sábado, 23 de febrero de 2013

El loco Amaro

Sucedió en Sevilla. Año 1680 y siguientes. Desde 1488 funcionaba en la ciudad, fundado por los Reyes Católicos, el Hospital de San Cosme y San Damián, por todo el mundo conocido como el de Los Inocentes, porque estaba destinado al acogimiento y cuidado de los locos, a los que, fuera cual fuera su grado de locura, se tenía en la época por inocentes, es decir, por intelectualmente incapaces.
Situado en la esquina de la calle Inocentes con la de San Luis, entonces Real, el hospital tenía carácter civil, aunque la Iglesia siempre tuvo sus manos en él a través de su adminitrador, que solía ser un canónigo de la catedral, y de los cuidadores, en su mayoría clérigos.
Cuatro tipos de pacientes acogía la institución, tres de beneficiencia, los recogidos en la calle, los procedentes de las cárceles real o arzobispal y los enviados por la Inquisición, y uno de pago, el de los recluidos por los familiares.
El hospital perduró hasta 1840. Era un lugar tenebroso, en el que, más que por incapacidad de la medicina que por maldad de los cuidadores, los pacientes sufrían todo tipo de malos tratos y de vejaciones. A lo largo de sus historia arrastró, además, profundas dificultades económicas, tan graves que, en muchas ocasiones, los administradores se vieron obligados a utilizar a los locos más tranquilos para pedir limosna en la puerta de entidad y por las calles de Sevilla. En un principio, los locos salían en grupo, acompañados por un cierto número de friales cuidadores, hasta que en cierta ocasión uno de los pedigüeños se escapó con la recaudación del día, al parecer bastante importante. A partir de entonces, los locos salían encadenados unos a otros, custodiados por un par de frailes.
En 1680 vivía en Sevilla don José Amaro Rodríguez, natural de Arcos de la Frontera, abogado de la Audiencia de la ciudad y felizmente casado. Lo de felizmente era algo que él suponía, porque en cierta ocasión, al regresar a su casa a hora distinta de la habitual encontró a su mujer en la cama, cómo no, con un fraile. De la impresión recibida, el buen hombre cayó en la locura, sin que remedio alguno lograra hacerle recuperar el juicio.
Durante un tiempo fue un loco frenético, de los de atar, hasta que, poco a poco, la enfermedad fue adquiriendo tonos más sosegados. Para entonces, el buen hombre, sin ingresos, puesto que tuvo que dejar su trabajo, había agotado su hacienda y no le quedó otra salida que la de echarse a pedir limosna por las calles. Y ahí empezó el espectáculo: Amaro pedía limosna predicando, con sermones desternillantes de corte religioso en los que no dejaba títere con cabeza. Estaría loco, pero de su boca brotaban verdades como puños. Incoherentes en apariencia, sus sermones provocaban la hilaridad de sus los oyentes, pero eran también semejantes a puñetazos que impactaban directamente en sus conciencias. Muy pronto, Amaro era conocido en toda Sevilla.
Cierto día, al concluir uno de sus sermones en las proximidades del palacio arzobispal, acertó a pasar su eminencia el cardenal Ambrosio Ignacio de Spínola, a la sazón arzobispo de la ciudad. Estaba el arzobispo en aquel momento embarcado en unas costosas obras en la catedral, de modo que se acercó y le preguntó al loco:
                             -Amaro, ¿qué te parece lo que estoy haciendo en nuestra catedral?
Amaro alzó la cabeza, miró profundamente a su eminencia, con esa mirada que sólo poseen los orates y respondió:
                            -Usted, eminencia, hace lo mismo que Cristo, pero al revés. Cristo convertía las piedras en pan para los pobres y su eminencia convierte el pan de los pobres en piedras.
Corría el otoño del año 1861. El arzobispo se alejó pensativo. Unos días más tarde, Amaro era recogido en la calle e ingresado en el hospital. Aquí vivió hasta su muerte, en 1865. En estos cuatro años fue uno de los locos que el hospital utilizaba para pedir limosna. Salía encadenado junto con otros locos y sus sermones siguieron siendo tan críticos como cuando era libre. Ponía en solfa a los frailes del hospital y a la institución, pero como las limosnas que recogía eran más abundantes que la de ningún otro, nadie ponía reparos para que siguiera saliendo.
He aquí a título de ejemplo un trozo de uno de estos sermones, de la época en que estuvo en el hospital:
Ahora veréis de quién descienden estos frailes cornudos, que salen con nosotros, que nos comen la comida, el almuerzo y la cena, y nos matan a palos; y parece que nos andan sirviendo y acompañando; parece que nos besan, y nos venden. ¿De quién desciende esta nueva ralea excomulgada que da y besa? Miren cual me han puesto la cara, y esta mano: ¿De quién descienden estos infames frailes? ¿de quién? ¡De Judas, que da y besa! ¡Y ellos hacen lo que Judas!, pues bien podéis desengañaros, que pecáis cuando nos dais de palos, bofetadas y sopapos bien apretados... Veamos ahora qué ejercicio de devoción tienen estos frailes y en que obra de caridad se emplean: yo te lo diré: sus ejercicios no son otros que comer y cascar, y matarnos a palos y de hambre, beberse el vino y molernos el tocino...
Y así proseguía el buen hombre hasta que se cansaba.
En 1840 los locos fueron trasladados al Hospital de las Cinco Llagas, sede actual del Parlamento de Andalucía, y la edificación fue utilizada como hospicio. Luego fue derribado y permaneció mucho tiempo como solar. En las actualidad es un Centro Municipal de Deportes. Pero sigue siendo un lugar raro, en el que, al parecer, se producen fenómenos paranormales. Durante la construcción del centro de deportes, más de un albañil huyo aterrorizado al tropezarse con un fantasma. Lo mismo le ocurrió a más de un vigilante jurado. En la época en que estuvo como solar los vecinos más jóvenes jugaban en él a cazar brujas, tales eran los fenómenos que en el advertían.

Fuentes:
Carmen López Alonso.- Locura y sociedad sevillana: historia del hospital de los inocentes.
Carlos Ros.- Sermones del loco Amaro

 

domingo, 17 de febrero de 2013

Se va

Se va. BXVI, el papa de Roma se va.
Primero fue un jovencito nazi. Él y sus corifeos lo justifican diciendo que era apenas un adolescente. Pero en Alemania ni todas las familias ni todos los hijos adolescentes pertenecieron a las SS hitlerianas.
Al nazi le siguió el sacerdote y teólogo progresista, profesor de teología en Alemania y gran valedor del Concilio Vaticano II.
Luego fue obispo y más tarde cardenal. Entonces, siguiendo los pasos de su jefe JPII, se hizo conservador, un conservador de maneras angelicales pero de fondo furibundo, hasta el punto de ser uno de los principales revocadores en la práctica de los acuerdos conseguidos en el Vaticano II.
Como cardenal fue Prefecto de la Congregación de la Fe, nombre piadoso tras el que se esconde la vieja Inquisición medieval, que hoy ya no ataca a los laicos ni manda a nadie a la hoguera, pero que sigue tratando con sin par dureza a los clérigos que se alejan aunque sea mínimamente de las directrices vaticanas.
A este respecto, al pelo viene recordar la represión por él ejercida sobre los miembros de la otrora conocida Teología de la Liberación y en especial su condena del teólogo Leonardo Boff. Este franciscano brasileño de luengas barbas blancas, que ejercía su apostolado entre los más pobres y cuyos enseñanzas eran detestadas en el Vaticano, fue llamado por Ratzinger a raíz de la publicación de su libro Iglesia, carisma y poder, en el que ponía en solfa las riquezas de Roma y su desmesurado poderío. Corría el año 1985.
El encuentro entre el poderoso cardenal y el teólogo tuvo lugar a solas, sin más testigos que un taquígrafo que tomaba nota del diálogo entre los dos. El teólogo, que entonces tenía cuarenta y siete y era un hombre apuesto, se presentó vestido con el hábito de su orden. Al verlo, las primeras palabras de Ratzinger fueron: Ves cómo con el hábito estás más elegante. A lo que Boff respondió: Eminencia, no cabe duda de que sí, de que aquí estoy más elegante, pero en Brasil, entre los pobres con los que trabajo no puedo ponerme el hábito ya que entonces me cederían el asiento en el autobús, porque allí el hábito es un símbolo de poder. A partir de aquí ya no hubo diálogo. El cardenal Ratzinger se dedicó a recriminar agriamente al franciscano sin permitirle la más mínima defensa de su obra. El juicio concluyó en condena, con la prohibición al brasileño de enseñar, predicar, escribir y hablar en público.
Boff terminó fuera de su orden, del sacerdocio y de la Iglesia, por voluntad propia. He aquí, a título de ejemplo, uno sólo de los dichos del franciscano que despertaban las iras vaticanas: Nuestro desafío no es el de formar cristianos, sino el de formar personas honestas, humanas, solidarias, compasivas, respetuosas con la naturaleza y con los otros. Si conseguimos eso habremos realizado el sueño de Jesús.
Siendo el alemán jefe de la Inquisición empezaron a producirse las primeras denuncias públicas de pederastia eclesiástica. ¿Cuál fue la respuesta del cardenal Ratzinger? ¿Ordenar la puesta a disposición de la Justicia de los pederastas? En modo alguno: escribir una carta a todos los obispos del mundo, alrededor de cinco mil, exigiendo silencio absoluto sobre el asunto, con la justificación de que tal delito podía dañar seriamente la reputación de la Iglesia.
Algún tiempo después, tras la muerte de JPII, el cardenal Ratzinger fue elegido papa. Todo el mundo destacaba de él sus finos modales así como su condición de intelectual sereno y profundo. Con esos fino modales y con la boca más chiquitita condenó, ahora sí, la pederastia, cuando el escándalo era ya incontenible, pero los pederastas continuaron bien lejos de la Justicia.
Con esos mismo modales, tan delicados, propugnaba la vuelta a la liturgia del pasado, incluida la misa en latín. Al mismo tiempo, igual que su antecesor, condenaba enérgicamente el aborto, la eutanasia, la homosexualidad, el preservativo y la investigación con células madres.
Pero se olvidaba no ya de condenar, sino de criticar siquiera, la creciente desigüaldad entre ricos y pobres que produce en el mundo terribles dramas humanos. Según un reciente informe de Intermon Oxfan, por ejemplo, titulado El coste de la iniquidad, el 1% de los más ricos del planeta han incrementado sus ganancias un 60% en los últimos veinte años, incluidos los de la crisis. El mismo informe señala que con los 240.000 millones de dólares acumulados en 2012 sólo por las cien personas más ricas del mundo se podía acabar cuatro veces con la pobreza extrema.
Esto a BXVI le ha importado bien poco. Lo mismo de poco que le ha importado la corrupción política y económica, muy grave en la actualidad en España, país, al parecer, de sus preferencias, cuyas visitas han constituido un más que escandoloso derroche de corrupción.
Nada ha querido saber tampoco de las finanzas vaticanas, controladas por un organismo de nombre tan aparente como Instituto para las Obras de Religión, pero que en realidad es el Banco del Vaticano. Este banco viene siendo un nido de corrupción desde los primeros tiempos de JPII y el famoso arzobispo Marcinkus, al que todavía reclama la justicia italiana.
El Banco Vaticano guarda la mayor reserva de oro del mundo después de Estados Unidos y ya desde la época de JPII se ha convertido presuntamente en una máquina de lavar dinero negro, estando actualmente bajo la investigación de las autoridades italianas. El dinero no es lo que le falta a la Santa Sede aunque poco de él es el que llega a los pobres más pobre del mundo.
Y ahora se va. Benedicto XVI. Se va. Con todo este bagaje, al que habría que añadir su impotencia para poner fin a las luchas intestinas de la curia, materializadas en la actualidad entre diplomáticos y bertonianos y ejemplarizada en el Vatileaks, vidrioso asunto de espionaje, con publicación incluida de papeles del propio papa a cargo de su secretario personal. Dimite, diz que libremente y se va.
Es curioso, el coro de sus seguidores ensalzan su actitud a voz en grito y lo ponen como ejemplo de desprendimiento, de generosidad, de humildad y de desapego al cargo. Es el mismo coro que hace ocho años ponían como ejemplo la entrega absoluta de JPII, aferrado a la silla papal cuando ya más que un hombre era, tristemente, una piltrafa humana, su determinación, su capacidad de sufrimiento, a imitación de Cristo, etc. ¿En qué quedamos? ¿a cuál de los dos pontífices deberíamos seguir? ¿A los dos? ¿Al mismo tiempo? Pero esto sería objeto de otra discusión.
El caso es que BXVI se va. Bien, ¿y ahora qué? Ahora nada. El Espíritu Santo eligirá un papa conservador, como la inmesa mayoría, y la Iglesia seguirá su camino, convertida de un medio para la salvación, según el punto de vista cristiano, en un fin en sí misma, cada día más alejada del mundo y más encerrada en el torreón en el que amasa sus riquezas. Si por casualidad el Espíritu Santo eligiera un papa con ambiciones de cambio (Juan XXIII, por ejemplo), la curia no le hará ni caso. Y si eligiera un papa fiscalizador (Juan Pablo I) la curia lo quitará de enmedio de forma expiditiva y sin el menor remordimiento.

 

domingo, 10 de febrero de 2013

Silencio

Los sobres de Bárcenas con, más que presuntamente, pagos regulares en negro a la práctica totalidad de la cúpula del Partido Popular ponen en evidencia la extensión y profundidad de la corrupcción política en España. El latrocinio al que viene estando sometido el pueblo español prácticamente desde el inicio de la democracia es demencial. A los viejos casos de Filesa y Naseiro, como más resonantes, se suman en los últimos años los casos Palau, Pallerol, ITV y Clotilde en Cataluña, el caso Campeón, entre Madrid, Galicia y Cataluña, el caso de los ERES en Andalucía, el Gurtel, con epicentros en Madrid y Valencia, pero con ramificaciones en media España, el caso Noos, con el señor Urdangarín, yerno del propio rey, como cabecilla, la quiebra fraudulenta de las cajas de ahorro, etc. etc.
En este putrefacto albañal en que los poderes político y económico, especialmente el del ladrillo, han convertido a España causa verdadero estupor el silencio de la Iglesia. ¿Qué ocurre? A los depredadores de los bienes públicos, que cruzan el país de punta a punta, a los ladrones del dinero de todos ¿no tiene nada que decirles la Iglesia? Ante la monumental estafa y mayor inmoralidad que han provocado la catástrofe de los desahucios, ¿la Iglesia no tiene nada que decir?
Dónde está ahora el obispo de Tenerife, quien, ante el crimen de la pederastia eclesiástica afirmaba sin rubor que hay menores que desean los abusos. Dónde está el obispo de Córdoba con sus denuncias de que la ONU pretendía convertir en homosexual al cincuenta por ciento de la población del mundo o con sus demenciales análisis sobre la diferencia de género. Dónde está el obispo de Tarragona con su afirmación de que las mujeres no pueden decir misa lo mismo que él no puede alumbrar hijos. Y el obispo de Alcalá con su abracadabrante tesis de que la homosexualidad es una enfermedad que puede ser curada, ¿dónde está? Dónde se esconde el obispo de Almería, que acaba de afirmar tranquilamente que "millones de jòvenes electrizados por el rock... se entregan a la práctica banal y destructiva de la sexualidad". Dónde está el jefe de todos ellos, el cardenal Rouco Varela, el organizador de las grandes manifestaciones contra el divorcio, contra el aborto, contra el matrimonio homosexual. ¿La corrupción lo deja impávido, sin nada que decir? ¿Contra la corrupción no hay que organizar manifestación alguna? ¿Es que a la Iglesia sólo le interesa el sexo y todo lo más o menos relacionado con él?
Veamos, buena parte de los corruptos son católicos confesos y bastantes incluso practicantes. La corrupción es un robo, directa o indirectamente se roba dinero público, es decir, de todos para engordar las carteras particulares. Aparte de ser un delito, es también, desde el punto de vista católico, un pecado. Un pecado además especial, distinto del resto de los pecados considerados por la Iglesia católica. Cualquier pecado, incluido el del aborto o el asesinato, se perdonan con el arrepentimiento y la confesión. El robo no. El ladrón no puede ser perdonado hasta que no proceda a la devolución de lo robado.
Tanto como condenan el sexo con pelos y señales, por qué los señores obispos no hacen publicidad de este hecho que forma parte de su doctrina. Por qué el señor Rouco Varela no utiliza sus medios de comunicación, esa 13TV tan gritona, entre otros, para avisar a todo el mundo de esta circunstacia. No es que lo ladrones vayan a dejar de robar, por muy católicos que sean, pero por lo menos las autoridades eclesiásticas se justificarían ante su público y el ajeno.
El problema es que no pueden hacerlo. Y no pueden porque la Iglesia forma parte del entramado de la corrupción. Por eso calla. No es sólo su silencio el que lo pone de manifiesto. Con más de 100.000 inmuebles de su propiedad, la Iglesia es la primera inmobiliaria de España. El 70% del suelo habitable del casco histórico de Toledo es suyo, igual que ocurre en Ávila, Burgos y Santiago de Compostela. En el resto de las capitales españolas el porcentaje no es tan alto, pero en la mayoría alcanza cotas realmente exorbitantes.
Por ninguna de estas propiedades paga la Iglesia IBI. Tampoco paga IVA por sus actividades económicas, ni las relacionadas directamente con la religión (el pago de un bautizo o de una boda, por ejemplo, que hoy se contemplan como donativos), ni las que son puro negocio, como, citando un caso, la explotación de un aparcamiento público, como ocurre en Granada.
¿Cabe dudar de que con semejante número de propiedades la Iglesia no se encuentra en el grupo de los desahuciadores? Independientemente del abuso moral que supone la sustración del IBI y del IVA de la hacienda común de todos los españoles.
Sus inversiones (la Iglesia también invierte, sí) no sólo son absolutamente opacas, sino en muchas ocasiones fraudulentas. Recuérdese el caso Gestcartera del arzobispado de Valladolid.
Pero además en este momento este gobierno en el que se reúnen más de cuatro presuntos corruptos está más que ningún otro de la democracia a favor de la Iglesia. Ha suprimido la Educación para la Ciudadanía. La asignatura de religión vuelve a ser evaluable y con una alternatica más dura que ella. Nunca han recibido tanto apoyo los colegios concertados, en su mayoría religiosos. El ministro de justicia está modificando la ley del aborto para llevarnos a la prehistoria. Un chollo, vamos.
En el evangelio se cuenta que cuando un fariseo le preguntó a Jesús si debían pagar tributos al César, Jesús respondió: Dad a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. Con sus negocios y su entendimiento con el poder la Iglesia ha conseguido la cuadratura del círculo, se ha convertido en Dios y en el César. Así se lo queda todo. ¿Cómo se le va a ocurrir levantar la voz?