miércoles, 17 de febrero de 2010

Fragmentos IV


1.- Ve, vende todo cuanto tienes y dáselo a los pobres. Vale. Pero ellos prefieren la propiedad privada.


2.- ¡Resignación! ¡Resignación! Ahora lo repiten menos, pero entonces era su cantilena preferida. ¡Resignación! El rico, el poderoso, se resignaba con una enorme facilidad. Al pobre, al perseguido por la policía, al marginado, le costaba algo más de trabajo.


3.- Vale, vamos a creer, vamos a creer todos. Lo que me pregunto es para qué carajo sirven los intermediarios.


4.- ¡Ay, amigos! Si supierais cuánto dinero cuesta que el papa nombre santo a un paisano, sabríais exactamente en qué consiste la santidad.


5.- ¡No tengáis miedo! ¡No tengáis miedo! ¡Qué cabrón! Cómo sabía que cuanto más lo repetía mayor y más hondo era el canguelo de los que lo escuchaban.

2 comentarios:

Lisístrata dijo...

Pues un morral muy repleto de lúcido e inteligente razonamiento y de encantadora y fresca de esa cosa q los talibanes llaman irreverencia. >:0]

saludos

Molón Suave dijo...

Gracias Lisístrata. Procuraremos seguir dando en el yunque.