sábado, 27 de marzo de 2010

¡Crucificaíto!



1.- Y crece, crece, crece. La marea de bosta no para de crecer. A estas alturas se está convirtiendo ya en una montaña que llena al mundo de tristeza y de horror. Y ellos imperturbables en sus tronos dorados, en sus sillones de terciopelo y oro, haciendo declaraciones que abochornan hasta a los más alejados de sus doctrinas.


2.- Uno de estos declarantes es don Antonio Cañizares Llovera, nombrado por Benedicto XVI cardenal Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, ahí es ná. Este magnífico príncipe de la iglesia acaba de manifestar que las noticias relacionadas con la pederastia de los clérigos en Alemania (al buen hombre se le olvidan los demás países), son "ataques que pretenden que no se hable de Dios, sino de otras cosas." Y añade, que es cosa que "no preocupa excesivamente a la Iglesia, porque nosotros estamos asentados sobre la cruz de Cristo"


3.- Es verdad, no hay más que ver al hombre, tan pulcro, tan atildado, con esa carita de profundo conocedor de la verdad, con el impoluto crucifijo que cuelga de su cuello y la magnífica banda roja que ciñe su vientre, no hay más que verlo para descubrir que sí, que está total y realmente asentado sobre la cruz de Cristo, vamos, que está crucificaíto el pobre mío.


4.- Pero don Antonio ha dicho más, este mismo mes, con toda la bosta borboteando por todos los rincones. Con esa boquita de piñón que Dios le ha dado ha dicho textualmente que la cruz de Cristo, "es siempre salvación y victoria... es la esperanza de un amor que está por encima de todo." Y es verdad, es la esperanza de un amor que está tan por encima de todo que muchos de sus seguidores pueden permitirse el lujo de atentar contra lo más sagrado, la inocencia de un niño, sin temor alguno a dar con sus huesos en la cárcel. La cruz de Cristo es lo que tiene, que lo redime y lo perdona todo.


5.- La hipocresía del señor cardenal, digo, la humildad de don Antonio no tiene límites. Sin un gramo siquiera de atrición, que es la forma más simple de arrepentimiento, su eminencia reverendísima ha manifestado que en la Iglesia "nadie se va a arredrar, ni se va a echar atrás en lo fundamental: el anuncio del Evangelio de Jesucristo." Como si tuviera que ver algo una cosa con la otra, como si perseguir al culpable de un delito, un delito, eminencia, no sólo un pecado, tuviera relación alguna con el anuncio del Evangelio o de lo que a ellos les parezca mejor.


6.- Don Antonio no es tonto. No se llega a cardenal sin una inteligencia bastante superior a la media. O sea, que sabe perfectamente que lo que las noticias sobre la pederastia de los clérigos reclaman no tienen nada que ver con el Evangelio, sino con la justicia. Que papa, cardenales y obispos no protejan a los autores de las fechorías so capa de la misericordia divina y se acuerden un poco de las víctimas, en su inmensa mayoría seres indefensos, esos seres de los que ellos mismos proclaman que su vida está en nuestros manos. Que de una vez, de una puñetera vez, dejen de esconder a los culpables y los pongan en manos de los jueces. Que se dejen de argucias y de justificaciones y dejen de ser encubridores y, por tanto, cómplices de estos aberrantes delitos. Todo esto lo sabe don Antonio, por eso sus declaraciones resultan tan cínicas, tan indecentes.

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