miércoles, 13 de enero de 2010

Historiadores venales



Hay historiadores, más de dos, que no se proponen estudiar un periodo o un proceso histórico, sino defender una ideología, una causa, una institución. Son los historiadores venales, casi siempre pagados, más o menos directamente, por los amos de la institución, los dueños de la causa o las organizaciones en las que se encarna la ideología. El método de éstos, en muchas ocasiones eruditos magníficos, consiste, unas veces, en acopiar datos y más datos, resaltando los que interesan a sus fines, y, otras, en desparramarse en elaboradas explicaciones a lo largo de las cuales, a la par que se exponen los méritos propios, se resaltan los fallos ajenos, siempre con exquisita corrección, de modo que el resultado ofrezca la apariencia de la más pura neutralidad.


Uno de los ejemplos más obscenos, históricamente hablando, de este tipo de historiadores que he encontrado últimamente aparece en el libro Historia de la Iglesia, un tomazo de más de 1.500 páginas para cuya elaboración se han agrupado tres grandes talentos: Juan María Laboa, Franco Pierini y Guido Zaghemi, catedráticos, probablemente, (no aparece nota alguna acerca de ellos) en alguna universidad de esas que llaman de prestigio.


Como, sin duda, vale más un ejemplo que cien explicaciones, he aquí algunas muestras no precisamente de las más záfias:


1.- Acerca de la posición del historiador de la Iglesia: ...no se puede comprender la naturaleza de la institución eclesial si no se comparte la fe de la Iglesia, es decir, si no se es creyente. Uno que no sea creyente puede llegar a ser un gran erudito en historia de la Iglesia, pero nunca un verdadero historiador de la Iglesia, porque se le escapa el misterio de la Iglesia. (Pag. 775)


(¿Alguien conoce un ejemplo mejor y más claro de venalidad? Una cosa sí que puede decirse de estos caballeros: su sinceridad. Existen muchos historiadores venales, de los más variopintos campos, que lo disimulan a la perfección. Por ahí anda un tal Pío Moa, al que, de repente, la extrema derecha se le ha quedado a la izquierda. Sin embargo, bien mirado, esto, más que historia, ¿no será más bien catequesis?)


2.- Acerca del Islam: Las cruzadas fueron la respuesta de los cristianos a la guerra santa musulmana. Pero en el Nuevo Testamento no se habla de guerra santa, y en el Corán, sí... Las afirmaciones del Coram sobre este tema (la guerra santa) se van haciendo cada vez más claras y tajantes a lo largo de los 114 capítulos (suras)... Cuando Mahoma proclama este mensaje se encuentra en Medina, y no es ya el profeta indefenso de los años de la Meca; el islam (siempre con minúscula) no es ya sólo una propuesta religiosa, sino una verdadera imposición teocrática... (Pág. 332)


(O sea, a ver si nos aclaramos, para estudiar la historia de la Iglesia hay que ser creyente, es decir, católico, para estudiar la del Islam, no. Aparte, la gravísima tergiversación acerca del origen de las Cruzadas, que, al día de hoy, ningún historiador mínimamente serio acepta.)


3.- Acerca de Lutero, los judíos y el nazismo: ...Muy pronto, sin embargo, Lutero cambia de rumbo, llegando a la convicción de que la justificación por medio de la fe y el judaísmo son irreconciliables por naturaleza. Así, en 1543, publica un libro de unas doscientas páginas titulado Contra los judíos y sus mentiras, al que sigue muy pronto otro escrito todavía más violento, Shem Hamephoras. Shem Hamephoras es el nombre "a lo claro" de Dios... que a los fieles judíos les está prohibido pronunciar... Hitler puso en circulación cien millones de copias del Shem Hamephoras, sirviéndose de él para el antisemitismo de su sistema político. (Pág. 528)

(Por supuesto, del riquísimo, irracional, tenebroso e infame antisemitismo del catolicismo desde sus orígenes, ni una sola palabra, ¿para qué?)


4.- Acerca de la comuníón pascual: El control de la práctica de la comunión pascual fue un rasgo caraterístico de todo el ancien regime. Se puede considerar significativa una práctica que se seguía un poco por todas parte, pero de una manera especial en Roma, donde se mantuvo y fue habitual hasta 1870. En el periodo cuaresmal se distribuían... las tarjetas pascuales, generalmente impresas, con el nombre y apellidos del interesado... Más tarde el cabeza de familia devolvía la tarjeta, o bien era retirada por el párroco en el momento de la bendición de la casa, efectuando de este modo el control de los que cumplían con el precepto pascual. Tras la verificación se hacían repetidas advertencias a los inobservantes... con el fin de urgir a que se cumpliera el precepto. Los que seguían sin cumplir el precepto, convictos de pecado mortal, caían en entredicho. Antes del pontificado de Benedicto XV (1914-1922), se exponían en la puerta de la parroquia los nombres de los que no habían comulgado. En caso de contumacia, eran denunciados a la vicaria, y el que no se presentara en el plazo de doce días era declarado públicamente en entredicho. Los reincidentes incurrían en excomunión y, hasta 1829, los excomulgados eran detenidos y enviados a la cárcel. Se puede decir que, hasta la Revolución francesa, el sistema fue aceptado pacíficamente y tuvo cierta eficacia. Sin embargo, se cometió el error de mantenerlo vigente cuando los tiempos habían cambiado. (Pág. 688)


(¿Se puede explicar el asunto de una forma más cínica? Ni la más mínima censura al brutal control de doña Iglesia sobre sus siempre obligados feligreses. A la vista de estos hechos, el milagro no es que la Institución se mantenga viva después de 2.000 años, el milagro es que hayamos podido sacudirnos el yugo al que hemos estado sometidos la mayor parte de ese tiempo. Aquí se ve, además, para qué quieren estos señores la libertad que ahora tanto reclaman, mientras no dejan de clamar, pobrecitos míos, que se encuentran perseguidos)


¿Para qué más? Leed el libro. Se encuentra en las biblitecas públicas. A ratos, cabrea, pero, a ratos también, resulta desternillante. Hay centenares de perlas como estas, una, casi, en cada página y, a veces, más.



Historia de la Iglesia.- Editorial San Pablo. Madrid, 2005


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