sábado, 22 de enero de 2011

Té con pastas



Todo es mentira. La Iglesia tiene una enorme habilidad para llevar el agua a su molino simulando que se interesa por el bien de todos, siendo así que su único interés radica en el control y la sumisión de sus fieles y de los que no lo son. Igual habilidad, si no mayor, tiene tanto para pasar por víctima como para magnificar su victimario, cuando basta repasar someramente la historia para descubrir que, gracias más que nada a su persistencia, hoy por hoy no existe organización humana o entidad que haya perseguido tanto como ella.

Mientras saboreo un te moruno en mí tetería preferida, acompañado de unas deliciosas galletitas marroquíes con aroma de azahar, pienso una vez más en el matrimonio y en el aborto. En los últimos tiempos, digamos desde el comienzo del papado de Juan Pablo II, al que a partir de mayo veremos en los altares, estos son los asuntos a los que en más ocasiones se refieren los voceros eclesiásticos. Asuntos, como se ve, relacionados con el sexo, que no hay que escarbar mucho para comprobar que es lo que más preocupa a la Iglesia. De hecho, el Vaticano y el papa en particular, no han tenido nada que criticarle a Berlusconi hasta que no se han hecho manifiestamente públicos los manejos eróticos de Il Cavaliere.

Hay que luchar contra todo lo que destruye y ensombrece la familia, que no es una institución rancia, sino el cauce de la vida de los hombres -ha declarado recientemente el arzobispo de Oviedo, don Jesús Sanz Montes-. La familia -ha añadido- es una institución humana fundamental que vive la persecución de quienes la temen y no protegen la vida ni la quieren.

Veamos, dejando aparte las exageraciones (¿quién, por ejemplo, persigue a la familia, quién la teme?) y las sutiles insidias (¿quién ha dicho que la familia sea una institución rancia?), ¿a qué familia se refiere don Jesús? Es una perogrullada afirmar que existen diversos prototipos de familia, desde la establecida por amor, cosa bastante común hoy, pero no en otro tiempo, a la establecida por interés, generalmente económico, pasando por la formada por personas del mismo sexo, las monoparentales o de un solo individuo, hombre o mujer, con sus hijos, etc. No obstante, la familia a la que se refiere don Jesús es la familia cristiana, compuesta por el padre (varón), la madre (hembra) y los hijos, muchos, muchos hijos, basada en el matrimonio indisoluble contraído al pie de un altar y con un sacerdote como oficiante. Los señores obispos ponen como ejemplo de familia cristiana a la Sagrada Familia, compuesta por la Virgen María, San José y el Niño Jesús.

Todo la mar de bonico, si no fuera porque tanto el modelo elegido como la norma del matrimonio indisoluble constituyen dos mentiras de mucha categoría. A mí me traen absolumente sin cuidado las relaciones de convivencia que de manera libre establecen las personas, no importa cuál sea su sexo, pero, desde el punto de vista de las exigencias eclesiásticas, ¿se puede decir que el trío de Nazaret constituyen una familia? Veamos: se trata de un madre soltera, un único hijo, ilegítimo, para más señas, y un padre que no es tal. ¿Y con este ejemplo, a los señores obispos les parece mal que un par de divorciados, por poner un caso, convivan con sus respectivos hijos bajo la figura del matrimonio civil?

Lo del matrimonio indisoluble es más sangrante aún. Es mentira que la Iglesia no practica el divorcio. Eso es lo que proclama, pero la realidad es que no son pocos los matrimonios que el tribunal eclesiástico disuelve por completo incluso después de un buen montón de años de convivencia y con hijos de por medio. Y no hay que aducir muchas causas para conseguir la disolución. El único problema es que hay que disponer de una buena cantidad de dinero para que la maquinaria eche a andar. O lo que es lo mismo, que la Iglesia sí practica el divorcio, pero sólo para las clases pudientes, algo verdaderamente cristiano y ejemplar. Uno de los casos más sonados en los últimos tiempos en España fue el de Rocío Jurado. Seguramente, no tardaremos mucho en ver disuelto también el de la infanta Elena.

Por supuesto, la Iglesia tiene todo el derecho de exigirle a sus fieles el tipo de matrimonio que le parezca más conveniente, con o sin disolución, es decir, con o sin divorcio (vamos a llamar a las cosas por su nombre). En donde no le asiste derecho alguno es en su pretensión de hacer extensivo su modelo a toda la sociedad y mucho menos en esgrimir para sí el monopolio matrimonial, de modo que sólo pueda designarse como matrimonio el que la Iglesia patrocina. ¿Por qué, por ejemplo, no pueden contraer matrimonio y formar una familia una pareja de homosexuales? ¿En qué minusvalora un matrimonio formado por dos individuos del mismo sexo al matrimonio que los obispos llaman tradicional? Al pretender el monopolio de su modelo, se diría que a los obispos les pasa lo que a muchos paisanos, bastante miserables, por cierto, que no les basta con poseer un automóvil, pongamos por ejemplo, sino que, para disfrutarlo a fondo, necesitan que el vecino no tenga uno también y si lo tiene que no sea de ningún modo de la misma categoría, sino de otra inferior.

En la cuestión del aborto, la mentira eclesiástica alcanza cimas verdaderamente sublimes. Para los señores obispos, toda mujer preñada debe parir, no importa cómo se produjera el embarazo, las condiciones de éste o el estado del feto o de la madre: ¡Parir! Las condenas son continuas, netas y fulminantes. El aborto es una abominación de tal calibre que no basta con que sea pecado, tiene además que ser delito y delito penal, es decir, con condena de cárcel tanto para la mujer que aborta como para quienes le practiquen la operación. Sin embargo, cuando unos desalmados violaron a unas monjas católicas en Bosnia, el papa, no el monaguillo de San Nicolás, pongo por caso, ese papa que ahora va a subir a los altares, exigió que, quisieran o no, a las monjas embarazadas se les practicara un aborto. La negativa significaba, como no podía ser de otra manera, la expulsión de la vida conventual. Algo también maravillosamente cristiano y de una ejemplaridad tan pura como exquisita.

5 comentarios:

Lisístrata dijo...

pues me apuesto lo q quieras a q, lo q has escrito y q perfectamente está demostrado, lo leen los talibanes católicos y lo niegan rotundamente y con todo descaro o aducen a otras razones peregrinas con tal de no aceptarlo como culpa. ellos son así.
Ah! tampoco se les pasó por la cabeza acusar al gobierno de "ansar" por producirse durante su mandato 300 mil abortos, a lo mejor todo eran monjas q se quedaron preñadas por pasar por un puticlub al q iba a evangelizar y las obligaron a ello... tiene narices!

Lisístrata dijo...

Rectifico, fueron 511.429 abortos y la información se daba en infocatólica entre otros medios, pero enlazada porque me sorprendió leerlo en tal dirección y considerar, por pura especulación, q a estos la altas esferas de la iglesia ni los escuchan sabiendo q son los ansares quienes le abrirán más aún las puertas de su negocio en ejpaña.

El ejemplo q pones es bordao, si los pobres tienen coche no disfruto el mío, y si lo tienen q al menos sea peor, pues eso, si las mujeres pobres abortan q se mueran si es necesario y si no pudieran, q se coman el niño con papas, mientras las niñas pijas q preñen a destiempo las dejarán "vírgenes" hasta q den el braguetazo de nuevo y aquí no ha pasado nah.

Paco Muñoz dijo...

Rafael

Es que es tan de Perogrullo lo que dices que se cae por su propio peso. Esta gente lo que opina es que la sociedad es tonta, y eso es lo insultante. Que digan todas las estupideces que quieran a sus acólitos pero que no las extiendan al resto de la sociedad, y sobre todo que no se inmiscuyan en las leyes del Estado. Es de reconocer que llevan muchos siglos –dijiste que desde Constantino- haciendo de su capa un sayo, persiguiendo a quienes no piensan como ellos , a quienes no obedecen sus postulados queda mejor, y atesorando riqueza, y eso implica “carácter”. Que ejemplos más didácticos pones, y que elementos de juicio más aplastantes, publica la Abuela primeriza que no contesta a los correos de los que la felicitan, porque seguro que ahora el tiempo se le ha quedado corto (no te enfades Lisis).

El ejemplo de la familia de José de Nazaret es indiscutible, una señora, cuyo esposo PP es putativo (por favor no valen juegos de palabras), tiene un hijo extramatrimonial pero le está permitido, porque el superior puede hacer cualquier cosa aunque sea “contranatura”. Que dosis más enfermiza de hipocresía. También tuvieron que obligar a sus representantes en la tierra a que dejaran de tener barraganas, aunque las siguieron teniendo. También dieron la orden de que los conventos no siguieran siendo hospederías de la tropa, seguro por el puterío que ya clamaba al “cielo” que es donde debía clamar. Tienen una historia que debían de callar o simplemente dirigirse en sus lugares de culto a sus seguidores que, son los únicos que deben estar obligados a cumplir sus preceptos.

Creo que estamos clamando en el desierto, pero lo que no nos pueden quitar es el derecho al pataleo, que en el fondo es lo único que nos queda. Pues vamos a ver si la caverna cuando gobierne, si desgraciadamente lo hace, cambia cosas, porque el Sr. bajito, desagradable –para mí-, endiosado, y con bigote, no cambió nada y el clero callado como… - nos se merecen las señoras putas esa comparación- Vamos a esperar acontecimientos que de antemano conocemos. Vamos a ver si le hacen misas de familia multitudinarias y toda esa parafernalia, y si se siguen sintiendo victimas y perseguidos. Recomiendo la película “También la lluvia” de Iciar Bollain, en la que se ve lo que hicieron con la cruz en América, aunque pretendieran poner a un Bartolomé rebelde que siguió chupando de la teta. Enhorabuena Rafael.

Conchi Carnago dijo...

Subscribo totalmente tu articulo. Como tu bien dices es bastante curioso la fijación obsesiva que tiene la iglesia con las cuestiones sexuales.En cuanto a las preguntas que haces son las mismas que yo hago cuando me veo inmersa en un debate sobre esas cuestiones, y que nadie tiene razonamientos validos para rebatir pero siguen en sus trece, y solo aciertan a decir; que no es natural, o sea el no, porque no.
Tan difícil es comprender que por encima de todo somos personas autónomas y que cada cual es libre de vivir su vida como mejor le parezca. En fin que le vamos a hacer, es lo que hay.

Saludos.

Molón Suave dijo...

Lisis:
Por si no te llegó mi correo, enhorabuena por la "abuelidad", según descubrimiento de M.Harazem. En las fotos (a mí no me entró el video), tu nieto se ve salao y así como echao p'alante. ¿Se parecerá a su abuela?
En cuanto a tu comentario, el asunto es siempre la hipocresía mediante la que pretenden sojuzgar a la gente. No cambiaron aquella ley del aborto y no revocarán esta, por más que don Mariano ande diciendo que lo hará, si gana (ojalá no gane nunca). A cambio dárán aún más prebendas a la Iglesia. Ya lo veremos.

Paco:
No estoy tan seguro de que estemos sólo clamando en el desierto. Pero aunque así sea habrá que seguir clamando. Lo más curioso e hipócrita de la Sagrada Familia es que con tal de hacer a la Madre Virgen niega que Jesús tuviera hermanos, como se deja ver incluso en los evangelios canónicos, y de este modo la convierten en madre soltera y novia adúltera (si así puede decirse) y al pobre de San José en un cornudo consentido.
Los conventos, más aún los de monjas, han sido en buena medida un cachondeo. Algunos todavía lo son. Aunque el tema es vidrioso, quizás haga una entrada sobre el convento de Santa Cruz, tan en boga últimamente y algún que otro cultivo que se hacía en su huerto.

Conchi:
Se pasan la vida pregonándolo, pero siempre se olvidan del amor. Yo creo que es lo que debería unir a las personas que deciden convivir y formar una familia (¿de qué otro modo llamarla?), qué importa todo lo demás. Es que lo quieren tener todo. Pero eso ocurre porque le tienen un miedo espantoso a la libertad. Al contrario que la dictadura, que sólo se impone a la fuerza, la libertad es contagiosa y, claro, si permiten aunque sea un poquito, antes que tarde se quedan sin nadie. ¿Y entonces quién iba a sufragar su tan buen vivir?