viernes, 5 de noviembre de 2010

El arte de la mentira




Hay muchas formas de mentir. Están la mentira grosera y la mentira insulsa, la mentira jocosa y la mentira infantil, que hace enrojecer al que la dice. Están la mentira sibilina y la mentira desvergonzada, etc. etc. Pero el auténtico arte de la mentira consiste en expresarla de tal modo que aquel al que se dirije se vaya absolutamente convencido de que le hemos dicho la verdad.

De niños, nos lo ejemplificaba un cura con deliciosa retórica. Cierto día, contaba el cura, un ladronzuelo entró a la carrera en un convento de franciscanos, a cuya puerta se encontraba uno de los frailes. Un minuto después, aparecieron unos policías que le preguntaron al fraile si había visto pasar a un hombre corriendo. Y le describieron sus caractarísticas. El monje no podía mentir, enfatizaba el cura, so pena de cometer un pecado gravísimo, pero tampoco podía decir la verdad, ya que había sentido compasión por aquel hombre. En tan arduo dilema, tuvo una idea genial: metió sus manos en las mangas del hábito y empezó a moverlas con cuidado.

-Por aquí no ha pasado -dijo, pensando en sus manos y en sus mangas, y los policias, dieron la vuelta y se marcharon por donde habían venido.

El cura, por lo que parece, no se detuvo a pensar en que, mintiera o no mintiera el fraile, que eso allá Dios que lo juzgue, los policías, desde luego, se fueron engañados. O, lo que viene a ser lo mismo, que lo que triunfó en el ejemplo no fue la verdad sino, evidentemente, la mentira, gracias a la cual el ladronzuelo no fue detenido y escapó.

Seguramente sin pretenderlo y aunque nosotros no lo advirtiéramos entonces, lo que el cura nos exponía, en realidad, era la que ha sido actitud generalizada de la Iglesia católica desde sus mismos orígenes hasta el día de hoy. Ahora que el papa viene de nuevo a España y que el gobierno ha puesto en el dique seco, una vez más, la Ley de Libertad Religiosa, no está demás mencionar una de esas mentiras cotidianas que la jerarquía eclesiástica española viene haciendo pasar por verdad.

El Estado español, un estado constitucionalmente aconfesional, aporta directamente a la Iglesia española diez mil millones de euros cada año, es decir, para los que aún no se manejan con cantidades tan monstruosas, un billón, seiscientos sesenta y tres mil ochoscientos sesenta millones de las antiguas pesetas. Esta cantidad sirve para completar lo que aportan los fieles que marcan con una cruz el apartado correspondiente del IRPF, de acuerdo con lo que se recoge en el Concordato de 1978, concordato en el que se recoge también el compromiso de la Iglesia para lograr su autofinanciación en el plazo de diez años, plazo al día de hoy más que sobrepasado sin que, a la vista está, se haya alcanzado ni de lejos tal objetivo. Ninguna otra religión de las que operan en España recibe cantidad alguna del Estado.

Ante esta vergonzosa situación que a muchos españoles, incluidos bastantes católicos, nos repugna, la jerarquía eclesiástica se defiende manifestando que, si bien es cierto que la Iglesia recibe esa cantidad, Ella aporta al Estado en forma de distintos servicios, tales como colegios, guarderías, hospitales, etc., la cantidad de treinta mil millones de euros, con lo que, en realidad, el Estado es aún deudor a la Iglesia de nada menos que de veinte mil millones de euros.

Y es verdad, la Iglesia viene prestando esos servicios que dice. Y es verdad también que dichos servicios pueden valorarse en la cantidad que la jerarquía eclesiástica sostiene. Entonces, ¿dónde está la mentira? La mentira está, como siempre, en la habilidad de la Iglesia para darle la vuelta a los argumentos de tal manera que lo negro por más que negro nos resulte a todo el mundo inmaculadamente blanco. La mentira está en que, si bien para el conjunto de los españoles esos colegios, hospitales, etc. pueden constituir un servicio, para la Iglesia, en realidad, son pura y simplemente negocios, negocios mercantiles como cualquiera de los que montan a diario muchos españoles, una tienda de tejidos, una cafetería, una fábrica de mantecados, etc, etc. Dejando aparte la cuestión nada baladí del adoctrinamiento, base de su actividad, mediante la cual la Iglesia consigue a sus adeptos y seguidores, gracias a tales colegios, hospitales, etc, viven las órdenes religiosas que, en su mayoría, los regentan. Véase, como ejemplo, el Hospital de San Rafael de Córdoba, perteneciente a los Hermanos de San Juan de Dios, otrora obra de caridad y hoy clínica privada en nada diferente a las regidas por seglares. Que le pregunten, si no, a los trabajadores que sufren a diario la explotación que sobre ellos ejercen los caritativos hermanos.

El papa viene de nuevo a España. Dice que a peregrinar a Santiago y a ofrecer la catedral de Barcelona. Esta es la verdad oficial. O, mejor, esta es la mentira oficial. Viene, en realidad, a defender ante las autoridades civiles que la Iglesia continúe disfrutando de las numerosas prebendas de las que goza, por lo que se ve sin remisión, en este país de todos los demonios.

3 comentarios:

Lisístrata dijo...

Amén!

Conchi dijo...

Tienes toda la razón, yo llevo mucho tiempo muy cabreada con la iglesia, te remito una pequeña nota que he puesto hace un rato en facebook.


Mientras estaba "almorzando", puse unos minutos las noticias, y como no, estaban hablando del viaje del papa, me quede de piedra, cuando salio, una avenida de Santiago invadida por policías armados, pero no unos cuantos, no, no,mas bien unos cuantos de cientos, cada metro, "un poil" a cada lado de la carretera, eso solo en esa avenida.
De pronto pensé, pero de que tiene miedo este hombre, que yo sepa Jesucristo iba a pecho descubierto, lucia ropas y calzado humilde, viajaba, andando, o en asno, dormía en el suelo o en camastro, se acercaba a las gentes, sin guardaespaldas, y sobretodo predicaba con el ejemplo. O por lo menos, eso nos han contado toda la vida, porque quieren que creamos, cuando ni ellos mismos se lo creen, ya e dicho varias veces que la iglesia católica que "no cristiana", es el negocio mas grande y fructifero de toda la historia, y no me cansare de repetirlo, salvo que algún día, el vaticano disidiera acabar con el hambre en el mundo, donando todas sus riquezas. Yo desde luego no lo veré.

Con mucha sutileza, no, no, perdón, mas bien con mucho descaro, hoy se a permitido criticar a España comparándola con los años de la república , Que mas quisiéramos. Mas les valiera que cumplieran con la ley que se aprobó en el 75 de autofinanciacion, y que ningún gobierno ha echo cumplir, por cobardes todos.

Paco Muñoz dijo...

Molón, con que delicadeza y sutilidad reflejas lo que piensas de las mentiras. He echado de menos la mentira piadosa, que quizás sea la que debía haber utilizado el fraile. A su vez, me has recordado al decir: "El monje no podía mentir," a la película de Almodóvar "Mujeres al borde de un ataque de nervios", cuando le pregunta algo Fernando Guillén a la portera, y esta muy concreta le contesta: "No señor yo soy testiga de Jehová y no puedo mentir...", parece que las religiones tienen como norma lo contrario de lo que habitualmente más hacen y es mentir.
Como siempre es una delicia leerte.