martes, 5 de agosto de 2014

Un Dios bondadoso

Admiro, en el sentido de sorprenderme y aún de fascinarme, a los creyentes que afirman creer en un Dios bondadoso, un Dios omnipotente, infinitamente justo y, al mismo tiempo, poseedor de una infinita misericordia. Yo no puedo creer en un ser así. Yo tengo ojos para ver y veo y tengo mente para pensar y razonar y pienso y razono. ¿Quiero decir con ello  que los creyentes están ciegos y carecen de la facultad de pensar? No, pero sus ojos se limitan a ver sólo lo que les conviene y su razón, guiada casi exclusivamente por la fe, no les permite enfrentarse libremente a la realidad y deducir de ella lo indubitablemente deducible.
Con la venda de la fe en lo ojos, los creyentes han afirmado tradicionalmente que el mundo es bello y bueno, pues en su infinita omnipotencia a Dios le está vedado crear nada defectuoso. Leibniz, un hombre, por otra parte, de alta racionalidad, sostenía que este era el mejor de los mundos posibles, sentencia que, me resulta difícil admitir que el filósofo y matemático alemán no lo advirtiera, deja a Dios a la altura de una zapatilla, pues hasta el más zoquete de los seres humanos tiene en su cabeza como mínimo media docena de mundos mejores que este. Mucho antes que Leibniz, San Agustín negaba la existencia del mal, afirmando que sólo se trataba de una ausencia de bien. O, lo que viene a ser lo mismo, que el bien existe siempre, aunque en distintas escalas o gradaciones, hasta llegar al bien máximo, que es Dios. 
A la altura del siglo XXI, la opinión de los creyentes ya no se manifiesta de forma tan descarnada. Pero su fe en un Dios bondadoso permanece inconmovible. Si acaso, basándose en la libertad del ser humano, digamos que alejan a Dios de los avatares de este mundo, despojándolo en cierto modo de responsabilidad ante lo que aquí sucede. Dónde estaba Dios entonces, se preguntaba horrorizado el papa Benedicto XVI en su visita a uno de los campos de concentración nazi, Mathausen, creo recordar. La pregunta, absolutamente retórica en boca del pontífice, pues él sabía y sabe mejor que nadie donde se encuentra Dios en todo momento, llegaba además tarde, porque hacía hincapié una vez más en el homocentrismo con que las religiones miran al mundo, un homocentrismo absolutamente fuera de lugar desde hace bastante tiempo, como las ciencias de la naturaleza vienen poniendo de relieve.
Puesto que la belleza y la fealdad tienen un componente subjetivo, centrémonos en el mal, que, pese a su negación por parte de San Agustín, sigue siendo el problema más agudo al que se enfrentan los creyentes. El mal existe. Hoy ya nadie lo niega. ¿Pero quien es el responsable de su existencia? ¡Dios no!, gritan los creyentes, el responsable es el hombre, el ser humano, al que Dios, en su infinita bondad, ha dotado del libre albedrío. En su célebre pregunta, Benedicto XVI no interpelaba realmente a Dios, sino que venía a expresar la queja de que los hombres lo habían apartado de su vida, de que Dios había, en aquel tiempo, dejado de ser el centro de las motivaciones del hombre y así le había ido a la humanidad.
Y es que cuando se habla del mal, todavía hoy se tiene como referente al hombre, al ser humano. Pocos son los filósofos que se han ocupado de este problema sin poner al hombre en el centro de sus preocupaciones. Pero ¿y el resto del mundo?, ¿qué ocurre con él? ¿Acaso el mundo sin el hombre sería un lugar impoluto, una especie de paraíso del que estuviera ausente toda sombra de mal? Sabemos bien que no. Lo saben los creyentes tan bien como los no creyentes. Basta con que hayan visto en la televisión cualquier documental de animales salvajes. La única diferencia entre el creyente y el no creyente, es que aquél no ve incongruente con un Dios bondadoso el que una leona le destroce el cuello a un gacela o que un oso devore a mordiscos a un cansado salmón todavía vivo cuya única obsesión es alcanzar el lugar en el que debe reproducirse. Si un ser omnipotente ha creado este mundo, ¿no es un mal clamoroso tanto el comportamiento de la leona como el del oso? Y si Él es el creador, ¿no es, por ello, el responsable de este mal?
¡Ah, pero es que hablar de los animales...!, exclaman en esta ocasión tanto creyentes como muchos no creyentes. Toni Cantó aseveraba hace poco en twiter que los animales no tienen derecho a la vida ni a la libertad. Toni Cantó es un imbécil que, aunque va más allá que él, sigue la ruta marcada por otro individuo, Fernando Savater, antaño filósofo heterodoxo y desde hace bastante tiempo perfectamente adaptado al rebaño, quien, en referencia a las corridas de toros, sostenía que los animales carecen de derechos. Es esta una forma de pensar sumamente extendida que la ciencia no consigue erradicar, a pesar de sus avances.
La ciencia tiene ya perfectamente claro que entre el ser humano y los animales no hay diferencias esenciales, las diferencias son sólo de grado, de escala. Lo que quiere decir que un tigre, un cocodrilo, una mariposa, etc. y el ser humano tienen el mismo derecho a vivir, es decir, a priori ninguno y a posteriori, cuando ya se tiene la vida, todos.
Con los avances técnicos con los que en la actualidad cuenta el ser humano puede destruir el mundo, y lo más probable es que lo consiga, pero el mal no es privativo de él. Aun con sus maravillas, el mundo es una obra imperfecta. Hay en él un mal estructural que consiste, principalmente, en la necesidad de que tanto los seres humanos como los animales, seres estos inocentes y sin responsabilidad, se vean obligados a devorarse unos a otros para poder vivir.
Y si el hombre no es el responsable de este mal, ¿quién puede ser? ¿Quién habría de ser?: Dios. Un Dios que, de existir, y sostengan lo que sostengan los creyentes, no sería omnipotente o no sería bueno, sería más bien un torpe o un malvado.

22 comentarios:

Lansky dijo...

Entiéndeme, Molón, le pongo todos los emoticones de esos tontos que se quiera, véase: -, pero lo cierto es que me parece una reflexión inútil al día de hoy intentar una reflexión lógica de estos asuntos desde la religión (intentar compatibilizarla con la realidad). Finalmente una cosa es la fe, creer, y otra en no creer (ateísmo), o al menos dudar con lógica implacable (agnosticismo). Y eso es todo. Al igual que no puede conciliarse el relato del Génesis (o el de cualquier otra mitología sobre el origen del mundo) y lo que ya sabemos inapelablemente por la ciencia moderna, es imposible reconciliar lo que es el mundo, la maldad, bondad, altruismo y egoísmo de los humanos con ningún propósito divino. Ni el dios demiurgo (creador) es aceptable ni lo es el dios bueno y el mundo malo/bueno realmente existente. O fe o no hay fe.

Si Dios existe, en efecto, tendría que darme muchas explicaciones.

Un saludo

Ozanu dijo...

Pues opino como Lansky.

ben dijo...

¡Ay!.Por Dios,nunca o casi nunca estoy de acuerdo con lo que es
cribe el "cursi" de Lansky,con perdón,pero esta vez pienso lo
mismo que él.Es cosa de fe,que tú por lo que se ve has perdido,
con respeto,pero otros no hemos perdido,que a veces no sé.Y to
do por las mismas injusticias que vas viendo por este mundo de
Dios,en mis seres queridos,en la mirada de mis nietos,en la mi
rada de los niños de Gaza buscando el porqué.
Saludos.

Molón Suave dijo...

Lansky y Ozanu: Permitidme que yo, a mi vez, no esté de acuerdo con vosotros. Es probable que vosotros nunca hayáis tenido fe, cosa loable, y por eso habléis con tanta seguridad. Pero en materia de fe, como en casi todo en este mundo, las cosas no son negras o blancas, sino que hay bastantes matices de un color a otro. Está le fe del fanático, la fe a secas, la fe con dudas, las dudas más que la fe, etc. La pérdida de la fe, para el que alguna vez la tuvo, no es como la caída del caballo en el camino de Damasco. Por el contrario, en ocasiones es un proceso largo y, muchas veces, no exento de dolor, de idas y de venidas, de avances y retrocesos. En los dos últimos años ha aumentado el número de ateos (o de no creyentes) un 2% en España, según la última encuesta del CIS. No creo que sea exagera pensar que alguno de estos nuevos ateos lo sean porque nunca han tenido un contacto con la religión, sino porque han perdido (han abandonado o han echado de sus mentes) la fe que un día tuvieron. Es evidente que mi entrada no tiene nada que decirle a ateos convencidos, como vosotros, pero quizás sí a alguno que en este momento pueda leerla y se encuentre en ese trance en el que las dudas son ya tan altas como la fe. Para ateos convencidos, razonamientos como los de esta entrada son simples perogrulladas, lo sé, pero sé también, y muy bien, de lo que hablo, por eso escribo sobre estas cosas y las doy a la publicidad.

Lansky dijo...

"Es evidente que mi entrada no tiene nada que decirle a ateos convencidos, como vosotros, pero quizás sí a alguno que en este momento pueda leerla y se encuentre en ese trance en el que las dudas son ya tan altas como la fe. " Pues no veo como.¿Pretendes ayudar al ideciso?

Ayudar, ¿a quién? Disculpa, Molón, te pongo todos los emoticones que quieras porque no es mi intención molestar, pero si creer o no creer fuera un asunto exclusivamente (digo exclusivamente) lógico o racional nadie creería. Se tiene o no se tiene fe. Porque lo que llaman ‘dogmas’ y los antropólogos y yo llamamos ‘mitos’ son inverosímiles para cualquier no creyente ala luz de la razón. Lo que no es irracional, al contrario, es la necesidad de creer en algo más, en una trascendencia via un dios o varios, y otra vida después de esto, porque es verdaderamente duro y desconsolador pensar, como pienso yo, que esta vida es todo lo que tenemos y que cuando se acaba se acaba. Para completar mi reflexión, te diré que conozco algunos, más bien pocos, casos de gente perfectamente lógica en todo, menos en su fe que por eso es fe y así lo admiten.

Un dios bondadoso es tan inverosimil (y para mi innecesario) como un dios vengativo y parcial, como Odin, o sin ir tan lejos, el del Antiguo Testamento de los Israelíes y los cristianos, salvo que lo rechacen vía su supuesto hijo Cristo

Lansky dijo...

Por cierto, no debería darme por aludido, porque no ofende quién quiere sino quien puede, pero al anónimo ese que se dice Ben, y me llama cursi... me han llamado de todo, pero cursi, y alguien que escribe como él, ay que joderse con estos "admiradores" inversos.

ben dijo...

Lo siento Lansky,no quería ofenderte,por eso he puesto
"cursi",estre comillas..Es una broma.Todo no va ser en
plan serio y trascendental.No volveré a gastarte bromas.
Pero que sepas que ni te admiro negativamente ni positiva
mente.Eres uno más a leer,nada más,vamos como yo.Cada uno
en su mundo.Pero siempre es interesante asomarse a otros
mundos,para ver lo que se cuece.Simple curiosidad,de ju
bilata.Repito,disculpas.
Saludos.

Lansky dijo...

No tienes por qué disculparte, no me ofendiste, ya dije que no ofende quién quiere, sino...

En cuanto a que no volverás gastarme bromas ?? pues lo mismo, me da igual

Molón Suave dijo...

Lansky:
¿Cómo vas a molestarme por discrepar? En ese caso, yo también te molestaría a ti, puesto que discrepo de tus argumentos. Y te diré por qué: La fe no una propiedad con la que se nace, sino que es algo que se aprende y como tal puede muy bien desaprenderse. No es uno ni dos, sino que son multitud los ateos que, por distintos caminos, han llegado a serlo después de haber vivido en la fe. Porque, naturalmente, el ateísmo tampoco es algo con lo que se nace. Por supuesto que hay creyentes irreductibles que rechazan toda duda (como una tentación del demonio, nos decían en el colegio) y no quieren ni escuchar nada que pueda hacer la más mínima mella en su fe. "Creo porque es absurdo", decía, si no recuerdo mal, San Agustín. Pero eso ocurre en todos las campos de la vida. La irracionalidad no es sólo patrimonio de la religión. Hay quien vota a un partido y lo sigue votando aun cuando desde el gobierno promulgue leyes que le sean contrarias. Ya puedes razonarle lo que quieras, que no te escuchará y seguirá votándolo. Frente a esos irreductibles no hay argumento que valga, claro. Pero no son tantos o, por lo menos, no lo son, lo somos, todos. Yo no pretendo "ayudar" a nadie. Sin embargo, el que escribe, el que, en concreto, tiene un blog lo hace con algún propósito, aparte de que lo lean: entretener, divulgar algo que le interesa, compartir una afición, yo qué sé. Por mi parte, yo sólo intento compartir una reflexión, una noticia histórica referida a la Iglesia católica, algún recuerdo personal relacionado con la religión, con aquel al que le pueda interesar. Lo que el posible lector obtenga de la lectura es cosa suya.

Molón Suave dijo...

Ben: Ayer cuando entré en el blog no vi tu comentario, entraría más tarde, por eso no te contesté. Hoy he contestado primero a Lansky, aunque su comentario sea posterior, porque lo que voy a decirte completa lo que lo digo a él.
No, yo no he perdido la fe. El que pierde algo, por insignificante que sea, se siente apenado y es posible que a menudo sienta nostalgia de lo perdido. Yo abandoné la fe, conscientemente, después de algunas experiencias personales y, sobre todo, gracias a lecturas que hoy son posibles (un hoy amplio) y que en otro tiempo hubieran estado prohibidas. La misma Biblia, cuando se compara con las explicaciones "oficiales" y lo silencios también "oficiales", es una fuente preciosa para decir adiós. Al menos, lo ha sido en mi caso. Quizás por ello la Iglesia se oponía tajantemente a su traducción a las lenguas vulgares y, por supuesto, a su lectura por parte de los fieles. Muchas veces la fe es sólo miedo. Y otras muchas, además, pereza. Ciertamente, se puede estar muy cómodo ¿creyendo? en un Dios misericordioso y, por tanto, provisor. De algún modo, a veces aterrador, se diluye nuestra responsabilidad frente a los demás. "¡Dios lo quiere"!, gritaban los cristianos antes de pasar a cuchillo a una población entera, Jerusalén, por ejemplo, cuando la conquistaron, como muy bien recuerda esa serie que está poniendo ahora en la Dos. Y "¡Dios lo quiere!", gritan también los musulmanes que se inmolan en los atentados de ahora.

ben dijo...

Te entiendo perfectamente Molón,entiendo que la realidad te haga abando
nar la fe,que antes tenías y a la que puedes volver algún día o no.Lo
importante es uno mismo y su armonía ante todo su entorno,bueno que no
me quiero enrollar,que no me sale bien.
Me gusta tus escritos,porque te lo curras,te los documentas...En fin son buenos.
En mi caso,no he perdido la fe,porque representa lo que me enseñaron en la niñez,
representa mi madre,mi pasado.Por supuesto que eso no me impide ser sensible y crí
tico contra hechos,personas,que pueden representar esa fe y que últimamente tene
mos muchos casos.Mira,si que he perdido la fe en todos los políticos,la última patada
ha sido el exhonorable Pujol.En fin que le vamos hacer.
Saludos.

Molón Suave dijo...

Gracias, Ben, eres muy amable. Escribir estas entradas me divierte, por eso procuro documentarme en las de contenido histórico y no hablar a la ligera en las demás. Los políticos nos han dado miles de razones para perder la fe en ellos, pero, además, desde hace mucho tiempo. Lo de Pujol se sabía desde aquello de Banca Catalana en los años ochenta. Aquí en Córdoba lo cantaron hasta las chirigotas del Carnaval.

Miroslav Panciutti dijo...

Como Lansky, creo que tratar de "argumentar" sobre la fe es tiempo perdido. De hecho, el asunto de la bondad de Dios me da la impresi´òn de que está bastante demodè, resuelto hace muchos años con el invento cristiano del libre albedrío (que hasta cierto punto pusieron en crisis los calvinistas). Tengo para mí que creer en Dios obedece en la mayoría de las personas a la necesidad humana de dar un sentido a sus vidas (que no se acaben para no ser nada) y también en la explicación de por qué existimos (el Dios creador). Que ese Dios se haya manifestado en Jesucristo no tiene más causas que las de pertenecer al mundo cultural de Occidente.

En cuanto a los derechos ... Hombre, los derechos son un invento cultural no algo intrínseco. Por eso, muy idiota que sea el Cantó, me temo que tiene razón en eso de que los animales no tienen derchos, al menos de momento. Desde luego, ellos ni se lo plantean, como tampoco se planteaban este asunto los propios humanos hace unos cuantos siglos.

Lansky dijo...

Estoy de acuerdo con Miroslav en lo inapropiado de aplicar una noción exclusivamente humana como la de ‘derechos’ a los animales, me parece un ‘buenismo’ sin utilidad ni sentido. Entre otras cosas porque no se conocen casos de derechos que no lleven aparejados sus correspondientes deberes ¿Tienen deberes los animales y hacia quién, hacia ellos mismos, hacia nosotros? No, es absurdo. Nosotros tenemos el deber de proteger a los animales, porque tenemos el derecho a lo mismo. Los animales no son sujeto de derechos, es otra la forma de protegerlos

Molón Suave dijo...

Miroslav: Vamos a ver, en primer lugar yo no he dicho que los animales tienen derechos, así en abstracto, sino que tienen el mismo derecho a vivir que tiene el ser humano, a fin de cuentas un animal más, especial, si se quiere, pero animal. Y que el hecho de que se vean obligados a devorarse los unos a los otros para seguir viviendo es un mal, un mal visto con ojos humanos, claro. A lo mejor me he expresado mal, pero en mi entrada he tratado de afirmar que este mal es estructural y está al margen del ser humano, independientemente de como el ser humano trate a los animales. Es decir, que aunque el hombre no existiera ese mal no desaparecería con él.
En cuanto a la fe, puedo asegurarte que no existe la fe y la no fe, sino que hay situaciones intermedias en que la fe se ve asaltada por las dudas y el creyente que las padece se encuentra en una situación en la que a ratos cree y a ratos no cree. La razón entonces, el argumento, puede hacer que el sujeto se incline definitivamente hacia la no fe.
A mí no me parece que el tema de la bondad o no de Dios esté demodé, sino que, por el contrario, sigue siendo el problema más arduo al que se enfrentan las religiones. Otra cosa es que a ti la religión te traiga al pairo. Tampoco veo la conexión entre el libre albedrío y la bondad o no de Dios. Entre otras cosas porque de qué hablamos cuando lo hacemos del libre albedrío de seres que se encuentran en este mundo sin que se les haya pedido su opinión.

Molón Suave dijo...

Lansky: Te repito lo que he dicho a Miroslav. Yo no digo en mi entrada que los animales tengan los mismo derechos que el hombre, digo que el mismo derecho a vivir. Y lo tienen no entre ellos que, en efecto, desde este punto de vista no son sujetos de derecho, sino frente al hombre que es el que, por sus capacidades, puede imponerse sobre ellos. Ya existen en España sentencias condenatorias por maltrato animal y a toda una gama de normas para no hacer sufrir más de lo necesario a los animales que criamos y sacrificamos para nuestro consumo. A mí me parece que esta es una forma de reconocerles un derecho. Frente a un lobo, por ejemplo, un venado no tiene ningún derecho, pero frente al hombre que se dedica a cazarlo por puro deporte, por pura diversión, por matar, en una palabra, desde luego que sí.

Lansky dijo...

Ni los mismos ni ninguno: no tienen derechos, Ya sé que suena fatal, pero es lo correcto según las pautas que te hemos explicado, pautas lógicas y, en aparente paradoja, éticas. El único sujeto de la ética es el ser humano; ahora bien, el 'objeto u objetos' de la ética son múltiples, y especialmente además del resto de humanos, los animales. No te lo puedo explicar mejor.

Molón Suave dijo...

Me pregunto qué tiene que ver la ética con el derecho (confieso que en filosofía estoy frito).
Y me pregunto también si desde el punto de vista humano, es decir, desde los ojos del ser humano, y no digamos ya desde los ojos de ese Dios que quieren los creyentes, me pregunto si los animales no tienen ni siquiera el derecho de vivir. A mí me sigue pareciendo que, al menos, este derecho sí que lo tienen. Pero puedo estar obcecado y no ver lo que debo ver.

Lansky dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Lansky dijo...



El derecho, como dices, no se ocupa de los derechos específicamente. Derecho, en sentido de disciplina jurídica, y derecho en el sentido de algo que te es debido son conceptos que no tienen nada que ver, lo que los traductores llaman 'falsos amigos' y los lingüistas polisemias.

Y no no estas obcecado, es que, cómo decirlo...en esta discusión unos estamos jugando al ajedrez y otros al parchís. Si en lenguaje coloquial o corriente yo digo 'no hay derecho a maltratar a los perros', no estoy diciendo ni que no haya leyes que lo castiguen (las hay) ni que no se ocupe la ética de reconocer el derecho que tenemos los humanos a defender a los cánidos. Lo único que digo, coloquialmente, insisto, es que no se debe hacer, está feo. Pero tu continuamente 'surfeas' entre las acepciones coloquiales o vulgares y las rigurosas,y así no hay manera de entenderse. Ya no insisto más.

ben dijo...

Hombre,yo recuerdo cuando pequeño,como un padre le pegaba una patada a
su hijo y no pasaba nada;recuerdo cuando un maestro te daba un golpe con
la regla y no pasaba nada.Los niños no tenían derechos o pocos.Más o me
nos lo que pasaba con las mujeres,que alguna recibía sus buenas dosis
de golpes diarios,porque era una "mala mujer".No tenía ningún derecho a
protestar.Ver un perro por la calle y darle una patada en el trasero,era
el entretenimiento de los chevales de mi tiempo y no pasaba nada.No te
digo nada del placer que daba y sigue dando ver matar un toro,medio ciego
e indefenso...En fin,nos queda mucho en el asunto de los derechos de los
animales.Pero los animales tienen sus derechos.Al menos hoy día ni se te
ocurra pegar a un perro,algo es algo,pero queda mucho camino.No sé yo
que tengo perro,gato,pato,lagartijas,arañas...Que nadie se le ocurra to
carlos.
Saludos

Grillo dijo...

Sentenció Nietzshe que Dios es nuestra más larga mentira.
Aristóteles dijo que ni siquiera Dios puede cambiar el pasado...

Yo pienso que si Dios existiera y hoy tuviera que habitar entre nosotros tendría que tomar Prozac.

La Biblia (todas ellas) es un género literario al que le falta su chispa de humor.

Podríamos estar tres semanas comentando las cartas de san Pablo, aquél fundamentalista, en su mayoría dirigidas contra el cuerpo y su pecado. O las confesiones de san Agustín, de impecable prosa, quien antes de su conversión admite su adicción al sexo salvaje y no niega que fue un maltratador de mujeres.

En fin, que toda filosofía es una teología de paisano.