viernes, 27 de mayo de 2011

Pío IX, de hombre a semidiós (II)


Un papa epiléptico




1.- Es sabido que la epilpsia estuvo considerada durante mucho tiempo como una enfermedad sagrada. En la antigüedad se pensaba que el epiléptico estaba poseído por un espíritu, que se manifestaba durante los ataques. Desde hace también bastante tiempo se sabe, no obstante, que la epilepsia es un dolencia cerebral que puede tener distintas causas, desde problemas ocurridos en el momento del nacimiento hasta un golpe fuerte en la cabeza, incluso puede presentar una predisposición genética o, lo que es lo mismo, que, al menos hasta el día de hoy, no se encuentre una causa que justifique su aparición. También es muy variada su manifestación, el paciente puede tener desde crisis convulsivas, con pérdida del conocimiento incluida, hasta simples extravíos momentáneos de las consciencia que sólo él percibiría. Ninguna de estas crisis, por sí mismas, suelen dejar secuelas en las funciones cerebrales. Ahora bien, dependiendo del trastorno cerebral que origine la enfermedad, sí que el paciente puede sufrir problemas de comportamiento, deterioro intelectual, dificultad en el habla, etc. No son pocos los personajes de relieve que, a lo largo de la historia, sufrieron tal padecimiento. Uno de los más famosos fue Julio César. Otro, el escritor ruso Fiodor Dostoyevski, quien retrató la enfermedad en algunas de sus obras, como, por ejemplo, El Idiota. Otro más fue, como hemos visto en la entrada anterior, el papa Pío IX.


2.- Aparte de estos antecedentes, que conviene conocer para determinar mejor la personalidad de este papa, y aparte de su consideración de sagrada, no constituye abuso alguno poner de relieve que la epilepsia tuvo en la vida de Giovanni María Mastai-Ferretti un carácter providencial, pues, de no haberla padecido, tal vez hubiera alcanzado el grado de capitán en la Guardia Noble del Papa, en la que pretendió ingresar, pero jamás se hubiera ordenado sacerdote y, en consecuencia, nunca hubiera llegado a sentarse en la silla de Pedro. El futuro papa sufrió crisis sucesivas desde los quince años, en que debutó la enfermedad, hasta los treinta y tres. Se conserva una carta fechada en 1925 en la que Mastai-Ferretti le participa al papa del momento, León XII, que a causa de su epilepsia sufría de mala memoria y de dificultades de concentracion. Una vez nombrado obispo, la enfermedad desaparece de la escena. Sus panegiristas cuentan que dejó de padecerla. No obstante, cabe pensar que sobre ella se tiende a partir de este momento el tupido velo del silencio oficial, ya que existen testimonios bien documentados que dan cuenta de la persistencia de la enfermedad incluso durante su pontificado. Así, en junio de 1873, nada menos que veinticuatro años después de su elección como papa, el embajador de Austria en el Vaticano informa a su gobierno que Pío IX ha sufrido nuevas crisis en la última cuaresma.


3.- A pesar de estos testimonios, los panegiristas de Pío IX defienden la buena salud del papa afirmando repetidamente que sólo padeció la enfermedad en la primera parte de su vida. Sin embargo, hasta sus más fanáticos seguidores no dudan en admitir que la epilepsia dejó en el futuro papa secuelas negativas, aunque sólo de carácter físico. Lo reconocen, sin duda, porque tales secuelas eran visibles para todo el mundo. Así, Mastai-Ferretti desarrolló menos la parte derecha que la izquierda del cuerpo, defecto que se manifestaba incluso en su rostro, el cual presentaba una elocuente asimetría, con las mejillas desplazadas respecto al eje vertical y los labios torcidos. Casi todos los que hablaron o escribieron de este papa, incluida buena parte de sus admiradores, reconocen también secuelas sicológicas. En este sentido, Pío IX hacía gala de un carácter impulsivo, con lo que popularmente se llaman salidas de tono, incluida en muchas ocasiones la agresividad. Era muy impresionable, se dejaba adular con una candidez fuera de lo común. Era caprichoso y antojadizo, casi como se dice que son muchas embarazadas. No son pocos, en fin, los que creen que en la epilepsia habría que situar también la raíz de su desorbitado misticismo.




Continuará.




Fotografía: Patio cordobés de la calle Isabel II

9 comentarios:

Alfonso dijo...

Se dice del primer concilio Vaticano I que fue ecuménico. Falacia total si tenemos en cuenta que el proclamador de la "inmaculada concepción de la virgen María" no se cortó un pelo en su encíclica “Quanto confiamur moerore” afirmando lo contrario, como dice en la primera y última frase de la misma:

"Y aquí, queridos Hijos y Venerables Hermanos, es menester recordar y reprender nuevamente el gravísimo error en que míseramente se hallan algunos católicos, al opinar que hombres que viven en el error y ajenos a la verdadera fe y a la unidad católica pueden llegar a la eterna salvación... ...bien conocido es también el dogma católico, a saber, que nadie puede salvarse fuera de la Iglesia Católica, y que los contumaces contra la autoridad y definiciones de la misma Iglesia, y los pertinazmente divididos de la unidad de la misma Iglesia y del Romano Pontífice, sucesor de Pedro, “a quien fue encomendada por el Salvador la guarda de la viña”, no pueden alcanzar la eterna salvación".

Menudo tinglado de bobas teologías absurdas e improductivas, desde el punto de vista espiritual, que han forjado por siglos estos zampabollos.

Saludos Molón.

Molón Suave dijo...

Muy cierto, Alfonso. Tengo prevista una entrada sobre el Vaticano I para dentro de poco. Me demoro en este papa porque me parece un buen paradigma de la falacia vaticana. Papa admiradísimo, veneradísimo, al que se tiene por místico, y no era más que un tirano, como lo han sido la inmensa mayoría.

Paco Muñoz dijo...

Interesante como siempre Rafael. Yo conocí a personas que padecían esta enfermedad y se dieron los dos casos, el que la padeció solamente en la primera etapa de la vida y el que la padeció siempre. Uno de los segundos tenía un quiosco de tebeos en la calle Conde y Luque, se llamaba Castro, y ciando perdía el conocimiento casi siempre sufría golpes o fracturas. Presencie un ataque una vez y me impresionó, sobre todo porque le protegían la lengua para que no se la cortase mordiéndosela. La enfermedad se trataba con un preparado que se llama Tegretol, que igualmente se emplea para la neuralgia de trigémino, que provoca, entre los efectos secundarios, un acusado afloje del "muelle". No creo que al señor IX le administraran en esa época el preparado.

Molón Suave dijo...

Paco, yo tuve un compañero en la mili al que le daban ataques tremendos ¡y no lo eximieron! En un par de ocasiones, yo mismo estuve presente y con otros compañeros lo atendimos, le metimos una cuchara en la boca, en efecto, porque pueden morderse la lengua, y lo sujetamos no demasiado fuerte, porque es tal la fuerza que despliegan que si los sujetas firmemente pueden romperse las articulaciones. Es tremendo. Este es el llamada grand mal. Está también el petit mal que es cuando el sujeto pierde la consciencia tan brevemente que nadie se da cuenta, sólo él. Si está en una conversación, apenas si pierde un par de palabras. Hoy creo que en la mayoría de los casos la epilepsia se controla, no sé con qué medicamentos, aunque hay casos que se resisten.

Paco Muñoz dijo...

Recuerdo lo de la fuerza, es brutal la que generan lo enfermos de epilepsia. Y si, he leído lo que ocurre en los casos de menos enjundia, con las pérdidas temporales de la conciencia, que son permanentes en otra clase de individuos.

Un abrazo.

Recomenzar dijo...

Vengo de lo de Paco .Me gusta el sabor que le hs dado a tus letras

Molón Suave dijo...

Un abrazo, Paco.

Muchas gracias, Recomenzar

Alfonso dijo...

Molón, ya que dices que vas a escribir sobre el Concilio Vaticano I, quiero recordar, y no encuentro el librito donde lo leí, en el marasmo de publicaciones que abarrotan mi estudio, que durante las sesiones del mismo, no se qué obispo (creo que esta vez el Espíritu Santo si que lo iluminó)soltó un discurso de una profundidad mordaz y crítica tal contra la iglesia y sus jerarcas que llegó a conmocionar a todos los allí presentes. Creo que se silenció y no se hizo oficial aquella intervención.

¿Sabes tu algo de eso? Ya te digo, no sé donde coño lo puse que ahora remuevo kilos de libros y otras publicaciones y no doy con el. Si lo encuentro haré una entrada en el blog "Ducha de Sermones", ya que es un documento sorprendente.

Saludos.

Molón Suave dijo...

Álfonso: Tengo información sobre los obispos y cardenales que se oponían a la pretensión del papa de declarar su infalibilidad. Fueron varios los que hablaron en contra. Uno de los que arrearon con fuerza fue Henri Maret, decano de la Soborna. Otro fue Joseph Hefele, obispo de Rottenburg. Hubo bastantes, pero todos fueron silenciados mediantge amenazas, coacciones y todo tipo de artimañas. Algunos escribieron diarios del concilio que más tarde no se atrevieron a publicar. Ahora bien, no sé a qué obispo en concreto te refieres ni cuál puede ser ese libro que no encuentras. Yo estoy manejando varios: La Santa Alianza, Cómo llegó el papa a ser infalible, Historia de Italia, Los espías del papa, Diccionario de los papas y los concilios, etc.