domingo, 12 de diciembre de 2010

Debo callar


Cuando ofenden mi inteligencia negando la validez del condón para evitar el contagio del sida, en contra del estamendo científico y del estamento médico, debo callar.

Cuando ofenden mi razón sacando a pasear un trozo de madera tallado para invocar la lluvia en tiempos de sequía, debo callar.

Cuando ofenden mi dignidad oponiéndose a la asignatura para la Ciudadanía, en tanto defienden con uñas y dientes la catequesis disfrazada de religión incluso en los colegios públicos, debo callar.

Cuando me ofenden como ser humano repitiendo una y otra vez que la homosexualidad es una enfermedad, debo callar.

Cuando me ofenden como persona al permitir sin denunciarlos durante años y años la pederastia por parte de sus clérigos, debo callar

Cuando me ofenden como divorciado al renegar del divorcio, mientras no dudan en disolver matrimonios con un buen montón de años de convivencia y algún que otro hijo, debo callar.

Cuando ofenden mis convicciones democráticas al coaccionar con la excomunión a los parlamentarios durante la tramitación de las leyes, como, por ejemplo, la del aborto, debo callar.

Cuando me ofenden como ciudadano al llenar las calles durante una semana con sus vírgenes y sus crucificados, impidiendo el desenvolvimiento normal de la actividad diaria, debo callar.

Cuando ofenden mi entendimiento al pedir perdón por la Inquisición, pero haciendo hincapié al mismo tiempo en que la tortura era la norma de la época, debo callar.

Cuando ofenden mi sensibilidad al ver los palacios en los que habitan, la elegancia con la que visten y el aspecto saludable que muestran y lo comparo con los personajes que aparecen en el Evangelio, con el Fundador a la cabeza, debo callar.

Cuando ofenden mi capacidad de raciocinio al ver que no ponen en práctica la autofinanciación que acordaron con el gobierno en 1979, sino que treinta años después, siguen trincando del Estado el dinero de todos, incluido, claro está, el mío, debo callar.

Cuando me ofenden en lo más íntimo impidiéndome incluso morir como yo mejor prefiera, debo callar.

Cuando, cuando... etc. etc. etc., debo callar. Debo callar, porque si no callo y disiento y lo manifiesto públicamente seré tachado de practicar la cristianofobia y el laicismo beligerante, de hacer befa y mofa de la Iglesia con barata facilidad, de ser un intolerante que pretendo imponer mi censura, de merecer, en fin, las llamas de la hoguera.

5 comentarios:

Lisístrata dijo...

Clamemos en contra pues! y no callemos nunca

Paco Muñoz dijo...

¡Me cago en la leche! ¿Qué se callen quienes deben de callar por todo lo que le han hecho al mundo durante siglos!

Te superas cada día Rafael. Lo he leído cuatro veces y no tiene desperdicio. Es respetuoso, delicado, pero riguroso, inapelable y sobre todo sincero.

Un abrazo.

PD: Perdón por los excrementos en la leche, pero es que todas las sentencias, es lo que me pedían.

Conchi Carnago dijo...

Querido amigo,cuanta razón llevas y cuantos años hemos estado callados, cuando nos hacían comulgar con ruedas de molino, esa frase la decía mucho mi madre,tuve la suerte de que mis padres no eran creyentes,y aunque no podían evitar que fuéramos a la iglesia y que nos comieran el coco, pues nos obligaban en el colegio como tu bien sabes, ellos callaban, pero conforme iba creciendo escuchaba conversaciones, que me llenaban de dudas, había demasiadas contradicciones, tan evidentes que que no se podían obviar.
Es increíble el daño sicologico que nos han hecho a los de nuestra generación,pues teníamos que luchar mentalmente con lo que desde los cinco años nos habían metido machaconamente en la cabeza, y con lo que la inteligencia,y la razón te dictaba.
Sin ser demasiado fanática gracias a mis padres, me jodieron bastante, ya que es bastante difícil olvidar las creencias, y las costumbres, que durante tantos años hemos practicado.

No no debes callar , no debemos callar, nadie debe callar, demasiado tiempo hemos callado.

Gracias.

Josefo el Apóstata dijo...

Cuando me inscriben en sus listas de afilidaos sin mi consntimiento y no consienten en borrarme...

Cuando la discriminación machista llega al extremo de pedir "resignación cristiana" a las mujeres maltratadas por sus maridos, convirtiéndose en cómplices de la violencia de género...

Cuando bendicen cualquier dictadura y llevan bajo palio a los dictadores...

Cuando niegan las evidecias más fundadas porque no coinciden con su libro...

Cuando hacen y dicen... ofenden, pero, como bien dices, los ofendidos y peseguidos son ellos.
No te calles Molón. Ninguno debemos callar.

Molón Suave dijo...

Lisis: No, no vamos a callar. ¿Cómo podríamos?

Paco: Yo he dejado la leche y todos sus derivados no hace mucho, después de más treinta años con problemas digestivos en los que los excrementos, precisamente, tenían un papel protagonista. Desde entonces, voy como un reloj, me regularicé en menos de una semana. Así es que, a mí, lo que le pongas a la leche... Gracias por tu comentario. Procuro ser lo más correcto que puedo para que no me desvíen el tiro, aunque el cuerpo, desde luego, no es eso lo que me pide.

Conchi: Mis padres no eran muy religiosos, pero mi madre buscaba que mi educación fuera religiosa pensando en mi beneficio. ¡Pobre! Movió cielo y tierra hasta que me vio en los salesianos. Es decir, que a mí me arrearon a base de bien y durante un tiempo, entre la adolescencia y los primeros años de la juventud lo pasé bastante mal, hasta que logré desambarazarme de toda aquella mugre.

Josefo: Tienes razón, hay muchas más cosas que nos ofenden, casi todo. Yo sólo he apuntado algunas. Y es verdad, tienen una capacidad de victimismo extraordinaria, todo lo deforman y lo magnifican en su favor. Como le digo a Lisístrata, no me voy a callar, ya no. Creo que cada día somos más los que no nos vamos a callar.