viernes, 18 de noviembre de 2011

Por qué la Iglesia





Amigos a los que aprecio y me aprecian me preguntan con afecto por qué escribo y siempre críticamente acerca del cristianismo y de la Iglesia Católica, siendo así que, según ellos, y yo también lo creo, todas las religiones vienen a ser más o menos lo mismo. Algunos de estos amigos son creyentes, creyentes pacíficos, aunque, sin duda, poco practicantes, y en su pregunta va implícito un velado reproche. Alguno, que me conoce pero no me estima, no vacila en acusarme de resentimiento.


Aunque hoy los templos católicos se encuentran prácticamente vacíos, la Iglesia conserva en España una influencia que no afecta sólo a sus fieles, sino al conjunto de la sociedad. Se trata de una influencia histórica que al día de hoy no responde a su implantanción real -escaso número de practicantes en relación con el número total de habitantes-, pero que apenas ha perdido efectividad y que, por ello, resulta especialmente lacerante.


Después de dos milenios de implantación, la Iglesia Católica no se ha limitado a transmitir sus dogmas, sus creencias, sino que nos los ha impuesto a todos con mano de hierro, a sangre y fuego. Y no sólo sus dogmas, ha impuesto su moral, sus costumbres, ha modelado nuestras conciencias imbuyéndonos el sentimiento de culpa que tan caro le resulta y tan práctico para ejercer su dominación.


En estos dos milenios, la Iglesia no se ha limitado a proclamar el supuesto mensaje del que ella llama su fundador, sino que ha modelado nuestras mentes, hasta el punto de que al día de hoy y en este país los ateos lo son, en su imensa mayoría, respecto al Dios católico. La práctica totalidad de los españoles hemos sido bautizados nada más venir a este mundo, sin contar, por tanto, con nuestra opinión. Del mismo modo, hemos sido obligados a aprender el catecismo, con severos castigos para los que no conseguían memorizar sus preceptos, a hacer la primera comunión, a casarnos en uno de sus templos y ante uno de sus sacerdotes. Por obligarnos, incluso a morir y a ser enterrados según sus normas nos ha venido obligando hasta hace dos días.


Llevamos nombres cristianos, las calles de nuestras ciudades aparecen rotuladas con el nombre de vírgenes, de santos, de beatos. Empresas mercantiles, hospitales, colegios, instituciones del más variado pelaje llevan este tipo de nombres. Las fiestas, en fin, que celebramos creyentes y no creyentes, son fiestas católicas en su práctica totalidad, lo mismo que los festejos patronales de nuestros pueblos o las romerías.


En España, la presencia de la Iglesia en los medios de comunicación es más que notable, tanto directamente, a través de la Conferencia Episcopal, como indirectamente, mediante sectas como el Opus Dei, los Legionarios de Cristo o los célebres Quicos.


En la actualidad, la Iglesia Católica recibe anualmente del Estado Español la fabulosa cantidad de diez mil millones de euros. Se trata, no hace falta decirlo, de un dinero procedente de los impuestos que satisfacen por igual tanto los creyentes como los no creyentes y al que, a pesar de la crisis galopante, la Iglesia no renuncia ni en un euro. Se da la asombrosa paradoja de que el Estado, es decir, todos los españoles abonamos el sueldo de unos profesores que son contratados y despedidos por la propia Iglesia, siguiendo criterios que ella establece en exclusiva.


Y esto no es todo. Cada vez que le parece oportuno, la Iglesia Católica entra en política, y no limitándose a expresar su opinión sobre asuntos más o menos de su incumbencia, cosa a la que tiene pleno derecho, como cualquier otro ente, sino mostrando su apoyo explícito a determinadas formaciones. Mañana, veinte de noviembre, se celebran en España elecciones al Congreso y al Senado. Pues bien, desde hace más de dos meses, obispos y sacerdotes vienen no sólo pidiendo, exigiendo el voto a sus seguidores. No lo exigen para partidos que proclaman la igualdad, el apoyo a los débiles, a los necesitados, hacia los que se inclinaba el que la Iglesia llama su fundador, como se cuenta en los evangelios, sino para un concreto partido de derechas, cuya política no se define precisamente como muy igualitaria.


Para no ser su reino de este mundo, como aseguraba el pretendido fundador, es evidente que la Iglesia muestra una actitud cuanto menos desconcertante. De manera que, con todo este bagaje, díganme, amigos, si hay o no razones para someter a la Iglesia Católica a las mismas críticas a las que sometemos a cualquier otra institución social o política de las que operan a nuestro alrededor. ¿O es que, por ventura, la Iglesia cuenta con algún tipo de salvoconducto que le permite actuar como le place en la más completa impunidad?


9 comentarios:

Josefo el Apóstata dijo...

Es una "foto" muy realista la que has descrito en esta entrada. Todo lo dicho es cierto, comprobable y carente de exageración alguna. lo verdaderamente extraño es como siendo una realidad tan aplastante, pasa tan "desapercibida" para la mayoría de la gente, incluso para mucha gente de izquierdas.

Con tu permiso voy a enviarle tu entrada a una muy buena amiga que me decía, con preocupación, que me veía muy obsesionado con la Iglesia Católica. Estoy seguro que estará del todo de acuerdo con el texto, pero también, y esto es lo extraño, no le parecerán suficientes motivos y argumentos para justificar o comprender mi beligerancia contra esta Institución y contra los que la sostienen y protegen.

Gracias por tus textos Molón, son muy buenos.
Y disfruta del estupendo sitio donde estás y de la estupenda compañía. Un abrazo anticlerical

Molón Suave dijo...

No sólo pasa la Iglesia desapercibidad, en el sentido que señalas, para la gente de izquierda, sino que cuando gobiernan no dejan de apoyarla. Ni siquiera digo que se pongan beligerantes con ella, que es lo que deberían de hacer, sino que la apoyan. Por ejemplo, nunca en la historia de la democracia ha trincado (trincado es el verbo exacto) tanto dinero como con Zapatero, al que, no obstante, detestan. Otro ejemplo: ver Canal Sur, la TV pública de Andalucía, da verdadero bochorno. Aquí lleva el PSOE gobernando treinta años, pues bien, no hay romería, fiesta patronal, procesión mariana que no sea retransmitida ampliamente por la cadenita. En Semana Santa la cosa adquiere caracteres de epopeya. No digo yo que, si se considera interesante por causa del turismo, se den noticias, reportajes o lo que sea de estos eventos. Pero tanto tiempo y, peor aún, la untuosidad con que restransmiten los presentadores, causan verdadero estupor, cuando no también asco. En estos treinta años no sólo se ha mantenido el "fervor" del "pueblo" andaluz, sino que gracias a esta propaganda se ha fortalecido y de qué manera. Otro ejemplo más: había que ver hasta las últimas elecciones a los concejales de Izquierda Unida del Ayuntamiento de Córdoba e incluso a la alcaldesa, presidir las procesiones, cualquier procesión, con su correspondiente vara de mando junto al obispo, el cura correspondiente y el resto de las fuerzas vivas, exactamente igual que en los mejores tiempos del franquismo. ¿Y ahora se extrañan de que el PP vaya a conseguir dentro de unas horas gobernar prácticamente en toda España, gobierno central, ayuntanmientos y comunidades?
Por supuesto, Josefo, pasa la entrada o utilízala para lo que te parezca. Yo encantado de que la difundas, incluso sin nombrar la fuente. Escribo para eso, lo hago como el que arroja al mar una botella con un mensaje, con la esperanza de que alguien, en algún lugar remoto, lo lea y se dé por aludido. En cuanto a tu amiga, lo más probable es que ocurra como tu dices. Pero ella no es culpable del todo: el lavado infantil de cerebro que nos pagaron fue tan intenso que no es fácil recuperarse.
Pues, sí, estoy disfrutando. Ahora llevamos dos días de lluvia, pero hace una temperatura excelente y mucho sol, fíjate que, a mediodía comemos en la terraza, algunos días incluso echando un poco el toldo porque el sol aprieta demasiado. Esta tarde, a partir de las ocho, voy a dejar de sentirme tan bien, seguro. Acabo de ver tu entrada en el Anticlerical: ¡la que se nos viene encima! Como no nos armemos de un buen bote de vaselina yo no sé como lo vamos a soportar. Un abrazo

Paco Muñoz dijo...

Estimado Rafael, quiero manifestarte, y espero que no se me vea el plumero del que te aprecia, que tus escritos son tremendamente críticos, pero mucho más respetuosos. Al pan pan y al vino vino. No se pueden tachar en ningún momento de escritos de un resentido, por lo menos desde mi punto de vista, bien es cierto que coincido plenamente con muchos de los criterios que expones, y otros que desconozco los aprendo, teniendo en cuenta el conocimiento en profundidad de la materia que tienes. La ceguera que tienen muchas personas buenas, la considero temor enquistado a sangre y fuego desde la tierna infancia, y son incapaces de pensar con libertad. Lo que has dicho en esta entrada ya te lo dice Josefo, es la pura realidad, bien y exquisitamente descrita, para no perder la costumbre, y muchos, y al pluralizar me refiero a mi mujer y a mí, estamos, primero esperándolo con interés y luego es motivo de comentario: -Paco, has leído lo último de Molón… -me dice Conchi, pensando que no lo he leído y coincidimos casi en todo. Leemos otros escritos de compañeros a los que apreciamos también, pero en ocasiones no compartimos la forma. No podemos sin embargo, y esto te lo digo directamente a ti, que a todos les caiga bien lo que escribimos. Si en todo lo que tocamos dejamos nuestra huella en lo que escribimos también, y la tuya es muy correcta.
Bienvenido y espero que nuestra satisfacción no sea a costa de los beneficios para la salud de tu compañera Lola -al poner mi comentario es comprobado que sigues fuera, mejor-. Un abrazo muy fuerte.

Molón Suave dijo...

Paco: muchas gracias por tus comentarios. Eres muy amable. Procuro ser crítico, pero con buenos modales, porque creo que es la mejor forma de llegar a las personas. Creo que cuando se nos habla con suavidad estamos más predipuestos a escuchar y, por tanto, a dialogar, que cuando se habla a voces y con exhabruptos. Y estoy muy de acuerdo contigo en que no es posible estar siempre de acuerdo, incluso no es deseable. Creo que lo importante es el intercambio de pareceres con honradez, es decir, diciendo lo que se piensa, buscando la verdad por encima del interés. Resulta repugnante ver esas tertulias televisivas donde te das perfectamente cuenta de que los tipos no están diciendo lo que sienten, sino lo que deben decir en cada momento.
Sí, sigo aquí, espero estar hasta finales de enero. A Lola le va bien hasta ahora, aunque los últimos tres días ha llovido mucho, pero mucho, cosa extraordinaria, y a ella los cambios de tiempo le sientan fatal. Supongo que a Conchi le pasará algo parecido. Espero y deseo que se encuentre mejor. Un abrazo

Lansky dijo...

Molón:

No. Lo politicamente correcto a menudo es incorrecto. los comaches llegaron a la zona de las praderas del Sur y Rió Grande casi a la evz que los españoles de Nuevop México, arrebántandoles la tierra a navajos y apaches que estaban antes. En cualquier caso, me parece anecdótico tu reproche a un simple simil

(borra esto que ya lo he colgado en mi blog)

azotacuras dijo...

Tal vez tengamos todos un poco la culpa de la existencia de tantos privilegios. Quizás hemos sido, y somos, demasiados respetuosos con el contrario. Lo que es seguro es que somos mucho más, respetuosos y tolerantes, que ellos. Tal vez deberíamos tratarlos como ellos nos tratan. En fín, que estoy un poco hasta los cojones de esa gentuza, y más con lo que se nos viene encima.

Por otro lado comentarte que el artículo me parece excelentemente fundado y explicado, pero ni aún así lo van a entender cierta gente.

Recuerdos a la socia y que vaya bien.

Lisístrata dijo...

Nada que añadir, todo perfecto hasta en los comentarios. capturado enlace y difundido, por si sirviera de provecho, por si esa botella la encontrase alguien con sed de conocimiento.

Un abrazo,y a los demás por extensión.

Molón Suave dijo...

Azotacuras: Somos demasiado respetuosos, sin duda, en eso también les ganamos. Leyendo lo que ha dicho Rouco y el inefable monseñor Camino a propósito de la victoria del pepe tengo para mí que, en lo referente al tema eclesial, vamos a volver a la épóca más sombría del franquismo. Uno de los errores de Zapatero, a mi juicio, ha sido tratarlos con tanta dulzura y pasarle tanta pasta como les ha pasado (el que más en toda la democracia), como si bastara con ello para taparles la boca. El buen hombre no se dio cuenta o no quiso hacerlo de que esta gente es insaciable y lo quiere todo, pero todo, todo.
Un abrazo. Y recuerdos a tu socia y de mi socia.

Molón Suave dijo...

Lisís: Gracias Lisis. Lola y yo te recordamos y hablamos de ti con frecuencia. Por cierto, vimos las fotos. No contesté tu correo porque tengo una conexión miserríma (el presupuesto no da para más) y tengo que aprovecharla con cuidado.
Un abrazo.