martes, 22 de junio de 2010

El abortista






Ahora resulta que el Dios de la Biblia, el Dios que creó el mundo en seis días y en el que siguen creyendo a pies juntillas millones de personas en el mundo, especialmente en Norteamérica, ese Dios es un Dios abortista.

Esta insólita conclusión no es mía -¡Dios me libre! A ella ha llegado un señor muy importante, don Francisco Ayala, biólogo, reciente premio Templeton. Este premio, dotado con más de un millón de euros -lo que no es moco de pavo- reconoce la labor de las personas que tienden puentes entre la ciencia y la religión.

Antes de nada, conviene aclarar, que el señor Ayala, hoy ciudadano norteamericano, fue en otro tiempo fraile dominico. Cuando de religión se trata, los dominicos de hoy, aunque hayan abandonado los hábitos, deberían tentarse cuidadosamente la ropa, pues no son pocas las falacias teológicas y los crímenes reales que la Orden acumuló a lo largo de su historia. Que le pregunten a los cátaros, por ejemplo, eliminados sin piedad, sencillamente por entender el cristianismo de un modo distinto al del Vaticano.

Bien, dicho esto, el señor Ayala es un decidido partidario de la evolución, entre otras cosas porque, según sostiene en una entrevista publicada no hace mucho en El País, "el sistema reproductivo humano está tan mal diseñado que el 20% de los embarazos termina en aborto espontáneo, y eso no incluye los abortos más tempranos, que no se detectan. Eso son 20 millones de abortos en el mundo cada año. Echarle la culpa de eso al diseño divino haría precisamente de Dios un abortista de escala increíble."

¡Toma ya! ¡Cómo se expresa el señor científico/religioso o el señor religioso/científico! Pasmo causa tan maravillosa conclusión. Hasta hace bien poco, seudociéntificos adictos a la doctrina vaticana proclamaban la imposibilidad de la evolución basándose en lo que ellos llaman la complejidad irreductible, es decir, el hecho de que los órganos humanos, por ejemplo el ojo, por el que estos señores se pirran, no es posible que puedan ser obra de la evolución, teniendo en cuenta que para que funcionen se necesita una complejidad de partida que la evolución no proporciona.

Pues no, mire usted, Ayala dice que no. Ayala es más listo. Él se ha dado cuenta de que la evolución ha dejado de ser una hipótesis para revelarse cada día más como una verdad indiscutible y no está dispuesto a desaprovechar el embite. ¡Claro, hombre! Los órganos humanos y los de los animales en general son sumamente complicados, pero, amigo mío, no se puede negar que son una miajita imperfectos, que su diseño parece llevado a cabo por aquel célebre profesor que aparecía en el TBO, cuyo nombre no recuerdo, más que por un Ente infinitamente sabio y omnipotente. E infinitamente bueno, que no se nos olvide. El mismo hombre, tan insignificante, ha inventado un oído bastante simple y que funciona de maravilla, el teléfono, y un ojo exactamente lo mismo, las cámaras de televisión, algunas tan diminutas como la cabeza de un alfiler. O sea, que no se necesita tanto follón para llegar a buen puerto.

"Es difícil - dice el señor Ayala en la misma entrevista- imaginar al Dios benévolo y omnipotente de la Biblia y explicar el mal en el mundo." Y, claro, como el aborto es un mal, Dios, que es tan bueno, no puede realizar un mal, luego, el creacionismo es falso y viva la madre que me parió.

No me lo tomo a chiste, aunque parezca que hablo con cierta ligereza. Pero es que es para troncharse, de no ser por la cantidad de sangre que el creacionismo tiene a sus espaldas. En primer lugar, se necesita tener la cara muy dura para tildar de benévolo al Dios de la Biblia. Hombre, ese Dios puede ser lo que se quiera, ¡pero benévolo! Y luego, si ese Dios resulta falso, no importa, metemos otro y sanseacabó. Cuál Dios sea este otro es algo que el señor Ayala no aclara. Pero, eso sí, como, según el eminente biólogo, no tiene nada que ver con el mal, pues debe tratarse de un Dios infinitamente sabio, infinitamente bueno e infinitamente justo. Que la ciencia ve cada día a este Dios tan improbable como el de la Biblia, qué más da, lo metemos con calzador y punto. Así, de paso, aprovechamos la ocasión para resolver por fin un problema que nos trae de cabeza desde el origen de los tiempos, el problema del mal, que la buena teología católica no tiene modo de resolver.

¡Dios de Dios! Hay que ver la chusrraquería y el emborrizado mental con los que estos doctos hombres nos iluminan el horizonte. Las cosas no son tan complicadas, aunque así lo crean los sesudos teólogos católicos. Uno puede creer lo que le de la gana y pensar que la ciencia y la religión no son incompatibles. Pero el quid del asunto es siempre el mismo, siempre:

a) Si Dios no creó el mundo, aunque fuera únicamente dejando caer una semillita, entonces ¿quién es este Ente y qué pinta en el embolado?

b) Si Dios creó el mundo, aunque no fuera más que dejando aflorar esa semillita, entonces Él es el responsable de todo cuando existe, de la belleza de la rosa, sí, pero también de las espinas del rosal; del delicado perfume de la dama de noche, desde luego, pero también del olor de la mierda que cagamos todos, incluido su santidad el Papa y los que lo rodean, a los que parece que este asuntillo se les olvida una y otra vez.

c) Es decir que, lo pinte como lo pinte el señor Ayala, o Dios no existe o Él es el responsable del mal que corre por el mundo, incluyendo esos veinte millones de abortos espontáneos que se producen cada año y que al señor Ayala le resultan tan determinantes.

3 comentarios:

Lisístrata dijo...

¡ay de esos cuerpos incorruptos bajo las sotanas! nótese la ironía, claro jejeje. Gloriosos, etéreos e inmculados han de mostrarse al mundo a la vista de sus esquivas en materia escatológica q les pueda atañer como al resto de los mortales, pero asín son ellos.

Se supera usted en cada artículo. Y me encanta que ponga a parir a los de los faldones, se lo merecen.

saluditos

Paco Muñoz dijo...

Coincido en lo de la superación que Lisis te dedica. Es verdad y son tus trabajos de mucha profundidad. Yo disfruto leyéndolos, por su calidad y por la razón que te da al final Lisis (hoy estoy suscrito a ella que se me ha adelantado).
Enhorabuena Molón.

PD: Ah, el profesor era Franz de Copenhague.

Molón Suave dijo...

Gracias a los dos. La Iglesia me ha dado mucho pensar y mucho que sufrir durante demasiado tiempo y yo, a pesar de mis escasísimas fuerzas, estoy dispuesto a compensarla.
En efecto, Franz de Copenhague, ese era el personaje. Si nos fijamos un poco, todos los seres vivientes paracemos proyectados por este maravilloso e hilarante inventor, ¿o no?