sábado, 15 de mayo de 2010

El único pecado



Hijo de la dictadura franquista, el único fascismo europeo que no fue vencido ni en el campo de batalla ni en el de la paz, mi educación fue, no podía ser otra, católica, apostólica y romana. A mí, como a otros muchos, me embadurnaron bien, bien, bien a base de catequesis y ejercicios espirituales, ambos, claro está forzosos.

Como a otros muchos, a mí también intentaron castrarme a fondo. Confieso que casi lo lograron. Supongo que me salvó mi escepticismo creo que innato, mi curiosidad y, más tarde, la circunstancia de haber dado con una magnífica librería -la Luque- en la que adquiríamos de tapadillo los libros que nos interesaban y cuya circulación prohibía la dictadura.

En aquellas inolvidables catequesis de entonces en que consistían las clases de religión aprendimos los mandamientos de Dios y de la Iglesia, los pecados capitales, las obras de misericordia, las oraciones, todo. Nos hablaban continuamente y con todos los detalles del infierno y casi nada del cielo. Y no cesaban nunca de condenar el sexo. Nunca. En aquellos tiempos, niños como éramos todavía, el único pecado que existía era la masturbación, aunque los curas, siempre tan pudorosos, nunca pronunciaban esta repugnante palabra, sino que se referían a ella con rodeos y perífrasis, tales como tocamientos, vicio solitario, cositas, y algunos, los más burdos, con términos como cochinadas o marranerías.

Hoy, tantos años después, ya no somos niños, claro, ha llovido mucho y han cambiado bastantes cosas. Pero la Iglesia continúa impertérrita con la misma condena. Para ella, el tiempo no ha pasado y, aunque ya no sea sólo la masturbación, los únicos pecados que sigue condenando de manera evidente son los relacionados con el sexo: la promiscuidad, el divorcio, el matrimonio homosexual, el aborto. Sexo, sexo y sexo. Contra el sexo como bandera la Iglesia ha salido a la calle en manifestación más de una vez en los últimos treinta años. Los demás pecados, ya sean capitales o los relacionados con los mandamientos, parece que no tuvieran importancia alguna o, paradójicamente, quedaran reducidos exclusivamente al ámbito privado.

Yo me pregunto por qué la Iglesia no condena con el mismo ímpetu el robo, por ejemplo, no sólo en la versión tradicional de aporarse directamente de los bienes ajenos, sino también en sus variadas formas modernas, desde la corrupción, tan en boga, hasta los préstamos al 23 %, interés que la ley permite pero que no deja de ser un robo, la explotación sistemática de los inmigrantes sin papeles (¡ay esos jornaleros de color o esas sirvientes domésticas sudamericanas), o la especulación, forma la más sublime del robo moderno.

Si el quinto mandamiento prohibe taxativamente matar, sin distingos ni excepciones, me pregunto por qué la Iglesia no saca a la calle a sus huestes para protestar contra la pena de muerte, o contra la guerra, o contra el asesinato de mujeres, tan habitual hoy día (es muy posible que la excomunión de los asesinos disuadiera a más de uno de llevar a cabo su fechoría), o contra la pobreza, que es la forma más canalla de asesinato que podemos cometer.

Si de veras quisiera, la Iglesia tiene campo de sobra para salir a la calle. Por ejemplo, para condenar la avaricia de los banqueros; la lujuria de los que gastan miles de euros en un traje o en un bolso de una sola temporada o de los que acumulan centenares de pares de zapatos, mientras en el mundo mueren cada día cuatro mil niños de inanicción; la gula de los paises desorrollados que no dudamos en devorar las selvas de los que apenas tienen para subsistir; la ira de los empresarios que, aprovechando la crisis, plantan en la calle a los trabajadores con el único propósito de reestructurar sus empresas; la envidia de esos caballeros que sólo aspiran a tener el coche más potente del país o la del político cuyo único afán es arrojar del poder al que lo ocupa para ponerse él; o la soberbia de los poderosos a los que no les importa acabar con la vida en la tierra con tal de lograr su beneficio.

Tiene campo la Iglesia. Ya lo creo que lo tiene. Más que nunca. ¿Por qué no lo explota?


3 comentarios:

Lisístrata dijo...

Pues no lo explota porque hace como los zeñoritos andaluces, prefieren las subvenciones y dejar la tierra baldía antes que meterse en berenjenales q le causarían sólo molestias. como esos señoritos residuales de la época feudal, son escoria, son el mismo mal del q tanto se nos hablaba y q nos hacían creer q estaba fuera de las paredes de la iglesia cuando en la misma iglesia habitaba el peor de los malignos.

En fin, no sigo hablando de ello porque me pongo de una mala ostia por la sensación de tantas cosas buenas perdidas por culpa de esos infames q me produce demasiado sentimiento, porque yo tb fui víctima de esa asqueroso adoctrinamiento q no educación, y he tenido q psar muchos revulsivos para vomitar tanto veneno y no quedarme como muchos de mi edad, gilipollas perdíos y embuídos en una maldad provocada por la misma represión sufrida q da hasta miedo.

gracias una vez más señor Molón. Lo q he leído me ha evocado tristemente ese nefasto tiempo en que los niños y niñas tenían miedo hasta fantasear abrazados a la almohada cuando se enamoraban, es por ello q tb me ha emocionado.

Paco Muñoz dijo...

Molón, que verdades como templos -nunca mejor dicho- dices. Una reflexión que seguro se hace mucha gente.

Que dosis más grande de hipocresía y de cinismo. Que de mentiras y miedos de cegueras de chicos -curiosamente la ceguera en las chicas no, a ellas parece las excluían-. Si existiera "su infierno" sería seguro "su infierno", donde se purificarían del daño que le han hecho a la Humanidad a lo largo de dos mil años.

Pero que difícil es erradicar lo que a sangre y fuego inculcaron en la gente. Espero que la visita programada a este país, la considere el gobierno un "recorte" y esos gastos extras sean destinados a quienes verdaderamente lo merecen, las familias que tiene todos los problemas del mundo. Portugal que está también a la cuarta pregunta ya se lo está gastando. Y hay que ver las "pastorcillas de Fátima" como dejaron escrito la condena a la pederastia según dice B16.¡Que listeza la de las criaturas!

Cada nueva reflexión tuya, supera a la anterior y "obliga" a identificarse con ella plenamente.

Molón Suave dijo...

Gracias por vuestros comentarios, amigos. Me ayudan a seguir.