sábado, 8 de mayo de 2010

¿Intocables?



Ayer. viernes, publicaba un artículo en El País don José María Martín Patino. Todo el que tenga memoria recordará que Martín Patino pasaba por ser un cura progresista, un cura conciliar, así llamado porque era un fiel seguidor de las directrices emanadas del Concilio Vaticano II, celebrado allá por 1963. Pues bien, si alguna fue progresista, es evidente que el paso de los años le hizo perder la memoria. En defensa de una libertad frágil, titula su artículo, en el que, so capa de defender la libertad de prensa, en realidad lo que hace es salir en defensa de la postura eclesiástica más roñosa ante el problema de la pederastia. Con una cara dura que impresiona en un hombre que, a fin de cuentas, no deja de ser un intelectual, don José María llega a felicitarse de "tener un Papa que se ha enfrentado con el crimen nefando de la pederastia y al que no le ha importado hacer frente a una bronca masiva que, estoy seguro, no se ha producido en toda la historia, ni en la plaza de las Ventas." Continúa pidiendo "un poco más de consideración con los clérigos... (porque) ...al fin y al cabo no ocupan el porcentaje más alto de pederastia en nuestros cuerpos sociales. Tolerancia cero para ellos, pero respeto para su dignidad personal, al menos como la que conceden los Derechos Humanos a todos los ciudadanos" Y todo ello para acabar rematando con una acusación clásica, eso sí, expresada sibilinamente, la del anticlericalismo que nos domina a todos los que venimos denunciado no sólo estos crímenes nauseabundos, sino, mucho más, y esto se le olvida a don Manuel, su encubrimiento por parte de las autoridades eclesiásticas.

Qué desahogo, ¿no? Qué desparpajo. Qué enorme suficiencia se necesita poseer para escribir estas cosas sin que te tiemble la mano. Progresistas o no progresistas, cuando se trata de defender el chiringuito todos responden con la misma contundencia, las mismas falsedades y el mismo insulto.

Me pregunto de qué mística aureola disfrutan estos señores para que no puedan ser criticados. ¿Quiénes son un sacerdote o una monja católica para que debamos rendirle pleitesía y decir amén a todas y cada una de sus ocurrencias? ¿Quién es el obispo de donde se quiera? ¿Y el papa, quién es, de qué superioridad disfruta con respecto al resto de los mortales? La misma Iglesia, como organización, ¿está por ventura fuera del mundo y, por consiguiente, exenta de reparos o de reproches? En España, en concreto, ¿no sigue sufragando el Estado buena parte de su presupuesto? ¿Y el Estado no somos todos? ¿Entonces, de qué se quejan?

Más todavía: Si leal, democráticamente alguien crítica al gobierno de turno y busca su sustitución por otro más acorde con sus ideas, ¿debe ser censurado por ello? ¿Qué organización humana está exenta de reprobación, si se hace merecedora de ella? ¿Cual es pues el motivo por el que la Iglesia ha de creerse impune? ¿En qué se basa su superioridad? Quizás, como ellos pretenden, la fundara el mismísimo Hijo de Dios, vale, aceptémoselo. Pero es una obra enteramente humana, no hay más que echar un vistazo a su trayectoria. ¿Por qué, entonces, en cuanto alguien alza una voz contra ella o alguno de sus miembros, ha de ser tachado de anticlerical, de hijo de satán, de endemoniado, de enmigo de Dios, por qué? ¿Quién, a lo largo de la historia, ha sido el verdugo y quién la víctima?

Que prediquen todo lo que quieran, que proclamen su mensaje como y donde les parezca más oportuno, no seré yo quien se lo prohíba. Pero que dejen de insultar, por favor. Y, mejor aún, que dejen de mentir. Pero, claro, ¿qué sería de la religión, de todas las religiones sin mentiras?

2 comentarios:

Paco Muñoz dijo...

Se puede obviar el contenido de tu excelente artículo, que no lo obvio, y dejarlo sólo en el corolario final:

"¿qué sería de la religión, de todas las religiones sin mentiras?"

Y es la pura verdad, puede que tu no lo digas porque les demuestras respeto, pero es que no son merecedores de ello. Todo es una gran mentira. Ellos mismos son una mentira. Lo que predican es mentira. Su estructura es una mentira. Se mueven dentro de la falsedad, la hipocresía, y la desfachatez.

Son muchos siglos de preponderancia, de rendirles pleitesía, de decidir en las vidas y estados ajenos a ellos. El otro día hablaba con un amigo de la importancia de la Revolución Francesa, y el hito que significó en la relación con su pequeño estado, pero que luego a lo largo del tiempo, sibilinamente, casi han vuelto al poder, aunque afortunadamente no como antaño.

Salud

Molón Suave dijo...

Claro, Paco, por supuesto, para los que estamos de acuerdo, con la última afirmación basta. Pero la red es muy grande, no se sabe a quien puede llegar esto, es como un mensaje arrojado al mar en una botella, y yo lo que me he propuesto es lanzar una serie de ideas que, quizás, hipotéticamente, pudiera leer alguien al que le crease al menos una duda. Con eso me daría por satisfecho.