domingo, 5 de diciembre de 2010

De como aprendí a amar la autoritas cristiana




Durante algún tiempo, fui monaguillo en la parroquia de San Pedro, tres o cuatro años. Por aquel entonces, la parroquia estaba regida por don Julián Caballero Peñas, cuyo nombre, según me cuenta mi amigo Paco Muñoz, figuró durante bastante tiempo en la lista de fusilados durante la guera de 1936 inscrita en sendas lápidas colocadas en el trascoro de la catedral. Don Julián era un cura grandón. En su cara, de robustos mofletes encendidos y labios como la grana, destacaban sus gafas de miope, redondas, tipo culo de vaso, tras cuyos cristales brillaban un par de ojillos siempre vigilantes. Tenía una hermosísima panza, cultivada, sin duda, durante largos años de buena mesa, que le daba un aspecto bonachón, de no ser porque sus gestos eran siempre bruscos y hasta, en muchas ocasiones, no poco desabridos. Su aspecto era imponente en cualquier época del año, pero especialmente en invierno, con su abrigo talar y su sombrero de teja. Cuando aparecía por las calles del barrio, con la cabeza siempre erguida y su mayestática zancada, los chiquillos corrían a besarle la mano y los adultos, hombres y mujeres, se apresuraban a cederle el paso, no fuera que se le ocurriese alzar la mano derecha y condenarlos para siempre al fuego del infierno. Don Julián, no obstante, más que por su aspecto, fue famoso por las interminables pausas con que, durante la misa dominical, iniciaba sus sermones. Queridos hermanos..., decía, y se tiraba más de un minuto en silencio. En el día... Y casi otro minuto. ...de hoy... Y otro pedazo de pausa. El evangelio nos dice... Y ya la pausa era más breve, hasta que se embalaba y continuaba quince o veinte minutos hablando a superior velocidad y con una entonación, una cadencia y un estilo que acababa resultando, de ley es reconocerlo, mucho más que aceptable.

En aquellos tiempos, la gente, sin duda con buen criterio, acostumbraba a morir en su casa. Cuando la situación era ya irreversible y la agonía se aproximaba, algún familiar corría a la parroquia a avisar al párroco para que le llevase los últimos auxilios de la religión: el viático y también la extremaunción. Al contrario que hoy, que no sabemos donde andan los curas, pues las iglesias están siempre cerradas, el párroco se disponía de inmediato a socorrer al enfermo. Para los que lo hayan olvidado o por su juventud lo desconozcan, el víatico era la comunión, y la extremaunción la unción con óleos benditos en distintas partes del cuerpo del moribundo. El viático tenía una importante solemnidad y carácter público, al enfermo se le llevaba en procesión. Yo no sé de donde salían, pero cada vez que en la parroquia se recibía el aviso de que había un moribundo, en un momento había en la sacristía seis, ocho o más hombres, dispuestos a cargar con faroles monumentales para acompañar al sacerdote. Se trataba no de mindundis cualesquiera, sino de hombres acomodados, hombres del más alto nivel económico de la parroquia. El sacerdote se revestía con los correspondientes ornamentos, cogía el copón del sagrario con las hostias consagradas y la procesión se ponía en marcha. Yo, con mi sotana roja de monaguillo y mi roquete, iba delante, tocando la campanilla con aquel toque tan característico: tin-ti-lin-tin, tin-ti-lin-tin...

Aquel día avisaron al párroco casi al amenecer. Era invierno y había estado lloviendo durante toda la noche. Ya había amainado, pero todavía había grandes charcos en el pavimento. Teníamos que ir a la calle Carreteras, lo recuerdo muy bien. Aquella procesión era cosa seria, se trataba del Hijo de Dios que salía a la calle para confortar al que iba a emprender el gran viaje y la gente que con ella se encontraba debía mostrar su respeto arrodillándose y los hombres, además, descubriéndose, si llevaban sombrero o boina. La suerte del que no lo hacía así, era, como poco, la visita a la comisaría, la comprobación de sus antecedentes y después... ¿quién sabía? ¿Una paliza? ¿La cárcel? Todo dependía de cuál había sido su situación durante la guerra civil. Aquel día salimos de la iglesia poco después de las ocho de la mañana. Entramos por la calle del Poyo y salimos a la plaza de la Almagra. Frente a la farmacia de Villegas, en el puesto de jeringos, había ya varios parroquianos comprando jeringos para el desayuno. Al lado del puesto, había un gran charco y ante él un hombre de unos sesenta o sesenta y cinco años. En el puesto, todos se arrodillaron, incluidos el jeringero, con su abultada chepa y su enorme nariz, pero el hombre ante el charco se limitó a quitarse la boina y a inclinar respetuosamente la cabeza. Cuando don Julián llegó a su altura, se detuvo, se giró y se quedó frente al hombre. ¡Arrodíllese!, gritó con su vozarrón de tenor, ¡Arrodíllese ante el Hijo de Dios! El hombre vaciló un instante, luego retorció la boina con las manos y, por fin, trabajosamente, pues no debía de andar muy bien de las articulaciones, se fue inclinando con enorme lentitud hasta que sus rodillas se sumergieron en el agua del charco, mientras un par de lágrimas escapaban de sus ojos y rodaban temblorosamente por su mejillas.



7 comentarios:

Paco Muñoz dijo...

Es significativo lo que dices, tremendamente significativo. Un niño comprendía la dificultades de una persona mayor, un adulto que incluso tenía el poder de perdonar, le ordenó arrodillarse en un charco, y que no lo hubiera hecho, que le esperaba lo que comentas.

Recuerdo perfectamente lo que tan bien describes, el sacerdote en aptitud "celestial" con el "señor" entre sus manos pero sin olvidar la "autoritas", la "abusitas" más bien. Y esa burguesa corte espontánea, tan dispuesta. Y la frase de los parroquianos, ya le van a dar el "santolio" a alguien ¿A quién será?, y el apretar de boinas entre la manos de los espectadores. Era un respeto similar al levantar de la mano extendida, e "impasible el ademán".

Como siempre te felicito y comparto tu visión del asunto, a igual que en otros lugares tus intervenciones. Estamos locos dejándonos llevar por la "tirria" a la cúpula gobernante, defendiendo a personas que sólo defienden los medios de la caverna. Y cosa curiosa, gente que se precian -y creo que en el fondo lo son-, de progresistas les hace propaganda a esos medios publicando enlaces a ellos y dándoles credibilidad. Es a mi punto de vista una contradicción flagrante. Incluso para acabar de empatarlo, unas siglas honrosas CGT defendiendo a esta gente. ¡Pais!

Molón Suave dijo...

Gracias, Paco: Son tantos recuerdos. La gente joven no sabe lo que tiene. Yo me alegro por ello, pero me gustaría que, al menos, conocieran lo que había, más que nada para estar prevenidos, porque nadie ha dicho que no pueda repetirse algo más o menos parecido.
En cuanto a lo demás, es que es sagrante como hoy no sólo se pervierte el lenguaje, sino que estamos pervirtiendo también las actitudes. Mira tú esa derecha, derecha, defendiendo a los parados (¿pero no son ellos los que lo producen?) y defendiendo a los pobrecitos pensionistas que no le revalorizan la pensión. Y mira a esa izquierda defendiendo a un grupo corporativista al que sólo le interesan sus intereses (valga la redundancia)De locos. Y, mientras tanto, los pescadores de siempre engordando la bolsa más que nunca con este precioso (para ellos)río revuelto

Paco Muñoz dijo...

Así lo veo yo y por eso me da pena, por eso he decidido polemizar lo justo, es decir procurar hacerlo casi nada, hablaré con quién, estimo, puedo entenderme cuando menos algo, por compartir. Luego las subidas de tensión son para uno y hay que guardar esas subidas para lo que viene y muchos están colaborando en traer, puede que inconscientemente. Entre los errores, maldades, y demás de éste gobierno que no es el mío, lo prefiero a lo que nos espera. "Más vale lo malo conocido..." . Cuando conoces el paño, ves a críticos/as feroces, que tienen odio al gobierno por lo del cinco por ciento, con status doméstico casi el triple que el mío, y eso es lo que subyace nada más, y no ven el bosque. ¿Habrá cosas que merecen la pena arreglar? ¿Habrá injusticias que no solucionan? Pero a pesar de eso prefiero un gobierno que no tiene nada de socialista, aunque se precie de ello, fíjate si son listos que le han querido dar imagen de izquierdas con la presencia de Joaquina -ya ves el conocimiento del medio, y el dela gente que se lo traga-, a otro con disfraz de demócrata pero con la caverna detrás.

Molón Suave dijo...

Es así, Paco. Hay tal batiburrillo y tal galimatías montados que muchas veces te cabreas de verdad. Mezclan las cosas y cambian de escala mental cada vez que les da la gana. Y todo, todo es siempre culpa del gobierno, sólo porque hoy nadie tiene responsabilidad de nada. Tampoco es el mío este gobierno, claro que no, ahora, yo tengo clarísimo que jamás, jamás se me ocurrirá votar a los otros. Y esa prensa formada por auténticos mercenarios que, en lugar de informar, se dedican a difundir sus concepciones. De este modo, sólo nos enteramos de lo negativo y de manera casi única de todo lo relacionado con la economía. En el mundo, por ejemplo, está muriendo de hambre un buen número de niños diariamente. Muchos gobiernos mandan ayudas a los paises subdesarrollados, pero envían alimentos no aptos para los niños. ¿Alguien sabe que el gobierno español actual es el único del mundo que está enviado alimentos específicos para los bebés y niños pequeños? Esta es una información de Médicos Sin Fronteras que dan en su propaganda para captar socios y que no he visto en ninguno de los periódicos que leo. ¿Alguien sabe que el Ayuntamiento actual de Córdoba, con tanto como lo criticamos, es de los pocos del país que tiene un plan de acogida de gitanos rumanos? Cosas como estas no salen en prensa alguna. Un asco, vamos.

Paco Muñoz dijo...

Llevas toda la razón, en el mundo de la información estamos cada vez peor informados. Sólo lo que interesa a unos pocos es lo que se ve. Yo he vivido en "mis carnes" lo que es la desinformación, fui en un tiempo parte de un problema, un amigo me acusó de ello, de que estaba liando una buena -estaba cortándole los vuelos a unos elementos que campeaban a sus anchas-, le dije déjame que te explique mi versión como parte y luego opinas, y me dijo no hace falta ya lo dice el periódico. Claro no hace falta explicar que lo mandé donde pican los pollos, pero es así. Es lamentable, y que hablar de esos "gurús" de la televisión, que sigue la gente ciegamente. Da verdadero asco. Y se de lo que comentas, otra cosa es que a los rumanos gitanos, les interese, ellos como los nuestros son un grupo étnico muy "sui generis", los nuestros ya bastante menos. Yo me he criado de niño con otros niños vecinos de familias gitanas, mejores que las "payas", y en Pinos Puente para que decir, creo que había más gitanos que payos -es una exageración pero así parece-. La verdad es que es todo una desesperanza.

Conchi Carnago dijo...

Que recuerdos, que bien lo has descrito, don Julian Caballero Peña, a sido como volver a aquellos años don Julian aparecía por mi colegio cada dos por tres, las maestras le temían, y las niñas no digamos, y es que como tu bien has dicho era un hombre de corpulencia fuera de lo normal, y su voz también le acompañaba, por lo que impresionaba y era temido, pues parecía que todos encogían en su presencia.

Tienes una forma de narrar los hechos extraordinaria.

Un saludo.

Molón Suave dijo...

Conchi: Era un tipo tremendo, sí. Veo que te acuerdas perfectamente. Ya sabes como son los niños, que del miedo pasan a la euforia en un momento, pero yo creo que en la parroquia tenía a todo el mundo acojonado. Te diré, no obstante, que nosotros, los monaguillos, éramos cuatro, si no recuerdo mal, nos averiguamos la llave del armario en que lo guardaba y nos bebíamos el vino de consagrar, y nunca nos pilló ni se dio cuenta. Gracias, además por tu elogio. Procuro escribir para divertir, es decir, para que se lea con gusto, aunque se trate de cosas serias.

Paco: Lo de "donde pican los pollos" me ha hecho reír. Por lo que te llevo leído, compruebo que has tanido una buena colección de esperiencias. Pero es verdad, lo que salía en los "papeles" era sagrado. Hoy es lo que sale en la TV.