martes, 6 de marzo de 2012

Siempre a la contra




El pasado domingo, en la dos de TVE, un eficaz reportaje recordaba a la primera mujer en el mundo que, mediante fecundación in vitro, había alumbrado a un niño sano, una porción de cuya médula serviría, y de hecho sirvió, para curar a un hermano mayor de thalasemia o insuficiencia genética en la producción de hemoglobina, enfermedad incurable de otro modo. Los medios eclésiásticos católicos llamaron al nuevo niño bebé medicamento y condenaron su nacimiento en razón de que para conseguir su viabilidad había sido necesario destruir (ellos dicen matar) varios embriones.


¡Es tremendo! La Iglesia pone unas simples células, por muy de origen humano que sean, por encima de una persona completamente formada cuya vida, además de ser un continuo martirio, está condenada irremisiblemente a una pronta extinción. Y, para más escarnio, no tiene reparo en aducir como excusa la ética, cuando de lo que, como mucho, se trata es de una moral particular, la suya, apta sólo para consumo propio y el de sus fieles que estén dispuestos a seguirla.


El asunto no es nuevo. Históricamente, como bien se sabe, la Iglesia se ha opuesto siempre a la ciencia en general. Pero con la que se ha mostrado especialmente furibunda ha sido con la medicina. Si cualquier explicación científica de un fenómeno anteriormente atribuido a la divinidad reduce tanto el campo de acción de la Iglesia como su credibilidad, la medicina, según la mentalidad eclesiástica, pretende suplantar a Dios, ocupar su lugar, de ahí que su condena haya sido y siga siendo mucho más enérgica, colérica incluso.


San Gregorio Nacianceno (329-389) sostenía que las enfermedades estaban causadas por el demonio, por lo que los medicamentos no servían para nada. Lo único que curaba y no siempre era la imposición de manos. Por la misma época, San Ambrosio de Milán (340-397) condenaba explícitamente la medicina como contraria a la ciencia eclesiástica y al poder de la oración. San Gregorio de Tours (538-594) se inclinaba por la interseción de los santos. Gracias a él comenzó el tráfico de reliquias curativas que llega hasta la actualidad. Conocido es cómo le llevaron a Franco hasta su lecho de muerte el célebre brazo incorrupto de Santa Teresa de Jesús. Menos conocido es que el arzobispo de Zaragoza le llevó el manto de la Virgen del Pilar. San Bernardo instruía a sus monjes en el sentido de que la medicina no estaba permitida ni por la religión ni por su orden. Eso sí, no tuvo empacho en predicar la Segunda Cruzada, que llenó de muerte media Europa y el cercano Oriente. Quizás en este santo influyera el hecho de que la mayoría de los médicos eran judíos o mahometanos y, como tales, perseguidos por la Iglesia, cuyos papas, cardenales, obispos y otras dignidades no tenían reparos en acudir a ellos cuando enfermaban.


El concilio de Le Mans de 1248 y otros posteriores prohibieron las operaciones quirúrgicas. Todavía en el siglo XIII, personajes como Arnau de Vilanova, Ramón Llull o Roger Bacon tuvieron que poner enorme cuidado para satisfacer su curiosidad científica. Como eran franciscanos, los dominicos, enemigos irreconciliables, prohibieron a sus frailes el estudio de la medicina, añadiendo a la oración y las reliquias los objetos bendecidos para la cura de todos los males, lo que abrió las puertas al tráfico de todo tipo de elementos y artilugios salpicados con agua bendita o signados con una cruz, tráfico que sigue al día de hoy en un buen número de santuarios, monasterios y lugares de aparición mariana, como Lourdes, por ejemplo, cuya agua embotellada adquieren los fieles para sus familiares y amigos necesitados de un milagro.


El estudio de la antomía y la disección de cadáveres estuvieron penados con la hoguera. Había una razón: Vesalio y Paracelso, en el siglo XVI, corrieron el riesgo y, entre otras cosas, descubrieron que no existía el huesecillo incorruptible que garantizaría la resurrección de los cuerpos de que hablaban los tratados religiosos, ni a los varones les faltaba la costilla de la que, según la Biblia, fue creada Eva.


La historia no termina aquí. De casi guerra santa puede calificarse la reacción de la Iglesia Católica contra la vacuna de la viruela, descubierta por Edward Jenner (1749-1823) en 1796. Un ejemplo de la irracionalidad católica saltó a la publicidad en Montreal, en 1885, más de un siglo después del descubrimiento de la vacuna. Aquí se originó un brote variólico en el año citado. Gracias a la vacuna, apenas se produjeron víctimas entre la población de los barrios prostetantes. Los barrios católicos, en cambio, sufrieron gravemente debido a que los sacerdotes habían prohibido la vacunación de los fieles. En medio de una mortandad brutal, los sacerdotes clamaban desde los púlpitos que aquellas muertes se debían al pecado de la carne con el que los fieles habían ofendido gravísimamente a Dios durante el último carnaval.


Pero es que en el siglo XIX, la Iglesia Católica se posicionó con todas sus armas en contra de la anestesia, descubierta por James Young Simpson (1811-1870) y más aún cuando el ginecólco escocés empezó a utilizarla en los partos. Los clérigos acusaban a Simpson de ofender gravísimamente a Dios, pues según el mandato divino las mujeres estaban obligadas a parir con dolor, independientemente de que el dolor formaba parte de la esencia irrevocable del ser humano.


A lo largo de la historia, la institución eclesiástica ha constituido un freno de tal naturaleza para el progreso científico y, en concreto para el progreso médico, que no es exagerado afirmar que muchas de las enfermedades que al día de hoy siguen azotando a la humanidad podrían estar ya erradicadas sin la existencia de la Iglesia. Con este curriculum, no es extraño que ahora se oponga a la investigación con células madres y a la manipulación genética. Una cosa llama la atención: una vez que el nuevo progreso, la vacuna de la viruela, por ejemplo, se impone incluso entre sus propios fieles, la Iglesia acaba aceptándolo. Lo mismo ocurrirá con las investigaciones actuales. Sin embargo, ni en una sola ocasión se le ha ocurrido a la Iglesia pedir perdón por el obstruccionismo puesto en práctica con anterioridad.


P.D. La mayoría de los datos de esta entrada están tomados del artículo Anatemas cristianos e investigaciones biomédicas, publicado por Javier López Pascual en el diario el País el año 2007

6 comentarios:

Paco Muñoz dijo...

Interesante entrada que corrobora que esta institución ha hecho siempre más daño a la humanidad que beneficio. Lo mismo ha hecho en el campo científico que en el estrictamente médico que tan bien describes. Pero por otro lado, el saber siempre ha estado detrás de los muros de los monasterios, nunca han exportado la cultura. De todas formas pienso que verían muy poco en sus planteamientos, las diversas ramitas de este espeso árbol católico, o incluso en otros árboles. No dejo de pensar en los famosos testigos de Jehová con las prohibiciones de las transfusiones de sangre, o los perjuicios de otros –ellos se lo pierden- con las sabrosas patas de los cerdos y otras partes de su despiece, aunque parece que existiera un mandato de índole de protección de la salud cuando se implantó esta prohibición.

También vemos en los santones de tribus primitivas como efectúan conjuros y prácticas que nada tienen que ver con una verdadera investigación médica corroborada por múltiples ensayos, sin entrar en corruptelas de laboratorios que van contra el verdadero mundo científico. En el fondo varían muy poco. Desde el preciso momento que creen en la presencia de un ser maligno y que en el siglo XXI hacen sus conjuros, sus riegos de agua bendita, personas que se supone son ilustrados, y dicen las palabras mágicas para sacar al endemoniado de su estado, poca credibilidad o ninguna pueden tener esas personas.

Después de leer el libro que me recomendaste David Yallop, y ver lo bien que se les da el negocio de la bolsa, de conocer una ínfima parte de los entresijos romanos, o de otras sucursales, llegas a la conclusión de que ese es su verdadero mundo, el poder y el dinero, salvo honrosas excepciones como en todos sitios. Después de consentir una superpoblación de este mundo, de permitir la transmisión de enfermedades como el sida, por prohibir el uso de un simple profiláctico, y tantas y tantas cosas que se pueden tachar de criminales, es redundar en lo que sabemos. Pero está también esa fe ciega de los seguidores, y su culpa, o su estupidez, respetable desde luego, siempre que no la impongan a otros seres sin poder de decisión, que supongo no será tan ciega del todo, pero que con el terror, de no tener acceso a esa vida blanca de mundo de algodón y seres alados sin sexo –que aburrido puede ser a pesar de lo mullido del lugar- , y sentados a la diestra de quien sea.

Son la gente más intolerante del universo entre los muchos intolerantes, y maldito sea el vividor de Constantino, que los transformó de perseguidos a asesinos perseguidores. Una cosa me llamó la atención el otro día, una muestra en el Oratorio de San Felipe Neri que se llamaba Cristianos Perseguidos, con un cartel anunciador de un niño de rodillas en una iglesia destruida, un mensaje falaz, cuando son ellos los que a lo largo de los siglos no han dejado nunca de y perseguir y asesinar si lo consideraban necesario, que era casi siempre, a quienes no han secundado sus instrucciones.

Deseo que la medicina en la que creemos, y que de momento pagamos –no es gratuita-, antes de que la privaticen del todo otros criminales, también cercanos a la secta, se porte todo lo mejor posible con Lola y la libre del “demonio interior” con la cirugía y la farmacopea, sin usar el agua bendita.

Un abrazo.

Miroslav Panciutti dijo...

El famoso "La verdad os hará libres" lo tiene muy presente la Iglesia desde siempre. Como de lo que se trata es de que su rebaño (cuantos más borregos mejor) sea lo menos libre posible, ha demostrado durante toda su larga historia un ejemplar comportamiento de coherencia. La ciencia (y la medicina muy en particular, como bien dices) le molesta especialmente. Hablando el otro día con un amigo, católico bienintencionado, me acusaba de ser excesivamente crítico sobre la relación de la Iglesia con la ciencia. Me decía que, al fin y al cabo, durante muchos siglos eran las instituciones católicas las que posibilitaron la conservación y desarrollo cultural de occidental. La cuestión, le contesté, es cuánto habríamos avanzado si la Iglesia no hubiese tenido ese control del pensamiento. La ciencia, ciertamente, ha progresado "a pesar de" y no "gracias a" la Iglesia.

Por cierto, en el cuarto párrafo se te ha colado una "intersección" por "intercesión". Aunque la errata es sugerente.

fus dijo...

Como siempre las religiones y sobre toda la catòlica no quieren que la ciencia les robe ese espacio donde ellos cultivan el ocultismo, cuando no pueden dar explicaciòn, emplean la Fè como dogma y resuelven cualquier duda. Una buena entrada. Enhorabuena.

un saludo

fus

Molón Suave dijo...

Paco: Para mí es indudable que la Iglesia ha hecho y hace mucho más daño que beneficio. Entre este quizás sólo cabe citar el arte, aunque hasta el arte se hubiera desarrollado con más amplitud y, desde luego, con más libertad de la que lo estuvo haciendo mientras la Iglesia mantuvo el casi total control de la sociedad y, en consecuencia, del dinero. No hay más que recordar el lío que le armaron a Miguel Angel con los desnudos de la capilla sixtina, o como Velázquez tuvo que mantener oculta su famosa Venus del espejo (me pregunto por qué odian tanto el cuerpo humano y, de manera especial, el de la mujer.)
Naturalmente, la adversión hacia los adelantos científicos no es patrimonio de la Iglesia católica. El ejemplo de los Testigos de Jehová que citas es clarísimo. Yo, sabes, le doy más a nada la Iglesia porque mi educación es fundamentalmente católica y porque es a ella a la que sufrimos, y de qué manera, en este país. (Ya ves la que van a liar estos con el asunto del aborto, sin ir más lejos) A los hechiceros de las tribus y en general a todos los videntes, adivinos, magos, etc. etc. les ocurre más o menos lo mismo, que como lo que hacen es pura superchería no quieren saber nada de la ciencia (y algunos hasta se burlan de ella) porque se les acaba el negocio.
De todas formas, parece que hay mucha gente que no puede aceptar que todo termina con la muerte. Es superior a sus fuerzas. Entonces, si no es a la religión, en la que no creen por causa de los curas, son los videntes, que ya verás cómo está la tele de llena, de todas las pintas y todos los colores.
Es obvio que los cristianos han sido perseguidos. Pero la Iglesia se ha encargado de magnificar esa persecución. Ahora mismo, por ejemplo, ha habido problemas,con ataques incluidos a las comunidades cristianas en algunos paises árabes, por ejemplo, en Egipto con los coptos. La Iglesia, el mismo papa, habla de persecución, cuando en realidad se trata de ataques populares espontáneo, fruto de la agitación que se da ahora en esos países. Es sangrante que a las muertes de curas en el 36, aquí en España, le sigan llamando persecución, sabiendo muy bien, como saben, que para que haya persecución se necesita un poder que la proclame, la siga y la controle y unos ejecutores quela lleven a cabo, se necesita un plan, vamos, y aquí fueron revueltas populares de gente que estaba hasta las narices que el cura del pueblo estuviese siempre de parte del pudiente, porque hubo muchos curas a los que no sólo no tocaron, sino que los defendieron si alguien intentaba hacerles daño, lo que prueba que no se perseguía a lso curas cristianos, sino a los curas canallas o, para decirlo con la claridad del pueblo, a los curas hijos de puta.
Todo ello sin menoscabo de cuando esta gente habla de persecución lo primero que deben hacer es tentarse la ropa, pues, directa o indirectamente, ellos han sido unos de los mayores perseguidores del mundo occidental, persecución de verdad, con planes minuciosos, con seguimiento puntual de los perseguidos hasta su captura y exterminio, no de cuatro tiros, precisamente, sino en las hogueras y después de espantosas torturas.
Gracias por lo de Lola. La operan el lunes, Se trata de una artroscopia de hombro, algo no muy complicado. Lo malo, al parecer, viene con la rehabilitación posterior.

Molón Suave dijo...

Miroslav: "La verdad os hará libres" tiene un enorme truco y es que de lo que se trata es de su verdad, que pretenden pasar por la Verdad y hacerla obligatoria para todos. La búsqueda de la Verdad, a la que quizás no lleguemos nunca, le importa a la Iglesia un pito. Ellos su Biblia, sus Evangelios y la interpretacíón que de estos hacen ellos también.
Lo de la conservación de la cultura es una de las mayores falacias que ha propalado la Iglesia. La Iglesia se cargó la gran cultura griega, con destrucción de templos y destrucción de bibliotecas no sólo públicas, como la de Andalucía, sino también privadas, con quema de libros incluidos. En los monasterios sólo se copiaban una y otra vez los escritos de los primeros padres de la Iglesia. Hubo que esperar a los árabes de España para que, a través de Averroes primero y luego directamente, se redescubriera en Europa a Aristóteles y esto no gracias a los monasterios, sino en las escuelas y universidades que empezaban a crearse.

Molón Suave dijo...

Fus: Bienvenido.
Jesús Mosterín, en un libro de muy fácil lectura, Los cristianos, señala que "desde el punto de vista filosófico y sicológico la fe es una anomalía." En efecto, ¿cómo puedes basar tu vida entera en un acto de fe? ¿Y fe en qué y, sobre todo, en quién? Porque que sepamos Dios no ha hablado nunca a ningún hombre, más bien hay hombres que dicen, como Moisés, que Dios ha hablado con ellos y que Dios le ha entregado las tablas de la ley. O sea que, en puridad, a quien cree el que dice creer no es a Dios y ni siquiera a Moisés, sino al escriba que dejó escrita la historia de Moisés. Lo mismo puede decirse de lso Evangelios. "Palabra de Dios", dicen en la misa después de leer un libro. ¿Cómo palabra de Dios? Como mucho palabra del evangelista que escribió, que es al que tenemos que creer cuando afirma que Jesús hizo o dijo tales o cuales cosas. El argumento de la fe no sólo atenta contra la razón, sino que supone una huída cuando no tienes argumentos que oponer a quien está razonando contigo. Ante la invocación de la fe: ¡plas!, se acabó la discusión y yo me llego el gato al agua, porque a ver si alguien es capaz razonamiento, hipótesis o tesis alguna que conmueva siquiera este pilar.