martes, 19 de junio de 2012

La coartada de Dios

Sin Dios, todo está permitido. Los creyentes, los que dicen creer y aun los que fingen creer se escudan en esta frase lapidaria para justificar no sólo la realidad de la existencia de Dios, sino, más aún, su necesidad. Si Dios no existiera -dicen, como si ya hubieran probado su existencia-, si Dios no existiera, habría que inventarlo. Y se lanzan a pronosticar todo tipo de catástrofes que sucederían sin remedio si, efectivamente, no se tiene en cuenta a Dios y nos atrevemos a poner siquiera en duda su existencia.
Sin Dios, todo está permitido. ¡Cuánto infantilismo esconde tan rotunda expresión! Quien en ella cree de buena fe, sin duda, no ha superado aún la edad de la inocencia. Y quien, aun sin creer en Él, defienden a Dios como pilar y garantía del orden social, piensan que quienes no abandonaron aún aquella edad que dicen dorada son los que no sólo no creen en tal afirmación, sino que la niegan.
Para los unos y para los otros, Dios, en primer lugar, vendría a ocupar la figura del padre protector que con su sola presencia proporciona a sus hijos la seguridad que anhelan: el timonel del navío que los hijos, faltos aún de experiencia y llenos de temor, no están en condiciones de gobernar, el brazo fuerte que ahuyenta la tormenta, el puerto seguro en el que guarecerse. Pero tanto para los unos como para los otros, Dios es también el fiscal que vigila sus actos y el juez que por ellos otorga el premio o el castigo. Sin Dios, todo está permitido, afirman, porque aún no lograron desprenderse de la dependencia paterna y vivir por sí mismos. Y también porque, en una especie de cobardía intelectual, les resulta imposible creer que sea posible vivir y vivir honradamente sin esperar recompensa o recusación alguna al final de la vida.
En tiempos de crisis como los que vivimos el niño indefenso del que tantos aún no se despojaron emerge con fuerza redoblada, usurpando el espacio que debiera corresponderle a la razón. Para recordarnoslo, ahí están los obispos, con el de Roma a la cabeza, proclamando que la mentada crisis no tiene su origen en la quiebra de un banco cuyos dirigentes actuaban movidos pura y simplemente por la codicia, sino en el olvido de Dios por parte de nuestras sociedades, en haber apartado a Dios de nuestra vida.
Sin Dios, todo está permitido. Si esta expresión respondiera a la verdad... Pero la verdad es más bien lo contrario. Con su terquedad, ahí está la historia para demostrarlo. Con la coartada de Dios, a su sombra o bajo su invocación se han cometido y se siguen cometiendo, tanto social como individualmente, las mayores tropelías. Guerras, persecución y muerte de disidentes, esclavitud, justificada y aun bendecida por los que se dicen representantes de Dios, genocidios, robos, violaciones, asesinatos, incluidos los de más de un papa, llevados a cabo por sus propios colegas, es decir, por los que afirman tener a Dios más que nadie como guías de su vida, castración de infantes para que su voz continuara sonando más allá de la pubertad como se imagina que deben sonar la de los serafines y, más modernamente, blanqueo de dinero procedente de los negocios más turbios, y pederastia, con el agravante de su ocultamiento y protección del culpable. Todo un catálogo de infamias que han tenido y siguen teniendo como excusa la nunca probada existencia de Dios. Es decir que no es que sin Dios todo esté permitido, sino que, como los hechos prueban, con Dios cualquier crimen, por horrendo que sea, encuentra la senda para ser perpetrado, más aún, cuaquier crimen se convierte muchas veces en un mandato, en una obligación.
La coartada de Dios se torna particularmente perversa en el catolicismo. En efecto, en ninguna religión Dios impidió jamás al criminal llevar a cabo sus propósitos. Pero en el catolicismo no sólo Dios no se lo impide, sino que basta su confesión ante un sacerdote para que el crimen resulte perdonado y el criminal pueda continuar impunemente su vida. Esta forma de proceder, extraordinariamente obscena y antisocial, incita en el fondo a la perversión; la conciencia se encallece, puesto que nuestra responsabilidad ante nosotros mismos y ante los demás se subsume y se diluye en la autoridad de Dios, que nos perdona siempre. La sociedad puede decir lo que quiera que el delincuente -el pecador para los católicos- sólo tiene que rendir cuentas ante Dios. ¿Cuántas veces hemos de perdonar?, se cuenta en el evangelio que le preguntaron a Cristo sus discípulos. Setenta veces siete, se cuenta que respondió Éste. Es decir, siempre. Delinque pues cuanto quieras, hijo mío,  -peca, vendrían a decir los católicos- que aquí está el sacerdote para perdonarte una y otra vez. El ser humano es débil, afirman, por eso necesita la magnanimidad y la misericordia de Dios. Y al sostener esta barbaridad lo que en realidad hacen es alentar el delito.
A lo largo del tiempo, Dios ha sido una de las primeras coartadas de las que se ha valido y se vale el poder para perpetuar su dominio, para llevar a cabo las más sucias aberraciones. Esta es la razón por la que los distintos poderes, no sólo el religioso, lo invocan una y otra vez. Esta es la razón por la que muchas de las leyes destinadas únicamente a coartar la libertad de la gente llevan de una manera o de otra a Dios en el frontispicio del texto. No es verdad que sin Dios se produzca catástrofe alguna. Sin Dios lo único que ocurre es que el poder en general pierde uno de su pilares y el poder religioso en particular, el más hartero de los poderes, su único fundamento. 

9 comentarios:

Lansky dijo...

El hombre sin Dios es el hombre sin coartada, en este sentido

Molón Suave dijo...

Exacto. Y sin esperanza. O mejor, desesperanzado, que no es exactamente lo mismo.

Paco Muñoz dijo...

En primer lugar decirte que, como se te ve el oficio Rafael, da gusto. No se puede poner ni quitar nada a tu entrada, sólo añadir algunas vivencias particulares, que encuentro similitud con tu argumentación. En mi trabajo siempre me refería a los hipócritas (militares, patriotas, cristianos) y decía, esta gente entiende la religión como aquel que no puede beber por su estómago, pero que bebe porque sabe que después se toma un antiácido (confesión, comunión) y se le quita. Y además como sabían de antemano que estaban perdonados, antes de cometer la fechoría (no era una fechoría beber un sano vaso de vino, esa es la metáfora, eran cuestiones muchos más graves), pues eso.

Tenía un compañero que mencionaba a Calderón cuando éste decía que “la milicia era una religión de hombres honrados”, pero seguro que Calderón no conocía el cuerpo de Intendencia. Veo muchas similitudes entre estas dos grandes instituciones, unos con su Dios y los otros con su Dios y con sus armas. Pero ambos códigos profesionales muy “sui generis”.

Como el individuo que cobra su sueldo por velar por la aplicación de la justicia que marcan las leyes, en lo más alto de la institución de la Justicia, y vemos que dijo que la justicia de Dios está por encima de la de los hombres. Cómo va a aplicar este Sr. la de los hombres a sabiendas que se contradice con la de su Dios. Luego, con todo el cinismo del mundo, sabía –eso lo sabe el más sinvergüenza- que estaba cometiendo un abuso, por muy legal que fuese, y lo mantenía. En otra ocasión, cuando el juez Marlaska le dijo que se iba a casar con su novio, le espetó que lo sentía por él, recriminándole su homosexualidad ¿y ahora que…? Aunque a lo mejor el “jeronimear” era algo platónico, y como estaba perdonado de antemano…

Se que voy por los cerros de Úbeda pero de antemano se que estoy perdonado.

Molón Suave dijo...

Paco:Dos días sin ordenador por culpa del virus de la policía, que me lo bloqueó,me impidió contestarte. En modo alguno te vas por los cerros de Úbeda. Lo cierto es que desde siempre ha habido una profunda unión entre religión y ejército, no siendo exagerado decir que la inmensa mayoría de las guerras tienen un fondo religioso, al menos, porque los ejércitos son bendecidos por los sacerdotes de turno y porque cada ejército reclama el amparo de Dios. Y ambas, además, están llenas de hipócritas. Unos porque dicen creer en un dios en el que, observando su compartamiento, evidentemente no creen y los otros porque dicen guiarlos la defensa de la patria, cuando en la inmensa mayoría lo que les interesa es su carrera profesional. Unos y otros hacen además un tremendo y obsceno abuso de Dios, cuando lo invocan para justificar actos que desde el punto de vista puramente humano, el único que deberíamos tener todos,son absolutamente injustificables. Como ese juez que citas que, al fin, dimitió, pero no devolvió los dineros. Este caso, además, desde el punto de vista católico, es contradictorio, pues el mal uso del dinero público, su apropiación,que es lo que en realidad ha hecho este señor, es un robo y el robo no lo perdona el sacerdote si no hay restitución de lo robado. Pero tienen la conciencia bien ancha y encallecida y no les remuerde lo más mínimo.
Un abrazo.

Paco Muñoz dijo...

Muchas gracias por la aclaración. Lamento lo del "virus de la policía", que no conozco. Yo también he estado callado a ratos, por aquello de los albañiles y pintores (nosotros dos, Conchi y yo), que nos costó la contractura muscular (de esta me puede ir tranquilamente a Tahilandia a dar masajes), que afortunadamente duró poco. Ya hemos terminado, creo. Como vivimos por encima de nuestras posibilidades, hacemos de pintores, albañil, electricista, técnico de TV, decoradora. etc. Espero que la recuperación de Lola sea un hecho porque hace tiempo no hablamos de ello.
Un abrazo.

Molón Suave dijo...

Pues el virus de la polícia consiste en que de repente te sale un pantallazo con un escrito que lleva el anagrama del Ministerio del Interior de España y de la Policia y te dicen que te han bloqueado el ordenador (que se bloquea) porque estabas viendo pornografía infantil o algún contenido protegido por derechos de autor, a continuación te mencionan tres o cuatro leyes por las que te pueden caer multas de hasta 100.000 € y cárcel. Luego te dicen que si es la primera vez, pagando una multa de 100 € te desbloquean el ordenador en un plazo de una a 72 horas. Hay que pagarla por medio de uns tiquets que se compran en muchos sitios (una especia de papel de pagos al Estado) pero por vía electrónica. Si pagas, te quedas sin los cien euros y con el ordenador bloqueado, naturalmente. Yo tengo un buen antivirus, pero, al parecer, contra este virus es difícil luchas porque se actualiza a media que encuentran un contravirus. En fin, que para no perder datos que me interesaban, tuve que llevar le ordenados a un informático y la fiesta me costó 25 €, más los paseos y el tiempo perdido. Estas cosas no pasaban cuando escribíamos a mano. Yo también hago de pintor, electricista, carpintero... y hasta de planchadora, precisamente por lo mismo que tú: por vivir por encima de nuestras posibilidades, porque es que somos unos derrochones. Padeciendo de la espalda, no me extraña que si Conchi se mete en faena coja contracturas. Hasta ahora, yo no dejo a Lola que se meta en nada, ni siquiera para mover un cubo con agua, porque al final es peor el remedio que la enfermedad. Supongo que Conchi usará faja cuando haga cosas de este tipo, aunque llega una momento que ni faja ni na: sopitas, buen vino y un poquito de ejercicio y, por supuesto, un masaje de manos cariñosas. Lola superó lo del hombró, sí. Pero tiene la columna con bastantes problemas y eso ya es otro cantar. Pero algo ha mejorado, desde luego, y en verano está siempre mejor. Un abrazo

Paco Muñoz dijo...

Pues me acabo de enterar de la cuestión. Aunque había oído hablar de esto. No si el ojo del Gran Hermano cada vez está más cerca. Es increíble. En USA ya existe el control de la Red con programas al efecto, la libertad consiste en cada vez más control, y siempre que ha habido un acto de terror ha sido secundado y aprovechado por otro del estado para recortar –dónde habré oído esta palabra- libertades. La cocina no la domino, pero el resto de las artes si, sobre todo la de las manualidades, evidentemente la de la electrónica también. Yo tengo un antivirus de pachanga, como casi todo lo que tengo, por lo que no tiene nada de extraño que me salga cualquier día el Comandante Pardo o Don Bruno en pantalla. Conchi tiene una desviación de columna, que se ve perfectamente en las placas, eso hace que para compensar determinados músculos sujeten la misma, y después de un esfuerzo prolongado o una postura determinada se contraigan, perfectamente toco la contractura cuando está y el masaje sobre la misma los distiende. Los analgésicos, por la razón que sea o por haber tomado algunos, no hacen mucho, las pomadas no penetran hasta esta zona de la piel, los relajantes cada vez le hacen menos efecto y los antiinflamatorios mejor evitarlos. No usa faja porque es en la parte alta de la espalda. Son unas crisis de un día o dos y vuelta a empezar. ¡No hagas eso! ¡Entonces me lo hará la criada! -Es la contestación, discusión breve y ya está. Saludos Rafael.

Molón Suave dijo...

Paco: Este virus lo crean y propagan hackers y se trata de una estafa, el Gobierno ni la policía ni tienen nada que ver. Lo que ocurre es que está tan bien hecho que, si no lo conoces, y ese era mi caso, te llevas un buen susto. Yo el antivirus que tengo es el AVG, libre,es decir, gratuito (puedes bajártelo de internet) que hasta ahora me había protegido bien. Lola tiene artrosis. Tiene cuatro vértebras cervicales bien tocadas, con picos de loro y demás, y esto le produce dolores variables, a veces muy intensos. Hay personas que con este tipo de artrosis están asintomáticas, es decir, no tienen dolor, pero las que no tienen tanta suerte están bien jodidas casi siempre. Y con tanto como avanza la medicina, lo poquito que se ha avanzado para tratar el dolor. Eso si el médico te escucha, que no son todos los que lo hacen, ni mucho menos. Lola hace natación, yoga, relajación y no sé cuántas cosas más y, claro, muchas veces se desespera porque el dolor sigue y sigue. Para colmo su aspecto es de lozanía y está frnacamente ágil (sólo tiene 52 años)y hay veces en que ni la creen. En fin, se podría escibir un libro al respecto y sería bien gordo.

Paco Muñoz dijo...

En principio me lo había creído, pero ya veo que es un tema de hackers. Vaya tela con lo de la columna de Lola, tiene que estar la pobre más que desesperada. No sabes cuanto lo sentimos, sabedores de como se pasa, bueno yo como tú, de acompañante.
Y tanta publicidad de las unidades del dolor.
Un abrazo.