domingo, 2 de junio de 2013

El drama del aborto

El caso de la chiquita salvadoreña en grave riesgo de morir si lleva a término un embarazo en el que al feto le falta medio cerebro y a la que las autoridades salvadoreñas prohíben el aborto ha conmocionado a la opinión publica de todo el mundo.
 El arzobispo de San Salvador, monseñor José Luis Escobar, presidente también de la Conferencia Episcopal del país, ha mostrado su pleno acuerdo con el fallo del tribunal constituticional con declaraciones más propias de un criminal nazi que de la alta autoridad de una organización que tiene entre sus principales eslóganes el amor al prójimo y el perdón. (Por cierto, en google pueden verse decenas de fotografías del señor arzobispo, un hombre joven, de sólo cincuentas y tres años, en ninguna de las cuales aparece no ya riendo, sino ni siquiera sonriendo.)
A menudo escuchamos a sesudos varones, muchos de ellos psicólogos, y también a alguna que otra señora calificar el aborto de drama para la mujer, asegurando para quien lo practica variadas secuelas psicológicas perdurables de por vida. Me temo que estas son también declaraciones completamente falsas, propias de quien ni siquiera le importa mentir con tal de impedir que la mujer sea enteramente libre para tomar decisiones que sólo a ella le incumben. No hablo por hablar. Mantego relación de amistad con cinco mujeres que, en un momento dado, decidieron abortar, después de un embarazo no deseado. Contaré brevemente la historia de tres de ellas, cambiando sus nombres, pues no es mi intención crearles ningún posible problema después de tanto tiempo.
La primera, de nombre Cristina, tenía veintiséis años y estaba felizmente casada. Corría el año 1972. Cristina tenía una niña de un año y, de momento no deseaba tener más, por lo que, no sin dificultades, consiguió de su ginecólogo que le receptara la píldora anticonceptiva. Una brusca dolencia la obligó a dejar temporalmente esta píldora, momento en que quedó embarazada. Cuando aún no lo sabía, le practicaron una radiografía de vientre como parte del estudio de su dolencia. Las radiografías, como se sabe, pueden producir malformaciones en el feto, sobre todo en las primeras semanas de gestación, por lo que, tan pronto como advirtió que estaba embarazada, Cristina temió las consecuencia de la prueba médica y se decidió por el aborto, decisión que contó con el apoyo del marido. Y aquí empezó el drama. Igenuamente se dirigió, en primer lugar, a su ginecólogo, quien ni siquiera toleró la insinuación del aborto. ¿Qué hacer? En Córdoba no conocían a nadie que pudiera practicar la operación clandestinamente. Tendría que salir al extranjero. ¿Pero adónde? Por fortuna, ella y su marido trabajaban los dos, por lo que no tenían problema económico. Pero carecían de contactos y de información alguna y no sabían cómo conseguirla. Los días pasaban y la angustia de Cristina era cada vez mayor. Después de mucho buscar, guardando enérgicamente el secreto, a través de la amiga de una amiga de una amiga consiguió una dirección: Casablanca (Marruecos) ¿Casablanca? Un hospital marroquí. Después de muchas dudas y vacilaciones, Cristina, que sabía francés, logró hablar con el médico que practicaría la operación así como una cita. Y allá que fueron los dos: dejaron a la niña con la abuela y, sin decir nada a nadie, por supuesto, partieron rumbo a Málaga un viernes, de allí en avión a Casablanca, operación el sábado y regresó a España y a Córdoba el domingo. El marido, Fernando, me contaba que Cristina iba aterrorizada, pero que el que temblaba de verdad era él. ¿Qué haría si ella moría en el quirófano o a consecuencia de la intervención? Aquella era la pregunta que lo torturaba.
A sus veintidos años, Amalia estudiaba una carrera, vivía con sus padres y tenía novio. Año 1981. Era una mujer avanzada, por lo que practicaba el sexo con su novio cada vez que a los dos les apetecía. Todavía resultaba difícil para una soltera conseguir la píldora anticonceptiva. Incluso los preservativos para el hombre no eran fáciles de encontrar. Por tal motivo y, aunque ponían un gran cuidado, terminó quedando embarazada. Amalia no quería tener aquel hijo, que cambiaría por completo el rumbo de su vida, y el novio la apoyó. Y aquí de nuevo el drama. Ningún sitio que supieran en España, los días pasando como golpes de gong y la tortura cada vez mayor. Por fin el novio consiguió contactar con una amiga que residía en Londres y esta lo organizó todo para que a Amalia le practicaran el aborto. Viaje de ella sola (el novio trabajaba y no logró obtener permiso) engañando a todo el mundo, incluida la familia, intervención quirúrgica en una clínica londinense y regreso a Córdoba, todo ello en un fin de semana. En este caso, los protagonistas tampoco tenían problema con la economía.
Diecisiete años tenía Amadora en 1983, cuando, con ninguna experiencia y, por supuesto, con nula educación al respecto, tuvo su primer contacto sexual con un muchacho un año mayor que ella, con la mala suerte de que quedó embarazada. Este sí fue un buen drama. Amadora tenía una hermana mayor, Lucía, estudiante de derecho, a la que la muchachita le contó su percance y a la que le pidió su ayuda para abortar. Ninguna de las dos tenía dinero y el muchacho que embarazó a Amadora tampoco. Lucía se volcó con su hermana. Por sus contantos con una asociación feminista, de las que surgieron en la época, consiguió la dirección de una clínica en Salamanca, en donde, al parecer y clandestinamente, realizaban la operación por la nada despreciable cantidad entonces de 25.000 pesetas. Lograron reunir el dinero gracias a su amistades y un buen día, después de obtener la correspondiente cita y engañando a la familia, partieron en tren hacia Salamanca. ¿Solucionado? ¡Qué disparate! En la clínica vieron que Amadora iba de catorce semanas en lugar de las doce que ellos admitían y se negaron a practicar la operación. ¿Qué hacer? Imaginemos el estado de ánimo de las dos hermanas. Tal vez, ante la tremenda decepción que se pintó en sus rostros, una de las enfermeras que las atendió les dio una dirección de una clínica en Portugal donde le practicarían la operación. Aquella misma tarde cogieron un tren para el país vecino, llegando al lugar a la caída de la noche. Pasaron ésta en la estación, porque no tenían dinero para un alojamiento. Al día siguiente un taxi las llevó a la clínica y aquel mismo día le practicaron el aborto a Amadora. Pero cuando pagaron, vieron que no les quedaba dinero para volver. Tuvieron, sin embargo, suerte. Una chica portuguesa, que había abortado al mismo tiempo que Amadora, enterada del problema, no sólo las alojó en su casa, sino que les dejó el dinero para los billetes de vuelta a Córdoba. Todo ello en tres días que se le hicieron interminables.
Las otras dos mujeres, Isabel y Encarnita, abortaron después del ochenta y cinco, no en Córdoba, pero sí en España, aduciendo motivos de orden psicológico, el agujero que, en efecto, tenía la ley de aquel año, gracias al cual tantas mujeres que lo deseaban pudieron abortar sin más cortapisa que la del secreto.
Con las cinco hablo de cuando en cuando. Ninguna, pero especialmente las tres primeras, quisieran repetir la experiencia, pero no por el aborto en sí, sino por el sufrimiento que padecieron antes de llevarlo a cabo. Ninguna se ha arrepentido hasta hoy y a ninguna le ha quedado secuela psicológica alguna relacionada con este hecho. O, lo que es lo mismo, que el aborto efectivamente es un drama, pero únicamente cuando está prohibido, pues, digan lo que digan las leyes, diga lo que diga la hipócrita moral al uso, la mujer que quiere abortar acaba consiguiéndolo de un modo u otro en la inmensa mayoría de los casos, corriendo los riesgos que sean necesarios, incluido el de la propia muerte.

15 comentarios:

Lansky dijo...

El aborto, en los países donde está permitido —casualmente más ‘avanzados’ o incluso ‘civilizados’— NO es obligatorio., pero su prohibición sí en los países donde está prohibido. Además, en casos extremos o flagrantes como los que mencionas, esa inflexibilidad o rigidez moral extrema sólo se puede entender, para mí, porque esa moral extendida y obligatoria a todos la dicta una religión concreta, independientemente si es religión obligatoria o no de ese Estado, y en segundo lugar, que es una forma de controlar a los súbditos que no ciudadanos, porque está demostrado que el aborto no se toma por ninguna mujer como un método anticonceptivo más sino como un doloroso, siempre, último recurso. Curiosamente, los países más intransigentes en el aborto, como El Salvador y otros de Latinoamérica, son también los países donde se producen más infanticidios, aunque lógicamente las estadísticas no son totalmente fiables y provienen de fuentes externas.

Molón Suave dijo...

Ciertamente, el aborto no es para las mujeres un método anticonceptivo. Es de locos creer que las mujeres están dispuestas así como así a someterse a una operación quirúrgica que no deja de tener sus riesgos. Una buena educación sexual y el uso de anticonceptivos disminuirían en gran medida los abortos, pero, curiosamente, a esto también se oponen los partidarios de la prohibición, el delito y el encarcelamiento de la mujer, aunque ellos no lo dicen tan crudamente, se contentan con decir que estamos ante un asesinato. Donde el aborto es libre, que no obligatorio, el drama desaparece. También está constatado que donde el aborto es libre su número es menor, porque suele coincidir con una mayor educación y uso de anticonceptivos. En España, concretamente, estos últimos años, con la ley de plazos, no ha aumentado su número con respecto a la ley del 85, y eso que en esta se colaban las mujeres por el agujero de la psicología.

Numeros dijo...

El aborto, en los países donde está permitido —casualmente más ‘avanzados’ o incluso ‘civilizados’— NO es obligatorio.

Hombre Lansky, busque argumentos más inteligentes, que seguro que los hay.

A mi ese argumento me recuerda al de los esclavistas:

“Si usted considera que la esclavitud es mala, nadie le obliga a tener un esclavo, pero no imponga su moralidad a los demás."

Naturalmente, hoy semejante argumento nos rechina los dientes, porque todos los hombres somos iguales, pero en el s XIX (véase el caso Dred Scott vs John F.A. Sandford) a los negros no se les consideraba seres humanos, del mismo modo que ahora a un feto tampoco se le considera ser humano.

Por eso, puesto que un feto no es más que un amasijo de tejidos, creo que sería mucho mejor dejarse de hipocresías, de medias tintas y despenalizar el aborto en todos los casos y sin ningún tipo de límite.

Ítem más, puesto lo que buscamos en última instancia es el bienestar de la madre, ¿por qué no permitir el infanticidio bajo determinadas circunstancias? Al fin y al cabo el infanticio se ha practicado, y se sigue practicando, en todas las épocas, culturas y civilizaciones del mundo.

¿Qué sentido tiene que se investiguen casos como el aquí descrito

Al fin y al cabo seis meses son 24 semanas y en Inglaterra es legal abortar con ese tiempo de embarazo.

Molón Suave dijo...

Números: Agradezco su intromisión, aunque no sea para comentar directamente mi entrada. Verá, si usted está en contra del aborto lo tiene fácil: NO ABORTE.

Lansky dijo...

Su razonamiento, Números, de comparar el aborto a la esclavitud, en el sentido de no abortar igual a no tener esclavos, puede parecer un buen ejemplo del sistema por reducción al absurdo, aparentemente porque no me vale. Si yo no tengo esclavos ya que estoy en contra de la esclavitud, pero otros los tienen, puesto que la esclavitud está permitida, mi actitud personal es coherente, pero no contribuye absolutamente a eliminar la esclavitud, salvo por el ejemplo, no por el cambio legislativo. Ahora bien, si usted no aborta, pero impide a otros abortar lo que está haciendo no es sólo dar ejemplo, sino imponer el suyo a los demás. Por otro lado, para mí un feto no es una persona, como sí lo es un esclavo, como tampoco lo es un espermatozoide ni un óvulo. Y así volvemos a la casilla inicial de todo el razonamiento.

Molón Suave dijo...

Lansky: perfecto el razonamiento. Ese es parte del quid. Como verás, del aborto hablamos mayoritaria y abrumadoramente los hombres, quienes no podemos abortar. Las mujeres, en su inmensa mayoría, callan y actúan. Y somos (vamos a meternos todos) los hombres los que pretendemos prohibir algo que nosotros no podemos hacer. Por ello,para mí, la discusión acerca de si ser humano o no, asesinato o no, etc. me parece superflua, porque la cuestión no es esa. La cuestión es si la mujer que aborta debe ir a la cárcel o no. Asunto que los que hablan de asesinato hábilmente calla o se van por la tangente si se les pregunta directamente.

Numeros dijo...

No comparo esclavitud con aborto. Comparo su argumento a favor del aborto con el argumento a favor de la esclavitud.

Y ambas argumentaciones son semejantes porque en los dos casos al sujeto pasivo que sufre las consecuencias del acto no es considerado ser humano.

Precisamente por este motivo todas las discusiones entre esclavistas-no esclavistas y abortistas-no abortistas son estériles. Para unos un feto (negro) no es un ser humano, para otros sí.

Naturalmente asumir que el feto no es un ser humano nos llevaría a, como ya he dicho en otras ocasiones, tener que despenalizar el aborto en todos los casos y sin ningún tipo de límite


Molon: del aborto hablamos mayoritaria y abrumadoramente los hombres, quienes no podemos abortar Lo que si es cierto es que el 100% de los que están a favor han nacido porque sus madres no abortaron.

la discusión acerca de si ser humano o no, asesinato o no, etc. me parece superflua Vuelve a equivocarse porque ese es el quid de toda la discusión: ¿Le damos al feto la categoría de ser humano o lo consideramos como un mero amasijo de carne?

Lansky dijo...

Números, yo he hablando también de argumentos, aunque los haya llamado razonamientos, pero el problema es además de actitudes: exportar o no nuestras convicciones al resto de la humanidad (y a su mitad más un poquito, las mujeres), pero en algo le doy la razón: no nos vamos aponer de acuerdo, porque aquí subyace algo más que el mero hecho de considerar más o menos valioso al sujeto pasivo, como lo denomina usted. Por cierto, hay un sujeto activo que me parece prioritario: la mujer embarazada. Mucho más prioritario que el sujeto pasivo feto., que ni es un amasijo de células (embrión) ni es un ser humano.

Numeros dijo...

Pues entonces Lansky coincidirá Ud. conmigo en que si el sujeto prioritario es la mujer el aborto debería ser legal bajo cualquier circunstancia y sin limitaciones de ningún tipo.

Lansky dijo...

Pues no, Números, no estoy de acuerdo con usted. Comprendo la confusión porque la ley de plazos ('leyes' en plural pues no coinciden en todos los países) utiliza un pretexto para mí evanescente, que es 'cuándo' está el embrión en disposición de ser reconocido como individuo, pero en realidad se trata de proteger la vida...de la madre, los abortos tardíos son muy peligrosos.

Molón Suave dijo...

Números: 1.- No se usted vivo. Me ha cortado usted la frase a su capricho: la discusión acerca de si ser humano o no, asesinato o no me parece superflua. El razonamiento seguía: PORQUE LA CUESTIÓN NO ES ESA. LA CUESTÍÓN ES SI LA MUJER QUE ABORTA DEBE IR A LA CÁRCEL O NO. Una cuestión que ustedes escamotean una y otra vez.
2.- Entérese de una vez: aquí nadie está a favor del aborto. Ni siquiera las mujeres. Lo que se pretende es su despenalización.
3.- El aborto disminuiría enormemente con una buena educación y la disposición de anticonceptivos, incluido el condón. Curiosamente los favorables a sy prohibición Y, POR TANTO, A SU PENALIZACIÓN, son también, en gran número contrarios tanto a la educación como a los anticonceptivos. Por ejemplo, la Iglesia Católica, cuya jerarquía prefiere que nazca un niño con sida antes que usar un condón.

Paco Muñoz dijo...

Siempre el eterno dilema, que sirve para todo. Pero me ha llamado la atención que Número al esclavo lo ha llamado "negro", sin embargo los esclavos son de todas las razas, y en España ahora mayoritariamente son los trabajadores. Yo siempre he mantenido que el aborto es un último recurso, que no es plato de gusto para la mujer, y que no es un método anticonceptivo, aunque me parece que sería discutible esto para las clases pudientes, católicas apostólicas. Ninguna ley obliga a nada, sin embargo protege la libertad de decidir.

Yo sería incapaz de incitar a mi compañera a abortar, pero por el contrario la apoyaría sin ninguna duda. Es una decisión exclusiva de la mujer, pero no por conceptos morales si no por que estimo es una decisión difícil, porque primero pone en peligro la vida de quien la toma, y más si la espada de Damocles de la penalización está detrás.

No nos vamos a poner de acuerdo, pero también me llama la atención como los antiabortistas, en su mayoría, son partidarios de la pena de muerte con los que no son "amasijo de células" si no seres humanos hechos y derechos. O como permiten que se contagien de enfermedades que son muerte segura, por no permitir el uso de un simple preservativo. Son contradicciones enormes.

Las tres historias son muy similares, y el elemento común, como siempre, es el dinero. Sin él además del problema traumático, decisorio, etc. está el de no poder hacerlo. En mi barrio había una mujer valiente, Isabelita, que en tiempos en los que estaba detrás la cárcel por años (estoy hablando de los años cincuenta o sesenta), colaboraba con mujeres necesitadas, en ayudarlas a abortar clandestinamente. El aborto era la solución para que los otros hijos "no fetos" pudieran seguir comiendo. Siempre el dinero.

Molón Suave dijo...

Paco: En efecto, es altamente significativa la palabra "negro" que tu has detectado en ese contecto.
Yo,lo he dicho muchas veces, no estoy a favor del aborto. Y, como tú muy bien dices, no hay una sola mujer que esté a favor de él. Entre otras cosas porque se trata de una operación, si se hace bien, no te quiero contar lo que es si se hace clandestinamente.
Pienso que los hombres no estamos capacitados para juzgar, mucho menos para legislar, sencillamente porque nosotros no podemos abortar.
Constanto, no sin pudor, que, a pesar de ello, la mayoría de los que hablamos del aborto somos los hombres. Las mujeres, por lo que parece, callan y actúan.
Creo, no obstante, que puede haber gente, hombre y mujeres, a los que sencillamente les horrorice el aborto. En una situación de libertad lo tienen fácil: les basta con no abortar.
Estimo que la prohibición, que en realidad no hace disminuir el número de abortos, se basa en dos razones principales. La primera es el repudio del sexo (disfrazado de cientos de argumentos más o menos sofísticos), como lo prueba el hecho de que los contrarios a la despenalización del aborto son también contrarios a la educación sexual y al uso de anticonceptivos.
La segunda razón se encuentra en el desprecio de la mujer como ser capaz de tomar sus propias decisiones, como lo prueba la enorme dificultad que está teniendo la mujer para abrirse camino en un territorio, el laboral en general, que hasta hace poco se consideraba coto cerrado del hombre.
Y claro, en una situación de prohibición, la economía es fundamental. Porque en lo que la inmensa mayoría de los estudios están de acuerdo es que cuando, por la razón que sea, una mujer decide abortar busca los medios para hacerlo aunque le cuesta la vida. El ejemplo de la Isabelita que cuentas es prueba de ello. Las mujeres de pocos medios económicos se ponían en su manos porque, por la razón que fuere, no deseaban tener otro hijo. Las que disponían de pasta se largaban a Londres. 50.000 todos los años, en tiempos del Hijoputa, según las estadisticas. Parecen muchas, pero hay que tener en cuenta que no había anticonceptivos y que no todos practicaban con esmero la marcha atrás.

Numeros dijo...

Paco Muñoz Pero me ha llamado la atención que Número al esclavo lo ha llamado "negro"

El motivo por el que hago la equiparación se debe a que el origen de la discusión está en el caso Dred Scott vs John F.A. Sandford que se refería a los esclavos negros de los EEUU.

Los antiabortistas, en su mayoría, son partidarios de la pena de muerte con los que no son "amasijo de células" si no seres humanos hechos y derechos. O como permiten que se contagien de enfermedades que son muerte segura, por no permitir el uso de un simple preservativo. Son contradicciones enormes.

¿Y sus afirmaciones las basa en...?

Con respecto a la supuesta contradicción de estar a favor de la pena de muerte y en contra del aborto, dejo que sea otro el que ( Miroslav Panciutti dijo...20 de mayo de 2013 19:46)conteste por mi:

La contradicción en que incurren quienes se muestran contrarios al aborto y favorables a la pena de muerte, radica en que entienden que toda persona tiene derecho a la vida y, por supuesto, que el feto es una persona sujeto de tal derecho. Quienes están en la que tú llamas postura simétrica también reconocen el derecho de toda persona a la vida, pero no consideran el feto como tal y, por lo tanto, no incurren en ninguna contradicción interna. Dicho esto, añado que tampoco creo que haya contradicción interna en los primeros, porque aunque reconozcan el derecho a la vida de toda persona (incluyendo los fetos como tales), ese derecho no implica necesariamente la anulación del “derecho” de la colectividad a quitar la vida a quienes han cometido determinados crímenes, sea con el argumento de la “legítima defensa” o el que proceda. Justamente, en ningún caso puede sostenerse que el feto, si se admite que es una persona y como tal sujeto del “derecho a la vida”, pueda ser merecedor de que la colectividad ejerza su presunto derecho a quitársela ya que ningún crimen puede haber cometido. Tal es, a la postre, el argumento de los anti-abortistas que, como digo, no me parece contradictorio en términos lógicos con la defensa de la pena de muerte.

Por último decir España ahora mayoritariamente son los trabajadores es una frase de tremendo mal gusto y una total falta de respeto hacia a aquellos que realmente padecieron la esclavitud. Por mal que estén ahora las cosas, los empresarios no pueden disponer libremente de la vida de los trabajadores, ni torturarles, ni azotarles, ni violar a sus mujeres ni a sus hijas, sin importar la edad que tengan, ni venderlos, ni separarlos de sus familias... Que no hace tanto que uno podía encontrarse anuncios como éste.

Paco Muñoz dijo...

Sr. Números. Varias cosas: una y la más importante es que no tengo ningún interés en debatir con usted. Mi intervención iba dirigida al titular del blog, aunque, eso sí, referenciaba algunas cuestiones que introducía Vd. en su entrada. Normalmente debato con conocidos y no lo conozco de nada, para mí el blog es como la tertulia de una reunión de amigos. Además mis opiniones están avaladas por una fotografía, mi nombre y primer apellido, las personas que están detrás de los seudónimos que se usan en este blog las conozco, salvo la que está detrás del suyo. Dicho esto, solo me queda desearle que Vd. lo pase bien.