lunes, 17 de diciembre de 2012

Teología del Santo Prepucio

Aunque muchos parecen ignorarlo, Cristo era judío, de manera que siguiendo el ritual religioso judío a los ocho días de su nacimiento fue sometido a la circuncisión, esto es, a la extirpación de la piel que cubría su sagrado glande o bálano.
Esta sencilla operación, si bien no poco dolorosa, pues se realizaba con un cuchillo de piedra, ha traído de cabeza a los llamados teólogos católicos hasta la Edad Moderna. ¿Qué fue de aquel trocito de carne, del triste anillito con el que la naturaleza nos dotó a los mamíferos machos no se sabe bien con qué objeto, pues sólo suele ser fuente de infecciones?
Los judíos, que no querían trato alguno con los muertos ("quien toque un cádaver será impuro durante siete días", dice la Biblia) acostumbraban a enterrarlo, sin más. Pero el prepucio de Cristo no era un prepucio cualquiera, como el resto de su cuerpo participaba de su carácter divino o, lo que es lo mismo, era un trozo de Dios y, según los teólogos, es imposible que un trozo del cuerpo de Dios por insignificante que sea pueda seguir el camino de la putrefacción. Luego, si no se pudrió, existe. ¿Pero dónde está? Cuando en la comunión los católicos toman el cuerpo de Cristo, ¿lo toman entero o le falta el trocito que le extirparon en la circuncisión?
Arduo problema que no podía ser resuelto sino tras sesudas y profundísimas cavilaciones. Así, desde Orígenes hasta el gran Tomás de Aquino las discusiones al respecto no cesaron de crecer. ¿Ascendió al cielo con Jesús o sigue en la tierra esperando la resurrección de la carne? Muchos pensaban que había ascendido junto con Cristo, pero si esto es asi, ¿cuándo se reintegró en su cuerpo, en el momento de la resurrección o más tarde, en el de la ascensión? Para algunos, el prepucio estaba ya en el cielo desde el mismo momento en que se lo cortaron esperando la llegada del Salvador. En cualquier caso y según los defensores de este argumento, los católicos en la comunión tomaban el cuerpo completo de Cristo, incluido su divino prepucio.
Pero no todos lo tenían tan claro y la discusión no cesaba. Esgrimiendo argumentos de carácter histórico, muchos opinaban que el prepucio debió de ser enterrado, como el de cualquier infante de su época, y que en todo caso el cuerpo de Cristo era un cuerpo humano que, aunque acogía al mismo Dios, no formaba extrictamente parte de la divinidad, por lo que tanto daba si estaba completo o no, y el prepucio era, por así, decirlo, un elemento prescindible, como las uñas que Cristo se cortaría de cuando en cuando o el pelo. El teólogo católico de origen griego Leo Allatius (1586-1669) hacía un ajustado resumen de estas discusiones en su conocida obra De Praepucio Domini Nostri Jesu Christi Diatriba, en la que quedaban magistralmente expuestas todas las posiciones.
Así estaba el asunto cuando hete aquí que aparece en Viena la monja capuchina Agnes Blannbekin (muerta en 1715), quien durante buena parte de su vida vivió extraordinariamente preocupada por el destino del preciadísimo trozo de carne del cuerpo del Salvador, preocupación que llegaba a un horrible sufrimiento cuando se acercaba la fiesta de la Circunsión, establecida por la Iglesia el uno de enero. Un día, al comulgar, tuvo una revelación que Karlheinz Deschner, en su Historia sexual del cristianismo cuenta del siguiente modo: la monjita comenzó a pensar en dónde estaría el prepucio. ¡Y ahí estaba! De repente sintió un pellejito, como una cáscara de huevo, de una dulzura superlativa y se lo tragó. Apenas lo había tragado, de nuevo sintio en su lengua el dulce pellejo y, una vez más, se lo tragó. Y esto lo pudo hacer unas cien veces... Y le fue revelado que el prepucio había resucitado con el Señor el día de la Resurrección. Tan grande fue el dulzor cuando Agnes tragó el pellejo, que sintió una dulce transformación en todos sus miembros.
Las revelaciones de la monja vienesa eran concluyentes: el prepucio divino estaba en el cielo, encastrado en el pene de su propietario. La discusión habría terminado al punto, si no fuera porque a lo largo de la historia existen o han existido hasta trece prepucios reclamados como de Cristo y repartidos por distintos puntos de la cristiandad que el dominico A.V. Müller estudia en profundidad en su obra: El sagrado prepucio de Cristo (1907). Son los siguientes: Uno en San Juan de Letrán, en Roma; otro en Charroux (cerca de Poitiers); otro en Amberes; otro en París; otro en Brujas; otro en Bolonia; otro en Besançon; otro en Nancy; otro en Metz; otro en Le Puy; otro en Conques; otro en Hildestehein; otro en Calcata, la mayoría traídos de tierra santa durante las Cruzadas y algunos de ellos transportados por ángeles. Cada uno de estos prepucios y otros que el dominico no recoge, como el de Burgos, tienen fantásticas historias que llenan de unción a los fieles y de óbolos a las iglesias que los poseen.
Reputados como muy útiles para la lograr la preñez de las mujeres, todos estos prepucios fueron altamente venerados hasta 1900, fecha en la que la Iglesia derogó su culto, derogación que se extendió a la propia fiesta de la Circunsión tras el concilio Vaticano II, con el argumento de que se trataba más de una curiosidad irrespetusosa por parte de los fieles que de una verdadera devoción. A pesar de la derogación del culto, en Calcalta, donde existía verdadera pasión por la reliquia, se estuvo celebrando una procesión con el prepucio hasta 1983, fecha en que la que fue robado el relicario en el que se encontraba y por ende el propio prepucio.

Fuente: Además de los textos citados, El fraude de la Sábana Santa, de Juan Eslava Galán.

11 comentarios:

Melastregues dijo...

Estaba más que preocupado por dos temas, uno el santo prepucio del que has solucionado mis zozobras. El otro, del que no si la bibliografía lo contempla es: ¿qué hizo la Sagrada Familia con el oro que les llevo Melchor al portalico?. Venga Molón dame respuesta que ardo en ansiedades ante tal enigma...

Rafael Jiménez dijo...

Estimulante entrada, Rafa. Tal y como me propuse, durante el pasado verano tuve el gusto de leer un libro que tu comentabas aquí: http://elcuadernoescarlata.blogspot.com.es/2012_04_01_archive.html
Pensaba hacer algún comentario o entrada en mi blog al respecto, pausada y meditadamente, porque el asunto me parece muy interesante. Pero, he de confesar, que éste tu escrito sobre el Santo Prepucio, me ha disparado a perpetar un desahogo contra tamañas barbaridades, a tales discusiones bizantinas; tan propias de la secta religiosa que nos lleva gobernando (y expoliando) desde hace 2000 años.
Tómese, pues, lo que voy a escribir como lo dicho: mero desahogo (y disparate, como la monja que mencionas).
Si el prepucio de Cristo es una reliquia ¿cuántos hay? ¿cuál es el verdadero? Si todos son verdaderos: cual era el tamaño del pene del Redentor. Si las uñas de Cristo también son una reliquia, (y se las tendría que cortar de vez en cuando), ¿qué cantidad de ellas hemos conservado? ¿las suficientes para que, como dice mi amigo Jerónimo, consagrar cada iglesia que se ha construido, pues era necesaria una reliquia para hacerlo? ¿y los barrillos de Cristo, que sería también adolescente, son reliquias?...En fin, que me noto ahora como si hubiera viajado a Bizancio y estuviera allí en el siglo X, (por ejemplo).

Miroslav Panciutti dijo...

Al prepucio de Cristo se le ha dado demasiada importancia a causa de la atávica morbosidad de los teólogos. De hecho, como ya citas, casi nada se ha debatido sobre uñas, pelos y pieles que debió perder durante treinta y tres años. Sin embargo, lo que realmente me lleva quitando el sueño desde mi primera comunión, el verdadero gran enigma en este asunto de las reliquias es el referido a los dientes de leche- ¿Qué fue de ellos? ¿Se los llevó el ratoncito Pérez? He buscado inutilmente algín tratado teológico que me iluminara y nada de nada. Me temo que no cesará mi desasosiego.

Lansky dijo...

La conocida obra De Praepucio Domini Nostri Jesu Christi Diatriba; sí, yo la leo todas las noches, paar eso la tengo rn mi mesilla junto a la cama. Eso sí, este asunto ilustra aquello de las 'discusiones bizantinas'

Molón Suave dijo...

Querido Melastregues: Lo siento, pero no estás al día. Los Reyes Magos, acaba de decirlo Benedicto XVI, no llegaron de Oriente, sino que era ¡Andaluces! Si esto es así, no le ofrecieron al niño oro, incienso y mirra, sino aceite, sal y vino, que son productos netamente andaluces y mucho mejores que los anteriormente citados. Un saludo para la charpa.

Molón Suave dijo...

Rafa Jiménez: Todos los prepucios existentes son verdaderos, en el sentido de que según la Iglesia no importa que la reliquia sea falsa para que el fiel pueda venerarla, puesto que tal veneración la realiza dicho fiel suponiendo su autenticidad (tal cual,eh) Por otra parte, reliquias las hay de todos los colores, incluidas uñas y hasta trozos de pañales usados por el niño Jesús (no sabemos sin cagaos o lavados por la Virgen, que como se sabe lavaba y tendía entre el romero, mientras lo pajaritos cantaban y el romero florecía.) En una entrada próxima daré una relación de las reliquias más sonadas que existen repartidas por toda la cristiandad, por ejemplo de los numerosos clavos de la cruz, aunque se sabe que sólo fueron tres o cuatro los utilizados por los romanos y dando por sentado que lo que cuentan los evangelios es verdad, que ya es suponer.

Molón Suave dijo...

Miroslav: Dientes de Cristo como reliquias existen. No se especifican si son los de leche, pero deben serlo porque que se sepa Cristo no perdió diente alguno durante su vida, ya que en caso de haberlo perdido estaríamos en la misma historia del prepucio, es decir, si Cristo está en el cielo con su dentadura completa o incompleta. En próximas entradas trataré de aclarar álgo más este tremendo asunto.

Molón Suave dijo...

Lansky: haces perfectamente teniendo esa obra como libro de cabecera, pues muy reputado es que su lectura produce gran provecho espiritual e intelectual, toda vez que sus sabios razonamientos satisfacen plenamente nuestra razón y llenan el alma de paz.

Paco Muñoz dijo...

Todos los días aprendo algo más de la historieta de esta familia, y gracias a ti Rafael. La verdad es que me he quedado un poco trastornado con este asunto "tan importante" para nuestro problema del paro de la corrupción y de tanto sinvergüenza. Luego está lo que añade Rafael Jiménez, de uñas, barrillos y después los pelos, etc. pero ¿y del contenido de las vesículas seminales no se dice nada, y ya puestos del contenido diario del recto?. En fin tela marinera. Salud y República.

Molón Suave dijo...

Paco: Hay que preguntarse si cuando los católicos engullen el cuerpo de Cristo en la comunión se tragan también las vísceras, includos los intestinos y lo que estos acostumbran a transportar. Estas son discusiones que han ocupado a buena parte de la humanidad occidental durante un tramo nada despreciable de la historia, aunque ahora, con una mayor formación del personal común hayan pasado a un segundo plano. Conviene, sin embargo, traerlas a colacción para que se vea hasta donde pueden llegar aquellos que afirman que su reino no es de este mundo.

Paco Muñoz dijo...

Entonces Rafael habría que llamar a eso en lugar de Teología, Escatología (fisiológica), aunque yo dejaría la cosa, en lugar de investigar sesudos teólogos esa cuestión, en simple galleta o pan y rico vino, como hemos probado algunos.