sábado, 9 de octubre de 2010

A vueltas con el mal



Cuando el diablo no tiene nada que hacer mata moscas con el rabo, me decía siempre mi madre ante algunas de mis travesuras infantiles. A esto yo añado hoy que cuando un teista se pone a pensar siempre encuentra un argumento para resolver -eso es lo que creen- los problemas relacionados con su creencia. Ahora andan de nuevo a vueltas con el mal.


Un teista es un señor que no sólo cree en la existencia de un Dios creador, sino que además,lo califica, entre otras muchas cosas, de omnipotente y de infinitamente bueno, y la existencia del mal, evidente incluso para el más tonto, constituye un severo hándicap para estas dos cualidades, pues, si Dios creó el mundo, creó también el mal y, en ese caso, o no es omnipotente o no es infinitamente bueno.


Tradicionalmente, la coexistencia del mal con la bondad de Dios se defendía aduciendo que el mal en sí mismo no existe, sino que no es más que ausencia de bien. Como esta afirmación no puede ser más imbécil y ha sido desmentida inumerables veces, los teistas vuelven a la carga con argumentos nuevos que consideran de total y absoluta solidez. Uno de los teistas más conspicuos en la actualidad es Alvin Plantinga (An Arbor, Michigan, 1932), norteamericano, naturalmente.


Aunque lo expresa con su correspondiente sofisticación, el pensamiento de este caballero acerca de este tema puede resumirse así:


1.- Hay un mal necesario, que no necesita justificación, puesto que aparece para conseguir un bien. Así por ejemplo, una operación a corazón abierto o la amputación de una pierna para salvar al individuo de una gangrena cierta.


Un razonamiento perfecto, si no fuera porque estos filósofos no se detienen en apreciar que antes de la amputación de la pierna está la gangrena y que ésta no se trata de un bien, sino de un mal como una catedral, cuya aparición, precisamente, es la que tienen que explicar.


2.- Además de lo anterior hay lo que parece ser un mal gratuito. Aquí se encuadrarían todos los desastres naturales o la existencia de grandes tiranos como Hitler o Stalin que llevaron a cabo masacres extraordinarias sin razón alguna. Este mal es bastante más difícil de justificar y es el que lleva a un buen número de personas a negar la bondad de Dios, si es que no también su existencia. ¿Dónde estaba Dios durante el Holocausto?, se preguntaba retóricamente el papa Ratzinger en su visita a Alemania, como si él no lo supiera.


Plantigan resuelve el problema con dos respuestas verdaderamente pasmosas:


a) Cuando decimos que un mal es gratuito, ¿cómo lo sabemos? No conocemos los designios de Dios, de modo que no podemos penetrar en su moralidad.


b) La ausencia de mal nos llenaría, sin duda, de felicidad, pero Dios no nos ha traído a este mundo para ser felices, sino para que lo conozcamos.


Ambas respuestas tienen tomate y tienen más tomate aún viniendo de todo un señor filósofo y de un filósofo con un montón de libros publicados y que goza de enorme prestigio. En primer lugar, si no podemos conocer los designios de Dios, qué hacen los teistas, incluido el señor Plantinga, desgranando una a una todas Sus cualidades. ¿Acaso podemos conocer todo de Él salvo sus designios? Pero es que además existe una flagrante contradicción entre una y otra respuesta, pues si no podemos conocer los designios de Dios, ¿cómo sabe el señor Plantigan para que nos ha traído a este mundo?


Aparte razonamientos, la segunda respuesta a mí personalmente me llena de indignación. O sea, el Ser más poderoso que puede existir me crea y me echa a este mundo sin pedir mi opiníón y, seguidamente, sale corriendo y se esconde en el fondo del oceano o en el fondo del universo y me impone la obligación de conocerlo. Para comprender mejor toda la absurdidad de este argumento, pongámoslo en términos humanos. ¿Qué pensaríamos del invididuo que engendra un hijo y nada más nacer lo lleva a un hospicio y a continuación se pierde, no sin dejar antes una carta para el niño en la que le exige que lo busque y lo conozca? ¿Demencial, no? ¿A alguien se lo ocurriría pensar que este hombre es bueno? Bien, pues según los teistas nosotros sí que tenemos que pensar que Dios lo es.


Por más vueltas que le den estos señores, el problema del mal sigue siendo insoluble. Un Dios infinitamente bueno no puede permitir ni una partícula de mal, por pequeña que sea. Y no se trata sólo de los grandes males generales, como las catástrofes naturales, o de los personales, como que te corten una pierna, males que, oye, a lo mejor son un bien en el fondo y todavía no nos hemos dado cuenta. Es algo mucho más simple y no hay que buscar tan lejos: nuestra propia ignorancia de los designios de Dios es ya en sí misma un mal tan importante y, al mismo tiempo, tan absurdo que debería hacer caer de su caballo hasta al teista más recalcitrante.

2 comentarios:

Lisístrata dijo...

Pues esta gente que se sabe manejar en las premisas del razonamiento son sin duda agentes del mal y no muestran sus verdaderas conclusiones porque trabajan para la instituciones propagadoras deese mal al q pertenecen q no son otras que las religiones que les pagan para sostener mentiras e infundir el miedo a sus seguidores. (bueno, es una reflexión al hilo en "voz alta" pero que tú, amigo Molón, lo sabes mucho mejor q yo)

Paco Muñoz dijo...

Molón, la profundidad de tus análisis, y sobre todo el aderezamiento de ellos de toda suerte de preguntas incontestadas pero tremendamente lógicas, hacen que sea difícil encontrar un resquicio por donde opinar, ya que lo tienes todo "atado y bien atado" -es broma-, por lo que sólo resta decir que estoy plenamente de acuerdo con lo que dices, a pesar de que por otra parte me debería de sudar eso de lo que esta gente haga con su organización, pero por otro lado es que se meten en terrenos que no son de sus asociados solamente, y es lo que me da un margen de maniobra conmigo mismo.

Enhorabuena.

PD:Lee lo de Harazen respecto a la Hermandad del Santo Latrocinio (I y II) de sobresaliente.