viernes, 3 de septiembre de 2010

Así en la guerra como en la paz




1.- En la guerra no sólo es lícito, sino encomiable dar muerte a los enemigos.


San Atanasio (295-373)

Patriarca de Alejandría y feroz combatiente contra los arrianos, causa por la que sufrió diferentes destierros. Padre de la Iglesia.


2.- Difícilmente se erradica lo que los espíritus que empiezan a instruirse han asimilado.


San Jerónimo (345-420)

Doctor de la Iglesia. Secretario del papa San Dámaso. Un hombre que lo tenía claro.


3.- Nadie puede ignorar que la Iglesia es una sociedad desigual en la que Dios ha destinado a unos a mandar y a otros a obedecer; estos últimos son los laicos, los otros los esclesiásticos.


Papa Gregorio XVI (1831-1846)

Por si alguno no lo tiene claro todavía. Este axioma, enunciado hace 164 años se mantiene en vigor en la actualidad, salvo que porque lean el evangelio y la epístola en la misa y poco más los laícos crean otra cosa.


4.- Sería mejor morir sin los últimos sacramentos que recibirlos de manos de un jesuita.


Sr. Marqués de Peralta

Fundador del Opus Dei

Una diáfana prueba (las hay a cientos) de la unión y la fraternidad que impera entre las distintas órdenes religiosas católicas.


5.- (La Iglesia precisa) de la autoridad civil con la ley y la fuerza. No bastará la obra de la Iglesia, que exhorta, es necesario que detrás del predicador, que señala los castigos eternos, se deje ver la espada del poder público, que amenaza con el castigo temporal.


Padre G. Crisógono

Grandeza, ruina y resurgimiento de España. San Sebastián, 1941. Pag. 207


No se puede decir más claro ni con menos palabras. En último término, la religión no la impone ni la palabra ni el ejemplo, la impone la espada del poder público. Habían ganado una guerra, habían conseguido que se eliminara lo que ellos llamaban la cizaña y aún no les parecía suficiente. Tenían que conseguir que cada españolito cumpliera sus normas aunque fuera a punta de pistola. Esta es la razón por la que ahora, por ejemplo, no se conforman con que, de acuerdo con sus creencias, el aborto sea sólo un pecado; tiene que ser también un delito y un delito que afecte a todo el mundo

2 comentarios:

Lisístrata dijo...

Así es, y lo malo no es eso, lo peor de todo es q ni se despeinan cuando lo dicen y/o escriben y encima si les reprochas intentan justificar lo q, en evidencia, es injustificable.

Molón Suave dijo...

Por eso yo insisto e insisto desde esta pequeña tarima que viene a ser como la botella con el mensaje que se lanza al mar. Que quien quiera que sea lea y piense. Y luego que haga lo que quiera. Un saludo