viernes, 1 de octubre de 2010

Miserias del teismo




Los teistas son seres humanos abonados al teísmo. El teismo es la doctrina filosófica que sostiene la existencia de un Dios personal al que otorgan toda una serie de cualidades que, resumiendo, podrían concretarse en la Excelencia suma, o Excelencia infinita.

En España, desde los mal llamados Reyes Católicos (¿pues cuál de ellos no lo ha sido?) hasta hace bien poco, el teísmo ha sido la doctrina filosófica oficial. Se trata, por otra parte, de la filosofía que defiende la Iglesia Católica.

La filosofía teista es meramente conceptual, sus argumentos, como no puede ser de otro modo dado el objeto de sus indagaciones, carecen de prueba evidente. Propio del filósofo, por otra parte, es el pensamiento sofisticado y más propio aún la expresión cuanto más sofisticada mejor de este pensamiento. Y en esto los teistas han sido y siguen siendo maestros. Las frases oscuras, las sintaxis compleja, el puntillimo hasta en el más insignificante de los detalles, estas han sido y son sus armas principales.

Ahora bien, nada de esto quita para que los teistas tengan todo el derecho del mundo a defender la doctrina que profesan, a considerar como pruebas las que a ellos les parezcan convenientes y, cómo no, a proclamarlas por cuantos medios legales estimen oportuno. Es este un derecho que pueden ejercer no en virtud de ninguna preeminencia, ni intelectual ni de ningún otro tipo, sino como resultado de formar parte de una sociedad laica y, por lo tanto, libre, la sociedad que aún a su pesar, estamos consiguiendo poco a poco.

Los teistas, sin embargo, arratran consigo dos miserias principales de las que a estas alturas de los siglos deberían avergonzarse y por las que tendrían que pedir perdón al resto de los mortales que no compartimos sus postulados.

La primera de ellas es ese afán inmoderado de imponer a todos sus creencias. En España, mucho más que otros lugares, hemos sufrido este afán hasta hace bien poco. Han sido casi quinientos años de imposición feroz, monolítica, de la que no había modo de defenderse, pues cualquiera que osara insinuar siquiera su disidencia, acababa pagándolo en ostracismo, en cárcel, en tortura o en hoguera, por este orden. Ahora, los teistas hablan mucho de libertad y, para mayor escarnio, afirman defenderla. Ahora que perdieron el monopolio de la verdad. Bien harían en mirar atrás un instante y en guardar, como mínimo, un minuto de silencio por los muertos caídos bajo su dictadura.

La segunda de las miserias de los teistas es aún más seria. Consiste, pues de esta no se han despojado aún, en su oposición al avance del conocimiento humano. Si por los teistas fuera, la tierra aún sería plana, el sol giraría alrededor de ella, nunca se hubiera construido un pantano, las vacunas no existirían, etc, etc, etc., pues casi puede decirse que no existe descubrimiento científico que no los haya tenido a ellos enfrente dispuestos a aplastarlo. Hoy mismo sienten terror ante el desarrollo de la genética, por poner un simple ejemplo, y, en buena medida, continúan sin aceptar la teoría, hoy ya evidencia, de la evolución.

3 comentarios:

Josefo el Apóstata dijo...

Buen artículo Molón, como siempre.
Teistas, creacionistas, negacionistas... no solo niegan las creencias de los demás, niegan los hechos, cualquier hecho que cuestione sus creencias. Este negacionismo también es propio de las ideologías reaccionarias, no solo de los teistas radicales. Claro que ambas visiones suelen ir juntas.

Paco Muñoz dijo...

Extraordinario artículo.

Un abrazo.

Molón Suave dijo...

Pues gracias a los dos.