocasiones hubo problemas, pero por las provocaciones de los cristianos, como ocurrió en tiempos de Abd al-Rahmán II, emir cordobés, con los sacerdotes Perfecto, Eulogio y Alvaro Paulo. Abd al-Rahmán intentó incluso contemporizar, pero no tuvo más remedio que utilizar la violencia, porque no hubo otra manera. En aquel tiempo, los cristianos tenían sus propias iglesias y hasta su obispo.
Igualmente los judíos. Lo que no querían era la contaminación de otras creencias y, sin cuestionar la conquista de la tierra prometida, lo que hacían era defender esta tierra ante las acometidas de sus vecinos. Esto está claro en la biblia. Y nunca hasta el día de hoy han hecho proselitismo ni han pretendido, por tanto, imponer su religión a nadie.
Tres cuartos de lo mismo con los aztecas. Hacían la guerra para obtener esclavos, Cierto que luego le arrancaban el corazón a alguno de estos para dar gracias a sus dioses o para impetrar su favor, pero no hacían la guerra para imponer su religión. El concepto de verdad absoluta y de domino universal es puramente católico, como su mismo nombre indica.

ben dijo...

Ama al prójimo como a ti mismo.Amaos los unos a los otros...Amaossss.Esas son las doctrinas
de Jesús.Esa es la fe que yo no he perdido y no creo que ya pierda a mi edad.Yo,en eso, sigo
siendo el niño que tocaba el campanillo en el Socorro.Parece que tú ya no tienes esa ilusión
de cuando lo tocabas.
Todo lo anterior no tiene nada que ver con los hechos históricos que tú cuentas,de una ins
titución como la Iglesia,inmersa en la realidad económica y política de cada tiempo.Como cual
quier otra institución criticable con sus hechos,algunos abominables.Constantino y más su ma
dre se dieron cuenta que la única salvación del Imperio era aliarse a las nuevas doctrinas
y dejar los viejos ritos.Pero bueno esto es historia y se puede leer en cualquier libro.La
fe es otra cosa,no trates de engañarte a ti mismo.
Es curioso lo de Monedero:"me voy porque no quiero entrar en la mierda,en la política,en la
economía,prefiero seguir con mi fe.."
Saludos.

Ozanu dijo...

Diría, Molón, que no mataban al individuo de religión abrahámica, pero al pagano lo liquidaban. Además, parece ser que en varias épocas la religión era un factor determinante para acabar o no como esclavo, así que muchos se convertían para evitarlo.

Numeros dijo...

Los musulmanes hicieron guerras de conquista, pero para considerarla guerra religiosa les faltaba el proselitismo y la conversión o el exterminio del oponente

Sin buscar mucho mira lo que aparece en el Corán:

[4:89] Querrían que, como ellos, no creyerais, para ser iguales que ellos. No hagáis, pues, amigos entre ellos hasta que hayan emigrado por Alá. Si cambian de propósito, apoderaos de ellos y matadles donde les encontréis. No aceptéis su amistad ni auxilio,
[4:90] a menos que sean aliados de gente con la que os una un pacto, o que vengan a vosotros con el ánimo oprimido por tener que combatir contra vosotros o contra su propia gente. Si Alá hubiera querido, les habría dado poder sobre vosotros y habrían combatido contra vosotros. Si se mantienen aparte, si no combaten contra vosotros y os ofrecen someterse, entonces no tendréis justificación ante Alá contra ellos.
[4:91] Hallaréis a otros que desean vivir en paz con vosotros y con su propia gente. Siempre que se les invita a la apostasía, caen en ella. Si no se mantienen aparte, si no os ofrecen someterse, si no deponen las armas, apoderaos de ellos y matadles donde deis con ellos. Os hemos dado pleno poder sobre ellos.

Molón Suave dijo...

Ben: Y cuando os abofeteen en una mejilla, ofreced la otra. Me parece muy bien tu postura. Pero, entre picos, palas y azadones, la Iglesia se lleva cada año del Estado, es decir, de todos los españoles, 11.000 millones de euros y no cesa de intentar ordenar bajo su moral no a sus fieles, sino a todo quisqui. Incumple sistemáticamente el Concordato de 1978, al no autoficanciarse, 37 años después. De no haber habido gente que ha puesto en riesgo su vida, muchos de ellos perdiéndola, todavía estaríamos viviendo con las hogueras de la Inquisición. Así es que esas máximas vas y se las recuerdas a la Jerarquía, a ver si por fin se deciden a cumplirlas.

Molón Suave dijo...

Ozanu: A quien no toleraban era al ateo, pero en la época no los toleraba nadie.

Molón Suave dijo...

Números: Lo que indica esas suras, dando por hecho que "someter" sea convertir, ya lo había practicado la Iglesia mucho antes. Guerras de religión son las que enfrentan a dos religiones, teniendo a la religión como principal razón (ya se sabe que en toda guerra suele haber una razón económica detrás), como las que enfrentaron a católicos y protestantes o la que hoy tiene entablada el llamado Estado Islámico contra cristianos, sunitas, etc.

ben dijo...

Molón,ya que te gusta la investigación y repites una y otra vez lo de los 11.000 millones
de euros,que se "jala" la Iglesia,podrías buscar datos y exponerlos.Es que me estás creando
problemas de conciencia,de que estoy robando a los españoles y eso que yo pago también im
puestos para muchas cosas que no consumo.Venga,seguro que tú lo consigues,el debe y el ha
ber.Porque te prometo,que si lo veo injusto este año no pongo la cruz en la casilla de la
Iglesia,en la declaración de la Renta.

Molón Suave dijo...

Ben: ¿No lees los periódicos? Desde El País hasta El Diario.es han publicado esta cifra, con detalles. Mejor dicho, cifras que van desde los 10.000 a los 13.000 millones. Para empezar, ahorro de IBI e IVA, y no de los edificios religiosos, que esos podrían tener un pase, sino de todo los edificios y negocios de la Iglesia. Sueldo de los profesores de religión en los colegios públicos, que nombre el obispo de cada diócesis, pero pagamos entre todos los españoles. Lo que el gobierno recauda con los que marcan la x en el IRPF se entrega para pagar el sueldo de los sacerdotes, pero si la cantidad recaudada no es suficiente, y no lo es, el Estado pone el resto. Los colegios concertados, tajada de león, que en muchos casos la Iglesia se lleva en detrimento de los colegios públicos, como es el caso de Madrid, donde no paran, además, de regalarle a la Iglesia terrenos para que los sigan construyendo, en lugar de construir el Estado públicos. Las restauraciones de edificios religiosos, que la Iglesia, después, utiliza a su manera, como por ejemplo, la iglesia de San Agustín, en Córdoba, que, imagino, habrás visto, etc. Y no hablamos del regalazo que le ha supuesto a la Iglesia la modificación del artículo de marras de la ley hipotecaria, gracias al cual se está quedando en propiedad por sólo 30 € por cada uno con miles de bienes que siempre fueron públicos. Lo de la Mezquita es famoso, ¿pero sabías que, por ejemplo, se ha quedado también con la plaza del Pocito de la Fuensanta? ¿Sabes que ha estado en un tris de quedarse con la plaza de Capuchinos? ¿Sabes que la Iglesia de San Agustín no la han inmatriculado hasta después de la conclusión de su restauración? ¿Sabes por qué no inmatriculan, sin embargo, la iglesia de Madre de Dios? ¡Porque está en ruinas!
En fin, me extraña que te hagas el tonto, porque, aunque la Iglesia se llevara un solo euro del Estado ya estaría incumpliendo el Concordato de 1978, del que tanto se acuerdan para otras cosas, porque el Concordato incluye una cláusula por la que la Iglesia española se comprometía a autofinanciarse. Han pasado 37 años y de autofinanciación nada de nada. Pero no importa, tú sigue marcando la x, aunque la marques o no la marques, la pasta se la llevan de todos modos.

ben dijo...

Bueno,ya me doy cuenta de tus "cuentas",se trata de que no estás de acuerdo con una serie de derechos
constitucionales,como son los colegios concertados,el derecho reconocido a la clase de religión,para que
sean atendidos los niños que sus padres quieran ese servicio...Todas esas atenciones,llegan a personas
que también son "paganos" de impuestos.Yo entiendo,que tú no necesitas de esos servicios,pero eso no te
quita de colaborar en el pago de impuestos.En mi caso,hay muchísimas cosas que no pagaría,pero me aguanto.
Ya sabes lo que te toca....Aguantarte.
Del periódico el País,que te voy a decir,ya no sabe que hacer para evitar la quiebra.Pobre periódico,lle
gó a ser el mejor de España con diferencia.

Numeros dijo...

Que la religión se ha utilizado como excusa y pretexto para conquistar al vecino no lo duda nadie. Pero, a mi modo ver, hay una diferencia clara entre el Islam y el Cristianismo. Mientras que el Islam directamente invita al exterminio del infiel (te recuerdo que judíos y cristianos éramos gente del libro, y por lo tanto no éramos politeístas) no hay ni una sola frase en el Evangelio que incite al asesinato del infiel.

Pero bueno aún así, el cristianismo es lo malo y el Islam no hizo guerras de religión. Buena prueba de ello es que los politeístas siguieron bregando a sus anchas en Arabia Saudí una vez que el Islam se instauró allí.

Molón Suave dijo...

Ben: Vale, tú responde lo que quieras y sigue defendiendo llevando el agua tu molino. No sé el interés que puedes tener en que la Iglesia se apodere de un bien (iglesia San Agustín, por ejemplo,) cuya restauración se ha pagado con el dinero de todos los españoles. Que sigan sin pagar el IVA y el IBI. ¡Cojonudo! A mí, desde luego, no me apetece aguantarme y por eso no me aguanto.

Molón Suave dijo...

Número: creo que he sido bastante claro en mi respuesta anterior.

car res dijo...

Molon,el que sea un creyente,no quiere decir que sea un "pagano" contento en cuanto a impuestos.
Pero también tengo experiencias:en los años 80 era de CCOO y participé muy activamente en las
luchas en los centros escolares privados,tanto de la Iglesia como los seglares en Barcelona,por
la imposibilidad de seguir dando servicio en las zonas obreras,en mi caso la Verneda.Al final
se consiguió con los centros concertados.Tú me metes en los 11000 millones los colegios concer
tados de la Iglesia y por eso no estoy de acuerdo que sea injusto.El centro de la Verneda que
te refiero,actualmente sigue funcionando y han salido muchas promociones de trabajadores y
profesionales,sigue seglar y con profesorado de idea diferentes,con ideario propio.
Lo de San Agustin,que sigo con interés y paseo mucho por esa parte,pienso que si al final se
ha convertido en iglesia y no en museo,no debe pagar ningún impuesto y menos contribución,por ser un bien de interés cultural y social,otra cosa es si cobrara dinero para entrar,como pasa en la Mezquita en la que si creo debe pagar impuestos.
Es totalmente lícito y de interés general el que el estado gaste dinero en el arreglo de San
Agustín y eso no implica que pase a propiedad del estado.El caso de la Mezquita,habría que es
tudiarla no es el mismo caso reune muchos condicionantes y que hay que solucionar.En la Calle
ja de las Flores,se estudió muy bien.

ben dijo...

car res es "ben"

Molón Suave dijo...

Car res: Yo también veo lícito y hasta conveniente que el Estado rehabilite o restaure templos, más se estamos ante una joya, como San Agustín. Lo que no me parece ni lícita, ni ético, incluyendo en esa ética la cristiana que se desprende de los evangelios, es que la Iglesia la inmatricule a su nombre, es decir, se apodere de ella. Otra cosa es que la use, que nadie está discutiendo aquí el uso. Y no pido el pago del IBI para los edificios netamente religiosos, pero sí para los numerosos edificios propiedad de la Iglesia que no tienen un uso específicamente religioso. En cuanto a los colegios concertados, yo creo que la enseñanza debe ser pública y que el dinero del Estado debe ir dirigido exclusivamente a este fin, en lo que a la enseñanza se refiere. El que quiera montar un colegio privado, sea del carácter que sea, que lo monte y que se sostenga con las cuotas de sus alumnos. Me da igual si el colegio es religioso como si es uno montado por Ferrer Guardia.

ben dijo...

Muy bien molón,son estupendas tus ideas,es posible que en un futuro se cumplan casi todas,pero
hoy por hoy la cosa está como está.Lo único que te pido,es que no asocies posibles y discuti
bles injusticias,con la fe.Pero bueno,tú eres libre de hacer lo que quieras.

Molón Suave dijo...

Ben: Con el "hoy por hoy la cosa está como está" nunca hubiéramos dejado de ser los monos que un día fuimos. Tampoco nos libramos, por ejemplo, de la Inquisición. Y, desde luego, no vamos a librarnos de la corrupción que invade este país.
Pero, al margen de esto, yo creo que dejo meridianamente claro en mi entrada que la fe es intocable y que nadie tiene derecho a juzgar la de nadie. Otra cosa es la organización de la fe, esto es, la religión. Yo pienso que para creer y, en consecuencia, para relacionarse con divinidad, no son necesarios los intermediarios, que, a la vista está, acaban controlando a los fieles o, al menos, intentándolo y que, desde luego, viven mejor que ellos.