domingo, 17 de febrero de 2013

Se va

Se va. BXVI, el papa de Roma se va.
Primero fue un jovencito nazi. Él y sus corifeos lo justifican diciendo que era apenas un adolescente. Pero en Alemania ni todas las familias ni todos los hijos adolescentes pertenecieron a las SS hitlerianas.
Al nazi le siguió el sacerdote y teólogo progresista, profesor de teología en Alemania y gran valedor del Concilio Vaticano II.
Luego fue obispo y más tarde cardenal. Entonces, siguiendo los pasos de su jefe JPII, se hizo conservador, un conservador de maneras angelicales pero de fondo furibundo, hasta el punto de ser uno de los principales revocadores en la práctica de los acuerdos conseguidos en el Vaticano II.
Como cardenal fue Prefecto de la Congregación de la Fe, nombre piadoso tras el que se esconde la vieja Inquisición medieval, que hoy ya no ataca a los laicos ni manda a nadie a la hoguera, pero que sigue tratando con sin par dureza a los clérigos que se alejan aunque sea mínimamente de las directrices vaticanas.
A este respecto, al pelo viene recordar la represión por él ejercida sobre los miembros de la otrora conocida Teología de la Liberación y en especial su condena del teólogo Leonardo Boff. Este franciscano brasileño de luengas barbas blancas, que ejercía su apostolado entre los más pobres y cuyos enseñanzas eran detestadas en el Vaticano, fue llamado por Ratzinger a raíz de la publicación de su libro Iglesia, carisma y poder, en el que ponía en solfa las riquezas de Roma y su desmesurado poderío. Corría el año 1985.
El encuentro entre el poderoso cardenal y el teólogo tuvo lugar a solas, sin más testigos que un taquígrafo que tomaba nota del diálogo entre los dos. El teólogo, que entonces tenía cuarenta y siete y era un hombre apuesto, se presentó vestido con el hábito de su orden. Al verlo, las primeras palabras de Ratzinger fueron: Ves cómo con el hábito estás más elegante. A lo que Boff respondió: Eminencia, no cabe duda de que sí, de que aquí estoy más elegante, pero en Brasil, entre los pobres con los que trabajo no puedo ponerme el hábito ya que entonces me cederían el asiento en el autobús, porque allí el hábito es un símbolo de poder. A partir de aquí ya no hubo diálogo. El cardenal Ratzinger se dedicó a recriminar agriamente al franciscano sin permitirle la más mínima defensa de su obra. El juicio concluyó en condena, con la prohibición al brasileño de enseñar, predicar, escribir y hablar en público.
Boff terminó fuera de su orden, del sacerdocio y de la Iglesia, por voluntad propia. He aquí, a título de ejemplo, uno sólo de los dichos del franciscano que despertaban las iras vaticanas: Nuestro desafío no es el de formar cristianos, sino el de formar personas honestas, humanas, solidarias, compasivas, respetuosas con la naturaleza y con los otros. Si conseguimos eso habremos realizado el sueño de Jesús.
Siendo el alemán jefe de la Inquisición empezaron a producirse las primeras denuncias públicas de pederastia eclesiástica. ¿Cuál fue la respuesta del cardenal Ratzinger? ¿Ordenar la puesta a disposición de la Justicia de los pederastas? En modo alguno: escribir una carta a todos los obispos del mundo, alrededor de cinco mil, exigiendo silencio absoluto sobre el asunto, con la justificación de que tal delito podía dañar seriamente la reputación de la Iglesia.
Algún tiempo después, tras la muerte de JPII, el cardenal Ratzinger fue elegido papa. Todo el mundo destacaba de él sus finos modales así como su condición de intelectual sereno y profundo. Con esos fino modales y con la boca más chiquitita condenó, ahora sí, la pederastia, cuando el escándalo era ya incontenible, pero los pederastas continuaron bien lejos de la Justicia.
Con esos mismo modales, tan delicados, propugnaba la vuelta a la liturgia del pasado, incluida la misa en latín. Al mismo tiempo, igual que su antecesor, condenaba enérgicamente el aborto, la eutanasia, la homosexualidad, el preservativo y la investigación con células madres.
Pero se olvidaba no ya de condenar, sino de criticar siquiera, la creciente desigüaldad entre ricos y pobres que produce en el mundo terribles dramas humanos. Según un reciente informe de Intermon Oxfan, por ejemplo, titulado El coste de la iniquidad, el 1% de los más ricos del planeta han incrementado sus ganancias un 60% en los últimos veinte años, incluidos los de la crisis. El mismo informe señala que con los 240.000 millones de dólares acumulados en 2012 sólo por las cien personas más ricas del mundo se podía acabar cuatro veces con la pobreza extrema.
Esto a BXVI le ha importado bien poco. Lo mismo de poco que le ha importado la corrupción política y económica, muy grave en la actualidad en España, país, al parecer, de sus preferencias, cuyas visitas han constituido un más que escandoloso derroche de corrupción.
Nada ha querido saber tampoco de las finanzas vaticanas, controladas por un organismo de nombre tan aparente como Instituto para las Obras de Religión, pero que en realidad es el Banco del Vaticano. Este banco viene siendo un nido de corrupción desde los primeros tiempos de JPII y el famoso arzobispo Marcinkus, al que todavía reclama la justicia italiana.
El Banco Vaticano guarda la mayor reserva de oro del mundo después de Estados Unidos y ya desde la época de JPII se ha convertido presuntamente en una máquina de lavar dinero negro, estando actualmente bajo la investigación de las autoridades italianas. El dinero no es lo que le falta a la Santa Sede aunque poco de él es el que llega a los pobres más pobre del mundo.
Y ahora se va. Benedicto XVI. Se va. Con todo este bagaje, al que habría que añadir su impotencia para poner fin a las luchas intestinas de la curia, materializadas en la actualidad entre diplomáticos y bertonianos y ejemplarizada en el Vatileaks, vidrioso asunto de espionaje, con publicación incluida de papeles del propio papa a cargo de su secretario personal. Dimite, diz que libremente y se va.
Es curioso, el coro de sus seguidores ensalzan su actitud a voz en grito y lo ponen como ejemplo de desprendimiento, de generosidad, de humildad y de desapego al cargo. Es el mismo coro que hace ocho años ponían como ejemplo la entrega absoluta de JPII, aferrado a la silla papal cuando ya más que un hombre era, tristemente, una piltrafa humana, su determinación, su capacidad de sufrimiento, a imitación de Cristo, etc. ¿En qué quedamos? ¿a cuál de los dos pontífices deberíamos seguir? ¿A los dos? ¿Al mismo tiempo? Pero esto sería objeto de otra discusión.
El caso es que BXVI se va. Bien, ¿y ahora qué? Ahora nada. El Espíritu Santo eligirá un papa conservador, como la inmesa mayoría, y la Iglesia seguirá su camino, convertida de un medio para la salvación, según el punto de vista cristiano, en un fin en sí misma, cada día más alejada del mundo y más encerrada en el torreón en el que amasa sus riquezas. Si por casualidad el Espíritu Santo eligiera un papa con ambiciones de cambio (Juan XXIII, por ejemplo), la curia no le hará ni caso. Y si eligiera un papa fiscalizador (Juan Pablo I) la curia lo quitará de enmedio de forma expiditiva y sin el menor remordimiento.

 

5 comentarios:

Lansky dijo...

Un papa que dimite no es un papa, va contra su esencia, Ratzinger nunca fue papa, propongo que se le suprima de esa lista como la de los reyes godos

Molón Suave dijo...

Hombre, yo hubiera preferido el espectáculo de JPII, destrozaíto el hombre, pero aguantando hasta el final. Con un par. Exactamente igual que Cristo, vamos.

fus dijo...

Yo creo que no dimite sino que lo han echado, hay muchas luchas internas en ese estado llamado Vaticano.


un saludo


fus

Molón Suave dijo...

Fus: Es posible. El último papa dimisionario (que se sepa) fue Celestino V, en 1294, y lo hizo fuertemente presionado por la curia de entonces, al parecer, debido a que Celestino era una calamidad como papa. BXVI es un ferviente admirador de Celestino, cuya tumba, en L'Aquila, ha visitado en dos ocasiones.

Paco Muñoz dijo...

Lo cierto es que lo último sabido es que tenían una informe de unos cardenales, encargado por él, y que posiblemente sea otro escándalo gordo para la Curia. ¿Qué eso haya influido en su decisión? No lo se porque las cosas de esta familia tocada por la paloma nunca se sabrán. La transparencia no es su fuerte, si no el ocultismo y la hipocresía. Aunque para su pena ya se oyen curas con dos cojones.