sábado, 26 de febrero de 2011

La miseria de la teología




Toda teología es absurda. La teología cristiana, además de absurda, es especialmente miserable, especialmente cruel.

Los teólogos califican su actividad de ciencia. ¿Y cual es el objeto de esta ciencia? Dios, claro. O, lo que es lo mismo, que, según los teólogos, la teología es la ciencia que estudia a Dios. Sin embargo -y he aquí la primera y no pequeña contradicción-, ¿qué clase de ciencia es esa que tiene por objeto a un Ser o Entidad al que los propios teólogos califican de inasequible, inabarcable, inefable, esto es, que no se puede explicar con palabras, e incomprensible, entre otros epítetos semejantes que, por pura lógica y atendiendo al significado de los términos, se resumen en el de incognoscible?

Es decir, que los teólogos se dedican a estudiar a un Ser o Entidad al que ellos mismos afirman que no pueden conocer y al que, a pesar de ello, no se recatan en adornar con toda clase de cualidades, a cual más positiva y elogiosa; se dedican a estudiar a un Ser del que, en realidad, ni siquiera pueden predicar su existencia, ¿pues cómo podemos afirmar que algo o alguien existen si no lo conocemos y, según afirmarmos, no lo podemos conocer?

¿Qué ocurre pues? ¿Mienten los teólogos? Mienten, ¡vive Dios!, ya lo creo que mienten, aunque para empezar y en su descargo hay que decir que, ante todo, se mienten a sí mismos. Michael Shermer y Robert J. Stenberg, en sus respectivos libros, Por qué creemos en cosas raras y Por qué las personas inteligentes pueden ser tan estúpidas, dan sabrosímas explicaciones de hasta dónde puede llegar el ser humano en sus mixtificaciones, casi siempre a causa de la defensa más o menos explícita de intereses materiales.

Digan lo que digan tanto ellos como los diccionarios, a lo que en verdad se dedican los teólogos es al estudio e interpretación de los llamados Libros Sagrados, colecciones de textos que las diversas religiones tienen por inspirados, cuando no dictados, por Dios, entre los que se cuenta la Biblia, que interesa tanto a judíos como a cristianos. Los pomposamente llamados teólogos no son pues más que escrituristas o escriturarios, personas que, dando por ciertos dichos textos sagrados -en nuestro caso la Biblia- se dedican a escudriñarlos y, según ellos, a explicarlos, toda vez que Dios, a pesar de la inmensa sabiduría que se le supone, no fue capaz de inspirar, o de dictar, a los autores sus consignas y enseñanzas con la suficiente claridad como para que no necesitáramos intermediarios para comprenderlas. De este escudriñamiento surgen toda clase de explicaciones, muchas de ellas ciertamente brillantes, pero para cuya aceptación resulta imprescindible la fe, condición absolutamente superflua en la verdadera ciencia.

Derivada de la judía, la teología cristiana, como digo más arriba, es especialmente falaz y cruel. Pondré sólo un ejemplo, aunque pueden aducirse docenas. Según se nos cuenta, el pecado original fue tan terrible que ni el propio Dios podía perdonárnoslo; antes de hacerlo debía redimirnos de él y no de cualquier modo, sino inmolándose por nosotros en la figura de su Hijo, al que los evangelios llaman Cristo. Es decir, Dios-Cristo se encarnó y se hizo hombre con el propósito de morir y aún de morir ignominiosamente. Podía haberse suicidado, que no es poco ignominioso, pero el suicidio, amigo mío, estaba y está prohibido por el mismo Dios. En consecuencia, optó por la crucifixión, muerte ciertamente ignominiosa entre los romanos. Ahora bien, para morir así era necesario que alguien lo crucificara.

Admitiendo como verdadera la narración del evangelio, como quieren los teólogos, constatemos, en primer lugar, la crueldad que supone que Dios sólo se sintiera desagraviado del supuesto pecado original con la muerte de su Hijo. Y que, además, debamos considerar a este Dios como bueno y justo. ¿Qué diríamos de un hombre que hiciera algo por el estilo? Me insultó Ramírez. Hijo mío ve y que te mate algún familiar del tal Ramírez y así yo me daré por satisfecho. Una aberración, ¿verdad? ¡Hasta para los teólogos!

Pero a mí me interesa fijarme más aún en quienes procuraron la muerte de ese Hijo. Cualquier persona sensata estará de acuerdo en que, si para lograr nuestra redención Cristo tenía que morir, quienes participaron en el sacrificio debieran ser considerados colaborades necesarios en su misión. Pues no. Pilatos, que dio la orden de que lo crucificaran, salió del trance de rositas. Los judíos, en cambio, que se limitaron a pedir su muerte, fueron considerados por los teólogos nada menos que deicidas y como a tales malvados criminales los ha tratado la Iglesia a lo largo de los siglos.

14 comentarios:

Isaak dijo...

Redondo en el concepto y nítido en las formas. Chapó. Para imprimirlo y pasearlo en una avioneta un día de playa.

Molón Suave dijo...

Ja,ja,ja. Gracias Isaak, me has hecho reír. Aunque habría que imprimirlo en letras demasiado grandes, ¿no crees?

Paco Muñoz dijo...

Interesantísimo y muy clarificador.

Felicidades amigo.

Josefo el Apóstata dijo...

Muy buen artículo Molón.

Por cierto, parece que el mismísimo XVI te ha oído y quiere rectificar esa barbaridad (con perdón de los bárbaros) de que el pueblo judío debe ser considerado colectiva y eternamente responsable de la muerte de Jesucristo.
En su nuevo libro, pendiente de publicar, afirma que "los culpables de la crucifixión y muerte de Jesús fueron el 'establishment' sacerdotal y los secuaces de Barrabás" . Osea los curas y los ladrones, los romanos vuelven a salir de rositas.

Isaak dijo...

En realidad, siendo rigurosos y consecuentes, el único responsable de la supuesta muerte de Jesús fue Dios en persona.Él lo organizó y lo orquestó minuciosamente, y los intérpretes no podían hacer si no el papel que les había sido encomendado. La farsa, o comedia, estaba montada de forma que la muerte del sujeto, a saber por cuáles cábalas, acababa significando el perdón del consabido pecado original residente en gen dominante humano.

Así pues, la culpa fue de El Chachachá, o sea, Yavé[tú] "in person". Será cabrón el tío... si ya lo desenmascara Saramago, en su "Caín"...

Molón Suave dijo...

Paco: Gracias.

Josefo: recién acabo de enterarme de la salida de don Benito. ¡Al cabo de dos mil años y, literalmente, cagándose en el contenido de los evangelios, especialmente en el de Mateo. Pero, como dice Isaak, el asunto es que aquí no hay culpables humanos, sino que el único culpable es Dios. Es la tesis que yo sostengo en mi entradilla. Si Dios necesitaba que a su hijo lo matasen para redimirnos, ¡coño!, los que lo mataron eran colaboradores necesarios en la redención, pues sin ellos ésta no hubiera sido posible. No hay que ser demasiado listo para entenderlo.

Isaak dijo...

Recomiendo vivamente la lectura de "Caín", de Saramago. Pocas veces puede encontrarse una versión más fidedigna del dios hebraico y cristiano. Un auténtico farsante, valga la contradicción.

Molón Suave dijo...

Es cierto Isaak, esa novela es magnífica. Saramago destripa el concepto teológico de ese dios y lo pone en su sitio. Por ello lo odiaba tanto la Iglesia

Isaak dijo...

Fíjate, Molón, que no estoy seguro que Saramago odiase a nada ni a nadie. Creo que era más enemigo de la incongruencia. Cree en lo que quieras, pero sé consecuente con tus convicciones.

Las religiones venden "dioses de amor" que se comportan como sádicos, y adolecen de todo defecto humano: ira, crueldad, desequilibrios psíquicos, impaciencia y prejucios.

Opino ese concepto de dios era el auténtico enemigo de Saramago, y con el que pasó su vida lidiando. Otro buen ejemplo es "El Evangelio según Jesucristo". Impagable.

Saludos.

Molón Suave dijo...

Estoy de acuerdo contigo, Isaak. Mi pensamiento se aproxima mucho al de Saramago desde bastante antes de leerlo. Es que las religones son, principalmente, incongruentes y tengo para mí que la cristiana la que más. Coño, ha habido muchos dioses a los que mataron y luego resucitaron -Osiris, Dioniso, Mitra, etc-, pero nunca nadie se acordó de sus matadores. Es que los cristianitos tienen tela.

Isaak dijo...

Personalmente, Molón, apenas consigo establecer diferencia entre las religiones. La que más congruencia guarda me parece la Judía. Con sus yuyus, como todas las religiones, es la menos invasiva, la más íntima. Igual me equivoco y alguien puede afirmar lo contrario, pero pocos judíos intentarán convencerte "en frío" para que te conviertas a no ser que sea por causa, por ejemplo, de matrimonio.

Por otra parte también es cierto que el judaismo está muy vinculado al concepto de "raza". Pueblo Elegido.

Al Catolicismo hay que prestarle más atención por motivos de inmersión cultural y cercanía, pero el Islam no me parece mucho mejor, en ningún aspecto.

El resto, incluidas sectas y derivadas, pues más de lo mismo. Todas con su punto de la sal de la intolerancia y el afán de exclusividad. El ecumenismo se ha disuelto en sus propias rencillas.

Saludos cordiales.

Molón Suave dijo...

Para mí, Isaak, todas la religiones son odiosas: dividen de manera casi irrecondiliable a los seres humanos, porque todas se creen en posesión de la verdad única y acusan a las demás de falsas. Tienes razón en que el judaísmo no es proletista, pero es altamente exclusivista y eso le ha traído y le trae problemas incluso a los judíos. Por mi parte, si alguna indulgencia pudiera tener hacia alguna religión sería hacia el budismo, aunque ésta más que religión es una forma de afrontar la vida, ya que en su esencia es ateo y, salvo extremismos, no cree en un más allá personal, sino en la fusión con el universo. La religión cristiana me parece la más llena de contradicciones. Es la única además que interpreta sus libros sagrados literal o alegóricamente según les conviene. Cada vez que la ciencia derriba una de sus narraciones, ¡zas!, saltan con que se trata de una alegoría. Claro, así se escapan siempre. Por ejemplo, afirman que la muerte entró en el mundo por el pecado de Adán y Eva con la dichosa manzanita, tal y como se cuenta en el Génesis. Así, literalmente, me lo hicieron aprender a mí siendo niño. Cuando se descubrió que los dinosaurios, por ejemplo, habían desaparecido, es decir, habían muerto antes de la aparición del ser humano, ¡zas!, cambiaron y ya la narración del Génesis resulta que se trata de una alegoría.

Anónimo dijo...

Para Isaac: Los judíos mutilan bebés. No me gustaría nacer judío y que siendo bebé me corten el prepucio.
Para Molón: Si los budistas son ateos, pues que lo digan claro, maldita sea. Unos tipos que no dejan claro que son ateos pero que traen todo un sistema de creencias raras me parecen chiflados. Me quedo con un ateo, pues sé a qué atenerme.

Anónimo dijo...

Busquen a Dios porque un dia se arrepentiran por no creer en nuestro creador dueño de nuestra vida ,si no se arrepienten y piden perdon a Dios los espera el infierno y ven por pura gracia de Dios