sábado, 19 de marzo de 2011

El símbolo de la cruz


Esta cruz de la foto campea aún en el muro de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Porcuna, la principal del pueblo. No se ve bien, por la impericia del fotógrafo y por el tamaño de la reproducción, pero por encima de ella aparece la leyenda: Caídos por Dios y por España y, debajo de esta el grito: ¡Presentes! Y bajo sus brazos el nombre de los muertos en el pueblo durante la contienda de 1936 pertenecientes al bando franquista, encabezados, como no podía ser menos, por José Antonio Primo de Rivera. A mí no me gusta, al Tribunal de Estrasburgo, sí.

Han pasado más de setenta años y esta cruz, que no es la única que pervive aún en el país, sigue siendo el símbolo de una terrible división. Han pasado más de setenta años y todavía los que enarbolan este símbolo y bajo él encuentran amparo no han tendido ni un solo puente para buscar la reconciliación. Aún los muertos cuyos nombres no figuran bajo los brazos de esta cruz siguen, en su mayor parte, pudriéndose en fosas comunes ignoradas o en las cunetas de las carreteras. A mí no me gusta, al tribunal de Estrasburgo, sí.

Este tribunal acaba de fallar a favor de que la cruz siga presidiendo las aulas de los colegios italianos, aunque, de acuerdo con la sentencia, deja en libertad al resto de los Estados europeos para que legislen al respecto según su parecer.

El tribunal de Estrasburgo estima que la cruz es uno de los símbolos de la cultura europea, circunstancia que se han apresurado a corroborar con enorme entusiasmo cardenales y obispos del Vaticano. Tanto el tribunal de Estrasburgo como los señores del Vaticano saben perfectamente que esto no es verdad. Saben que la cruz es, ante todo, el símbolo, el emblema, el marchamo, la enseña de una religión, la cristiana. Que haya terminado formando parte del acerbo, más que cultural, etnológico de Europa es una cuestión bien diferente. En cualquier caso, no veo qué valor se ha de dar a algo, sea lo que sea, por el mero hecho de formar parte de una cultura. La ablación de clítoris, por ejemplo, forma parte de la cultura ancestral de ciertos lugares de África, ¿y, acaso, debemos aceptar semejante salvajada y no sólo aceptarla, sino además sancionarla favorablemente porque se trata de un hecho cultural?

Desde que una cruz sirvió para inclinar una batalla en favor del emperador Constantino, el signo del crucificado ha servido como excusa para convocar las cruzadas, las primeras de las cuales fueron contra los musulmanes, pero la última, aquí mismo, en España, para luchar contra lo que los señores del Vaticano consideraban enemigos de Dios. Con la cruz como bandera se creó la Inquisición, se quemó en hogueras a los llamados herejes, se llevó a cabo la conquista de América, que supuso el exterminio de un número incalculable de indígenas y se expulsó a los judíos y a los moriscos de España. Enarbolando la cruz se crearon los estatutos de sangre, por los cuales quien descendiera de judíos hasta la quinta generación no podía, entre otras cosas, profesar en las órdenes religiosas. Los jesuitas, por ejemplo, mantuvieron esta purga hasta entrado el siglo XX. Siempre con la cruz al frente se marginó a los judíos durante casi dos mil años, llegándose, a finales del siglo XIX y principios del XX a sentar las bases para el posterior holocausto llevado a cabo por los nazis. Con la cruz como lábaro se ha marginado a la mujer, se han apoyado tiranos de todo pelaje, Franco y Pinochet entre los últimos, se han encubierto a infames pederastas y se han realizado inversiones en negocios que han ido desde la fabricación de armas a la de condones, a pesar de la aversión al sexo que manifiestan los que la portan. Podría seguir, pero, como muestra, me parece más que suficiente.

Si esta es la cultura a la que se refiere el tribunal de Estrasburgo, yo me niego a forma parte de ella. La cultura que yo reivindico es la de Grecia, la del califato de Córdoba, la del Renacimiento, la de la Revolución Francesa y la de los Derechos Humanos, es la cultura de la libertad y de la potestad sobre la propia conciencia, la auténtica cultura de Europa que ningún tribunal, por muy de Estrasburgo que sea conseguirá contener con sentencias como la que nos ocupa. Es verdad que esta sentencia es un paso atrás. Pero no hay que dejar de porfiar por ello. Los tribunales pasan, las sentencias se revocan. El anhelo de libertad permanece y se reactiva una y otra vez.

4 comentarios:

Paco Muñoz dijo...

No se que me ha pasado pero no se quedó el comentario. En primer lugar te felicitaba por la correcta exposición que no tiene desperdicio. Te decía que no comprendía la actuación del Tribunal de Estrasburgo. Pienso que están contaminados de la corriente ultra que discurre por Europa. Esa contaminación ya se ha vivido en otras épocas. Es altamente similar, el control de los medios afines hace que la gente, que habitualmente no quiere pensar se lo den masticado. Luego estamos otros que hemos perdido el referente. Me decía un amigo que no encontraba un espacio adecuado, y eso lo lleva a retirarse a los cuarteles de invierno, y no es bueno, pero es así.
Reitero mi admiración por tus contenidos.
Un abrazo.

Vértice dijo...

Sabias palabras amigo Molón, y por Dios pido (y no es ese Dios al que hay que morir por la patria) que los Señores de Estrasburgo, tan sabios ellos que se paren a pensar lo que han dicho.
Un Saludo

Molón Suave dijo...

Paco: Es cierto,estamos viviendo en el seno de la ola y parece que esto va para largo. Es tremendo que con la crisis que tenemos, en todos los sentidos, aquí no se mueva casi nadie. La historia es así, como el mar, flujo y reflujo, ¿quién iba a decir hace sólo un par de años que se iba a liar la que se ha liado en los paises árabes? Yo trato de no perder la esperanza.

Vértice: No sé, me parece que estos señores se paran poco a pensar. Después de todo, son hombres como nosotros, y siguen las directrices del tiempo o las que les marcan sus amos.

Anónimo dijo...

es orrible la informacion