Un papa epiléptico
1.- Es sabido que la epilpsia estuvo considerada durante mucho tiempo como una enfermedad sagrada. En la antigüedad se pensaba que el epiléptico estaba poseído por un espíritu, que se manifestaba durante los ataques. Desde hace también bastante tiempo se sabe, no obstante, que la epilepsia es un dolencia cerebral que puede tener distintas causas, desde problemas ocurridos en el momento del nacimiento hasta un golpe fuerte en la cabeza, incluso puede presentar una predisposición genética o, lo que es lo mismo, que, al menos hasta el día de hoy, no se encuentre una causa que justifique su aparición. También es muy variada su manifestación, el paciente puede tener desde crisis convulsivas, con pérdida del conocimiento incluida, hasta simples extravíos momentáneos de las consciencia que sólo él percibiría. Ninguna de estas crisis, por sí mismas, suelen dejar secuelas en las funciones cerebrales. Ahora bien, dependiendo del trastorno cerebral que origine la enfermedad, sí que el paciente puede sufrir problemas de comportamiento, deterioro intelectual, dificultad en el habla, etc. No son pocos los personajes de relieve que, a lo largo de la historia, sufrieron tal padecimiento. Uno de los más famosos fue Julio César. Otro, el escritor ruso Fiodor Dostoyevski, quien retrató la enfermedad en algunas de sus obras, como, por ejemplo, El Idiota. Otro más fue, como hemos visto en la entrada anterior, el papa Pío IX.
2.- Aparte de estos antecedentes, que conviene conocer para determinar mejor la personalidad de este papa, y aparte de su consideración de sagrada, no constituye abuso alguno poner de relieve que la epilepsia tuvo en la vida de Giovanni María Mastai-Ferretti un carácter providencial, pues, de no haberla padecido, tal vez hubiera alcanzado el grado de capitán en la Guardia Noble del Papa, en la que pretendió ingresar, pero jamás se hubiera ordenado sacerdote y, en consecuencia, nunca hubiera llegado a sentarse en la silla de Pedro. El futuro papa sufrió crisis sucesivas desde los quince años, en que debutó la enfermedad, hasta los treinta y tres. Se conserva una carta fechada en 1925 en la que Mastai-Ferretti le participa al papa del momento, León XII, que a causa de su epilepsia sufría de mala memoria y de dificultades de concentracion. Una vez nombrado obispo, la enfermedad desaparece de la escena. Sus panegiristas cuentan que dejó de padecerla. No obstante, cabe pensar que sobre ella se tiende a partir de este momento el tupido velo del silencio oficial, ya que existen testimonios bien documentados que dan cuenta de la persistencia de la enfermedad incluso durante su pontificado. Así, en junio de 1873, nada menos que veinticuatro años después de su elección como papa, el embajador de Austria en el Vaticano informa a su gobierno que Pío IX ha sufrido nuevas crisis en la última cuaresma.
3.- A pesar de estos testimonios, los panegiristas de Pío IX defienden la buena salud del papa afirmando repetidamente que sólo padeció la enfermedad en la primera parte de su vida. Sin embargo, hasta sus más fanáticos seguidores no dudan en admitir que la epilepsia dejó en el futuro papa secuelas negativas, aunque sólo de carácter físico. Lo reconocen, sin duda, porque tales secuelas eran visibles para todo el mundo. Así, Mastai-Ferretti desarrolló menos la parte derecha que la izquierda del cuerpo, defecto que se manifestaba incluso en su rostro, el cual presentaba una elocuente asimetría, con las mejillas desplazadas respecto al eje vertical y los labios torcidos. Casi todos los que hablaron o escribieron de este papa, incluida buena parte de sus admiradores, reconocen también secuelas sicológicas. En este sentido, Pío IX hacía gala de un carácter impulsivo, con lo que popularmente se llaman salidas de tono, incluida en muchas ocasiones la agresividad. Era muy impresionable, se dejaba adular con una candidez fuera de lo común. Era caprichoso y antojadizo, casi como se dice que son muchas embarazadas. No son pocos, en fin, los que creen que en la epilepsia habría que situar también la raíz de su desorbitado misticismo.
Continuará.
Fotografía: Patio cordobés de la calle Isabel II