domingo, 10 de febrero de 2013

Silencio

Los sobres de Bárcenas con, más que presuntamente, pagos regulares en negro a la práctica totalidad de la cúpula del Partido Popular ponen en evidencia la extensión y profundidad de la corrupcción política en España. El latrocinio al que viene estando sometido el pueblo español prácticamente desde el inicio de la democracia es demencial. A los viejos casos de Filesa y Naseiro, como más resonantes, se suman en los últimos años los casos Palau, Pallerol, ITV y Clotilde en Cataluña, el caso Campeón, entre Madrid, Galicia y Cataluña, el caso de los ERES en Andalucía, el Gurtel, con epicentros en Madrid y Valencia, pero con ramificaciones en media España, el caso Noos, con el señor Urdangarín, yerno del propio rey, como cabecilla, la quiebra fraudulenta de las cajas de ahorro, etc. etc.
En este putrefacto albañal en que los poderes político y económico, especialmente el del ladrillo, han convertido a España causa verdadero estupor el silencio de la Iglesia. ¿Qué ocurre? A los depredadores de los bienes públicos, que cruzan el país de punta a punta, a los ladrones del dinero de todos ¿no tiene nada que decirles la Iglesia? Ante la monumental estafa y mayor inmoralidad que han provocado la catástrofe de los desahucios, ¿la Iglesia no tiene nada que decir?
Dónde está ahora el obispo de Tenerife, quien, ante el crimen de la pederastia eclesiástica afirmaba sin rubor que hay menores que desean los abusos. Dónde está el obispo de Córdoba con sus denuncias de que la ONU pretendía convertir en homosexual al cincuenta por ciento de la población del mundo o con sus demenciales análisis sobre la diferencia de género. Dónde está el obispo de Tarragona con su afirmación de que las mujeres no pueden decir misa lo mismo que él no puede alumbrar hijos. Y el obispo de Alcalá con su abracadabrante tesis de que la homosexualidad es una enfermedad que puede ser curada, ¿dónde está? Dónde se esconde el obispo de Almería, que acaba de afirmar tranquilamente que "millones de jòvenes electrizados por el rock... se entregan a la práctica banal y destructiva de la sexualidad". Dónde está el jefe de todos ellos, el cardenal Rouco Varela, el organizador de las grandes manifestaciones contra el divorcio, contra el aborto, contra el matrimonio homosexual. ¿La corrupción lo deja impávido, sin nada que decir? ¿Contra la corrupción no hay que organizar manifestación alguna? ¿Es que a la Iglesia sólo le interesa el sexo y todo lo más o menos relacionado con él?
Veamos, buena parte de los corruptos son católicos confesos y bastantes incluso practicantes. La corrupción es un robo, directa o indirectamente se roba dinero público, es decir, de todos para engordar las carteras particulares. Aparte de ser un delito, es también, desde el punto de vista católico, un pecado. Un pecado además especial, distinto del resto de los pecados considerados por la Iglesia católica. Cualquier pecado, incluido el del aborto o el asesinato, se perdonan con el arrepentimiento y la confesión. El robo no. El ladrón no puede ser perdonado hasta que no proceda a la devolución de lo robado.
Tanto como condenan el sexo con pelos y señales, por qué los señores obispos no hacen publicidad de este hecho que forma parte de su doctrina. Por qué el señor Rouco Varela no utiliza sus medios de comunicación, esa 13TV tan gritona, entre otros, para avisar a todo el mundo de esta circunstacia. No es que lo ladrones vayan a dejar de robar, por muy católicos que sean, pero por lo menos las autoridades eclesiásticas se justificarían ante su público y el ajeno.
El problema es que no pueden hacerlo. Y no pueden porque la Iglesia forma parte del entramado de la corrupción. Por eso calla. No es sólo su silencio el que lo pone de manifiesto. Con más de 100.000 inmuebles de su propiedad, la Iglesia es la primera inmobiliaria de España. El 70% del suelo habitable del casco histórico de Toledo es suyo, igual que ocurre en Ávila, Burgos y Santiago de Compostela. En el resto de las capitales españolas el porcentaje no es tan alto, pero en la mayoría alcanza cotas realmente exorbitantes.
Por ninguna de estas propiedades paga la Iglesia IBI. Tampoco paga IVA por sus actividades económicas, ni las relacionadas directamente con la religión (el pago de un bautizo o de una boda, por ejemplo, que hoy se contemplan como donativos), ni las que son puro negocio, como, citando un caso, la explotación de un aparcamiento público, como ocurre en Granada.
¿Cabe dudar de que con semejante número de propiedades la Iglesia no se encuentra en el grupo de los desahuciadores? Independientemente del abuso moral que supone la sustración del IBI y del IVA de la hacienda común de todos los españoles.
Sus inversiones (la Iglesia también invierte, sí) no sólo son absolutamente opacas, sino en muchas ocasiones fraudulentas. Recuérdese el caso Gestcartera del arzobispado de Valladolid.
Pero además en este momento este gobierno en el que se reúnen más de cuatro presuntos corruptos está más que ningún otro de la democracia a favor de la Iglesia. Ha suprimido la Educación para la Ciudadanía. La asignatura de religión vuelve a ser evaluable y con una alternatica más dura que ella. Nunca han recibido tanto apoyo los colegios concertados, en su mayoría religiosos. El ministro de justicia está modificando la ley del aborto para llevarnos a la prehistoria. Un chollo, vamos.
En el evangelio se cuenta que cuando un fariseo le preguntó a Jesús si debían pagar tributos al César, Jesús respondió: Dad a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. Con sus negocios y su entendimiento con el poder la Iglesia ha conseguido la cuadratura del círculo, se ha convertido en Dios y en el César. Así se lo queda todo. ¿Cómo se le va a ocurrir levantar la voz?

5 comentarios:

Lansky dijo...

La iglesia, en su sentido de jerarquía es parte del problema, no de la solución, y siempre ha sido así

Molón Suave dijo...

Es que la Iglesia es la jerarquía. Los fieles, ¿qué pintan, aparte de obedecer? Y hoy menos que nunca. En lo demás tienes toda la razón, la Iglesia es parte del problema y parte principal. No diría yo desde siempre, pero sí desde el siglo IV.

harazem dijo...

A mí lo que me subleva es que no paguen un impuesto de transformación. Si las empresas pagan por revalorizar un material, hierro por ejemplo, en un producto elaborado de mucho mayor precio, tornillos mismamente, la Iglesia debería de pagar por la trasformación de simple pan y vino en nada menos que un producto tan valioso como la carne y la sangre de un dios.

Molón Suave dijo...

Ja, ja, ja. Es justo y necesario. Deberían pagar, sí. Un IVA bien alto, porque, como bien dices, no podemos olvidar que se trata de una producto de lo más valioso.

Paco Muñoz dijo...

Eso nos preguntamos mucho ¿Dónde están? Como pusieron el silencio hasta ver el desenlace en el Golpe de Estado del 23 de febrero, ahora hacen lo mismo. ¡Callan! Con un silencio cómplice, si denuncian todo lo que les parece, sin tener porque inmiscuirse en la sociedad civil (otra cosa es que se dirijan a sus fieles, en su foros), en que constantemente se están inmiscuyendo. ¿Dónde están ahora? ¿O dónde están con los crímenes de los desahucios? El otro día, el que oficio la misa del joven que se suicido por su desahucio, se limito a decir que ya había descansado. Tendrá pocas luces o poco de lo otro.
Saludos