miércoles, 31 de agosto de 2011

Siete mil



¿No constituye la exageración una de las ramas de la mentira? Magnificar un dato extrayéndolo de su contexto y dándole un carácter exhorbitante y único sabiendo plenamente lo que se hace, ¿no es una forma, quizás la más cobarde, de adulterar la verdad?

Siete mil. Durante las últimas jornadas de la juventud católica celebradas en Madrid ha corrido por entre la masa de asistentes una especie de folleto -mejor sería llamarlo panfleto-, al parecer editado por el arzobispado madrileño, en el que se dice que durante la penúltima república española -la última está por llegar-, se produjo la mayor persecución religiosa de la historia contra la Iglesia. Y da un dato, escalofriante: siete mil sacerdotes asesinados por los perseguidores.

Dicho así, suena espantoso, el efecto, sin duda, que los autores del folleto pretendían producir sobre los miles de jóvenes extranjeros que desconocen la historia de España referida a aquellos trágicos años. Pero, dicho así no es que suene, es que constituye una burda manipulación de la verdad o, lo que viene a ser lo mismo, una solemne mentira.

No voy a discutir la veracidad de las cifras. La Iglesia, sin duda, tuvo oportunidad de contar fielmente a sus muertos, cosa que, todavía hoy, los historiadores no han podido hacer con los muertos producidos por la represión franquista, porque un gran número de ellos no fueron registrados o bien se anotó su fallecimiento como muerte natural.

Ahora bien, dejando la cifra aparte, lo que el autor o los autores del citado folleto dan de lado en primer lugar es el contexto en que tales asesinatos de eclesiásticos tuvieron lugar o, mejor, la historia que había detrás hasta el momento en que se produjeron. Ni en este folleto ni nunca se ha preguntado la Iglesia cuál pudo ser la causa de la aparición y desarrollo de un odio tan profundo contra ella como el que debió producirse para llegar a semejante matanza. A la Iglesia no le agradan los contextos salvo cuando le resultan favorables. Bien recordamos a Juan Pablo II pidiendo perdón por los desmanes de la Inquisición, pero recordando, al mismo tiempo, a modo de excusa, que la tortura, a la que tan aficionados fueron los frailes inquisidores, era práctica habitual en la época también por parte de los poderes civiles. La Iglesia ha hablado muchas veces de la infiltración en las débiles mentes obreras de ideologías perturbadoras y dañinas, como el marxismo o el anarquismo, pero ni en este folleto ni nunca ha hecho la menor referencia a su apego como institución a las clases económicamente poderosas en detrimento de las débiles, de manera especial en España a lo largo del siglo XIX y primer tercio del XX, ni a su condena de todo cuanto oliera a asociacionismo obrero que no estuviera patrocinado por ella, ni a su apoyo al golpe militar del dieciocho de julio bastante antes de que se produjera, por poner sólo algunos ejemplos.

Tampoco menciona el folleto a los curas asesinados por los franquistas, bien por permanecer al lado de la república, como fue el caso de los sacerdotes vascos cercanos al Partido Nacionalista Vasco, bien por defender de algún modo a los republicanos ante las matanzas que los franquistas desplegaban a su paso, como ocurrió con más de un párroco de, por ejemplo, la provincia de Badajoz. Según la Iglesia, estos últimos curas actuaban poseídos por el marxismo y estaba más que bien que los liquidaran. Todavía hoy, ni unos ni otros cuentan como asesinados para la Iglesia.

Mucho menos habla el mencionado folleto de los numerosos curas que pistolón en mano se aprestaban a participar en la represión franquista. Famoso fue el reverendo Juan Galán Bermejo, párroco de Zafra, quien, sin despojarse de su sotana, llevó a cabo personalmente más de 700 asesinatos, fusilamientos siguen llamándolos algunos. Todavía no hemos tenido tiempo de legislar cómo y de qué manera será exterminado el marxismo en España -declaraba este individuo a un periodista de la agencia francesa Havas, hoy France-Presse-. Por esta razón todos los procedimientos de exterminio de esas ratas son buenos, y Dios en su inmenso poder y sabiduría los aplaude.

Pero lo que lo que más llama la atención en este folleto es el concepto de persecución que todavía hoy, tanto tiempo después, sigue manejando la Iglesia. Para recibir el nombre de tal, una persecución como esta de la que la Iglesia dice ser víctima, no se produce de la noche a la mañana, requiere, en primer lugar, de un poder con el propósito de llevarla a cabo y, a continuación, organización, medios, escenificación y publicidad, es decir, órdenes, edictos, normas, etc. Todos los historiadores no venales, que son la mayoría, están más que de acuerdo en que nada de esto se produjo. Las cifras de muertos pueden variar de unos a otros, pero todos coinciden en que lo que se produjo fue un estallido popular contra todos aquellos, no sólo curas, que las clases trabajadoras sentían como sus explotadores, un estallido, por otra parte, todo lo condenable que se quiera, pero que sólo vino a durar alrededor de unos tres meses, el tiempo que el gobierno de la República tardó en poner orden en el territorio que dominaba.

La Iglesia, mejor que nadie, conoce a la perfección la totalidad de estos extremos, por qué lo calla, por qué sigue y sigue manipulando la verdad, por qué sigue mintiendo.

6 comentarios:

Alfonso dijo...

En principio es asquerosamente tendencioso el querer aprovechar y distribuir un panfleto entre la masa de peregrinos, la gran mayoría extranjeros, donde denuncian los crímenes contra miembros de la iglesia a más de 75 años vista de aquellos sucesos. No tiene otro objetivo que la perversa idea de presentar ante esa masa de fuera lo peligrosos que son ciertos españoles que aun se empeñan en vivir sin dioses.

No sabía que tal cosa se ha dado y me indigna por lo torticero de la intención.

Y es como tú dices, Molón. Yo soy de un pueblo de la provincia de Badajoz por donde pasó la "columna de la muerte" mandada por el entonces teniente coronel Yagüe y los comandantes Asensio y Castejón, que, antes de que llegaran moros y legionarios empezó a recibir las oleadas de gentes que venían huyendo que tenían familiares ya represaliados y muertos, que lo primero que hacían era dirigirse a las cárceles donde estaban encerrados preventivamente gentes de ultraderecha para vengarse en ellos. El Comité Antifascista no pudo evitar que la turba cegada por el dolor, el odio y la venganza eliminaran a 28 individuos entre caciques y empresarios, pero cuando entraron los nacionales se cargaron a más de 400 personas, muchas de ellas mujeres sin ninguna significación política, sólo porque lo eran de maridos que votaron a las izquierdas.

Lo que la iglesia no quiere entender es que muchos de sus muertos lo fueron a manos de grupos de exaltados incontrolados, fuera de cualquier jurisdicción administrativa. Sin embargo la represión nacional se hizo friamente, con método, a instancias de los poderes públicos establecidos. Como sabéis, acabada la guerra aun se siguió fusilando a decenas de miles de personas durante varios años. Esa fue la gran diferencia.

¿Cuando el ejército republicano cañoneó o bombardeó a civiles? Nunca. Teruel fue tomado después de que los soldados republicanos desalojasen exquisitamente a la población civil. Sin embargo al ejercito franquista jamás le tembló el pulso cuando tuvo que emplearse a fondo por tierra, mar y aire contra los indefensos civiles.

Así que no vayan llorando ni se hagan las víctimas porque no cuela. Aquí no, pero a la borregada venida de fuera seguro que quedaron impresionados y con eso acrecentaron su fe al ver que España es tierra de "santos mártires".

Maldita y canalla clerigalla. Profesionales del embuste y el embaucamiento.

Lansky dijo...

Poco (o mucho, pero sólo en el detalle) se puede añadir a lo que dices, Molón, pero me gustaría incluir dos divagaciones mías: primera, que desde los primeros días del cristianismo infiltrado en el Imperio Romano la jerarquía aprendió de la utilidad de utilizar ‘mártires’. Coda: entre un león y un mártir, yo siempre me pongo de parte del león, entre una bruja y su inquisidor, con la bruja. Segunda, la represión franquista fue asunto organizado e institucionalizado por los rebeldes, como el exterminio judío por los nazis, pero la quema de iglesias y los lamentables asesinatos de curas por desordenadas masas del pueblo no fue alentado por la República, aunque sí por algunos de sus partidarios ¿Por qué eran tan odiados los eclesiásticos por el pueblo desmandado?, Pregunta algo retórica, lo confieso y me respondo, porque eran percibidos, como bien dices, como claros partidarios de los poderosos

Lansky dijo...

No sé si se entiende mis alusiones a leones, brujas, mártires e inquisidores. Un león ataca por instinto, un inquisidor lo hace por maldad institucional y elaborada, de ahí que em ponga de parte de felinos y brujas, aunque unos parezcan verdugos y otras víctimas.

Molón Suave dijo...

Alfonso: Aquella columna que salió de Sevilla camino de Extremadura actuó de una manera horripilante y perfectamente programada. Se habla mucho de Gernika, pero casi nadie recuerda la matanza de la plaza de toros de Badajoz ni los sanguinarios bombardeos que, desde el mar, padeció Almería, ni el ametrallamiento desde el aire de los fugitivos de Málaga en la carretera que los llevaba a Almería. Esta forma de actuar, arrancando las malas hierbas, estaba prevista desde antes del golpe militar, no hay más que leer a Mola, cuyo lenguaje ya es aterrador, independientemente de lo que dice.
Franco no dejó de fusilar nunca. Acuérdate de las últimas penas de muerte, poco antes de su desaparición. Jamás quiso saber nada de paz. No perdonó (si es que no resulta bochornosa esta palabra) a los vencidos, los estuvo machacando hasta el final del régimen. Tengo bastantes historias al respecto, no personales, porque mi padre hizo la guerra con los nacionales (algún día lo contaré), pero sí de gente muy cercana, historias que se remontan nada menos que alos años setenta. Y la Iglesia era cómplice activa de esta situación. Y todo esto lo callan, como los verdaderos miserables que son. Terrible fue lo que ocurrió en la guerra. Pero infinitamente más terrible fue lo que vino después. En fin, para qué contarte,si somos prácticamente de la misma quinta.

Lansky:
1.- Por supuesto, yo también, como tú, siempre estaré de parte del león, aunque hubo un tiempo, deleznable, en que hasta me convencieron que había que estar con el "mártir". Exactamente lo mismo me pasa con las brujas. No les tengo cierta inquina por eso, sino porque me permanecen impertérritos en el sostenella y no enmendalla y tratando de hacernos comulgar, ¡comulgar!, con ruedas de molino.
La quema de las Iglesias fue una reacción popular, eso parece claro. Pero, en muchos sitios, grupos de derechas fueron intigadores, si es que no los actores primeros, por ejemplo, Málaga, y en otros sitios, los gobernadores se hicieron los locos y desistieron de mantener el orden, sin duda, por los politiqueos propios de los políticos. Pero no hubo nada programado, como, a mi parecer, sería necesario para hablar de persecución, programa que sí que tuvieron los del otro bando para exterminar todo lo que oliera a marxismo o lo que a ellos les parecía que era marximos. Por ejemplo, los franquistas mataban al marxista, a su mujer, a sus hijos y hasta a sus amigos. Ahora bien, ¿se sabe de la muerte de alguna barragana de los curas que fueron asesinados, de la sobrina, hermana o tía que los cuidaba? Suena a pitorreo, pero hablo en serio. Es tan miserable la postura eclesiástica que yo me pregunto cómo es que aún tiene seguidores en este país.

Paco Muñoz dijo...

Yo también estoy de parte del león, toda vez que estos mártires eran otros engañados que iban gustosos a que se los comiera el gran felino. Hace un rato le he dicho a un amigo referido al asunto que Gabilondo tan bien describe de la pérdida de la dignidad democrática, que desde que un meapilas fue primer ministro de Polonia, y un polaco alcanzó el trono de San Pedro, no existe nada a la caída de los Montes Urales hacia el este. Entonces han resucitado su “cruzada”. En Córdoba, un concejal elegido a dedo, se permite alabar a la división nazi de españoles –muchos fueron voluntarios a la fuerza, otros eran fascistas simplemente-. La “espe” acabando con la educación pública en Madrid, la derecha catalana con la sanidad, y el resto de “compis rajonyanos” de la primera, haciendo de las suyas, y la jerarquía católica resucitando la inquisición, esto tiene muy mal cariz. Son embusteros, falsos y sinvergüenzas, hipócritas e indignos, y algunos hasta criminales, por lo que yo me pregunto también lo que tu Molón haces en el último párrafo de tu comentario “¿Cómo es que tienen aún seguidores en este país?.”

Molón Suave dijo...

Vivimos tiempos bien oscuros, Paco, y no sólo por la crisis. En España más aún. Lo del concejal del Ayuntamiento es para subierse por las paredes. En Alemania, el tío estaría ante el juez y, probablemente, acabaría en la cárcel. Pero claro, allí el nazismo acabó en derrota, aquí, en cambio, no todos sabemos lo que ocurrió. Alguna culpa de lo que pasa tenemos los votantes, no sólo de España, sino de toda Europa. Desde hace años nos hemos vuelto todos la mar de conservadores. Yo me pregunto adónde fueron a parar las ilusiones del sesenta y ocho. Y tienes razón, en la URSS se viviría fatal, pero fue caer el muro de Berlín y aquí el capitalismo triunfante dijo: se acabó, hemos vencido, al carajo con tanta consideración con el currante. Y ahí vamos, camino de la esclavitud a toda pastilla. No quiero imaginar cómo va a acabar esto, pero me parece que bien no.