domingo, 4 de abril de 2010

Una anécdota


Ya sé que no se trata más que de una anécdota, pero me voy a permitir transcribirla tal y como la cuenta María Asquerino en sus Memorias, publicadas en 1985.


Un día estaba yo en la terraza del Café Gijón... -escribe María, situando la acción en los primeros años cincuenta del siglo pasado- ...estaba yo en la terraza del Gijón, con Diosdado y otros compañeros, en pleno verano; yo llevaba un traje de esos que llamaban de bañera y encima tenía una torerita, pero como hacía tanto calor me la quité. En esto que pasa un cura. Un cura bajito, gordito y totalmente congestionado, quizá del calor y de la rabia que le dio verme así. Se me acerca y me ordena muy bajito:

-tápese usted ahora mismo.

Yo no salía de mi sorpresa:

-¿Qué dice usted?

-Que se tape ahora mismo o la denuncio.

-No me da la gana. Denunciéme usted porque yo no me tapo, entre otras cosas, porque tampoco estoy enseñando nada.

El tío se marchó y no hubo denuncia ni hubo nada. Pero cosas así ocurrían con frecuencia.


La anécdota refleja puntualmente el espíritu de la dictadura franquista, una de las épocas más negras y asquerosas de la vida española, y la actitud siempre represiva de la Iglesia católica, muchos de cuyos miembros, mientras tanto, andaban por medio mundo abusando de niños con la complicidad de obispos y otras eminencias. María Asquerino tuvo suerte. Probablemente, el cura se arrugó ante la decisión de la actriz. Pero hubo otros muchos casos en que una mujer, en una situación parecida, era en efecto denunciada y sufría el correspondiente correctivo por parte de las autoridades.

3 comentarios:

Paco Muñoz dijo...

O póngase el "meyba" en la playa, si llevaba un bañador normal, o póngase la "rebeca" para entrar a la iglesia y no lleve los brazos al aire, o el chal de TVE, etc. etc. Mientras en las trastiendas, desde tiempo inmemorial se practicaba el saludable ejercicio de la hipocresía, con su "hermana" de ama de llaves, barraganería y hospedaje de la tropa en los conventos, que tuvieron que prohibir, eso trasladándonos a tiempos más pretéritos, a la vez que se quemaban a infieles en autos de fe. Que siempre me recuerdan a una señora tan bruta que pensaba que un auto de fe era el coche del Sr. Obispo. Y ahora lo que tu has mencionado.
Saludos.

Josefo el Apóstata dijo...

Tiempos realmente oscuros los de la dictadura franquista. La anécdota de la Asquerino me ha recordado otra que sufrí en mis carnes unos 20 años después, concretamente en 1972. Me acuerdo del año porque fue entonces cuando inicié mi primera relación amorosa. A mi novia y a mí nos echó a la calle el propietario de un bar por habernos dado unos piquitos en su local. Eso sí, antes de eso no tuvo ningún inconveniente en servirnos un vino a cada uno. Entonces teníamos 15 años.

Molón Suave dijo...

A paco Muñoz: Tuve un tío cura, un tío de primos, era primo de mi madre. Este hombre tenía una sobrina cuyo origen nunca pude descubrir. Cada vez que le preguntaba a mi madre, me decía que sus padres habían muerto y me madaba callar.
Item más: En 1960,en la boda da una prima mía, el cura de la parroquia de San Pedro, don Julián Caballero Peñas, se paró al comienzo de la homilía que estaba largando y echó a la calle a otras tres o cuatro primas mías, jovencitas de 16 ó 17 años, que había entrado en el templo con mangas cortas, casi hasta el codo, y sin ponerse los célebres (e hipócritas, pues en la calle se los quitaban) que las mujeres se ponían entonces. Era el mes de julio. Y mis primas no pudieron ver casarse a la que también era su prima. Hoy ya no tienen cojones de hacerlo: se quedarían solos.

A Josefo: Sólo un poco antes, en 1970, en la plaza de las Tendillas de Córdoba (entonces de José Antonio), mientras esperábamos el autobús, le di a mi novia un casto beso en la frente. Un tipo que nos vio, se identificó com policía y quiso llevarnos a la comisaría. Tuvimos que emplear toda la diplomacia del mundo y contar con la ayuda de la gente que esperaba, que fue indulgente con una parejita tan joven, para que el tío nos dejara en paz. Y la Iglesia, desde los púlpitos, arengando.