jueves, 15 de noviembre de 2012

Once y trece


                        Con un robusto fraile carmelita
                        se confesaba un día una mocita
                        diciendo: -Yo me acuso, padre mío,
                        de que con lujurioso desvarío
                        he profanado el sexto mandamiento
                        estando con un fraile amancebada,
                        pero ya de mi culpa me arrepiento
                        y espero verme de ella perdonada.
                        -¡Válgame Dios!, el confesor responde,
                       encendido de cólera. ¿Hasta dónde
                       ha de llegar el vicio en las mujeres,
                       pues sacrílegos son ya sus placeres?
                       Si con algún seglar trato tuviera,
                       no tanta culpa fuera,
                       mas con un religioso... Diga, hermana:
                       ¿qué encuentra en él su condición liviana?
                       La moza respondióle compungida:
                       -Padre, hombre alguno no hallaré en vida
                       que tenga tal potencia:
                       sepa Su Reverencia
                       que mi fraile, después que me ha montado
                       trece veces al día, aún queda armado.
                       -¡Sopla!, dijo admirado el carmelita.
                       ¡Buen provecho, hermanita!
                       De tal poder es propio tal desorden;
                       de once... sí... ya los tiene nuestra orden
                       cuando alguno se esfuerza...
                       ¡pero de trece!... Jerónimo es por fuerza.

Este rijoso y desternillante poema no se debe a ningún pornógrafo de nuestro tiempo, sino nada menos que a Féix María Samaniego (1745-1801), sí, Samaniego, el escritor que ha pasado a la historia de la literatura como autor exclusivo de fábulas morales. La sociedad española del XVIII, la de la instauración de los Borbones, era una sociedad de doble moral y Samaniego es uno de sus personajes más significativos. La Inquisición campaba aún por sus respeto, pero la vida estaba cambiando a toda prisa, una vida que debía de correr subterránea todavía, para el paladar y el gusto de algunos elegidos que sabían saborear los buenos placeres. No es el único poema de este tipo que escribió Samaniego. Tiene un libro precioso, El Jardín de Venus, auténtica joya de la literatura erótica y jocosa. Son muy numerosos los poemas dedicados a frailes y a monjas. Yo lo traígo aquí hoy por este motivo, porque, entre otras cosas, pone de relieve, aun de un modo esperpéntico, las costumbres amorosas de los clérigos de su tiempo, principalmente carmelitas, franciscanos y jerónimos. Estos últimos, sobre todo, y es cosa sabida, eran los grandes folgadores de la época, siempre con el hisopo dispuesto para echar las bendiciones que fuera menester. Con la que está cayendo además no sobra, sino que viene bien aquello que nos pueda provocar una sonrisa.

6 comentarios:

Lansky dijo...

Sí, hay mucha gente que ignora esta faceta de Samaniego, que en vida era la que más popularidad le dió

Molón Suave dijo...

En efecto. Cuando estudíabamos, sólo se mencionada al Samaniego fabulista. De acuerdo, era el tiempo de la dictadura, pero creo que la cosa no ha cambiado demasido al respecto.

Miroslav Panciutti dijo...

La sátira de Samaniego me ha recordado la leyenda urbana atribuida a la emperatriz de todas las Rusias, la licenciosa Cataliona la Grande, que corría por San Petersburgo hacia finales del XVIII. Dicen que, enterada de que había un hombre que era capaz de enderezarla hasta veinte veces en una sola noche, lo mandó llamar para que demostrara sus dotes amatorias. Y a ello se puso el esforzado prócer, y tras cada nuevo izamiento iba contando, uno, dos, tres y así hasta el dieciséis. Pero entonces le corrigió la zarina: no, que éste es el quince, y el tipo, galante súbdito, respondió: no discutamos, majestad, y empecemos de nuevo.

En fin, que lo de fardar de ciertar cosas viene de antiguo.

Paco Muñoz dijo...

Rafael eres un pozo de conocimientos literarios. Yo no sabía de esa línea del Sr. Samaniego, moralista donde los haya y bendecido por el sistema en nuestra niñez. Esto viene a justificar aquello de que la jodienda no tienen enmienda, la doble moral o la moral que se dobla ante la necesidad corporal, o que no se dobla como dice Miroslav en el ruso al no discutir y principiar de nuevo, o Samaniego "trece veces al día y aún queda armado" y eso que la farmacopea Taldalafilo o Tadalafil, no se había descubierto.
Otra cosa más que aprende uno.

Molón Suave dijo...

Miroslav: En materia de sexo, de Catalina de Rusia todo es posible. En cuanto al trotón que la montaba, si se trataba de un monje jerónimo tampoco es de extrañar. Estos, por lo oído, sabían hasta yoga tántrico.

Molón Suave dijo...

Paco: Aquí si hay algún pozo de sabiduría eres tú. Ya me gustaría a mí saber de Córdoba la cuarta parte de lo que tú sabes. Es curioso pero El Jardín de Venus es un libro técnicamente muy bueno, sin embargo no sólo no se lo estudia, sino que ni siquiera se menciona, hasta el punto de que Samaniego pasa por ser un autor incluso ñoño, si es no copión de Esopo de Lafontaine. Y bueno, ni los jerónimos ni los carmelitas ni los franciscanos necesitaron nunca tadalafilos ni nada por el estilo. Eran unos ases del manubrio.