martes, 19 de octubre de 2010

¡Oh, el libre albedrío!




Leibniz, el filósofo de las mónadas, no tuvo empacho en afirmar que este era el mejor de los mundos posibles, pues Dios, su creador, sólo podía crear lo mejor.

No tuvo más remedio que ser el teísmo el que hiciera desvariar al, por otra parte, gran científico y matemático alemán, pues sólo a un filósofo teísta, encerrado en el calabozo de la fe, se le puede ocurrir una imbecilidad de este calibre.

Ahora, los hombres del Dios personal, infinitamente sabio y bondadoso, afinan más. Independientemente del diseño inteligente, que pretenden hacer pasar por ciencia, vuelven una vez más a la carga con el libre albedrío. Oh, nos dicen, el libre albedrío, he ahí la señal del toque divino en el ser humano, la prueba definitiva de que el hombre es creación directa de Dios. Y abundan en dos puntos:

a) Dios pudo habernos creado sin esta cualidad, pero entonces las obras del ser humano carecerían de mérito

b) Sin la existencia del libre albedrío, el mundo sería un lugar insoportablemente aburrido.

Yo he tratado de sintetizarlo al máximo, pero el galimatías de razonamientos, en realidad, no hay por donde cogerlo.

En primer lugar, cabe señalar que cuando estos sesudos varones hablan del libre albedrío siempre lo definen como la capacidad del hombre para elegir entre el bien y el mal. Ahora bien, amigo, dejando aparte consideraciones neurólogicas que lo pondrían en gran aprieto y dándolo por válido, lo primero que hay que preguntar es qué clase de libertad es esa que si el ser humano escoge el mal (y el mal puede ser para estos pensadores acostarse con una señora o con un caballero) le esperan los más terribles castigos. Sería algo así como si, a la hora de la merienda, le dijéramos a un niño de siete u ocho años o incluso mayor: en esta mesa tienes un pastel de chocolate y los cuadernos de la tarea del colegio, escoge lo que quieras, pero, entérate, como se te ocurra coger el pastel en lugar de los cuadernos te voy a cuajar el lomo a garrotazos

Pero es que además el libre albedrío permite al ser humano hacer conscientemente otras elecciones distintas de esta. Así, se puede elegir entre dos bienes, por ejemplo, estudiar francés o estudiar chino, y se puede elegir también entre dos males, explotar a un inmigrante o buscar la quiebra de mi empresa. Es decir que lo mismo que vivimos en este mundo, podríamos vivir en otro en el que no existiese más que el bien o en el que no existiese más que el mal y ni uno ni otro tendrían por qué ser ni más aburrido ni más divertido que el actual.

Lo más gracioso del caso es que, aunque parezca que no se dan cuenta cuando exponen sus ideas, para los teístas estos mundos existen. En efecto, los teístas católicos, que son los que mejor conozco, defienden con uñas y dientes la existencia del cielo y del infierno, el primero para premiar a los buenos y el segundo para castigar a los malos. Estos mundos, ni qué decir tiene, son también creación exclusiva de Dios. Sin embargo, ni en el cielo ni en el infierno existirá esa bendita capacidad de elegir, pues ni en el primero se podrá hacer el mal ni en el segundo el bien. Y, hombre, siempre pensando en católico, el infierno podrá ser como se quiera, ¿pero de verdad un teísta católico piensa que el cielo es aburrido? ¡Pues apañados estamos! O, lo que viene a ser lo mismo, el libre albedrío no es más que otra exageración de los teístas, ya que, sí, se trata de la capacidad de elegir, pero de una capacidad ridícula y extraordinariamente limitada.

6 comentarios:

Paco Muñoz dijo...

Molón, cada vez son más profundos tus planteamientos, que son más dignos de estar todos en un volumen para disfrutarlos a la vez y releerlo de vez en cuando sin tener que encender el ordenador.

Un abrazo

Josefo el Apóstata dijo...

Muy de acuerdo Molón. La capacidad que tienen los creyentes en un solo dios de apropiarse de todo lo que nos caracteriza como humanos y de lo que nos rodea es infinita y, como muy bien expresas, el argumentario justificativo de esas tesis es absurdo y rocambolesco. Sin embargo no estoy del todo de acuerdo con tu última afirmación. Pienso que el libre albedrío es una cualidad específicamente humana y por lo tanto muy importante para los seres humanos. Citada hasta la saciedad es la frase: “el hombre es un animal racional”, pero no lo es tanto la de: “el hombre es un animal moral” y, precisamente la cualidad “moral” no la tendríamos sin el libre albedrío. Por el hecho de que el término moral haya sido “robado” por los teístas hasta casi conseguir que lo identifiquemos con su religión no me resigno a dejar de utilizarlo para hablar del comportamiento humano y no lo considero completamente sinónimo del término ética. Y si hablamos del comportamiento de las personas, no podemos minusvalorar la importancia del libre albedrio. Estoy contigo en que tiene sus límites, no elegimos donde nacemos, ni a nuestros padres y hermanos ni nuestros “posibles” ni potencialidades, pero dentro de esos determinantes (ciertamente condicionantes) hay margen para desarrollar, en mayor o menor medida, nuestro propios proyectos vitales y morales. No se puede vivir, como ser humano, sin proyectar. En este punto, me parece que no soy tan “determinista” como tú. Bueno, en realidad, como casi todo, es una cuestión de grados.
Perdón por la extensión

Molón Suave dijo...

Paco: Muchas gracias. Con amigos como tú es la mar de grato escribir.
Josefo: Claro que sí que el libre albedrío es lo que otorga al ser humano la calidad moral. Aquí lo que me interesaba era ridiculizar esa continúa loa a la libertad que hacen los deistas, como pista o signo de que hemos sido creados por un Dios personal y bueno. Caramba, si en el cielo, en el que tanto creen, seremos todos buenos, ¿por qué no podríamos serlo ya desde aquí? O, lo que es lo mismo, por qué Dios tuvo que hacernos la cabronada de crearnos con la posibilidad de obrar el mal, cuando, si vamos al cielo, como ellos dicen, tendremos nada menos que toda la eternidad para hacer exclusivamente el bien.
Yo no soy tan determinista como pueda parecer por la última frase (en sucesivas entradas iré desarrollando este asunto.) Sin embargo, los últimos descubrimientos neurólogicos parece, digo parece, que apuntan hacia que estamos bastante más condicionados (por los genes, por la primerísima educación, etc) de lo que suponemos. Se trata de investigadores nada proclives a ideologías de corte más o menos autoritario, que lo que vienen a decirnos es que quizás tengamos que ser más indulgentes con los individuos que se salen de las normas y se convierte, por ejemplo, en criminales.

Lisístrata dijo...

Una de las cosas q más me jode de las religiones es que te hagan la lista de lo que es el bien y el mal bajo su propio criterio demonizando a todo aquel q no la siga.

Pienso que cada cual lo sabe donde está el bien y el mal de forma instintiva y, por supuesto, no tienen ni mucho menos que coincidir con lo que su moral dicte.

Molón Suave dijo...

Lisis: Desde luego, como quiera que las religiones no se basan en evidencias sino en supuestos, sus listas del bien y del mal que tratan de imponernos a todos, listas siempre bien rígidas y bastante hipócritas, constituyen una verdadera jodienda.
Sin embargo, no estoy del todo de acuerdo con que todos sepamos lo que es el bien y el mal de forma institiva. Creo que son conceptos que debemos establecer entre todos, porque además no son fijos, sino que cambian y no poco a lo largo del tiempo. Matar a otro ser humano, por ejemplo, ha habido épocas en que, entre determinados grupos, existía el canibalismo y eso estaba perfectamente aceptado, o los sacrificios humanos a los dioses, etc. Hoy esto es malo, pero se sigue considerando buen matar en la guerra, si esta es defensiva. Y hay países en los que mayoritariamente se sigue aceptando la pena de muerte.

Lisístrata dijo...

Lo de "instintivo" lo dije instintivamente, valga redundancia, porque no concibo como hay inviduos que pueden ir haciendo daño gratuitamente por donde quiera que pasan y menos aún como pueden disfrutar infringiéndolo. Pero llevas razón, existe el mal y sus ejecutores por todos lados, ojalá no nos topemos en su camino.