domingo, 14 de febrero de 2010

Camino



He vuelto a ver la película Camino, ahora en TVE, y de nuevo he vuelto a experimentar el cúmulo de sentimientos encontrados de la primera vez. La película es impresionante, no en vano se llevó un montón de premios en los Goya de 2008. Cuenta el calvario padecido por una adolescente de 14 años desde el momento en que experimenta los primeros síntomas de un cáncer en el cuello hasta su fallecimiento, cinco meses después. Tiene secuencias estremecedoras, como las distintas operaciones que sufre la chiquita, secuencias que, no obstante, han sido tratadas por el director, Javier Fesser, con enorme delicadeza, lo que le confiere un dramatismo todavía mayor. El director, además conjuga con gran habilidad dosis semejantes de verismo y de imaginación, de manera que, en ocasiones, recuerda a Alicia en el páis de las maravillas.

Con todo, lo más angustioso de la cinta no es el sufrimiento de la adolescente, sino el comportamiento de los personajes que la rodean. Trato de escribir con la mayor serenidad posible, pero no sé si voy a conseguirlo. La madre de la chiquita y una tía, así como una hermana algo mayor, pertenecen al Opus Dei, lo mismo que los médicos que la atienden en el último estadío de su enfermedad y dos sacerdotes, cuyo principal objetivo es que la niña se integre en la Obra antes de su muerte. Y es aquí, en el tratamiento de estos personajes, donde el director se muestra más verista, puesto que todos ellos responden exactamente a la realidad. Su actitud ante el sufrimiento de la protagonista es absolutamente repugnante, especialmente la de los dos sacerdotes. No experimentan el más mínimo dolor, sino que, incluso llenos de orgullo, repiten una y otra vez que Dios llama a su lado a la enferma porque la ama y que sus inmensos padecimientos constituyen prueba evidente de que el amor divino es extraordinario. Producen, a mí, al menos, me lo produjeron, tanto asco que, en alguna ocasión, me daban ganas de gritarles: ¿pero qué clase de monstruos son ustedes y qué clase de verdugo es ese Dios que no le basta con llevarse a la niña, sino que, además, tiene que hacerlo en medio de los más horrorosos tormentos? ¿No tienen piedad? ¿No saben lo que es la compasión?

Lo más repulsivo es que no se trata de la imaginación del autor, sino de la realidad. El Opus Dei es una secta, una secta de las que lavan el cerebro y de las que resulta sumamente díficil, si no imposible, salir. En la película se describe muy bien este hecho mediante el personaje de la hermana de la protagonista, una pobre infeliz que entra en la Obra tras un desengaño amoroso provocado por la madre. Sus miembros, rígidamente separados entre mandamases y siervos y entre hombres y mujeres muestran al mundo un fervor y una entrega a Dios que para muchos puede resultar loable. Pero es todo mentira. Lo único que buscan es su seguridad. Instalados en el trono de la certeza, que es el más repugnante de los tronos, niegan el riesgo de vivir y niegan el dolor inherente a la vida, principalmente cuando se trata de vidas ajenas. Con esta actitud, pretenden pasar por héroes. Pero, en verdad, no son más que viles cobardes, porque ante un dios como el que ellos dicen adorar, ante ese malvado ídolo que exige todo el sufrimiento posible de sus víctimas, no ya a un héroe, a cualquier ser humano no le queda otro camino que el de la rebelión, aunque con ello lo único que alcance sea la desintegración o el castigo eterno. Y es más mentira aún cuando hoy todo el mundo sabe, menos el que no quiere saberlo, que el único dios al que adora esta gente no es otro que el dinero, el dinero y el dinero. Por sus obras los conoceréis. Y no hay más que asomarse a las obras de la Obra para comprobarlo.
La película constituye una importante denuncia de toda esta hipocresía y este cinismo. Y es una denuncia mayor porque no es una obra de ficción pura, sino que está basada en la vida real de Alexia González-Barros, una muchachita que falleció en 1985 a los 14 años víctima de una dolorosísima enfermedad. Perteneciente a una familia del Opus Dei, Alexia se encuentra actualmente en proceso de beatificación, cosa que, sin duda, no tardará mucho en conseguir la Obra. Así junto al señor marqués, podrá tener también un niño suyo en los altares, como lo tienen buena parte de las órdenes religiosas, tanto masculinas como femeninas.

2 comentarios:

Lisístrata dijo...

Sr. Molón, la sipnosis sobre la película es impecable.

Molón suave dijo...

Gracias, Lisístrata. Me conmovió bastante