lunes, 23 de mayo de 2011

Pío IX, de hombre a semidiós (I)


Mastai-Ferretti

1.-El siete de febrero de 1978 el papa Pablo VI, revestido de pontifical, es llevado en su silla gestatoria a través de la nave central de la Basílica de San Pedro, flanqueado por los gentiles hombres de cámara y por la guardia suiza, ambos con sus uniformes de gala. Treinta cardenales y más de cincuenta obispos y arzobispos, así como un buen número de canónigos del Capítulo de San Pedro, además del Cuerpo Diplomático acreditado en la Santa Sede aguardan al pontífice al pie del altar mayor. En este día, que amaneció nublado sobre Roma, se cumple el centenario de la muerte de Pío IX y Pablo VI se dispone a homenajear a su antecesor con una misa solemne de acción de gracias. Tras el canto del Evangelio, Pablo VI da comienzo a la homilía. Con el tono cansino que lo caracteriza, el jefe del Estado Vaticano desgrana durante casi media hora los méritos de Pío IX, su extenso pontíficado, el más largo de la historia hasta el momento, su proclamación del dogma de la Inmaculada, el Concilio Vaticano I, sus esfuerzos por mantener a flote la nave de Pedro en momentos de grave peligro, etc. Pablo VI no menciona, sin embargo, la palabra infalibilidad y tampoco alude a la canonización del homenajeado, largo tiempo deseada y esperada por muchos.





2.- ¿Pero quién fue Pío IX? ¿A qué responde su extensa fama, no sólo entre los católicos? ¿En qué consistió su defensa de la Iglesia? ¿Cómo la llevó a cabo? Desde San Pedro hasta aquí, de los papas no se han escrito propiamente biografías, de la mayoría de ellos únicamente sus seguidores han escrito panegíricos. Si la Iglesia fuese una institución dedicada en exclusiva a la salvación de las almas, como manifiesta en sus proclamas, si sólo se centrara en la dirección de sus fieles y no pretendiera imponer por todos los medios su visión del mundo y sus normas a toda la sociedad, a mí me parecería muy bien que de sus dirigentes sólo se publicaran alabanzas, en tanto se silenciaban sus zonas oscuras, a menudo más numerosas y extensas que las luminosas. Como esto no es así, en las próximas entregas me propongo realizar una suscinta historia de la vida y el pontificado de este papa, ejemplo significativo de lo que el papado representa, con datos obtenidos de historiadores y teólogos católicos en su mayoría, que citaré al final.






3.- Giovanni María Mastai-Ferretti, que tal era el nombre de Pío IX, nació el 13 de mayo de 1792 en Senigallia, una pequeña ciudad cerca de Ancona perteneciente por entonces a los Estados Pontificios. Fue el último de nueve hermanos. Su familia pertenecía a la nobleza agraria, ostentando el título de condes desde 1705 (la mayoría de los papas han sido de familia noble o muy acomodada). A los once años ingresó en el colegio San Michele de Volterra. A los quince comenzó a sufrir ataques de epilepsia, que se reproducirían durante toda su vida, con algunos intervalos de remisión. Con tantos hermanos y ocupando el puesto que ocupaba en la relación, Giovanni María tenía un porvenir más bien oscuro, de modo que a los veintitrés años, después de intentar abrirse camino en distintos frentes, solicitó su ingreso en la Guardia Noble del Papa, siendo rechazado a causa, precisamente, de su enfermedad. Defraudado por este rechazo, decidió hacerse sacerdote, cosa que lograría a pesar de su enfermedad después de algunos estudios de teología, recibiendo la ordenación el 4 de julio de 1819. En Roma, Mastai tenía dos familiares bien situados en la curia, uno obispo y el otro canónigo de San Pedro. No son pocos los testimonios que acreditan que gracias a ellos su carrera fue mucho más rápida de lo que nadie hubiera podido imaginar en sus comienzos. Su primer destino fue un asilo romano de huérfanos, Tata Giovanni. Entre 1823 y 1825, viajó a Chile acompañando al Delegado Apostólico. Dos años después de su regreso, en 1827, tras un breve paso por el hospicio de San Michele, fue nombrado obispo de Spoleto. En 1840 era obispo de Imola. En 1840, cardenal. En 1846, con sólo cincuenta y cuatro años, papa.












Continuará.






Fotografía: patio de la calle Barrionuevo, fuera de concurso

2 comentarios:

Alfonso dijo...

Interesante crónica de uno de los papas más conocido: "Pio nono".

Me voy a la segunda entrega que ya veo has publicado.

Gracias por la información.

Saludos.

Paco Muñoz dijo...

Muy interesante, aunque he leído la segunda aparte antes. Unos dulces del pueblo de mi padre "piononos" llevan su nombre. Supongo sería famoso por alguna cosa en especial para ponerle su nombre a un dulce.