sábado, 20 de noviembre de 2010

¿Raíces cristianas?



Raíces cristianas. Repítalo una vez, dos, tres, mil, un millón de veces. Al final, usted conseguirá que la gente lo crea, pero no por ello dejará usted de ser un mentiroso.

Esta es la situación: el papa junto con un coro de estudiosos y políticos afines no cesan de calentarnos los oídos con la afirmación de que las raíces de Europa se encuentran en el cristianismo. Como consecuencia, exigen que esta circunstancia figure explícitamente en la Constitución europea y, ya puestos, en las distintas constituciones nacionales también.

Vamos a verlo con calma. ¿Tiene algo que ver con la verdad esta afirmación repetida una y otra vez? En absoluto. Cualquier persona medianamente informada sabe de sobra que no se trata mas que de una nueva de las grandes mentiras con las que también se construye la historia. Cualquier persona medianamente informada sabe que el padre, la madre, la raíz y el fundamento de Europa no son otros que Grecia, el mundo de los griegos, la cultura, la filosofía, la política, la ciencia griegas. Los griegos pusieron las bases del estudido científico, inventaron la filosofía, crearon la democracia, crearon el teatro, desarrollaron la literatura, elevaron las artes plásticas a cotas que no volverían a alcanzarse hasta le Edad Moderna. Voy a decir más, de no haber sido por el cristianismo y su cristalización en la Iglesia Católica, es más que probable que el desarrollo técnico y social que hoy conocemos lo hubiese alcanzado la humanidad hace al menos quinientos años. Y no se trata de una exageración. Los griegos conocían, entre otras muchas cosas, la composición atómica de la materia, sabían que la tierra era redonda y que giraba alrededor del sol, conocían el diámetro de la tierra y la distancia que la separaba del astro rey con una precisión asombrosa, dominaban las matemáticas como no volvería a hacerse en más de mil seiscientos años, etc. Y lo más importante, fue el primer pueblo bien orientado hacia el conocimiento real del mundo.

Todo aquel emporio de saber, que los católicos incluyeron dentro del paganismo, fue barrido como en un sutnami por la Iglesia católica. Esta es una de las gracias que Europa le debe al cristianismo. Una vez más, basta con echar la vista atrás para comprobarlo. La destrucción de la biblioteca de Alejandría con el asesinato de la científica Hipatia, llevados a cabo en el año 415 por incitación del patriarca de dicha ciudad, Cirilo, es el ejemplo más conocido, especialmente tras el rodaje de la película Ágora. Pero el aniquilamiento de todo lo pagano fue total, empezó en el mismo instante en que Constantino concedió al cristianismo el estatuto de religión del imperio y alcanzó su mayor vigor cuando Teodosio (379-395) la declaró única en todo el territorio dominado por Roma, momento a partir del cual y durante mucho tiempo todo el que negaba a Cristo se convertía en un proscrito al que, como tal, cualquiera podía quitarle la vida legalmente.

Muchos historiadores nos dicen que la intervención de la Iglesia consistió en la transformación de los santuarios paganos en templos cristianos. Pero esto no es más que un descarado eufemismo. Lo que la Iglesia romana perpetró fue una destrucción en toda regla, sistemática, implacable. Sacerdotes y propagadores paganos fueron asesinados sin piedad, las bibliotecas particulares quemadas en las plazas públicas, los templos arrasados, en muchas ocasiones con los fieles en su interior. En los años ochenta del siglo IV, bandas de monjes fanáticos iban de un lado a otro del imperio destruyendo cuanto de pagano encontraban a su paso. Una de estas bandas, los parabolani actuaban como guardaespaldas de los patriarcas de Alejandría.

La acusación contra el paganismo se basaba no en la falsedad de sus dioses, sino en considerarlos demonios que engañaban a los seres humanos con sus malas artes. Esta acusación facultaba a los cristianos católicos para enfrentarse a tamaños enemigos con todos los medios disponibles. Julio Fírmico Materno, un siracusano converso de mediados del siglo IV, que antes había sido senador y un curioso astrólogo, en su libro De errore profanarum religionum conmina al emperador Constancio II en los siguientes términos: Se te encarece en virtud de la ley del Dios supremo a perseguir severamente en todos los sentidos el crimen de idolatría... Dios ordena que no se perdone ni a hijo ni a hermano, y dirige la espada vengadora que atraviesa los amados miembros de una esposa. A un amigo también lo persigue con gran severidad, y todo el pueblo es llamado a las armas para desgarrar los cuerpos de los sacrílegos. Dios ordena destruir incluso ciudades enteras, si son sorprendidas en este crimen.

La destrucción y el exterminio se extendieron por doquier. La gran cultura elaborada por la humanidad a lo largo de milenios, reunida, sistematizada e impulsada por los griegos, desapareció casi en su totalidad. Europa necesitaría más de otros mil años para empezar a recuperar el aliento y ponerse de nuevo en el camino del progreso. Fue como atravesar un túnel, un túnel interminable y denso que muchos eruditos no dudan en denominar La Edad de las Tinieblas.

Al día de hoy, cualquier persona medianamente informada conoce de sobra todo esto. Los fieles de a pie tal vez no, pero el papa y sus corifeos, son personas informadas, ¿por qué se empeñan en continuar mintiendo?

4 comentarios:

cosmofonio dijo...

Magnífico post, no puede explicarse mejor.

Paco Muñoz dijo...

Inmejorable Molón, y que bien dibuja Amenábar esa intolerancia en su película, y lo criminales que eran. Y que lastimosa pérdida la de la biblioteca y todo el saber que atesoraba. Luego otro pueblo hasta hoy defenestrado, el árabe, nos trajo, traducida del griego, otra vez, esa cultura primigenia occidental. ¡Eppur si muove!

Ahora el nazi en su "tierna juventud" B16, dice que pueden en algunas ocasiones usar las señoras prostitutas el preservativo, y todo el mundo celebra que ese individuo diga lo que la mayoría de los católicos, no fundamentalistas, llevan haciéndolo como el otro individuo con el catalán, usándolo en la intimidad. Miserables.

Conchi Carnago dijo...

Gracias, gracias, por tus clases de historia,reales y no manipuladas, por saber decirlas tan bien, tan asequibles para una persona sin estudios como yo, pero ávida de saber y de aprender de personas como tu, es un verdadero placer, no escatimes tus interesantes entradas, por favor.

Un saludo.

Molón Suave dijo...

Gracias a los tres. Hacéis que me ruborice y todo y, desde luego, que me esfuerce para no perder comba.