sábado, 9 de enero de 2010

¡Toma ya!


"...Era mi propósito, (Leta), ... enseñarte cómo puedes educar a nuestra querida Paulita, la que antes de engendrada ya fue consagrada a Cristo, a la que recibiste antes en tus promesas que en tu seno...


Un alma que va a ser templo del Señor así debe ser educada. Que aprenda a ni oír ni hablar nada, a no ser lo que tenga que ver con el temor de Dios. Que no entienda las palabras feas, que ignore las canciones mundanas, que la lengua aún tierna se imbuya de dulces salmos. Que estén lejos de ella los niños en edad juguetona y que sus mismas esclavitas y sirvientas sean apartadas del trato del mundo, para que no enseñen peor cuanto mal aprendieron...


Ante todo hay que procurar que no odie los estudios... Debe elegirse un maestro de edad, vida y erudición intachables... Tú también has de procurar no acostumbrar a tu hija, con los inútiles melindres de las mujeres, a decir las medias palabras y a jugar con el oro y la púrpura, uno de los cuales arruina la lengua, el otro las costumbres, que no aprenda en la tierna edad lo que debe desaprender después...


Que la nodriza no sea borracha, ni deshonesta, ni charlatana; que tenga una niñera modesta, un tutor serio. Que aprenda para qué general, para qué ejército se educa la pequeña recluta...


Que su propia apariencia y vestido le enseñe a ella a quien ha sido prometida. Ten cuidado de no agujerearle las orejas, de no pintar su rostro consagrado a Cristo con carmín y albayalde, de no oprimir su cuello con collares de perlas y oro, de no recargarle la cabeza con gemas, de no volverle rubio el cabello de forma que a ella le anuncies el fuego del infierno...


Pretextata, en otro tiempo muy noble mujer, habiéndolo ordenado su esposo Himecio, que era tío de la virtuosa Eustoquia, cambió la forma de vestir y la apariencia de ésta y recompuso su pelo descuidado con ondulaciones, deseando vencer el propósito de la virgen (Eustoquia) y el deseo de su madre. Y hete tú que en la misma noche ve en sueños que ha venido junto a ella un ángel de rostro temible, que le amenaza con castigos y que le lanza bruscamente estas palabras: '¿Pero es que tú te has atrevido a tocar con tus sacrílegas manos la cabeza de una virgen de Dios? Esas manos ya ahora se resecarán, para que, atormentada, te des cuenta de qué has hecho, y, acabado el quinto mes, serás llevada a los infiernos. Y también, si perseveras en el delito, a la vez al marido y a los hijos perderás'. Todo se cumplió según lo dispuesto, y una rápida muerte selló la tardía penitencia de la desgraciada. Así se venga Cristo de los violadores de su templo... Y así te lo he contado no porque quiera regocijarme con las calamidades de los desgraciados, sino para advertir con cuánto miedo y precaución debes conservar lo que prometiste al Señor... Ofrecer o no a Dios a tu hija era algo que estaba en tu albedrío, aunque tu caso es distinto, pues la ofreciste antes de haberla concebido...


Cuando empiece a ser un poco mayor... que vaya al templo del verdadero Padre con sus padres... que imite a María, a la que Gabriel encontró sola en su aposento, y acaso por eso se sobrecogió de temor, porque vio delante a un hombre, al que no estaba acostumbrada... Que no salga nunca fuera, no sea que la encuentren quienes callejean por la ciudad, la golpeen y la hieran y, quitándole el velo de la honestidad, la dejen desnuda y ensangrentada...


Que no coma en público, quiero decir, en la mesa de sus padres, y que no vea manjares que acaso desee... Lo que la superstición judaica hace en parte con el rechazo de ciertos animales, lo que observan los brahmanes de la India y los gimnosofistas de Egipto, con el exclusivo alimento de harina de cebada, arroz y frutas, ¿por qué no puede hacerlo en todo una virgen de Cristo?... Que sea sorda para los instrumentos de música; que ignore para qué se hicieron la flauta, la lira y la cítara...


Acordaos que sois padres de una virgen y que podéis enseñarle más con vuestros ejemplos que con la palabra... Que ningún joven, que ningún repeinado pueda sonreírle. Que celebre nuestra virgencita los días y las solemnes vigilias... No quiero que intime con ninguna de sus esclavillas... Que se le ponga al frente una virgen veterana... quien le pueda enseñar y con su ejemplo la acostumbre a levantarse por la noche para las oraciones y los salmos, a cantar himnos por la mañana, a estar en posición de combate como guerrera de Cristo en las horas tercia, sexta, nona y, encendida la lamparita, a ofrecer el servicio vespertino...


Si alguna vez sales a tus posesiones de fuera de la ciudad, no dejes en casa a tu hija; que no sepa ni pueda vivir sin ti; cuando haya de estar sola, que sienta miedo...


algunos han recomendado que una virgen de Cristo no se bañe junto a eunucos... ni junto a mujeres casadas... A mí me desagradan completamente los baños en la virgen adulta, que debe sonrojarse ella misma y no poder verse desnuda... Pues si con vigilias y ayunos mortifica (su cuerpo)... ¿por qué ella por otro lado despierta fuegos dormidos con los calores de los baños?


¿Para qué seguir? Este es un resumen de una carta del eminentísimo Eusebio Sofronio Jerónimo, San Jerónimo (340-420), a una matrona romana de nombre Leta en la que le ofrece una serie de preciosos consejos para la educación de su hija Paula. Eran otros tiempos, desde luego, pero el asunto tiene mandanga, ¿no? De manera que, incluso antes de quedar embarazada, la mamá de Paulita (¿quizás por un consejo anterior del propio San Jerónimo?) ya había decidido el destino del futuro fruto de su vientre, sin tener, por supuesto, para nada en cuenta la opinión del nasciturus y saltando por encima del más mínimo respeto por su integridad personal. ¡Y qué destino! Una vida de ascetismo y de penitencia para la que era necesario preparar a la niña desde sus primeros balbuceos. Aparte del perfume misógino que la carta desprende a cada paso, he aquí la consideración que la Iglesia ha tenido por la dignidad humana desde los primeros tiempos, esa dignidad por la que ahora no cesan de cacarear.
No resulta menos interesante apreciar las nada veladas amenazas que la carta contiene, la continua referencia a la necesidad del miedo, la invocación al pudor, un pudor tan obtuso que incluso el baño íntimo resulta prohibido y la concepción del cristianismo como un ejército en permanente guerra con los que que no se cuentan en sus filas.
(Las marcas en negrita son de un servidor)

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