martes, 7 de junio de 2011

Pío IX, de hombre a semidiós (IV)



¿Un místico?

Para sus hagiógrafos, Giovanni María Mastai-Ferretti, o Pío IX, pasa por ser uno de los grandes papas místicos de la historia, si no el mayor de todos.

¿Pero qué clase de místico fue, en qué, si lo hubo, se sustentaba su misticismo y cómo se ponía de manifiesto? Son muchos los testimonios que se pueden aportar al respecto, pero existe uno altamente significativo del Ministro de Obras Públicas de los Estados Pontificios, Marco Mingheti. El que, andando el tiempo se convertiría en Presidente del Gobierno de la Italia unificada, escribe poco después de la ascensión del nuevo pontífice al trono de Pedro: Una tarde, durante una sesión del Consejo de Ministros, el papa abrió de repente la ventana, porque había aparecido un cometa en el cielo, se arrodilló, nos hizo arrodillar a todos los presentes y rezó para poder apartar el azote que el cometa anunciaba fatalmente.

El bueno de Pío IX eran tan sumamente místico que veía signos que había que tomar muy en serio no sólo en la aparición de un cometa, sino en cosas como las figuras que las nubes formaban en el cielo, especialmente cuando, a su parecer, adoptaban la forma de una cruz. Clara de Montefalco (1268-1308), que había sido beatificada por Clemente XII en 1737 y sería canonizada en 1881 por León XIII, fue una monja visionaria cuyo cuerpo se mantiene incorrupto en la iglesia que lleva su nombre en Montefalco, pequeña población perteneciente a la diócesis de Spoleto. En cierta ocasión, siendo Mastai-Ferretti obispo de Spoleto, parece que el cadáver de la monja se movió, no se sabe cómo, y el futuro papa vio en aquel movimiento un augurio terrible para la Iglesia y para el mundo.

Con idéntico misticismo daba fe a las visiones y profecías de los prelados que formaban su corte, por lo que aquéllas se producían con una asiduidad como jamás se había conocido. Hasta ciertas monjas iluminadas, en especial una residente en Nápoles, ejercieron notable influencia en el casi sobrenatural misticismo del pontífice, lo mismo que influyeron y mucho los temores sufridos durante los sucesos de 1848, hasta el punto, según distintos testimonios, de alcanzar un carácter realmente enfermizo.

En su ascensión mística, el papa estaba convencido de haber sido llamado por Dios para llevar a cabo una acción trascendental sobre la Iglesia. En 1846, año en que comienza su pontificado, se produjo la célebre aparición de la Virgen a los niños pastores de quince y once años Melanie Calvat y Maximin Giraud, en La Salette, montañas alpinas de Saboya, y Pío IX aceptó de inmediato las profecías de la Virgen que, como siempre en estos casos, para no variar, anunciaba a la humanidad terribles desgracias, si no se arrepentía de sus pecados y hacía penitencia. A partir de estas apariciones y siempre dentro de su portentoso misticismo, Pío IX comenzó a hacer pública su opinión de la particular inspiración divina de los pontífices, hasta el punto de llegar a la infalibilidad, probablemente porque este término referido a los papas aparecía en el informe que, acerca de lo que les había contado la Virgen, le enviaron los pastorcillos saboyanos.

Poco después, en uno de sus arrebatos místicos, el mismo papa tuvo su propia visión, en la que la Virgen le confirmaba el don de su infalibilidad. Bastante tiempo después, el cinco de enero de 1870, a punto de iniciarse la guerra franco-prusiana, Giovanni Don Bosco, fundador de los Salesianos, que acabaría subiendo a los altares en 1934, recibió él también la visita de la Virgen. En esta ocasión, la Madre de Cristo, le anunció al insigne sacerdote que Prusia, entonces país protestante, se convertiría y que el papado y la Iglesia lograrían un gran triunfo (ninguna de estas dos profecías se cumplieron, pero esa es otra cuestión). La Virgen le comunicó también al sacerdote que había llegado el momento de elevar a dogma de fe la infalibilidad del papa y que éste debía declararlo aun con la oposición de toda la Iglesia. Como no podía ser menos, Pío IX, a quien Don Bosco comunicó de inmediato su visión, acogió con enorme entusiasmo el recado mariano. El informe de don Bosco no significó, sin embargo, para el pontífice más que una confirmación, pues, instalado enteramente en su nebulosa mística, hacía tiempo que se consideraba iluminado directamente por Dios y, en consencuencia, infalible.

Continuará


Nota.- Aunque parezca mentira, todos los datos de esta entrada están tomados de escritores católicos, cuya relación citaré al final de la serie.

Fotografía: Patio cordobés de la calle Duque de la Victoria

6 comentarios:

Alfonso dijo...

La infalibilidad es la excusa de los dictadores, tanto si son políticos como religiosos. Y más si este "don" deciden atribuirlo a una gracia de lo alto. Entonces ya no hay excusa ni controversia, siendo cualquier disidencia al respecto rechazada y reprimida.

Pío nono, un papa que mezclaba la fantasía con la superstición como herramientas del gobierno eclesiástico. Como han hecho todos en mayor o menor medida.

Saludos.

Molón Suave dijo...

Tienes razón, Alfonso, todos los dictadores se creen infalibles. Ahora bien el dogma de la infalibilidad va mucho más allá, como se refiere tanto a materias de fe como de costumbres, una vez instaurado por Pío IX, los papas sucesivos quedaron de tal modo amarrados que, aunque lo prentendan, no podrán introducir cambio alguno en la Iglesia, salvo aquellos que le sirvan para enroncarse cada día un poco más. Si un papa se declara contrario al divorcio,por ejemplo, este ya no podrá aceptarlo ninguno, etc. De ahí que a la Iglesia le resulte prácticamente imposible adaptarse a la vida actual, salvo en materia de pasta, donde los papas no acostumbran a sentar cátedra de nada.

Alfonso dijo...

De ahí que Benenito Dieciseisnabos se haya apresurado en corregir a su predecesor Juanpi II, por la ocurrencia que tuvo de decir que el infierno no eran un lugar físico sino un estado de conciencia, y alguna que otra disidente matización que se le ocurrió decir al polaco.

Por eso siempre me pareció una falacia las peticiones de perdón de los jerarcas eclesiásticos por los "errores" del pasado. De errores nada, eran muy conscientes de que aquellas ideas y actuaciones se encontraban dentro de la más rigurosa ortodoxia y así la siguen manteniendo. Pero como a la feligresía actual, más sensible y culta que la que hace 500 años, le rechina un poco tanto desmán es por lo que se descuelgan con lo de los "errores". Pero, aparte de eso, nada más. Menos, como tu dices, en lo tocante a la pasta, en ese sentido no hay nada que objetar.

Molón Suave dijo...

Es decir, que la infalibilidad se la pasan por el arco del triunfo cuando les viene bien. Este dogma proclamado por Pío IX no sólo le afecta a él y a los que tras el vinieron, sino, por definición, a todos, es decir, a los anteriores también. Sin embargo, Juan XXII, afirmaba textualmente que la infalibilidad era cosa del demonio. ¿Quién acierta? Es igual, siempre acierta el que tiene el mando y las ovejitas a balar y a obedecer. El perdón, ademas, lo piden con quinientos años de retraso. ¿A ver cuándo lo pediran por su condena de los homosexuales, por ejemplo? Pero la gente, aunque tenga ahora más información, sigue igual de ciega y, tal vez, de temerosa.

Anónimo dijo...

Todo esto es una memez porque cualquier persona con formación sabe perfectamente que la infabilidad papal no significa nada más que lo es para cosas exclusivas de Fe y Moral y además sujetas a condiciones muy explícitas:

Que sea algo explícito para siempre y toda la Iglesia

Que el Papa hable desde la Cátedra de San Pedro, es decir como maestro y Papa en toda su potestad.

Que tenga esa misma intención de dejar una enseñanza cerrada para siempre.

La inmensa mayoría de Papas no han hablado nunca sujetos a infabilidad.

La infabilidad se infiere necesariamente de las promesas claras de Jesús a Pedro y la Iglesia.

Además la infabilidad se define en forma negativa, es decir, hay una protección divina especial para que la Iglesia no enseñe ningún error en tema de moral o Fe.

la Iglesia podría estar llena de pecado, pero si alguna vez infaliblemente enseñase algo contrario a la Verdad entonces no sería "Iglesia" de Jesucristo, el Camino, la Verdad y la Vida. Además no se cumpliría la promesa de Jesús: "El Espíritu os guiará a toda verdad", ni las oraciones de Jesús tendrían valor: "Pedro, he rezado especialmente por tí, para que tu fe no decaiga".

"Y tu [Pedro] confirma en la fe a tus hermanos"

"La Iglesia del Dios vivo, Columna y Baluarte de la Verdad"

Todo eso es del Nuevo Testamento.

Hay montones de autores que se llaman "católicos" pero son unos progres resentidos, y escriben imbecilidades como ese escrito tratando de confundir a los sencillos y a los que no tienen formación o estudios . Ya lo avisa el mismo evangelio:

Lo "falsos maestros" que como "lobos disfrazados de corderos" vendrán a confundir a los fieles. El trigo y la cizaña que crecen juntos.

No os lo creaís todo.

Anónimo dijo...

Sin embargo, Juan XXII, afirmaba textualmente que la infalibilidad era cosa del demonio.
_________

Esto es otra mentira. Rogaría al autor que de la cita.

Por cierto, la Iglesia no tienen la más mínima intención, gracias a Dios, de adaptarse a este mundo de las Belenes Esteban los taparrabos de cuero o del millón de bebés descuatizados por las mujeres de hoy en sus propios vientres.

Jesús avisó muy claro de que llegaría el tiempo de la Apostasía, donde la gente perdería la fe y le abandonaría.

Eso hace el mundo de hoy, lleno de sexo, de capitalismo, de egoismo, de crimen, abortos, divorcio y adulterios.

Ya lo avisó Jesús: "Cuando vuelva el Hijo del Hombre ¿encontrará fe sobre la tierra?"