domingo, 11 de enero de 2015

Fanatismo y humor

La cualidad principal de un fanático en ciernes consiste en que cuando tiene ganas de mear no es capaz de distinguir entre un aseo de señoras y uno de caballeros y, claro, exonera la vejiga en cualquier parte.
En la India, los hombres -no sé si también las mujeres, porque lo he oído esta mañana en la radio y la noticia era un poco confusa, o yo estaba todavía medio dormido y no me he enterado muy bien-, pero, desde luego, los hombres cuando tienen ganas de mear se acercan a un muro, se sacan la chorra y, hale, ¡agua va! Y no en aldeas o en pueblos perdidos, no, sino en la misma Bombay, o en Nueva Delhi.
Pero en la India no hay fanáticos, lo que hay son pobres. Tengo un amigo en facebook que afirma que si a un pobre se le da un televisor y un frigorífico se le quitan las ganas de mear y, por tanto, las de acabar cristalizando en un fanático. Mi amigo tiene la teoría de que el fanatismo es fruto de la pobreza. Yo no estoy tan seguro. Yo me imagino que si usted va y le ofrece a un pobre un televisor y un frigorífico a lo peor hasta se mosquea; ahora, si usted le dice que Dios lo llama y que tiene que morir por Él, entonces lo deja todo y se va detrás de usted como un perrillo faldero, sin preguntarle siquiera cómo es que Dios, que es tan poderoso, no le hace la petición directamente a él, en lugar de enviarle un intermediario. Ahí están los cruzados marchando rumbo a Tierra Santa, donde cascaron como chinches, al grito de ¡Dios lo quiere!, porque así se lo había dicho el papa, que, como todo el mundo sabe, todos los miércoles a las cinco en punto de la tarde se toma con Dios un matecito bien cebado.
Los fanáticos surgen en casi toda las actividades humanas. Hay fanáticos de la moda, de la velocidad, de los petardos navideños y hasta de los flamenquines. Pero el caldo de cultivo fetén para que el fanático germine y se desarrolle es, sin duda, la religión y, más en concreto, las tres religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo e islamismo. Las tres luchan a brazo partido por conseguir para sus filas los fanáticos más enérgicos, más furibundos. Hasta con ojeadores cuentan, que se dedican a recorrer el mundo buscando potenciales fanáticos, jovencitos que no salieron todavía del cascarón, cuanto más tiernos mejor, porque más fácilmente se adaptarán al juego de sus respectivos equipos. Los ojeadores de fanáticos son lo mismo que los de futbolistas, pero con cara de cartón y sotana de pederasta, y cuando descubren a un jovenzuelo meón saben enseguida que allí hay madera y no dudan en contratarlo para el batallón haredí, para el Opus Dei o para el Ejército Islámico.
Convertir a estos fanáticos en terroristas no tiene ciencia ninguna: basta con enseñarles una foto de su madre de cuando eran niños, entonces se acuerdan de cómo ellas los amenazaban con el coco y cómo después se meaban en la cama y ya están dispuestos a coger el espadón, la metralleta o el cinturón cargado de explosivos que los convertirá en menudillo junto con sus víctimas. Si al mismo tiempo se les ofrece el paraíso, entonces ya es la leche. Ahí es nada, pasarse la eternidad contemplando la gloria de Dios, que debe ser algo así como tener un orgasmo interminable, pero además a lo bestia, o disponer para su uso exclusivo de las más bellas huríes en el más hermoso de los jardines. Ni siquiera se les ocurrirá preguntarse por qué, sin tan goloso es el premio, en lugar de ellos, no corren a inmolarse los que los mandan.
Uno de los mejores antídotos contra esta plaga demencial, que no es exclusiva de este momento histórico, es el humor. Usted escribe un sesudo artículo acerca de las contradicciones de nuestra época, de cómo los fanáticos corren tras la inexistente sombra de un ser imaginario y de que para poner coto a unas fantasías que no producen más que sangre es más que conveniente desacralizar lo sagrado y, aparte de cuatro maromos desteñidos, eso no lo lee ni Dios. Ahora, usted dibuja una caricatura en la que aparece Cristo en la cruz como su madre lo trajo al mundo y con una erección de cuarta y mitad -¿no era Dios?, seguro que no sufría y, además, hasta es posible que disfrutara-, o Mahoma poniendo a una oveja mirando para Calatayud y ahí no habrá muro sacro que lo resista. ¿Que no ve usted la lógica del argumento? Le pondré un ejemplo más de andar por casa: suelte usted un pedo en un velorio, un pedo bien sonoro, ya verá lo que tardan las lágrimas en convertirse en carcajadas, seguro que hasta el muerto se pone a contar chascarrillos. Si de algo andamos necesitados en este mundo es de la risa. Vale que este es un valle de lágrimas, pero por qué las lágrimas tienen que ser de dolor, por qué no puede producirlas una estruendosa y desinhibida carcajada.
Tuve un amigo que era un humorista genial. Muchos domingos nos íbamos al campo, de perol, un grupo de ocho o diez matrimonios jòvenes. Quedábamos a las nueve de la mañana en el Jardín del Alpargate -nombre que debió ponerle un cachondo o alguien de Puente Genil donde, como se sabe, suelen cambiar la a final de una palabra por una e-, el humorista tenía su casa a menos de trescientos metros del jardín, pues bien, a pesar de vivir tan cerca, el tío no se presentaba nunca antes de las once. Naturalmente, para esa hora, nosotros teníamos ya un cabreo monumental, cabreo que se nos pasaba tan pronto como el menda aparecía y empezaba a soltar burradas por su boca. Muchas veces nos proponíamos no esperarlo y dejarlo tirado, pero siempre lo esperábamos, ¿por qué?, porque nos partíamos de risa con él. Cómo sería el tío que fue a pedir un crédito a un banco para comprarse un piso ¡y se lo dieron sin pedirle nómina ni contrato con la constructora ni escritura del piso ni nada de nada! El tio era feo, pero feo para rabiar, lo digo aquí, casi públicamente, porque es verdad y porque sé que no me va a leer. Tenía una boca que era como la entrada de un cortijo. Pero tan pronto como empezaba a hablar no había quien pudiera aguantar serio a su lado. No era el clásico contador de chistes, sino alguien con una gracia innata al que le bastaba una sola palabra para arrancarte una carcajada. Luego se le murió la mujer, todavía joven, y se volvió taciturno. Y ahí está el pobre mío, que no lo mira nadie. ¡Si por lo menos se hubiera dado a la bebida!

P.D.- 1.- Yo no soy Charlie Hebbdo, qué más quisiera, pero con esta entradilla, que inaugura una nueva forma de tratar mi tema, me uno a las carcajadas que habrán soltado el director y los redactores muertos cuando hayan visto la caterva que encabezaba hoy en París la manifestación con la que se pretendía reivindicar, o defender, o qué se yo, la libertad de expresión.
2.- Las fotos son de Cristina García Rodero.



16 comentarios:

Miroslav Panciutti dijo...

Cien por cien de acuerdo: el humor es el mejor antídoto contra el fanatismo y, consiguientemente, nada hay mejor ni más sano que tomarse todo con el adecuado cachondeillo. Al fin y al cabo, a poco que uno piense, nuestras propias existencias no dejan de ser un chiste; que al menos no lo hagamos malo.

ben dijo...

Hace 50 años,era normal en nuestro país,ver señores orinar contra la pared,en las
esquinas y detrás de un coche.Incluso las señoras,he visto como de pié abrían las piernas y orinaban,todo lo tapaban con aquellos vestidos largos.Somos todos iguales
y venimos del mismo lugar.
En cuanto a la simplicidad con la que has tratado a la figura del terrorista,asocian
dolo al fanatismo religioso,pues que no.Son las cosas más complicadas y un terrorista no es un bobalicón,que crea en que de la muerte al cielo por la vía rá
pida.Es este un mundo de intereses,de injusticias,de dominios,de poder...Creo más
en que todo lo que está ocurriendo y seguirá ocurriendo,depende más de un precio
del petroleo que baja y baja...Alguien tiene que hacerlo subir,dirán muchos.. Pero
que no ,que un terrorista no es un fanático religioso.En las cruzadas,no movía el
fanatismo religioso,sino los intereses económicos de aquella sociedad.Cómo activar
la economía,se dijeron,pues inventándonos una guerrita con el moro.Que seguro nus
tras arcas,decía el papa de turno,crecerá.

Ozanu dijo...

Creo que Ben lleva algo de razón. En las Cruzadas, varios de sus integrantes eran los hijos varones segundones y parte de la baja nobleza, gente que no tenía donde caerse muerto (valga el chiste negro) y que tenía un horror cerval a coger una azada y dedicarse a sembrar nabos. Las cruzadas les daba la oportunidad de conseguir riqueza. Incluso en horrores como la Cruzada de los Niños, uno puede figurarse que a aquellas desventuradas criaturas les comieron el coco con que iban a ser gente importante después de convertir a los sarracenos. Ahí, pues, tienes un fanatismo previo, el de clase social, al propiamente religioso.

Incluso Ricardo Corazón de León no dejaba de ser un señor, para los historiadores modernos, que participó en las cruzadas por conveniencias políticas de la época.

En lo que sí estoy de acuerdo en que el fanatismo, llegado el caso, se cura con humor.

Lansky dijo...

Pues yo no creo que lleve razón Ben, no toda al menos. Por el contrario, creo que tanto los factores que alude este comentarista como los expuestos en el post de Molon, que no son sino expresivos de la manipulación de las masas (la vieja afirmación de Marx de la religión como opio del pueblo) se refuerzan y completan lo que realmente está pasando. Una explicación incompleta es una verdad a medias, esto es, una sibilina forma de mentira o al menos de ignorancia. Y el humor se persigue e indigna tanto a los fanáticos precisamente porque es una de las formas más eficaces de evidenciar la loca estupidez de estos

Molón Suave dijo...

Miroslav: En efecto, yo creo que si te pones a buscarle una explicación a la vida, te das cuenta de que no deja de ser algo absurdo, con Dios y sin Dios. Por eso, lo mejor es la risa.

Molón Suave dijo...

Ben y Ozanu: Fanático: "Que defiende con tenacidad desmedida y apasionamiento opiniones, sobre todo, RELIGIOSAS y políticas"
Definición del diccionario de la RAE.
Naturalmente, los que mueven los hilos tienen intereses que van más allá o no tienen nada que ver con la religión, pero los fanáticos (fanatizados) que actúan lo hacen por motivos religiosos inculcados por los los que mueven los hilos.

Molón Suave dijo...

Lansky: Marx definió perfectamente el asunto. Por lo demás, estoy de acuerdo contigo.

ben dijo...

Molon,pues con esa definición,has metido a todos los soldados y combatientes de todas las guerras.Estoy pensando en la cantidad de soldados que morían al instante
sólo al salir de la trinchera,en la primera guerra mundial,barridos por las ametra
lladoras.Sabían que el salir de la trinchera,era muerte segura....Pero salían,por
fanatismo,seguro.Pienso,que te has dejado llevar por las televisiones,en cuanto a
las creencias musulmanas,el Andalus,la Patría Única...Son terroristas,pero muy conscientes de lo que hacen y con estrategias militares,de las que pueden resultar
muertos,como ha sido en este caso.Son terrorista porque su estrategia militar es
esa, sembrar el terror.Pero de ninguna manera,los considero bobos engañados por
ideas religiosas.
LANSKY:sigues con tus ideas rancias de la tierra para todos,la religión el opio
del pueblo...Chico,eso ya está superado,las ideas por las que se mueve el mundo
actualmente son otrasssss.

Lansky dijo...

Rancio como un repollo cocido en una escalera de vecinos eres tú, Ben, y además se te nota a la legua, cada vez ue escibes penosamente algo. Y que conste que no es devolverte la invectiva con otro insulto, No es insulto sino una descripción abreviada tuya que sin saber has dado en el clavo. Eso es lo que eres: ¡Rancio! Qué sabrás tu lo que está superado, dnádotelas de ir de vuelta cuando nunca has llegado

ben dijo...

Lansky,he repasado mi escrito,por si te había llamado rancio,pero no te
lo he llamado.Lo he hecho a las ideas de "la religión es el opio del
pueblo","la tierra para todos".Rancio por antiguas,superadas...Pero si
tú crees en ellas,pues nada adelante.Pero yo,en mi libertad de expresión,
seguiré escribiéndolo,cada vez que lo lea.

Molón Suave dijo...

Ben: aunque las guerras son detestables, al menos para mí, y la mayoría de ellas, si no todas, ocultan intereses bastardos tras la invocación a la patria o a la religión, sí, también a la religión, cómo puedes comparar a los soldados que ellas participan obligados con lo que se conoce como un terrorista. Pero nada, en tu libertad de expresión, puedes naturalmente diciendo lo que estimes conveniente.
A lo demás, asumo la respuesta de Lansky en su totalidad.
Por cierto, la definición de fanático no es mía, es del diccionario de la Real Academia Española, que es la que oficializa la definiciones del idioma castellano, el nuestro, desde luego el mío.

Molón Suave dijo...

Lansky: ¿Qué le vamos a hacer? ¡Paciencia! (Al no ver mi cara ni oír mi voz, quizás no adviertas el tono irónico)

ben dijo...

Molon,es que nos desviamos del asunto,por ideas políticas propias y
no compartidas.A ver si me se explicar,para lo sucedido en París.
Para mi estos terroristas,no se comportaron como unos fanáticos re
ligiosos,sino como verdaderas unidades militares,con estrategias
militares.Veamos,dos unidades separadas pero en comunicación entre
ellas,una o dos unidades de apoyo,de las que no se ha descubierto
nada aún y por supuesto con ordenes externas.Y ese es el gran peli
gro.Yo ya entiendo que tú quieres sacarle punta religiosa a todo,pe
ro eso ya es otro asunto en el que no entro.FIN

Lansky dijo...

Es típico, pretender ir de vuelta cuando jamás se ha llegado. Llamar rancio el pensamiento de Marx cuando seguro que jamás se ha pasado de la solapa de algún libro que lo menciona... En fin. Marx está ranció, sí, lo dice un genio de la economía política.

Y sí capte tu ironia, Molón, y se agradece.

Paco Muñoz dijo...

Nunca he comprendido los fanatismos, siempre me han parecido eso fanatismos. Si es verdad que la pobreza es caldo de cultivo de muchas cosas. Recuerdo que el jefe que dormía a los soldados a su cargo, y los despertaba en un jardín por el que corría la leche y la miel, y con muchas jóvenes hermosas a las que nunca les dolía la cabeza. Luego los despertaba en el desierto y les decía que habían tenido un sueño de como era el paraíso. Eran la tribu Assasin de la ruta de la seda. Los actuales asesinos, fieros que no les importaba la muerte si sabían que iban a ese lugar. Un abrazo.

Paco Muñoz dijo...

Me alegra ver de nuevo publicaciones en el Blog. Muchas gracias Rafael.
Un abrazo