miércoles, 17 de agosto de 2011

Normas de urbanidad





En el año 1957 ingresé en el seminario, como ya he dicho por aquí, dispuesto, pobre de mí, a ser sacerdote. Entre los libros de texto que nos dieron había uno publicado poco antes por un padre de la Compañía de Jesús, así figura en la portada, sin que aparezca nombre alguno, con el título de Normas de Urbanidad, y la coletilla: Para uso privado de religiosos jóvenes y seminaristas. Esta mañana, reordenando papeles en casa, en dado con él.


El librito, de sesenta y tres páginas en octavo, reúne 372 puntos divididos en tres apartados: En el comedor, trato y modo de ser. Casi todos los puntos resultan memorables. Yo me he entretenido en marcar algunos que creo merece la pena señalar. Conviene recordar antes de nada que, casi veinte años después de concluida la guerra civil, en España seguía habiendo hambre, mucha hambre, y mugre y miseria. Al dictar las normas de conducta que debían de guiarnos, el librito da cuenta puntual de esta situación. Véase:


Punto 206.- Soportar con disimulo las pulgas, etc. que, a veces, se cogen en sitios públicos. No dedicarse a cazarlas delante de los demás.


Punto 274.- Si estando en una casa me veo una chinche, etc., disimular, y si no es posible, excusar a la señora diciendo que vengo de la calle, que quizás en el tranvía, etc.


En este ambiente de chinches y de pulgas, sorprenden algunos puntos referidos a nuestro comportamiento en el comedor, principalmente en casa ajena, que nos permiten imaginar los círculos que frecuentaría el autor.


Punto 47.- Al terminar un plato, no retirarlo, sino esperar que lo quite el sirviente, dejando sobre él el cubierto usado. El sirviente quita el plato por la derecha y lo pone por la izquierda.


Punto 64.- Las distintas clases de vinos se sirven en copas adecuadas (Cognac, Jerez, Champagne, vino de mesa, etc.... El orden de lo vinos suele ser el siguiente: Durante la comida, vino de mesa, blanco o tinto. Antes de los postres, Champgne, Jerez, Málaga, Oporto, etc. Con el café, Cognac y otros licores.


Punto 98.- Es muy frecuente que al poner el sirviente el plato de postre, haya sobre él un lavafrutas. En este caso debo retirarlo y ponerlo delante.


Referidos también al comedor, hay algunos puntos sublimes, como los siguientes:


Punto 93.- Los dientes no se limpian con los dedos. Para eso está el palillo. Los dedos no se meten en la boca para nada.


Punto 115.- No limpiarse los dedos con el mantel. ¡Para eso está la servilleta!


Punto 123.- Las expresiones "¿Vd gusta?" y "Que aproveche" no se usan entre gente distinguida. Pero la prudencia dirá si, a pesar de eso, debo decirlas por considerarse de buena educación en el ambiente que me rodea.


Dentro de ester mismo apartado hay un subapartado dedicado al aseo. He aquí algunos de sus puntos.


Punto 162.- La frecuencia con que deben cambiarse los calcetines y lavarse los pies depende de las personas. Quizás sea necesario hacerlo diariamente, o cada dos días.


Punto 163.- Ducharse al menos una vez por semana. Y mejor todos los días, sobre todo en verano. Quien no se ducha a menudo -aunque él no se huela- olerá para los demás, y este olor no es precisamente agradable. ¡Cuántos penitentes huyen del confesionario por culpa de los malos olores!


Punto 165.- Tener cuidado de no llevar rotos visibles en los calcetines


Punto 170.- Antes de ir al dentista lavarse muy bien los dientes


Punto 189.- El pañuelo siempre muy limpio. Si es necesario se llevan dos. ¡Que pañuelos se ven a veces!


En cuanto al Trato y Modo de ser, he aquí algunos de sus puntos.


Punto 263.- Si nos alojamos en un hotel, hay que saber, entre otras cosas que: Si no dan norma en contrario, al abandonar el hotel se da propina a la camarera, al sirviente del comedor y al botones, si se ha utilizado mucho. Una propina razonable puede ser alrededor de dos duros, y mayor si se ha permanecido mucho tiempo.


Punto 294.- Es muy util conocer las graduaciones militares y marinas. ¡Uno preguntó si un brigada era más que un coronel!


Punto 309.- Al dar la mano a una señora, no apretar demasiado.


El libro es para transcribirlo entero y hasta para ponerlo en una exposicíón. Pero con esta muestra creo que es suficiente. Sólo añadiré que en los dos años que estuve en el seminario no me pusieron jamás pollo para comer, pero me enseñaron a trincharlo ¡pintándolo en una pizarra!

7 comentarios:

Paco Muñoz dijo...

Muy interesante Rafael, en casa teníamos un librito también de urbanidad, pero en este caso no era de orden interno. Me llama la atención que, una propina de dos duros era mucha propina, y además en un hotel, la indicación estaría dedicada a obispos o párrocos de altura, porque un seminarista...
Guárdalo como oro en paño.
Saludos.

Molón Suave dijo...

Sí, Paco, a mí también me ha parecido una barbaridad lo de los dos duros, que, por otra parte, no especifica si es para cada uno de los empleados o para todos. Este punto trae nueve apartados y se refiere a simples sacerdotes. De hecho, empieza diciendo: Ordinariamente el Sacerdote (con mayúscula en el original) cuando viaja, etc. Explica que hay que empezar informándose sobre la moralidad del hotel y luego da algunas recomendaciones prácticas, como la de la propina.
Lo guardaré, claro. En realidad, es el único que conservo de aquella época, no sé por qué.

Josefo el Apóstata dijo...

Yo nací el mismo año que tú entraste en el seminario y también recuerdo un libro de urbanidad pero, como dice Paco, más de puertas afuera, como ceder el asiento en el autobús y cosas por el estilo. Recuerdo una que decía que cuando ivas andando por una acera estrecha y venía una persona mayor que tú de frente, siempre tenías que pasar a su altura por el lado exterior de la acera. Durante un tiempo eso me obsesionó y en alguna ocasión acababa empujando al que venía de frente para no romper la regla. Es que era yo un niño muy obediente, jajaj

Paco Muñoz dijo...

Si Josefo pero es que yo sigo con esas normas. No me cuestan trabajo y al igual que las de circulación de vehículos son fundamentales para los peatones, y en algunas ocasiones algunos que viene por la acera contraria te fuerzan a bajar de la tuya con el riesgo añadido de que te puede dar un golpe un vehículo. Luego están aquellas que se diferencian poco con la cortesía, el respeto a los mayores (ceder asientos, ayudar, etc.), en el fondo son normas de convivencia, que diferencian a la gente de las personas (como decía Jerry Lewis en una película)

Josefo el Apóstata dijo...

Y yo también Paco. No vayas a pensar que soy un macarra de la convivencia...

Molón Suave dijo...

Josefo y Paco: Como bien dices, Paco, se trata de normas de convivencia. La de mi librito, al ser para religiosos jóvenes y futuros sacerdotes y, sobre todo, al estar escritas por un jesuita de la época son, en su inmensa mayoría, bastante chuscas y alejadas del entorno social en el que vivíamos la mayoría de los recién estrenados seminaristas. Yo, además, he procurado coger algunas de las más significativas. Pero incluso este libro tiene normas que, a mi parecer, se han perdido y no debieran haberlo hecho jamás. Os voy a poner sólo un par de puntos referidos al modo de ser, pero hay más.
337.- Todo el mundo tiene derecho a un par de singularidades. Seamos benévolos con ellas, pero procuremos no molestar nosotros con las nuestras.
347.- Es muy cómodo, cuando nos sale mal alguna cosa, ponernos de mal humor contra otro, como si fuera él quien tuviera la culpa por no haber hecho bien lo que estaba de su parte. ¡Nosotros, naturalmente, nunca tenemos la culpa de nada!
En este último punto veo yo hoy a montañas de gente, a todos aquellos -y hoy son legión- que se eximen de responsabilidad sea ante lo que sea echando de todo la culpa a otro, principalmente al gobierno. Creo que olvidar todas estas normas y haber renunciado a inculcárselas a nuestros hijos (hablo en general) supone un enorme retroceso que estamos pagando ya de diferentes modos.

Paco Muñoz dijo...

Ni mucho menos Josefo pienso eso, sobre todo leyéndote. Molón aclara la realidad, justifica que nada es blanco ni negro, que dentro de un texto semiarcaico haya cosas sensatas, como debe de ser y como es en todo. Yo voy a reiterar que las de convivencia en la calle, y las simples de cortesía, sobre todo cuando la persona a la que las aplicas -en el sentido bueno-, te dedica unas gracias, o una simple sonrisa por el "favor", yo por lo menos me siento satisfecho. Evidentemente cuando me lo hacen a mí que nunca olvido las gracias. Y si la persona contraria es joven mucho más satisfecho aún. No llegar desde luego a "tirar la capa pa que pisara al pasar" tipo Último Cuplé, pero si a no perder la referencia. Ah, y en el campo, forzar los buenos días o buenas tardes, del congénere con el que te cruzas en un descampado, para recordarle que somos de la misma especie.