jueves, 24 de junio de 2010

Las dos ventanas




La ciencia y la religión son dos ventanas para mirar al mundo. El mundo al que miran es el mismo. Pero lo que se ve desde las ventanas es completamente diferente. La religión trata del significado de la vida y de los valores morales y la ciencia trata de explicar la composición de la materia, el origen de los organismos. Son áreas distintas, pero no reñidas. Es posible mantener una posición científica y ser religioso.

La entrevista realizada por El País al señor don Francisco Ayala, reciente premio Templeton, como se ha dicho, es breve de extensión, pero enjundiosa en su contenido. Ya se sabe lo que es una entrevista y de qué forma el entrevistado, consciente normalmente de lo reducido del espacio o del tiempo, trata de resumir al máximo su pensamiento. Aun así, causa verdadero asombro el aplomo con el que el señor Ayala se manifiesta en esta respuesta a la pregunta: ¿Cómo casa la fe con la religión?
Si todo fuera tan sencillo, ¡ay!, qué bonita podía ser la vida, tralarará, tralarará. Pero el señor Ayala resume demasiado, circunstancia que siempre es posible, o, sencillamente, miente, o bien, los curas que a mí me enseñaron lo que era la religión, entre los que también hubo algún que otro dominico, no me hablaron de ninguna ventana para contemplar el mundo, sino de algo mucho más prosaíco y, desde luego, más escabroso y demoledor.

Religión deriva del verbo latino religo, religas, religare, que viene a significar unir y expresa la unión del ser humano (del hombre, nos decían antes, porque la mujer no pintaba absolutamente nada) con Dios; en nuestro caso, es decir, el de un españolito de la católica España franquista, la unión con el Dios uno, trino y verdadero de la Iglesia católica. Esta unión se alcanzaba mediante un conjunto de creencias o dogmas; de ritos, especialmente la oración y el sacrificio, mediante los que se le daba culto a Dios; de sentimientos de veneración y de temor y, por último, de normas morales perfectamente establecidas de una vez y para siempre para adecuar las conductas a esta realidad.

Nada que ver con ventanita alguna. Todo lo contrario: cárcel hermética y asfixiante, imposición absoluta, desprecio de la razón y apabullamiento generalizado. Pero, además, cuando detrás de uno hay nada menos que dos mil años de avasalladora y sangrante historia, hay que tener mucho cuidado con lo que se dice y pesar minuciosamente cada una de nuestras palabras. Porque, muy bien, ciencia y religión pueden ser dos maneras de mirar el mundo, pero, amigo mío, a lo largo de esta historia, la religión, protagonizada en nuestro caso por la Iglesia católica, siempre, siempre, siempre ha estado en contra de la ciencia. Y lo sigue estando. No es necesario mencionar el árchiconocido caso de Galileo. La Iglesia se oponía en su momento a la construcción de canales de riego o de navegación, ya que los ríos eran intocables, pues eran obra de Dios, y estuvo en contra de la vacuna de la viruela, por razones parecidas, por poner sólo dos ejemplos de los innumerables que podrían aducirse. Hoy se oponen a la fecundación humana controlada para obtener un bebé capaz de curar la enfermedad incurable de un hermano anterior.

Siempre, siempre, la religión ha intentadodo e intenta estar por encima de la ciencia, acallar a la ciencia, aplastarla. Y lo ha hecho con conocimiento de causa, sabiendo que todo avance científico supone el desmontaje de una nueva pieza del irracional entramado que la sostiene. Es decir, no ha habido ni hay inocencia alguna por parte de la religión, de las jerarquias religiosas, para decirlo más acertadamente, que son, en definitiva, las que marcan la pauta y controlan al rebaño. Pondré sólo un ejemplo, absolutamente trivial, pero altamente significativo. Cuando yo era niño, cada vez que había una tormenta en Córdoba, se tocaba el llamado campanillo de San Rafael, en la iglesia de San Pedro, con el prpósito de alejarla. Yo lo toqué muchas veces. Había que esperar la orden del cura. Y éste, hábilmente, no daba la orden hasta que la tormenta no estaba en todo lo alto, es decir, cuando ya estaba a punto de iniciar su alejamiento, con lo que el campanillo no fallaba nunca, era empezar a tocar y los truenos comenzaban a suavizarse de inmediato. ¿Sabía o no sabía don Julián Caballero Peñas, el párroco, lo que hacía? Lo sabía, lo saben, pero, cueste lo que cueste, Dios tiene que estar por encima de todo, principal y casi únicamente porque se les escapa el bastón de mando.

De modo que de dos ventanas nada. Descubrir el origen de los organismos, como el señor Ayala sostiene, descubrir, en una palabra el origen de los fenómenos es también descubrir el significado y el propósito de la vida, que don Francisco Ayala adjudica a la religión. Pero lo importante no es eso. Lo importante es que el instrumento del que la ciencia se vale para recorrer su camino es la razón, exclusivamente la razón, en tanto la religión... ¿alguien ignora de qué es de lo que se vale la religión?

P.D. De momento, este es mi último artículo. El mes de julio me pierdo. Espero regresar con nuevas energías en el mes de agosto, o en el de septiembre.

martes, 22 de junio de 2010

El abortista






Ahora resulta que el Dios de la Biblia, el Dios que creó el mundo en seis días y en el que siguen creyendo a pies juntillas millones de personas en el mundo, especialmente en Norteamérica, ese Dios es un Dios abortista.

Esta insólita conclusión no es mía -¡Dios me libre! A ella ha llegado un señor muy importante, don Francisco Ayala, biólogo, reciente premio Templeton. Este premio, dotado con más de un millón de euros -lo que no es moco de pavo- reconoce la labor de las personas que tienden puentes entre la ciencia y la religión.

Antes de nada, conviene aclarar, que el señor Ayala, hoy ciudadano norteamericano, fue en otro tiempo fraile dominico. Cuando de religión se trata, los dominicos de hoy, aunque hayan abandonado los hábitos, deberían tentarse cuidadosamente la ropa, pues no son pocas las falacias teológicas y los crímenes reales que la Orden acumuló a lo largo de su historia. Que le pregunten a los cátaros, por ejemplo, eliminados sin piedad, sencillamente por entender el cristianismo de un modo distinto al del Vaticano.

Bien, dicho esto, el señor Ayala es un decidido partidario de la evolución, entre otras cosas porque, según sostiene en una entrevista publicada no hace mucho en El País, "el sistema reproductivo humano está tan mal diseñado que el 20% de los embarazos termina en aborto espontáneo, y eso no incluye los abortos más tempranos, que no se detectan. Eso son 20 millones de abortos en el mundo cada año. Echarle la culpa de eso al diseño divino haría precisamente de Dios un abortista de escala increíble."

¡Toma ya! ¡Cómo se expresa el señor científico/religioso o el señor religioso/científico! Pasmo causa tan maravillosa conclusión. Hasta hace bien poco, seudociéntificos adictos a la doctrina vaticana proclamaban la imposibilidad de la evolución basándose en lo que ellos llaman la complejidad irreductible, es decir, el hecho de que los órganos humanos, por ejemplo el ojo, por el que estos señores se pirran, no es posible que puedan ser obra de la evolución, teniendo en cuenta que para que funcionen se necesita una complejidad de partida que la evolución no proporciona.

Pues no, mire usted, Ayala dice que no. Ayala es más listo. Él se ha dado cuenta de que la evolución ha dejado de ser una hipótesis para revelarse cada día más como una verdad indiscutible y no está dispuesto a desaprovechar el embite. ¡Claro, hombre! Los órganos humanos y los de los animales en general son sumamente complicados, pero, amigo mío, no se puede negar que son una miajita imperfectos, que su diseño parece llevado a cabo por aquel célebre profesor que aparecía en el TBO, cuyo nombre no recuerdo, más que por un Ente infinitamente sabio y omnipotente. E infinitamente bueno, que no se nos olvide. El mismo hombre, tan insignificante, ha inventado un oído bastante simple y que funciona de maravilla, el teléfono, y un ojo exactamente lo mismo, las cámaras de televisión, algunas tan diminutas como la cabeza de un alfiler. O sea, que no se necesita tanto follón para llegar a buen puerto.

"Es difícil - dice el señor Ayala en la misma entrevista- imaginar al Dios benévolo y omnipotente de la Biblia y explicar el mal en el mundo." Y, claro, como el aborto es un mal, Dios, que es tan bueno, no puede realizar un mal, luego, el creacionismo es falso y viva la madre que me parió.

No me lo tomo a chiste, aunque parezca que hablo con cierta ligereza. Pero es que es para troncharse, de no ser por la cantidad de sangre que el creacionismo tiene a sus espaldas. En primer lugar, se necesita tener la cara muy dura para tildar de benévolo al Dios de la Biblia. Hombre, ese Dios puede ser lo que se quiera, ¡pero benévolo! Y luego, si ese Dios resulta falso, no importa, metemos otro y sanseacabó. Cuál Dios sea este otro es algo que el señor Ayala no aclara. Pero, eso sí, como, según el eminente biólogo, no tiene nada que ver con el mal, pues debe tratarse de un Dios infinitamente sabio, infinitamente bueno e infinitamente justo. Que la ciencia ve cada día a este Dios tan improbable como el de la Biblia, qué más da, lo metemos con calzador y punto. Así, de paso, aprovechamos la ocasión para resolver por fin un problema que nos trae de cabeza desde el origen de los tiempos, el problema del mal, que la buena teología católica no tiene modo de resolver.

¡Dios de Dios! Hay que ver la chusrraquería y el emborrizado mental con los que estos doctos hombres nos iluminan el horizonte. Las cosas no son tan complicadas, aunque así lo crean los sesudos teólogos católicos. Uno puede creer lo que le de la gana y pensar que la ciencia y la religión no son incompatibles. Pero el quid del asunto es siempre el mismo, siempre:

a) Si Dios no creó el mundo, aunque fuera únicamente dejando caer una semillita, entonces ¿quién es este Ente y qué pinta en el embolado?

b) Si Dios creó el mundo, aunque no fuera más que dejando aflorar esa semillita, entonces Él es el responsable de todo cuando existe, de la belleza de la rosa, sí, pero también de las espinas del rosal; del delicado perfume de la dama de noche, desde luego, pero también del olor de la mierda que cagamos todos, incluido su santidad el Papa y los que lo rodean, a los que parece que este asuntillo se les olvida una y otra vez.

c) Es decir que, lo pinte como lo pinte el señor Ayala, o Dios no existe o Él es el responsable del mal que corre por el mundo, incluyendo esos veinte millones de abortos espontáneos que se producen cada año y que al señor Ayala le resultan tan determinantes.

lunes, 21 de junio de 2010

Fragmentos VI






1.- Aplaudieron a Franco durante cuarenta años, lo llevaron bajo palio tantas veces como al dictador le vino en gana. Corrieron a darle la comunión a Pinochet. No les importó que tanto el uno como el otro tuvieran las manos manchadas de sangre inocente y el alma ennegrecida por la abundancia de sus crímenes. Ahora, en cambio, una vez muerto y cuando ya no puede defenderse, atacan con todas sus armas a Saramago, un hombre bueno. Es una muestra más de la piedad cristiana, que la Iglesia católica ejerce de un modo implacable.

2.- Ahora hace un año de la muerte de Vicente Ferrer, otro hombre bueno. Fue a la India con la orden de bautizar paganos, pero cuando vio lo que allí había prefirió abrir pozos para suministrarles agua con la que pudieran cultivar la tierra. Y luego se valió para crear talleres y escuelas y hospitales. Y le devolvió la dignidad a un buen puñado de seres humanos que la habían perdido mucho antes de nacer. Claro que para ello tuvo que abandonar la Iglesia y caminar por libre. A la Iglesia no le interesan los individuos que pretenden acabar con la pobreza. Prefieren a la madre Teresa de Calcuta.

3.- Es la verdad lo que les duele. No, mire usted, ustedes no saben nada de nada y sobre esa nada han montado este tinglado con el que todavía hoy, después de dos mil años, pretenden seguir avasallándonos, como si la historia no recogiera suficientes pruebas de sus suspercherías y sus atrocidades.

4.- "Y todavía -me dice un amigo- tienen la caradura de pedir que en la declaración de la renta marquenos una cruz en su casilla, para que el Estado les haga llegar el 0,7% de nuestros impuestos." "No, al contrario, esos anuncios constituyen la prueba de que en España los católicos han dejado de acudir a sus templos, al menos, a cumplir con el precepto de oír la misa dominical. Hasta no hace mucho, el púlpito les bastaba para mover a su rebaño en la dirección que les parecía. Y constituye también la prueba de hasta dónde son capaces de humillarse con tal de trincar la pasta. Debe ser la santa desvergüenza que predicaba el señor marqués fundador del Opus Dei."
5.- Y todo esto mientras el papa promete ante quince mil sacerdotes arrodillados frente a él en el Vaticano que la pederastia eclesiástica no volverá a repetirse nunca más, pero sigue sin entregar a la justicia un solo pederasta.