sábado, 14 de abril de 2012

El diluvio universal




Lo cuenta la Biblia en abracadabrante narración, Génesis, capítulos seis a nueve, ambos incluidos. Dios andaba enojado con la humanidad, andaba pesaroso y aún indignado por haber creado al hombre, debido a su deplorable comportamiento. Entonces se dijo: Voy a exterminar de sobre la haz del suelo al hombre que he creado (se supone que también a la mujer) -desde el hombre hasta los ganados, las sierpes y las aves del cielo (que no se sabe por qué las maldades de lo seres humanos han de pagarla también los animales)- porque me pesa haberlos hecho (conviene dejar aparte la imbecilidad de un Dios sabelotodo que, antes de crearlo, no prevé el mal comportamiento del hombre ( y de la mujer, se supone.) El caso es que en la historia, Noé halló gracia a los ojos de Yahvé y gracias a él la humanidad logró pervivir más allá de lo que se avecinaba.

La historia es suficientemente conocida. Lo que Dios se propone no es destruir la tierra en un momento, tal y como la creó, con un leve movimiento de su mano, sino poco a poco, mediante un diluvio total en el que todo bicho viviente pereciera por ahogamiento, una de las muertes más desagradables que existen. Pero la gracia de Noé tuvo su premio. Dios le ordenó que construyera un arca y que en ella, además de él y su familia, introdujera una pareja de todos los animales que poblaban la tierra, incluidos garrapatas, chinches, piojos y todos los bichitos que tanta lata dan. Así lo hizo Noé. Y tan pronto como hubo concluido su trabajo, comenzó a llover.

Llovió y llovió durante cuarenta días sobre la tierra, es decir, sobre todo el globo terráqueo a la vez (aunque en aquellos tiempos ni siquiera Dios sabía que la tierra era redonda, más o menos como una esfera). Nadie se salvó de perecer ahogado, salvo los que ocupaban el arca. Bien, todo terminó con el arcoiris y con la promesa de que nunca más habría un diluvio como aquel (sunamis y cosas por el estilo sí, pero diluvios de semejante envergadura no.)

Los cristianos, y los judíos, a cuya Torá pertenece el Génesis, están convencidos de que la Biblia está escrita por inspiración directa de Dios, quien revela sus misterios al amanuense o, lo que es lo mismo, que esta no es un historia inventada, sino que Yahve, el Dios único y verdadero, señor de los cielos y de la tierra, habló realmente con Noé y que lo salvó del diluvio, gracias al arca que le ordenó construir.

La escritura de los libros más antiguos de la Biblia, entre los que se encuentra el Génesis, se remonta al siglo VII antes de nuestra Era. Más hete aquí que no hace aún mucho tiempo, en las excavaciones de Nippur, una antigua ciudad sumeria, se encontró una tablilla de cerámica datada tres mil años antes de nuestra Era, es decir, dos mil trescientos años antes que la historia bíblica y, desde luego, mucho antes de la existencia siquiera del pueblo judío. En ella se narra cómo los dioses An, Enlil, Enki y Nihursag, cansados del mal comportamiento de los hombres, deciden acabar con la humanidad mediante un diluvio universal. No obstante, había un hombre lleno de virtud, Ziusudra, y los dioses, apiadados de él y de su familia, le ordenaron que construyera una embarcación y se refugiara en ella junto con una pareja de cada uno de los animales existentes, hasta que pasara el diluvio. Así lo hizo Ziusudra y, cuando hubo terminado, llovió incesantemente durante siete días y siete noches, hasta que la tierra toda resultó inundada, pereciendo todo cuando ser viviente la habitaba.

Mil años más tarde, es decir, mil trescientos años antes de Noé, y cuando el pueblo judío y, por tanto, Yaveh, seguían sin existir, aparece el mismo mito en el poema akadio de Gilgamesh, encontrado en la biblioteca de Asurbanipal, rey de Asiria, igualmente en tablillas de cerámica. Aquí es el dios Ea el que decide avisar a Utnapishtim, el único hombre virtuoso, ordenándole la construcción de un barco, del que se detallan su estructura y dimensiones exactas, y que se guarezca en él con su familia y una pareja de animales de todo tipo. Acabado el diluvio, para comprobar si las aguas han bajado, Utnapishtim va soltando sucesivamente una paloma, que regresa al barco, una golondrina, que también regresa, y un cuervo, que ya no regresa, lo que le indica al patrón de la nave que ya hay de nuevo tierra firme. Utnapishtim abre entonces el barco, suelta a los animales y ofrece a continuación un sacrificio a los dioses, cuyo olor, afirma el texto, resultó grato a su olfato.

Los católicos y los cristianos en general y, por supuesto, los judíos, pueden seguir creyendo lo que les parezca, pero como se ve por la existencia tan anterior de ambas historias, el relato bíblico no es más que una triste copia de los relatos sumerio y akadio, con ligeras variantes para acrecentar el mito de los judíos como pueblo elegido por Dios, mito que los cristianos han asumido para sí, ya no con sentido étnico, sino de comunión en la misma fe.

6 comentarios:

Alfonso dijo...

Es claro que el Génesis judeo-cristiano no tiene la "exclusiva" del fin de la vida humana y animal a través de un diluvio enviado por un chapucero dios. Como se sabe, la Biblia no deja de ser un refrito de diferentes leyendas escritas también en diferentes épocas y lugares.

En El Libro de los Muertos, los antiguos egipcios hablan de que el dios Atum quiere hacer desaparecer a la humanidad pervertida bajo las aguas del océano. Los sobrevivientes son salvados en una gran barca llamada la “barca del sol”.

En Gales hay una leyenda que dice que el lago Lion se desbordó e inundó las tierras, los hombres se ahogaron, menos una pareja en un barco, Duyfan y Duyfach, quienes luego repoblaron la tierra. En ese mismo barco viajaba una pareja de cada animal viviente.

En la mitología griega se considera a Deucalión como el padre de la raza humana. Cuando Zeus decidió finalizar la Edad de bronce (aproximadamente 3.000 años antes de Cristo) con un gran diluvio, Deucalión, rey de Ptía, por consejo de su padre, Prometeo, construyó un arca, la llenó de alimentos, y se embarcó en compañía de su mujer, Pirra. Se los eligió por ser ambos buenos y virtuosos.

Comenzó la lluvia y los ríos desaguaban en el mar, que subía con asombrosa rapidez, arrasando y cubriendo cada ciudad de la costa y del interior, hasta que todo el mundo quedó inundado, exceptuando unas cimas montañosas, y todas las criaturas mortales parecían haber desaparecido, excepto Deucalión y Pirra.

El arca flotó durante unos 9 días y 9 noches hasta que las aguas retrocedieron y la embarcación se posó en el monte Parnaso. Deucalión obtuvo la confirmación del fin del diluvio por una paloma que envió a explorar.

Ya en tierra firme, Deucalión fue al templo de la diosa Temis y suplicó a Zeus que le dijera cómo repoblar la tierra. Zeus envió a Hermes para avisarles que sería concedido. Se les dijo que arrojasen los huesos de su madre por encima de su hombro.

Deucalión y Pirra entendieron que "su madre" no era otra que Gea, la madre de todas los seres vivientes, y que los "huesos" eran las rocas. Así que tiraron piedras por encima de sus hombros y estas se convirtieron en personas: las de Pirra en mujeres y las de Deucalión en hombres.

No hay cultura que no tenga una tradición mitológica parecida con las variantes típicas de cada región. Otra cosa es la pretendida literalidad de los creyentes judeo-cristianos. Eso es harina de otro costal.

Molón Suave dijo...

En efecto, Alfonso, tods las culturas antiguas de cierta importancia cuentan con mitos y leyendas referidos a un diluvio universal. Los geológoso y arqueólogos parecen apuntar a que existieron quizás no una, sino varias inundaciones terribles, más que diluvios, que afectaron profundamente a la práctica totalidad de los seres humanos y animales de entonces, hechos reales de los que surgieron estos mitos. Yo me he limitado a exponer el sumerio y el akadio porque es de estos de donde copió la Biblia, especialmente del de Gilgamesh, que durante el segundo milenio antes de nuestra Era se extendió y fue conocido en todo el mundo mediterráneo. Seguramente, fue de este, sobre todo, del que bebió el o los autores bíblicos.
Un saludo

Lansky dijo...

No sólo la Tierra no era redonda, sino que el mundo conocido por cada cual era 'local', sin paradoja que valga, por lo que cualquier catastrofe de suficiente entidad que afectaba a 'tu' mundo era universal, y siempre hubo muchas.

Molón Suave dijo...

Mu cierto, Lansky, muy cierto.

Molón Suave dijo...

Mu cierto, Lansky, muy cierto.

Paco Muñoz dijo...

En primer lugar decirte Rafael que he hecho caso omiso de los avisos de malware, pero eso no quita las comprobaciones.
Todas las civilizaciones se ve, se hacen eco de esa inundación que la utilizan para su catecismo Ripalda local. Y se ve también que la copian en sus respectivos cuadernos una detrás de otra.
Físicamente sería imposible inundar lloviendo toda la tierra, el ciclo de la lluvia es el que es, y este pan es para este queso. Otra cosa sería como bien se dice, que lo que citan es una región puntual donde el temporal adquirió magnitud de Diluvio Universal, circunscribiendo el universo a su zona habitada. Tu citas garrapatas y otros bichitos, pero donde te dejas toda la gama de dípteros y otros "eros" ¿también la metió en la barca? ¿Y la convivencia de las fieras con su comida habitual? La verdad es que de pequeño yo me imaginaba esto un verdadero cuento. Me gusta más como la mitología griega nos dibuja ciertas historias, son mucho más amenas dentro de lo terrible, porque estas introducían el elemento sexo en muchas de ellas.