sábado, 12 de febrero de 2011

Santa Brígida



Cuenta la tridición que allá por los finales del siglo V vivió en Irlanda una señorita que atendía al nombre de Brígida. Tal señorita, cuyos apellidos se desconocen, aunque debió tenerlos, sin duda, experimentando en su pecho la llamada del Dios cristiano, católico, apostólico y romano, decidió hacerse monja. San Patricio, el cristianizador de Irlanda había muerto en el 461, es decir, hacía nada y, naturalmente, todavía no había convento alguno en el país, de manera que, ni corta ni perezosa, Brígida decidió fundar uno que alcanzaría gran fama: Kildare, en la población del mismo nombre. Por las vagas noticias que se transmiten, este monasterio debió de ser mixto, es decir, de monjas y de frailes, mire usted, a pesar de que la Iglesia se empeñó siempre en separar a los hombres y a las mujeres ya desde la escuela de párvulos.
Oh, es fantástico el cúmulo de virtudes y de gracias que se le atribuyen a la monjita. Por lo visto, su nacimiento coincidió exactamente con la salida del sol, sublime prodigio que sólo constituía un anuncio de los que habrían de venir. La casa en que nació salió ardiendo a poco de su nacimiento y las llamas eran tan altas que tocaban el cielo. El fuego sería uno de sus principales atributos a lo largo de su vida, pues es noticia que propalan sus seguidores que el día que tomó los habitos una columna de este terrible elemento, no sabemos de que diámetro, se alzó de su cabeza. Aunque irlandesa, Brígida era, al parecer, extraordinariamente guapa, lo que le traía no pocas complicaciones con los hombres. Para evitar el desmadre que a su paso levantaba, pidió al citado Dios cristiano que la hiciera fea, y como lo pidió con fe y con fervor, ¡zas!, en un instante le reventó un ojo, no se sabe cual, pero seguro que fue de la cara. En aquellos tiempos, las hambrunas eran frecuentes en el país. Doña Brígida, sin embargo, ni se inmutaba. ¿Saben ustedes por qué? Porque tenía una vaca a la que nunca se le secaban las ubres, por más que la ordeñaran. También era frecuente la sed y como ya se sabe con qué la calman los irlandeses desde la más remota antigüedad, Brígida no sacaba agua de las peñas, como hacía Moísés, sino que el agua de su baño la convertía en cerveza.
Con estos antecedentes y habiendo sido la fundadora, no es extraño que se convirtiera en la abadesa de su monasterio. A partir de entonces y como su afición a las llamas no decrecía, estableció que en el cenobio se mantuviera perpetuamente un fuego encendido y vigilado por una monja. La abadesa curaba leprosos, devolvía el habla a los mudos (con lo bien que estaban callados), frustraba asesinatos, devolvía la vista a los ciegos. Brígida murió en el año 525, aunque se desconoce el día exacto, y, claro, con semejante biografía, ¿a quién le extraña que acabara en los altares como santa? Más aún, ¿a quién le extraña que se convirtiera en patrona de Irlanda, acompañando a San Patricio, el patrón?
Todo maravilloso, ¿no es cierto? Todo lleno de la constante manifestación de Dios a través de tan numerosos prodigios y milagros. Todo asombroso y lleno de tranquilizadora esperanza, si no fuera porque la tal Santa Brígida no llegó a existir nunca. Un tal Cogitosus del que se dice que vivió entre el 620 y el 680, pretendió escribir una biografía de la santa, pero su librito se pierde en descripciones acerca de la vida religiosa de Kildare sin decir apenas ni media palabra de la tal Brígida. Pero es que incluso es posible que ni siquiera el tal Cogitosus existiera, pues mientras unos fechan la biografía de la monja alrededor del 650, otros la sitúan a comienzos del siglo XI. En el siglo IX, un obispo, el de Fiésole, provincia de Florencia, en Italia (lo que sabría este buen hombre de Irlanda en la época) escribió otra vida de la santa nada menos que en verso, obra en la que los prodigios son aún más abundante y sabrosos.
Pero, ¿qué ocurre entonces? Pues ocurre lo que ha ocurrido infinidad de veces a lo largo de la historia, que la Iglesia se dedicó a cristianizar los cultos paganos convirtiendo en santa de su panteón a una antigua divinidad pagana. Aunque hoy no lo sepan, a quien los irlandeses tienen por patrona no es a la monja de Kildare, sino a Brig, Brigit o Brigantia, diosa celta cuyo culto se remonta a los tiempos de la legendaria raza de los Tuatha de Dannan, antecedentes de los celtas irlandeses, para quienes, en la tradición matriarcal, todavía en vigor por entoces, Brigantia vendría a ser la equivalente de la griega Atenea, diosa de la sabiduría. A Brigantia, pues, pertenecen todos los atributos y prodigios adjudicados a la madre abadesa. Los buenos irlandeses siguen creyendo que los restos de la inexistente santa Brígida se conservan junto a su querido San Patricio. Pero, bueno, eso no es tan grave, es lo mismo que nos ocurre a nosotros con Santiago y miren ustedes la que se organiza cada poco en Compostela.

4 comentarios:

Conchi Carnago dijo...

Hoy me as hecho reír,lo de convertir el agua de su baño en cerveza es buenísimo y jamas oído,el articulo no tiene desperdicio. Cuantos sapos como ese y el de Santiago nos han echo tragar "la santa iglesia católica y apostólica" que buenos promotores han trabajado para la iglesia, sin duda los mejores, pues sus fabulas siguen vigentes. Hay que reconocer que son la repera.

Saludos.

Paco Muñoz dijo...

Rafael llego recomendado a leerte, estoy liado con otros asuntos y no lo he hecho aún. Buenísimo el cuento.

Me ha hecho gracia "aunque irlandesa, Brígida era, al parecer, extraordinariamente guapa", se pueden ofender las irlandesas. Y lo de la cerveza la podía haber hecho Cruzcampo su patrona, a lo mejor no lo saben. Claro si hubiera sido andaluza hubiese salido sangría de la bañera. De todas formas y después del rato jocoso pero intelectual y didáctico.

Cuando he leído Irlanda y monjas, me he acordado de una película, creo que era las Hermanas de la Magdalena, que se las traía, la connivencia de la iglesia católica, con las más infames prácticas con las mujeres. Luego al leer el nombre de Brígida lo he asociado a D. Juan Tenorio:

BRÍGIDA. No, no; si estáis inmutada.
(Ya presa en la red está.)
¿Se os pasa?
INÉS. Sí.
BRÍGIDA. Eso habrá sido
cualquier mareíllo vano.
INÉS. ¡Ay! Se me abrasa la mano
con que el papel he cogido.
Vamos otra prenda.

Una buena mañana de empezar el domingo.
Saludos.

Molón Suave dijo...

Conchi: Entre col y col hay que meter una lechuguita. Además es que estaba especialmente eufórico por las noticias que llegaban de Egipto. Lo de la cerveza es verdad. La diferencia es que es a Brigantia, la diosa de los Thuata, a quien los irlandeses antiguos adjudicaban su invención. Pero lo del ojo tampoco está mal. Pedro I, llamado por algunos el Cruel y por otros el Justiciero, extraordinario ligón, fue detrás de doña María Coronel y esta, casada y ferviente cristiana, no pudiendo quitárselo de encima, se achicharró con aceite hirviendo parte de la cara y los pechos. Así, claro, el monarca tomó las de Villadiego.

Paco: Yo no he estado nunca en Irlanda. La información sobre las irlandesas me la suministró un sobrino politico que paso allí una larga temporada. Es verdad, es raro que a ninguna fábrica de cerveza se le haya ocurrido hacerla su patrona. Como bien sabes, la Iglesia se presta a cualquier cosa con tal de permanecer en el cogollito. Ayer estuve viendo en la tele la película La Misión, que responde bastante bien a la realidad histórica. Para una cosa que hicimos bien los españoles en América y, en concreto, los jesuitas, como fueron las misiones que establecieron en Paraguay, grandes haciendas en las que la propiedad era de los indios, llega la Iglesia y por un acuerdo que estable con Portugal va y se las carga. Lo del tenorio, no sé, a lo mejor Zorrilla conocía estas cosas de santa Brígida y por ello le puso este nombre a un personaje enredador. Aunque hay otras Brígidas santas, además de esta.

Alfonso dijo...

Para fabricar santos, santas, beatos, beatas y demás fauna celestial la iglesia católica se las pinta sola. Existan o no. Eso es lo de menos a la hora de mantener bien viva la llama de la fe, que es lo que importa. La veracidad o no de los casos presentados es accesorio. Se reacomodan antiguos mitos y santas pascuas.

Bonita y entretenida historia. Voy a por las otras que te tengo el blog retrasado.

Un saludo.