viernes, 12 de agosto de 2011

Quo vadis, Ratzinger






¿Adónde vas, Ratzinger?. En los primeros días del pasado mes de junio visitaste Croacia, país de larga tradición católica, como tú bien te encargaste de precisar en tu visita.



Hasta 1992, Croacia era una de las repúblicas que formaban el Estado de Yugoslavia; desde este año es un país independiente.



En 1941, con la entrada del ejército alemán, Croacia se convirtió en un estado satélite de los nazis, con el ferviente católico Ante Pavic como jefe del mismo. Gran admirador de Hitler y seguidor de su ideología, Pavic había fundado la Ustasha, organización militar destinada en principio a luchar contra el ejército yugoslavo, que durante algún tiempo defendió su territorio de la invasión nazi con uñas y dientes.



En este año de 1941 era arzobispo de Zagreb Alojzije Stepinac, controvertido personaje que no dudó en colaborar con las nuevas autoridades, como aseguran actualmente la mayoría de los historiadores y los numerosos testimonios, principalmente gráficos, que existen. Por lo pronto, el arzobispo Stepinac se convirtió en Vicario General de la Ustasha, entre cuyos miembros, los ustashi, había numerosos sacerdotes y frailes, mayoritariamente franciscanos, que, con la indudable anuencia de Stepinac, cambiaron los hábitos por los fusiles.



Una vez dominado el país por los alemanes, la tarea que Ante Pavic adjudicó a los ustashi fue la de perseguir y capturar a los muy numerosos judíos, gitanos y serbios, estos últimos cristianos ortodoxos, que por entonces vivían en Croacia. Se crearon varios campos de concentración, el más tristemente famoso de los cuales fue el de Jasenovac, a cuyo frente estuvo el fraile franciscano Miroslav Filipovic Majstrovic, que pasó a la historia con el sobrenombre de el Hermano Satán. Con los judíos y con los gitanos no tuvieron piedad. Con los serbios tampoco, pero a estos le dieron a elegir: o conversión al catolicismo o muerte bajo crueles torturas. Entre doscientas mil y trescientas mil personas fueron asesinadas por estos fanáticos católicos durante el dominio de los nazis.



Terminada la guerra, el arzobispo Stepinac fue juzgado por el nuevo Estado del mariscal Tito y condenado por sus evidentes actividades criminales a dieciséis años de cárcel, de los cuales cumplió sólo cinco, al final de los cuales se le dio la a escoger entre su salida del país o su reclusión en su parroquia natal. El arzobispo escogió retirarse a su parroquia. A pesar de este retiro, Pío XII lo nombró cardenal en 1958, con gran escándalo del mundo. Murió en 1960 y en 1998 Juan Pablo II, cómo no, lo elevó a los altares con la categoría de beato. Ante Pavic tuvo más suerte. Consiguió huir a la Argentina con la ayuda del Vaticano y cuando fue descubierto en este país huyó de nuevo, en esta ocasión a la España de Franco, en donde vivió tan ricamente hasta su muerte en 1958.



Tú, Ratzinger eres un fino intelectual y, como tal, no podías ignorar esta historia. Sin embargo, nada de esto mencionaste durante tu visita. Ni un gesto de compasión hacia las víctimas tuviste. En tus discursos, te dedicates a repetir la cantilena que vienes repitiendo desde tu coronación: defensa de la familia, naturalmente católica, que quieres hacer extensiva a todo el mundo; condena de la persecución del "éxito fácil de estilos vida que privilegian el aparentar y la tentación de las cosas materiales", que ya hay que tener cara para decir estas cosas viendo como de impecablemente vistes y calzas y dónde y cómo vives. No se te olvidó alabar "la contribución de los valores espirituales y morales que han plasmado durante siglos la vida cotidiana y la identidad personal y nacional" de los croatas. Y, en el colmo de los colmos, te atreviste a realizar una visita a la tumba del cardenal Stepinac y a rezar arrodillado ante ella. ¿Qué rezaste, Ratzinger? ¿Qué pensaste ante el mausoleo de semejante elemento?



Ahora te propones visitar España con la coartada de presidir las Jornadas Mundiales de la Juventud, un acontecimiento de cuya falsedad da cuenta ya el propio título, pues, en realidad, no se trata de la juventud en abstracto, es decir, de toda la juventud del mundo, sino, exclusivamente de la juventud católica, circunstancia que sibilinamente ocultáis, fácil es imaginar por qué. En efecto, aunque lo desearan, en las tales jornadas no podrían participar los jóvenes ateos, ni los que hacen vida prematrimonial, ni los que usan preservativos, ni los divorciados, ni los homosexuales, ni las lesbianas, etc. etc. Tú mismo te has hinchado de condenarlos una y otra vez en tus discursos. A los que no has condenado nunca y todavía estamos esperando que los pongas en manos de la justicia es a los clérigos pederastas. Seguro que en Madrid habrá más de uno cerquita, bien cerquita de los jóvenes.



Adónde vas, Ratzinger. Cuando vengas a Madrid, déjate de pamplinas, aprovecha la ocasión, coge del brazo a su eminencia el cardenal Rouco Varela, acercate al Valle de los Caídos y reza también ante la tumba del Caudillo. Estaba en la misma honda que Ante Pavic y que Alojzije Stepinac, en vuestra honda. Quién sabe, a lo mejor hasta eres capaz de subirlo a los altares. Es lo menos que el pueblo español espera de un papa como tú. Todo lo demás acerca del divorcio, del laicismo, del relativismo, del olvido de Dios, del individualismo y hasta de las raíces cristianas de Europa lo tenemos ya más que sabido.

7 comentarios:

Josefo el Apóstata dijo...

Al 16 no le ha hecho falta santificar a Franco, ya están sus restos y su memoria suficientemente altos, le ha bastado con hacer santo a Jose María Escribá de Balaguer, un franquista de pro.

Molón Suave dijo...

Si no recuerdo mal, Josefo, a don Escrivá lo hizo santo el inmenso Juan Pablo II, el mayor hacedor de santos de la historia. De manera que este bien podría hacer a Franco. NO me negarás que sería un fantástico golpe de efecto y una operación propagandística de primer orden para la Iglesia

Paco Muñoz dijo...

Que poca vergüenza hay que tener. Creo yo que este individuo tenía un pasado nazi, me parece haberlo visto vestido de soldado alemán, claro todos los soldados no debían ser nazis. Pero nada más que con la oficina que llevaba antes de ascender, el equivalente de la Inquisición, tiene más que suficiente.
La santidad para el general bajito sería operación y guiño para los fachas ¿Pero tendría semejante desfachatez?

Josefo el Apóstata dijo...

No te lo discuto, sería el polaco...

Molón Suave dijo...

Paco: Ratzinger perteneció a las juventudes hitlerianas. Él y sus pelotas dicen que en aquella época prácticamente todos los muchachuelos tenían que serlo. Algo así como lo que pasó aquí con la Falange. Pero eso no es totalmente verdad. Hubo grupos de jóvenes católicos que trabajaron en la clandestinidad para socavar el régimen nazi. Hace muy poco pusieron una buena película en la tele que trataba este tema, basada en un hecho real. Con mi proverbial mala memoria no recuerdo su título, pero con ella se desmiente la pretendida justificación del Bendito.

Lansky dijo...

¿Que dónde va? Pues a Madrid, y eso que no hay una exposición canina (lo digo por el Pator Alemán)

Molón Suave dijo...

Lansky: A Madrid, sí. Y de Madrid, al cielo, ¿adónde si no?
Por cierto, preciosas tus fotografías norteñas, tan hermosas como los rincones que has retratado.